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9 min
Ese extraño retumbar...
Drama |
10.09.18
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Sinopsis

El pesar que siente en su interior cada vez se potencia, y ese sonido no hace más que aumentar su frecuencia... Ella se encuentra perdida, en un oscuro atardecer. ¿Será capaz una misteriosa compañía de hacerle reflexionar sobre la verdadera importancia de los problemas?

El movimiento de las nubes era imparable. El día había comenzado claro y soleado, pero por algún motivo, todo había decaído y se iba haciendo poco a poco más oscuro.

Aquella silueta a la derecha respiraba tranquila, ese ambiente le tranquilizaba.

Por otra parte, no muy lejos de ella… se encontraba una chica de cabellos cobrizos con los cuales combinaban a la perfección sus ojos, marrones amielados.

La joven no dejaba de suspirar y no podía parar de escuchar un extraño retumbar en su cabeza. Tik. Todo la conmovía y un océano de pensamientos pasaban por su mente, en ese atardecer oscuro. Sus manos se dirigieron casi por instinto hacia los oídos intentando acabar con ese ruidoso sonido que abarcaba las paredes de su cabeza. La silueta a su lado la miraba extrañada, no sin dejar de preguntarse qué le estaba pasando a esa bella joven.

-Se te ve preocupada… ¿puedes explicarme que te pasa? - sentenció con palabras decididas y seguras. Su tono de voz era demasiado grave, algo que no pasaba desapercibido.

La chica por un momento absorta en sus pensamientos… dirigió lentamente su cabeza hasta la voz que le hablaba. Sus ojos no dejaban de estudiarlo y sus nervios cada vez afloraban más. Pero el pesar de la inconsciencia a su problema le hizo comenzar a emitir sonidos casi inconcebibles.

-No sé qué me ocurre… Estoy muy perdida con respecto a ello- La mirada que recibió fue de extrañeza, en cambio, un atisbo de comprensión se pintaba en ella también.

Aún con las manos en sus oídos, no dejó de articular palabras.

-Un acumulo de cosas no dejan de danzar por mi mente y me impiden pensar con claridad. Mas y si por fuera poco, un repetitivo sonido no deja de retumbar por todo mi ser…

La chica se veía preocupada y su acompañante no dejaba de escucharla expectante. A su vez, éste, no paraba de darle vueltas a una idea y la solución que le podría dar para que pudiera ver la luz de una vez por todas. El día como si estuviera conectado… se combinó, viéndose poco a poco los aún últimos rayos del sol.

-Ven, baja tus manos y mírame- la joven aún temblorosa, notó como sus cálidas manos le proporcionaban un atisbo de tranquilidad.

Sin hacerse mucho de rogar le hizo caso y se quedó frente a él.

Sus dedos recorrían la frente de la hermosa joven y delinearon el camino que llevaba hasta su nariz. Para de nuevo, volver hasta el punto de origen.

-Todos tus problemas nacen de aquí- sus yemas no dejaban de dar pequeños toquecitos en el comenzar de su cabeza.

Ella lo miraba aún con incredulidad y esperando algo, aunque no sabía muy bien el qué.

-Tienes que dejar de preocuparte y sobre todo intentar que todo fluya, porque como te digo, todos tienden a recrear grandes trágicas historias cuando lo único que solo tienen… es una triste palabra.

Si en un momento ella pensaba que él le proporcionaría, aunque fuera un poco de ayuda… Se equivocaba. La confianza que había depositado por un instante en él… aun sin saber en qué momento, había sido efímera, casi arrancada de su pecho. Palabras vacías, ella pensaba.

-¿Y tú como puedes saber que problemas tengo? Y lo peor de todo ¿Si son importantes o no? – a cada sonido, la voz de ella aumentaba descontroladamente. Si había existido contacto alguno entre ellos, la joven se había encargado de extinguirlo, empujando hacia atrás los finos brazos de él.

-Tú no sabes nada de mí y menos si le doy demasiada importancia a las cosas, porque sabes… quizás las tengan. No entiendes nada. -

Ella no podía de dejar de sentirse demasiado ofuscada con la situación. ¿Quién era y en qué momento decidía meterse en su vida? Además, los retumbos en su cabeza continuaban, si seguía así acabaría loca.

Él por su parte permanecía quieto, con la mirada fría y fija en algún punto del lugar, llegando casi a asustar a la chica. Cuando pensaba ella que ya le ignoraría y la dejaría en paz por fin, acortó distancias y se dispuso a pocos centímetros de los amielados ojos. Un fuerte suspiro dejo escapar de su boca antes de comenzar a hablar.

-Sabes? Yo no te digo que tus problemas no sean importantes, solo quiero que te des cuenta de que a veces el darles vueltas a las cosas no sirve de nada…- su voz era firme y decidida. Hizo un pequeño descanso para tomar aire.

-Todo el mundo tiene preocupaciones, pero es aquel más feliz cuando aparcas las cosas de lado y vives el presente. - él la miraba penetrante, a la espera que pudiera llegar a entrar en razón, deseando que lo hiciera.

