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2 min
Entrar a una bolera
Reales |
28.11.21
  • 5
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Sinopsis

  • Un 39 para mí por favor.
  • Aquí tiene.

Con el dedo medio y el índice de la mano derecha sujetaba el par de zapatos mientras en la izquierda dobladas de mala manera estaban las chaquetas de ambos. Levantó la cabeza moviendo los ojos de número en número hasta que localizó el que figuraba en el tique. Esperó a que un numeroso grupo de nerviosos y pintados chiquillos pasara corriendo hacia una mesa con platos de papel, servilletas y una demasiado glaseada tarta. La única niña con los mofletes naranjas y bigotes de tigre presidió la mesa hinchada de orgullo.

Con toda esta imagen de fondo puso rumbo a su pista. Notaba como en la parte de baldosas del suelo sus pies estaban cada vez más pegajosos e hizo nota mental de lavar después los zapatos, mientras pensaba que aparte del refresco podría haber pisado un chicle. Pese a que ni siquiera la mitad del animado establecimiento estaba lleno, se escuchaban golpes todo el rato que dejaban en segundo lugar algunas tímidas risas. Subió el escalón que llevaba al entarimado de madera para terminar de llegar a la pista numero 7. En el suelo dejó los zapatos que le acaban de dar y en el sofá los abrigos.

En la pantalla desapareció la imagen de publicidad y aparecieron dos nombres, el suyo figuraba en primer lugar lo cual no le molestó, en cambio se percató con cierto malestar de que de nuevo no le habían puesto la tilde, aunque ya estuviera acostumbrado. Miró las barras ovaladas donde había seis bolas colocadas y con la mano derecha las giró y examinó minuciosamente buscando un número once, pero no lo vio. En cambio, sí había un doce que se ajusto bastante bien a su pulgar por lo que decidió que usaría esa bola. Por si acaso probó alguna mas hasta que al meter y sacar los dedos en una, estos estaban húmedos y con bastante asco sacó un pañuelo de su bolsillo y los secó para posteriormente quitar la traicionera y sucia bola de su pista. Cuando regresó su acompañante le esperaba espectante para iniciar la partida.

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