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10 min
Enemigos de Zull, Manguri-An
Fantasía |
30.12.19
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Sinopsis

Parte del tercer borrador de novela corta que tengo por ahí.

Primera parte.

 

Capítulo uno: El príncipe Mangu.

 

Manguri-An hacía tres semanas que había cumplido la mayoría de edad, por lo tanto era su obligación incorporarse al ejército de Batraka como príncipe que era.

 

Y ciertamente no eran los mejores tiempos para ingresar, el más grande y poderoso reino de Zull estaba invadiendo su reino y las perspectivas no eran nada buenas.

 

Estaba con su madre la reina Yinda de la que era su segundo hijo, pero su padre, el rey Balak, con el que iba a reunirse cuando terminase la reunión con su madre, había tenido cuatro hijos más con su primera esposa, por lo que le solían llamar Mangu Sexto, o Sexto a secas por su puesto de sucesión.

 

Yinda le había llevado la sala de armas de su propia casa, donde había algunas armas y armaduras de su familia, tras mucho buscar solo una vieja armadura de cuero le quedaba bien de tamaño.

 

Un escudo de madera en forma de lágrima, un simple casco circular de metal con protección de nariz y una espada bastarda completaron el equipo que se colocó encima de su fresca camisa de lino.

 

Se despió de su madre, salió de la casa y se dirigió al palacio a ver a su padre.

 

Los guardias de la entrada cerraron sus lanzas y pusieron gestos hoscos en sus caras hasta que uno de ellos le reconoció y sonriendo dijo: Disculpas Sexto, puedes pasar, no te había reconocido con tus nuevas galas.

 

Mangu movió los ojos hacia arriba y un lado y avanzó sin perder más tiempo e ignorando la mofa.

 

Balak estaba reunido con sus hijos mayores y sus oficiales planeando la defensa del reino y tardó varios minutos en dejar de hablar y hacer con la mano un gesto a Mangu para que se acercase.

 

Manguri-An te voy a encargar una misión para que vayas cogiendo experiencia dijo el rey.

 

Sus hermanos mayores que seguramente habían sido los instigadores de esa misión sonreían alegremente pensando que quizá hubiera suerte y se librasen de el.

 

Su padre continuó: Irás con veinte hombres al oeste hasta el pequeño oasis natural de Juncal, pero no te quedes en el, cerca pero en posición segura debes vigilarlo para ver que ejército se aproxima y luego volver con la información lo antes posible.

 

Te acompañará el capitán Salus, que te enseñará lo que tienes que hacer, ya podéis partir en buena hora.

 

Mangu respondió con un simple: De acuerdo rey, se hará como pedis.

 

Se dirigió a la puerta de salida tras volver a colocarse el caso en la cabeza y al poco rato le siguió Salus que se estaba despidiendo del rey.

 

Juntos fueron a las barracas del ejército y tras reunir a los soldados fueron a las cuadras a por los caballos.

 

En menos de una hora estaban saliendo por la puerta oeste de la ciudad portuaria de Tuldur, que con dos mil habitantes era la capial del reino.

Miró hacia atrás para dar un vistazo a las altas murallas de piedra, también divisó los barcos que llegaban al puerto que estaba al norte de la ciudad, mercaderes imaginó que estaban llegando.

 

Durante los nueve días que tardaron en llegar fue conociendo a sus compañeros y parecían bastante simpáticos, parece que Salas no permitía que fuesen una banda de tontolabas y el trato era agradable con todos.

 

Finalmente llegaron al oasis de Juncal, Salas envió a dos hombres a vigilar, parecia que todavía no había llegado el enemigo.

 

Volvieron con agua y con las tres personas que habítaban regularmente el oasis, un cobrador de impuestos, su mujer y su hijo que estaba aprendiendo el oficio de su padre.

 

Salas había sido previsor y traído más caballos, si había que salir de allí lo mejor era lo más rápido posible.

 

Prepararon un campamento oculto entre las dunas y sin encender fuego, a pesar de las frescas temperaturas nocturnas, vigilaron con mantas encima y por turnos el oasis.

 

Tres días más tarde llegó el enemigo, primero divisaron a media docena de exploradores a caballo que se acercaron al oasis y las inmediaciones para ver si había alguien, pero como no encontraron a nadie dejaron allí un par de hombres y el resto se fue con toda el agua que pudo cargar para reunirse con el ejército.

 

Salas ordenó desmontar el campamento, que se tardaba normalmente veinte minutos, y fue preparando a los soldados y civiles para partir si algun explorador se acercaba.

 

Mientras no fuesen descubiertos la misión era ver lo más posible y llevar la información al rey.

 

A la mañana siguiente llegó el ejército, y vaya ejército, no menos de seis mil hombres que antes de llegar al oasis ya habian distribuido gran cantidad de exploradores para observar mejor toda la zona.

 

Salas habiendo cumplido ya la misión ordenó partir de allí sin hacer ruído y así trataron de irse sin contar que desde el cielo les vigilaba un halcón.

 

El gañido del halcón comenzó a resonar sobre sus cabezas indicando claramente la posición en la que estaban y Salas y el resto que por fortuna ya tenían todo preparado se largaron de allí a toda prisa

 

El ejército de Zull mandó centenares de hombres en su persecución, muchos de ellos eran expertos arqueros y desde sus caballos lanzaban gran cantidad de flechas sobre los que huían abatiendo a la mitad del grupo rápidamente.

