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9 min
Ese hombre es idéntico a ti
Ciencia Ficción |
18.02.14
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Sinopsis

¿A veces sientes que la vida te hace malas jugadas? ¿La pérdida de un familiar? ¿Una vergüenza inhumana? ¿Un amor fracasado? ¿Una oportunidad que se fue a la basura? Si tan solo la vida fuera tan fácil como la de este cuento

“¡Date prisa Joel! ¡No vamos a llegar!” le gritaba a mi hermano mientras corría hacia el tren. “¡Voy! No puedo correr más rápido que esto”. El lugar estaba plagado de personas, parecía una carrera de obstáculos mientras seguía corriendo. Claro que por la prisa chocaba con unas cuantas personas. Un vendedor de lentes de sol se interpuso en mi camino y accidentalmente me estrellé con él causando que sus productos cayeran al suelo. “¡Lo siento!” le grité. Omitiré su respuesta por ser algo indebida pero era algo relacionado con irme a cierto lugar. Las puertas del tren comenzaron a cerrarse y apenas logré entrar. Detuve unos instantes las puertas para que Joel lograra acceder al tren. Me sentía agotado, apenas podía respirar y sentía mi corazón bombear a golpes. “Idiota…” le dije pausadamente mientras recuperaba la respiración, “a la próxima… mejor te quedas… así me ahorro muchos problemas”. “Perdón Andrés,” me dijo, “tenía mucha hambre y tuve que comprar algo de comida.” “Como sea,” dije, “busquemos nuestros asientos”.

            Por fin encontramos nuestro lugar. Joel sacó el burrito que casi ocasiona que perdamos el tren y yo me puse a leer el libro de Rompiendo Dimensiones. A los pocos minutos Joel empezó a toser porque se estaba ahogando con su burrito así que empecé a darle fuertes palmadas en su espalda. “¿Te encuentras bien?” pregunté. Cuando se recuperó, me dijo en voz baja, “Andrés, ese hombre es idéntico a ti.” Discretamente voltee a ver al sujeto que se refería mi hermano. Era un hombre que estaba sentado en frente de nosotros, venía con lentes de sol, gabardina de lana gris, pantalón de mezclilla y zapatos negros. Joel tenía toda la razón, el hombre era muy parecido a mí excepto por su edad, que me ganaba por unos veinte años. Tenía cabello castaño con un peinado igual al mío, su complexión era delgada, era alto (casi 1.90), algunas arrugas en su rostro mostraban el golpe de los años. Intenté ver su ojo izquierdo para ver si en su párpado inferior tiene el mismo lunar de nacimiento que yo tengo. Esto fue imposible debido a sus lentes oscuros. El tren desaceleró cuando estábamos a punto de llegar a una de las paradas. El hombre sacó de su gabardina una hoja de papel y una pluma, con lo cual escribió unas cuantas palabras y se puso de pie. Terminó sacando un cubo dorado de su gabardina y lo colocó junto con la hoja de papel en su asiento. El sujeto me mostró una leve sonrisa y bajó del tren.

            Cuando el tren volvió a avanzar me paré para ir a ver lo que el tipo había dejado. Tomé las cosas y me senté, Joel se sentó a mi lado. Leí lo que decía en la hoja, “Recuerda y volverás, más cuando emita una luz, un uso más y perdido en el tiempo estarás.” “¿Qué dice?” me preguntó Joel. Simplemente me quedé callado y le entregué la hoja. Al leerla me dijo, “Que extraño, ¿me pregunto qué querrá decir?” Levanté mis hombros como señal de que no sabía, porque la verdad no tenía ni la mínima idea de lo que quería decir. Dirigí mi atención al cubo, era un objeto pesado a pesar de su tamaño, el cual cabía perfectamente en mi mano. Parecía hecho de oro y tenía inscripciones grabadas en toda su superficie, las cuales eran jeroglíficos que nunca había visto en mi vida. Esto me parecía muy extraño, no lograba comprender el mensaje que me dejó ese hombre.

            El tren por fin llegó a nuestra parada. Varias personas bajaron del tren junto con nosotros. El misterioso mensaje no dejaba de girar en mi mente, mientras caminaba trataba de entender que era lo que quería decir pero las respuestas no llegaban. Joel se adelantó e iba a unos cuatro metros en frente de mí. Llegamos a una avenida y Joel fue el primero en cruzarla. Vi que un auto venía a gran velocidad y se había pasado el semáforo rojo. “¡¡¡Cuidado Joeeel!!!” grité con toda mi fuerza pero ya era demasiado tarde. Sentí como todo se movía en cámara lenta, vi mi hermano siendo golpeado fuertemente por el carro y lanzado varios metros por el pavimento. Mucha gente empezó a gritar, pero yo no los escuchaba, mi sentido del oído se había desvanecido. Mi vista se nubló, sentí como mi cuerpo se sedaba, un intenso frio se adueñó de mi ser y escuchaba mi propio corazón bombear tan fuerte que me sacudía con cada latido que este provocaba. Corrí hacía él, entre el silencio que me tenía rodeado solo escuchaba el latir de mi corazón y cada pisada que hacía al correr. Me hinqué en frente de Joel, un charco de sangre rodeaba su cabeza. Su cara estaba casi irreconocible de tantos moretones, raspones y sangre que tenía. Su cuerpo estaba completamente inmóvil. Comencé a sacudirlo pero no reaccionaba, “¡¡Despierte Joel!! ¡Ya deja de jugar! ¡¡Dime algo hermano!! ¡No puedes morir! ¡No de esta forma!” le gritaba sin respuesta alguna. Un paramédico llegó y me hizo para atrás, no tenía fuerza para resistirme y solo quedé sentado sobre el suelo. Mi corazón decía que Joel seguía con vida pero mi mente sabía que era demasiado tarde. Simplemente no lo podía creer, no podía creer que mi hermano había muerto, no de esta forma. Había perdido el único familiar que tenía, ¿Qué iba a hacer sin él? En mi mano seguía el cubo, “maldito cubo” pensé. En ese momento odiaba ese cubo, odiaba el maldito mensaje misterioso, odiaba a ese estúpido sujeto que me lo entregó. Si no hubiera recibido esto, no hubiera estado tan distraído pensando e iría platicando con mi hermano y el estaría a salvo o ambos muertos (cualquiera de las dos opciones era preferible que esta). Miré fijamente el cubo, recordé el momento en el que lo recibí, regresó la imagen de mí sentado al lado de Joel leyendo la nota y el cubo en mi mano. En ese momento mi vista empezó a oscurecer y de repente caí inconsciente.

