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6 min
Es una etapa.
Reflexiones |
05.02.16
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Sinopsis

Vuelvo a las andadas tras un tiempo de parón, por la falta de ilusión y sin animo para continuar escribiendo Los perdedores aunque prometo a quien la lea que la acabaré, con este pedacito de reflexión sobre la educación de los futuros adultos. Es un placer estar de nuevo entre vosotros mi queridos escritores anónimos.

Cuando somos pequeños no nos damos cuenta de que nuestros padres hacen todo lo posible porque no nos dañemos pero, ¿hasta cuando hay que permitir ese tipo de acto? A los niños pequeños hay que educarlos, enseñarles a convivir con su entorno, a combatir el futuro que se les echa encima como un lobo hambriento, a que se hagan fuertes otorgándoles la oportunidad, desde que tienen uso de razón, de que elijan y sean capaces de afrontar las causas y consecuencias que su elección conlleve. Sin embargo, los padres, que no están para otra cosa sino para amar y inculcar valores honorables como la humildad, el respeto o la generosidad, acaban por instruirles bajo amenaza de castigo, reduciendo su creatividad, espontaneidad e imaginación con su adulta indiferencia, sin hacer caso a preguntas que el niño hace por curiosidad, bien puede ser porque el adulto no tiene respuesta, porque está ocupado, cansado o desganado. Los padres están para apoyar, para dar el empujón. Los padres no están para inculcarle sus miedos a los hijos, no están para persuadir, de forma casi imperceptible, para que no hagas algo. Los padres estáis para mejor, apoyar y arrojar a vuestro hijo, de cierta manera y casi metafóricamente hablando, a las decisiones más duras de su vida como viajar a un país del que no sepa hablar la lengua, enfrentar una enfermedad, la muerte de alguien cercano que le frustre en cierto modo casi todos sus planes, que no encuentre trabajo tras meses buscando, la frustración que crea un suspenso, las peleas con sus hermanos...  

Mirad, un ejemplo, cuando un estudiante regresa de la ciudad con ideas que antes, bajo las faldas de los papas, no tenía es porque hay gente ahí fuera con la que se está relacionando que le está enseñando a pensar en más cosas a parte de sacarse la carrera, la colonia que se pondrá esa noche o los festivales a los que irá ese verano. Los padres no os dais cuenta de que lo que le enseñéis a vuestros hijos, los estudios que le paguéis, lo que le echéis en cara, lo que le seáis indiferente es una inversión. La sociedad actual ha olvidado que los estudiantes siempre han sido el motor del progreso, una inversión en desarrollo, una mejora en el conocimiento, los que han sacado un país adelante con sus propuestas y eso es por sus ganas, por su esperanza de que la sociedad puede cambiar, mejorar, destruir las tradiciones aberrantes que protege con tanto recelo la sociedad del siglo XXI. Es ahí donde cometéis el error cuando sois adultos, todos los padres cometéis errores, y yo también los cometeré como todos si tengo algún día hijos, pero el error más grave es intentar hacer a vuestro hijo a vuestra imagen y semejanza, alejándolo de lo que a vosotros os da miedo, dirigiéndole hacia donde vosotros queréis que vaya, prohibiéndole que se exprese con total libertad, malmetiendo contra la gente con la que se reúne, quitándoles la razón, robándoles la curiosidad, amansando su ira que puede ser fruto de bellas creaciones, amasando su personalidad para que no haga nada de lo que posteriormente se pueda arrepentir, chantajeándole para que no actúe, hable o sienta como vosotros queráis que sienta. Por ellos, liberadles, dejadles caminar por torrentes de curiosidad, liberadles en las paginas de un libro, en las maravillosas fuentes de los números, en la irreversible experiencia de la naturaleza, en la magnitud de los idiomas, dejad que experimenten libres los valores venerables que les habéis enseñado, que se manchen, que jueguen, que piensen, que disfruten, no dejéis que sean otro adulto más con el que hablar únicamente del clima, dejad que disciernan en qué sociedad quieren vivir.

Si queréis un consejo os diré algo, no soy madre aún pero soy hija, a mí un día me dijeron que no podía, que quizá no era lo mío, que sólo era una etapa, que eso no me gustaba de verdad que solo lo hacía porque la gente con la que me juntaba era de ese estilo, que era y soy una esponja y por eso lo hago, que las creencias que oigo no son mis creencias reales, que los mantras repetidos únicamente es autoconvencimiento. ¿Sabéis una cosa? Así lo único que conseguís es que vuestro hijo flote en la nada, que no logre encontrarse, que no se conozca y desconfíe del conocimiento, el entorno y los sentimientos que tiene a su alrededor, que no reconozca y distinga entre lo real o lo ficticio porque no sabe si confiar en las personas que desde pequeño han estado con él, educándole en lo que ''es bueno'', o con los ''desconocidos'' que le otorgan cada día información debatiendo con él los valores que moralmente son o no cuestionables. A un niño cuantos más barrotes le pones más va a romper, cuantas más collejas le das más de pondrá en tu contra y te odiará, sin embargo si le dejas que se equivoque y rectifique más fácil será que mañana sean una persona empática, respetuosa, humilde y generosa. Trata a tu hijo como decías de niño que ibas a tratarlo.  

Con todo esto quiero deciros que los niños también educan, mejoran o arrastran a los padres con sus actos. Pensad padres que antes de padres habéis sido hijos y después incluso peor, adolescentes, que habéis revolucionado el hábitat con vuestros pasiones, mantras, música y demás innovaciones. Pensad padres que si vosotros le habéis dado un escarmiento a vuestros padres, los niños del mañana os joderán la vida quizá mas de lo que vosotros lo hayáis hecho a los vuestros. Padres, dejaos de echar en cara el dinero, la vestimenta, los comportamientos, las borracheras, las amistades, los fallos, los comentarios inoportunos, los sentimientos... y dejad que vuestros retoños elijan y vivan conforme ellos quieren vivir, que ya bastantes miedos, anhelos y líos tienen en la cabeza. Soltadlos porque alguien con miedo no se va nunca.

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