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3 min
Es verano
Varios |
05.08.21
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Sinopsis

ES  VERANO

           Es verano. Yo estoy tumbado sobre un diván, perezoso, sin más deseo que dejar fluir mis pensamientos al ritmo de los versos de un poema que retoza dentro de mi cabeza. El mar canta ahí fuera, al otro lado de la ventana entreabierta, basta aguzar un poco el oído para escuchar todos los matices de su canto, el ronroneo de las olas mientras festonean en su danza líquida, el estridente chasquido de su ocaso, los afinados suspiros de las aguas al ser besadas por el viento. Es la balada del mar, de ese mar vivo, excelso, fragante, que se extiende orgulloso hasta más allá, mucho más allá, del horizonte.

           Otro sonido viene de súbito a añadirse a esa melodía, el sonido de una sirena, a buen seguro proveniente de un gran barco, a tenor del grave registro de su diapasón. Me levanto entonces y, tras ajustarme las gafas, miro a través de la ventana. El ángulo de visión que se me ofrece es bastante exiguo y no me permite divisar barco alguno, pero sé que está ahí, sobre la mar rapsoda, y, suplantando a mis ojos, la imaginación me lo acerca, me trae sus sollados, los distintos camarotes, la cubierta atestada de gente que saluda bulliciosa a quienes aguardan en la dársena; una mujer robusta acuna en sus brazos un bebé que parece dormido, un señor de bigote fuma un cigarrillo apoyado en la amura, dos jóvenes se besan apasionadamente cerca de proa, una muchacha pelirroja mira al cielo, embebecida, y sueña con príncipes azules. Todo eso y mucho más puedo ver nítidamente. Como puedo ver asimismo los bloques de cemento y hormigón que atestan el muelle, y los grandes contenedores, y el rompeolas, y la arboladura de las naves refugiadas en el puerto, y el largo paseo marítimo que se extiende de sur a norte.

           Vuelve a sonar la sirena, seca y rotunda, y a su tronar se acopla segundos después el repique de las campanas de la iglesia. Misa de doce. Me visto y salgo hacia allá, no para asistir a la misa, que a fin de cuentas soy agnóstico, sino para palpar sus muros de piedra y dejar que durante breves segundos se transmita a mis dedos su secular historia, memoria de auges y esplendores, de añagazas e intrigas, de infidencias, de autos de fe, de quiebras y conspiraciones, y luego de embriagarme con la piedra desnuda, vuelvo de nuevo mis ojos al mar, inmutable y omnipresente, para ya sin trabas de visión abarcarlo en toda su magnificencia. Y mis ojos se centran en ese gran barco que se acerca desde el horizonte doblemente azul, cargado de sueños también azules, de besos ardientes, de bebés que duermen, mujeres robustas y hombres con bigote.

           Un mendigo comido por la mugre pide limosna bajo el dintel de la fachada principal. Deposito un par de monedas sobre el rugoso pañuelo que exhibe y regreso a casa, a mi diván, a mis versos danzarines, a mi pereza inmarcesible.

           Es verano.      

 

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Comentarios
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  • Muy bueno el relato. Saludos.
    Aunque parezca un tópico, el mar simpre será un paradigma de nuestra naturaleza humana; de un ir más allá de lo que está a nuestro alcance. El mar es como el tiempo que permanece inmutable a los avatares humanos. Y la iglesia foma parte de nuestra cultura histórica. En un espléndido relato de prosa poética. ¡Pero chico, a ver si te levantas del sofá y te vas a bañar un rato al mar...! jajaja. Es broma. Agradezco mucno tu comentario a mi última reflexión y estoy de acuerdo contigo.
    Muy bueno y entrañable texto.Saludos
    Un verano como debería de ser ... con todo detalle . Hermoso Mario ! Un abrazo.
    Un verano retratado con enorme riqueza de detalles que se agradecen y se disfrutan. Un cuadro estival con sabor a pinturas de Sorolla, pero enriquecido por un léxico espléndido que a todos los que te lo lean (creo yo, ¡a mí sí!) retrotraerán a recuerdos inolvidables de muchos veranos vividos y saboreados familiarmente o en compañía de buenos “coleguis”... y hasta en soledad “escogida”. Y desde tu personal visión pintoresca describiendo paisajes y personajes: “y luego de embriagarme con la piedra desnuda, vuelvo de nuevo mis ojos al mar, inmutable y omnipresente, para ya sin trabas de visión abarcarlo en toda su magnificencia” o... “un señor de bigote fuma un cigarrillo apoyado en la amura, etc.” ¡estupendo! Y el final de “chapeau!” Saludos cordiales-Stavros (de vacaciones y con más tiempo para leer que el resto del año)
    me transportaste al verano desde mi invierno
    ¡ Excelente , Mil estrellas!! "Es verano", la secuencia de la narración y la fuerza cautivadora que describe el paisaje natural y cultural, hace que el lector "entre" en el escenario, percibiendo las sensaciones, de todos los sentidos, desde la vista hasta el olfato. Me introduje, como una intrusa, en ese horizonte veraniego, posiblemente , en una mujer, que contemplando el vaivén de las olas, soñaba estar en el Mar Caribe....Felicitaciones Mario! tú pluma vibra y se siente tú caluroso ánimo. !Feliz verano!
    No sé porqué en verano se da el estirar el tiempo, en el dulce no hacer nada que provocan las horas de calor, los recuerdos o simplemente la evasión de los pensamientos. Al protagonista le gusta lo que a mí, posar la mano en las piedras antiguas e intentar sentir todo lo que han visto... Ojalá le surja el poema! Besos, Mario.
  • Sueño y realidad pueden llegar a acoplarse de tal modo que resulte ciertamente difícil desligarlos

    Hoy alguien me hizo recordar este poema que escribí hace ya años. Así que lo extraigo de la arqueta del olvido donde se hallaba y lo comparto con todos vosotros

    Un neurólogo conocido mío me habló en cierta ocasión de una extraña patología que se conoce como "síndrome de la parálisis del sueño". Sus palabras me causaron un profundo sobrecogimiento e inspiraron este angustioso relato que espero resulte de vuestro agrado.

    ¿Y si aquello no hubiese sucedido tal y como nos lo contaron?

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Parafraseando a Benedetti, puedo decir que escribo porque me resulta imposible no hacerlo. En realidad, escribir es el único medio con el que consigo exorcizar esos puñeteros demonios que se empecinan en colarse por debajo de la piel para darle bocados al alma. Serán cabrones

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