 

Mangu había sido herido en un brazo y aunque su caballo continuó la huída lo hizo en rumbo distinto al resto del grupo ya que Mangu se había desmayado por la pérdida de sangre y no tardo mucho tiempo en caerse del caballo.

 

Vetala, una soldado de su grupo se dió cuenta y le siguió y cuando se cayó el príncipe ell se bajó de su caballo y le golpeó para que siguiese al caballo de Mangu.

 

Tras acercarse a Mangu le agarró y le arrastró varios metros lejos de donde estaban las huellas de los caballos, luego trató de borrar las huellas y fue donde mangu, le tapó con una manta y echó arena encima de la manta y luego también ella se metió dentro.

 

Mangu se despertó a oscuras y Vetala le había tapado la boca, pese a no saber que había pasado Mangu permaneció en silencio.

 

Ambos escuchaban ruído por la zona, eran los exploradores enemigos que les buscaban desde sus caballos.

 

Por fortunada para ellos la idea de Vetala había sido buena y como tenían prisa por llegar a Tuldur no miraron demasiado a ver si habían quedado enemigos rezagados.

 

Tras varias horas esperando el ejército principal avanzó mientras ellos seguián ocultos y no fue hasta que anocheció que se atrevieron a salir de su escondite.

 

Vetala ofreció su cantimplora a Mangu que la cogió con presteza y dio un pequeño trago, quería beber mucho más pero no se quería arriesgar a volver a Juncal por si el enemigo había dejado fuerzas ocupando el lugar.

 

Mangu miró que su cantimplora no estaba en su sitio, se le había caido cuando se cayó del caballo.

 

Miró agradecido a Vetala y la preguntó que debían hacer.

 

No lo se príncipe respondió la mujer, solo soy un soldado.

 

Mangu comenzó a razonar en voz alta, sin caballos no podemos llegar a tiempo para informar, y dudo que la información les vaya a servir demasiado.

 

Supongo que lo más razonable sería ir al sureste hasta el pueblo de Uryapo, donde mi tatarabuelo hizo un oasis artificial llevando agua desde la montaña para poder llegar al último pueblo del reino, Wake, en el valle de las montañas Blancas.

 

Imagino que en Uryapo recibiremos información y sabremos que hacer, ¿que piensas Vetala?

 

La soldado que escuchaba atentamente respondió que ella no tenía ningun plan así que ese era mejor que ninguno, pero que deberían tratar de encontrar más agua y comida, puesto que el viaje iba a ser muy duro sin caballos.

 

Subieron la duna en la que estaban y observaron a lo lejos las luces que producían los cuantiosos fuegos del ejército invasor.

 

También vieron que en el oasis de Juncal había luz, por lo que definitivamente descartaron la idea de acercarse.

 

Volvieron hasta la manta y se taparon y durmieron por turnos hasta que amaneció.

 

De mañana y antes de que el sol fuese demasiado intenso rastrearon la zona por la que habían huido, vieron caballos y compañeros muertos a los que les habían desprovisto de toda cosa útil que llevasen consigo.

 

Vestala se sacó un cuchillo de su camisa y cortó unos pedazos de caballo y los guardó sangrantes en los restos de una camisa rasgada de uno de sus compañeros muertos que la habían dejado allí por estar rota.

Por suerte también encontraron una cantimplora que los enemigos con las prisas no habían descubierto.

 

Comieron unas pocas almendras y dátiles que llevaba Vetala y comenzaron a viajar hacia el sureste.

 

Cuando el sol pegaba mucho colocaron la manta sobre sus cabezas y se dispusieron a descansar.

 

Cuando arreció continuaron un rato más hasta que anocheció y esta vez se arrejuntaron bajo la manta sin encender fuego por temor a ser descubiertos.

 

Al amanecer continuaron viaje con parón a medio día y continuaron por la tarde.

 

Tras dos días de caminata ya si se arriesgaron a hacer un fuego y cocinar la carne de caballo y no pasar tanto frío de noche.

 

El agua aunque estaba siendo racionada era escasa, y esto preocupaba a ambos. Los pocos frutos secos que llevaba la soldado también estaban siendo racionados, las expectativas no eran buenas, pero ambos quitaron esas malas ideas de sus cabezas y trataron de dormir junto al fuego mientras el otro hacía su turno de guardia.

 

Tres días más tarde, cuando ya no les quedaba nada para comer y apenas un poco de agua se toparon con una caravana de comerciantes que iban en dromedarios, venían de Uryapo y se dirigían a Juncal sin saber que había sido capturada por el enemigo.

 

Mangu se identificó y pidió hablar con el jefe de la caravana, por fortuna como su madre le llevaba todos los años a veranear a Wake, y había que pasar por Uryapo, conocía a varias personas en los tres pueblos de reino y el comerciante Benipo le conocía y tras escuchar la príncipe dio media vuelta y con la caravana retornaron a Uryapo.

 

Cuando llegaron doce días más tarde ya habían llegado previamente las noticias a caballo desde Tuldur, y no eran buenas nuevas, la capital había caido, la población muerta o esclavizada y apenas una treintena de hombres habían conseguido huir hasta Uryapo.

 

 

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Vimara significa "Famoso en la Batalla", como el señor de la guerra y caudillo gallego que reconquistó Oporto a los moros. Desde pequeño me han gustado la fantasía y la ciencia ficción. Ya de niño me inventaba mis historias y ahora quiero escribirlas. Propicios días/noches.

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