-¿A sí? ¿y crees que tendría sentido nuestra existencia si solo nos preocupáramos por el ahora? Déjame que te responda, no. No planificaríamos nada, no invertiríamos tiempo en nada… Viviríamos el momento sí, pero una cosa está clara, nuestras vidas se orientan en el futuro. Siempre estamos con nuestra vista clavada en el mañana. Es un hecho.

Ahora la mirada desafiante la plantaba ella, aunque sus delicadas manos no paraban de sudar. Sentía como el nudo que había emergido hace mucho en ella no paraba de crecer, pero quería permanecer decidida. Lo que había dicho, firmemente lo pensaba, y nadie se lo rebatiría. La sonrisa de él no tardó mucho en surgir.

-Cierto es que el presente no se concibe sin un futuro, no te lo voy a discutir pequeña… pero tampoco sin un pasado-. Arrastraba tanto las palabras que la joven no podía evitar exasperarse-. La vida sigue una línea recta y hay que mirar al frente, pero no puedes ocupar tus pensamientos en un instante que no es existente ¿no crees?

-Puedo hacer lo que me venga en gana-. exclamó girando la cabeza hacia un lado.

Los dedos de él buscaron aquellas temblorosas e intranquilas manos que jugaban con el bordillo de la estampada camiseta.

-Anda, no seas tan terca y mírame de nuevo. El tiempo es tu aliado, no lo conviertas en tu enemigo.

Un largo suspiro acompañado de pequeños quejidos fue lo que se escuchó de forma retumbante en el lugar. Por fin había surgido el contacto entre ambos, pero de nuevo, esas cuchillas gélidas del miedo propias de ella… los separaron de nuevo.

-No lo puedo controlar, todo se me escapa…- Sus manos se dirigieron de nuevo a los oídos por aquel sonido, Tok, el cual se había convertido en más fantasmal-. Y que vengas tú, que sabes ni quién soy, y no dejes de defender filosofías vacías… no ayuda. No ayuda ¿sabes? -.Estas últimas palabras fueron percibidas por él demasiado bajo, ya que casi fueron tapadas por los sollozos de ella.

-Es una realidad, que no la quieras concebir… depende de ti- él sentía coraje, coraje que no quisiera ver más allá y que tuviera la vista nublada.

El atardecer comenzaba a convertirse en una tibia noche, en el que la única vida que le acompañaba eran el sonido de dos almas tan diferentes… que no se pensaría que jamás pudieran formar parte del mismo puzle.

-Déjate de realidades, cada uno tiene la suya. Vete, no quiero hablar más contigo.

-Pero… - aquella silueta se acercó un poco más a ella, todavía con esperanza.

-Que te VAYAS he dicho- un cortante chillido rompió cada parte de él. Aspirando todo el aire que pudo prosiguió a contestar de forma más tranquila, sin perder los nervios.

-Siempre respetaré tus decisiones, y si quieres esto… así será. Pero ten en cuenta que yo decido cuando irme, no tú. Estoy para ayudarte y apoyarte, mas no puedo obligarte a nada. 

Con un rápido movimiento se levanta de un golpe, tan deprisa y con tanta facilidad que choca a la chica. Ese esbelto cuerpo parece volar y sus largas extremidades se mueven al compás del último soplo de la noche.

Sus pasos son lentos, arrastrando su caminar, girando la cabeza hacia a un lado… esperando otra respuesta a labrar.  Nada. Aún le pesa que la chica no haga vida con lo que realmente posee, que no encuentre la felicidad en las pequeñas cosas, que no las desee.

Aún le pesa que pierda una gran cantidad de minutos en pensar en lo que hacer, y no de vivir que lo que tiene que proceder.Aún le pesa que esté tan preocupada por cosas que no valen la pena. Qué triste faena.

En cambio, suspira triste y con más determinación… avanza hasta que es efímero.

Todavía en la esquina apoyada, se encuentra la joven paralizada. Sin determinar un porqué, el ruido que escuchaba en su cabeza se ha extinguido.

Por un momento se siente en calma, en una completa paz que jamás había experimentado. Ese mísero TIK TOK que recorría cada parte de su ser es sustituido rápidamente por una falta de respiración y un agobio incontrolables. Sus pulmones se estrujan, impidiendo que ese aire primaveral bañe sus alveolos, los cuales se marchitan como tristes tulipanes sólos.

El sosiego que había vivido se esfuma y los sollozos se vuelven a potenciar.

Ahí es cuando se da cuenta de todo, de lo que acaba de hacer.

El sonido que escuchaba, ligado a la marcha de él, en lugar de transformarlo en una bella melodía que guiara sus pasos… lo había convertido en una oscura sinfonía ruidosa. Ese fue su terrible error.

-Vuelve…- con un último aliento dirigió sus rojizos ojos hacia el lugar donde él había desaparecido. Pero qué pena, ahora sí, era demasiado tarde.

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