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5 min
Escambray
Drama |
15.09.19
  • 4
  • 2
  • 797
Sinopsis

Dos hermanos se enfrentan en una guerra. Cada uno expone su punto de vista sobre su participación en un bando u otro.

                                                           Escambray

–Teniente, otro de los nuestros ha sido alcanzado por ese hijo de puta.

–Me dijo el Alto Mando que un batallón está en camino. ¡Le vamos a tirar con todo!

Wilberto González había recibido la orden de capturar a un “alzado” que les había causado varias bajas y estaba dispuesto a todo por tal de cumplir la orden. Eran muchos y con los que llegaran en breve, ese tipo no podría escapar. Acarició su fusil checo SA 23 y se dirigió al exterior de la improvisada cabaña. Muy pronto comenzaron a llegar los camiones con el personal de refuerzo. Sin mucho rodeo le explicó a los recién llegados su principal objetivo.

Cientos de hombres disparaban sin cesar hacia el lugar donde supuestamente se encontraban los “bandidos”, hasta su rendición. Su Jefe, con heridas en la pierna y en el hombro fue llevado ante el teniente González quien se puso blanco al observar su prisionero.

–¡Manuel! ¡No lo puedo creer!

–¿No me abrazas? –diciendo esto se acercó al teniente con los brazos extendido, pero fue detenido por dos uniformados.

–¡Pueden retirarse! –les ordenó a los soldados.

–Llevamos tiempo sin vernos y nuestro encuentro no es muy agradable. ¿Recuerdas aquellos primeros meses cuando combatíamos junto contra la dictadura? Teníamos el campamento cerca de aquí.

–¿Manuel, por qué? ¿Por qué combates contra tu pueblo? Tú no has sido afectado en nada y te pones del lado de los “yanquis”. ¿Es que acaso quieres que tu país sea colonia americana? ¿Quieres que vuelvan los grandes terratenientes, la explotación  y los abusos?

–¿Wilberto, aún no te has dado cuenta que esto es comunismo? Están interviniendo todo, han declarado la guerra a los religiosos, a los homosexuales, han fusilado a cientos de gentes inocentes, las cárceles se han llenado con aquellos que no están de acuerdo con tu gobierno. Estamos en las mismas, estamos ahora bajo otra tiranía.

–Me parece estar soñando. No puedo creer que tú eres el que está hablando de esa manera. ¿Recuerdas cuando pequeño como nos escapábamos para bañarnos en el río, allá en la parte de Vicente Lara? ¿Recuerdas cuando lanzábamos grapas a la carretera para paralizar el tráfico y ayudábamos a papá en la venta de bonos para financiar a los rebeldes? ¿Recuerdas cuando el ataque al pueblo que decidimos incorporarnos al ejército rebelde con las armas que nos facilitó Gonzalo? ¿Por qué luchábamos si no era para acabar con la tiranía que nos oprimía?

–No sé si llamarte por el nombre o si decirte, Teniente. Como quieras, me sorprendes. Todo lo que dices lo recuerdo y me entristece verte al servicio del comunismo. Un Sistema que tiene el récord de muertos en el Mundo. Un Sistema donde lo único que vale es el Partido. Sí, pronto crearan el Partido Comunista de Cuba y se acabará la libertad de expresión. La familia se está dividiendo y se dividirá más. Dentro de poco me fusilaran y tú lo aceptarás, porque antes que todo está tu Revolución.

–No pienses eso

–¿No? Ahora mismo mi vida depende de ti. Sácame escondido en tu yipi que a ti nadie te va a revisar. No, no lo harás porque tú eres revolucionario y tu hermano es un “alzado” que ha traicionado a la Patria.

–Manuel, has asesinado a varios compañeros. Tú eres un sicario de la CIA. Te alzaste para entregar el país a los americanos. Te pagan por eso.

 

–Te equivocas. No he asesinado a nadie. He matado en combate. ¿Acaso no hicimos lo mismo en el ataque al pueblo? ¿Acaso no hizo lo mismo tu Comandante en el ataque al cuartel Moncada? Él estuvo cinco años presos y vivía como un Rey en la prisión. A mí me van a fusilar. Sabes bien que muchos políticos americanos ayudaban a la Revolución en dinero y armas. Muchos, de esos terratenientes y capitalistas odiados por el Gobierno, fueron los primero en ayudar a que triunfara la Revolución, pero no entiendes eso porque los tuyos son los buenos y los nuestros son los malos.

–Hermano, la Revolución ha enviado a miles de jóvenes a  alfabetizar. Dentro de poco no habrá analfabetos en Cuba. ¿Eso es malo? Le ha dado la oportunidad de estudiar a todos los pobres que antes no podían, otorgando becas y convirtiendo cuarteles en escuelas. ¿Eso es malo?

–Wilberto, lo que dices no es malo, pero acaso no es una forma de adoctrinar con las nuevas ideas revolucionarias. ¿Has leído las cartillas de alfabetización? Has visto el adoctrinamiento en los Centros de becarios.

–¡Teniente! El Comandante quiere que le envíes inmediatamente al prisionero –dijo un uniformado recién llegado

–Un momento, por favor – contestó y le hizo seña para que saliera.

Estuvieron mirándose un rato. Por las mejillas del Teniente Gonzáles rodaban muy lentamente las lágrimas. ¡Era su hermano! El corazón se le oprimía al saber que sería la última vez que lo vería. Manuel González lo miraba fijo sin pestañar. Entraron a buscarlo y antes de darle la espalda le lanzó una escupida y justo en la puerta se volteó para decirle:

–Teniente Wilberto Gonzáles, yo no veré a Cuba Libre, pero tú no verás una Cuba triunfante y próspera.

Al día siguiente, Manuel González fue fusilado y recostado a un árbol en las lomas del Escambray, el Teniente Wilberto González lloraba.

 

 

Autor: Pedro Celestino Fernández Arregui

 

 

 

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Obrero del transporte vinculado a la literatura a través de obras escritas de teatro para colectivos obreros. Ha escrito tres libros: "Amor entre Azahares", Cuentos y Poesías de Celestino y La Sangre que Regresa (titulo anterior: El Leon Rojo Memorias de un Combatiente) .Actualmente está jubilado.

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