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7 min
¿ES UN ERROR SENTIR NOSTALGIA?
Reflexiones |
04.08.21
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Sinopsis

La nostalgia es un sentimiento humano tan válido como cualquier otro.

Hace unos años que leí un libro autobiográfico del aristócrata y cosmopolita escritor barcelonés José Luis de Villalonga en el que defendía la idea de que no se debía de tener nostalgia de épocas pasadas en las que empezó a resurgir la prosperidad económica en mi país después de la Segunda Guerra Mundial.

Por otra parte durante mucho tiempo he oido decir a un número considerable de pensadores, de sociólogos y de místicos de distinto pelaje que había que dejar de lado el pasado porque éste se había esfumado de nuestras vidas y por tanto ya no nos pertenecía. Asimismo tampoco teníamos que ser impacientes para anticiparnos al futuro porque por el mismo motivo pero en sentido inverso no éramos dueños de este espacio temporal.

Según todos estos divulgadores lo más sabio, lo más sensato era vivir el aquí y el ahora. Pues lo que durante muchos años se ha estado llamando vivir en la "eternidad" no era que un día al abandonar este mundo nuestra sufrida alma residiese beatífica e indefinidamente de un modo atemporal en un idílico paraíso celestial, sino que para ellos dicha eternidad consistía en vivir el presente terrenal con suma intensidad.

Sin duda este concepto de atender sólo a lo inmediato y que a mí me parece que es excesivamente reduccionista está muy condicionado a la idiosincrasia del mundo juvenil. Pues la mayoría de estos oráculos sociales son profesores docentes de institutos y de Universidades donde ellos están en un contínuo contacto con los jóvenes alumnos, por lo que no dejan de estar influenciados por el estado de ánimo de los mismos.

Efectivamente, los jóvenes debido a su corta edad no han tenido tiempo material para crear a su propia historia, aunque a la vez la van moldeando con pasión en su quehacer diario y evidentemente no tienen porque sentir nostalgia por nada. Se diría que en realidad son unos aventureros del tiempo en el que les ha tocado vivir.

Pero este dogmatismo de centrarse únicamente en el presente a mi juicio es falso; es una teoría idealizada de salón porque de hecho todos nosotros somos historia y venimos de un pasado que se concreta en el presente y no cesamos de comparar nuestras circunstancias actuales con las de un ayer, y es precisamente entonces cuando puede pincharnos el aguijón de la nostalgia el cual nos acrecienta el sentimiento de infelicidad.

Por ejemplo una persona que tenga que ir a vivir a otro país con unas costumbres y con un estilo de vida muy diferente al suyo es completamente lógico que eche de menos a su lugar de origen ya que no es tan fácil adaptarse a su nuevo medio ambiente en el que no se ha criado por lo que esta persona se siente ajena a él. Claro que en algunos casos este fenómeno se da en sujetos que han estado sometidos a una anacrónica educación de localismo territoial auspiciado por las políticas nacionalistas que le han inculdado la idea de que su terruño es lo mejor del mundo y nada más y no se ha contemplado el concepto de una sociedad global, más abierta. Por eso que ahora nos encontramos en una situación paradógica en la que por un lado tenemos el viejo romanticismo nacionalista de antes campando a sus anchas, y por el otro lado estamos en un mundo sin fronteras gracias a la tecnología punta. Pero tenemos que tener en cuenta de que lo hoy llamamos globalización no es un invento del año pasado; reciente, sino que en realidad empezó en el año 1492 con el descubrimiento de América con todos los errores que se quiera, pero que constituyó para una gran parte de la Humanidad de aquel tiempo una nueva manera de concebir la vida en todos los niveles hasta culminar en el ahora mismo.

Por otra parte al estar inmersos en una situación desastrosa como es la actual a causa de la pandemia del Covid que hace estragos en las personas y de la devastación económica que comporta, es inevitable sentir nostalgia por épocas mejores del pasado. "¡Tan bien como estábamos...!" - nos lamentamos a nuestros amigos.

Se dice que nosotros somos demasiado subjetivos; que nuestro cerebro nos engaña y tenemos tendencia a idealizar otras épocas pretéritas, porque si nos fijamos con detenimiento basándonos en los datos históricos empíricos que están a nuestro alcance enseguida reparamos  que no han dejado de haber graves tensiones, conflictos y enfermedades en todas las Edades de la Humanidad y así es. Pero con este discurso se va en busca de relativizar las cosas. Mas en aras de la objetividad histórica de la que hay que aprender pero que nunca se hace, y a pesar de los límites de cada época pasada, sí que han habido unos periodos históricos mejores que otros, en los cuales se percibían unas expectativas vitales que suscitaban un optimismo en la población que ahora no se ven por ningun lado y es completamente lícito evocarlos con nostalgia; del mismo modo como hay paises que son mejores que otros y se siente añoranza por las ventajas de nuestro rincón del mundo cuando se está lejos de él, sobre todo por los avances sociales que pueda tener y por la calidad humana de sus habitantes.

Actualmente la Psicología empieza a reconocer el derecho a la nostalgia puesto que ésta es un distintivo de la memoria. Ya en la antigua Grecia el gran poeta Hesíodo en su obra TRABAJO Y DÍAS se refiere a la Era Dorada, a la Era del Cobre y a la Era del Hierro. Al parecer el hombre echaba de menos a la Era Dorada porque según él estamos instalados en la del Hierro que todavía dura. Es por tanto una mítica metáfora del poeta que ha perdurado a lo largo de los siglos hasta  nuestro presente para recordar a tiempos más felices.A principios de la Edad Media San Agustín decía que la prueba del alma humana era la memoria; mas nosotros sin llegar a subliminar este concepto sí que la memoria constituye nuestra razón de ser.

Sin embargo a esta nostalgia hay que saberla aprovechar para poder vivir el presente. Evidentemente las cosas con el tiempo cambian; pues la vida es un movimiento constante como decía Sócrates. Y lo que ayer nos llenaba de gozo - un libro, una música, una película, etc-,hoy en día nos puede parecer una tontería; algo grotesco y ridículo porque nosotros sin darnos cuenta evolucionamos y nos vamos adaptando al contexto de nuestro presente. Y si tuviésemos que volver hacia atrás, a volver a vivir las mismas circunstancias de antaño estoy seguro de que no nos gustaría nada; pero si nos empeñáramos en estancarnos en el pasado porque este presente se nos antoja hostil -que lo es por muchas razones- y no nos gusta nos convirtiríamos en unos frustrados fantasmas del presente como he visto  que ocurre con algunos sujetos.

Según los psicólogos hay que tomar las felices experiencias de nuestro pasado para poder utilizar la misma energía vital que éstas nos produjeron en su día para proyectarnos al reto del presente y del futuro; se trata de tenerlas como un punto de partida.

De manera que desde mi punto de vista la nostalgia no es un error como dijo el aristocrático escritor José Luis de Villalonga y otros lumbreras de moda, sino que esto es algo natural en el ser humano.

Una vez alguien me dijo:

- Oh, usted es un nostálgico.

- ¿Y quién no? - le respondí yo.

 

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