            “¿Qué dice?” me preguntó Joel. Al ver que no contestaba, Joel solo tomó la hoja de mis manos. ¿Estoy soñando acaso? Creí que había recuperado la conciencia pero esto no podía ser real. Me encontraba sentado en el mismo tren con mi hermano a mi lado. Cualquiera hubiera abrazado con gran emoción y alivio al ver a un familiar querido intacto después de haberlo visto morir hace unos momentos pero conmigo no fue así por la simple razón de que estaba demasiado confundido. “Que extraño, ¿me pregunto qué querrá decir?” me preguntó Joel. Por más que esto parece un sueño, no creo que lo sea… se ve demasiado real. ¿Podrá ser esto real? Ahora comprendo el mensaje, recuerda y volverás. Nos bajamos del tren y caminamos fuera de la estación. Estaba impactado con lo que acaba de pasar. Cuando Joel estuvo a punto de cruzar la avenida corrí hacia él y lo jalé de la camisa. El carro descontrolado pasó a centímetros de su cuerpo. “Fíjate por donde caminas,” le dije, “casi te matan.” Joel no respondió por el susto y solo asintió la cabeza. ¿Puede ser esto posible? ¿Será este cubo un artefacto capaz de regresar el tiempo? No lo podía creer, aunque ya lo había vivido.

            Durante diecisiete años he usado este cubo a mi favor, hoy sé que este artefacto se llama Lágrima de Cronos. Solo tienes que recordar un momento de tu vida, mirar fijamente el cubo y regresarás a ese lugar y tiempo a la misma edad que tenías. En estos diecisiete años he vivido magníficas aventuras con este objeto, me ha metido en problemas pero siempre he logrado salir de ellos, excepto de uno. Llegó el día en que este cubo empezó a emitir una luz azul. Más cuando emita una luz, un uso más y perdido en el tiempo estarás. No sabía qué pasaría si lo volvía a usar así que decidí no hacerlo. Un año después me detectaron un tumor cancerígeno en el cerebro, permitiéndome cuatro meses de vida más. Nada me salvaría, así que decidí ver qué pasaría si usaba este cubo por última vez.

Decidí volver al día que le dio un giro total a mi destino. Usé la Lágrima de Cronos, funcionó a la perfección y regresé a ese momento tan significativo. Aunque el cubo funcionó, esta vez fue diferente; las veces pasadas al viajar en el tiempo recuperaba mi edad, en esta ocasión no, mi edad permaneció exacta, treinta y seis años. Me encontraba sentado en un asiento de un tren mirando afuera de una ventana. Desde aquí veía una gran cantidad de gente en la estación. En eso vi un joven corriendo hacia acá con tanta urgencia que derribó a un vendedor de lentes de sol. Atrás de él lo venía siguiendo otro muchacho unos cuantos años más chico que el primero. A duras penas ambos lograron subir al tren y se sentaron en frente de mí. El menor se puso a comer y el mayor se puso a leer mi libro favorito. El joven mayor era idéntico a mí, excepto que él era unos veinte años menor que yo. De hecho tenía el mismo lunar en el parpado inferior del ojo izquierdo que yo tengo desde que nací. El muchacho chico casi se ahoga al percibir mi presencia y le dijo a su hermano, “Andrés, ese hombre es idéntico a ti.”

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  • Está muy bueno. Muy ingenioso... Bravo !!!
    Simplemente fantastico. Muy pero muy bueno Emilio. Me encanto. EXITOS!!!
  • Voltea a ver el mundo, mira en la etapa tan oscura que la humanidad está pasando: las masacres inhumanas en el Medio Oriente, la incertidumbre política global, una economía a punto de colapsar como nunca antes. Aún así, hay una manera de encontrar paz en medio de la tormenta, aun hay felicidad en medio de la tribulación.

    ¿Qué pasaría si Jesús llegara mañana? Como dice la Biblia, "toda rodilla se inclinará". ¿Qué pasaría si toda la humanidad fuera esclavizada? ¿Quién sería nuestra única esperanza? (recomiendo leer mi relato anterior "El Planeta Rojo" para comprender algunos conceptos)

    John Kallester, uno de los mayores genios en ciencia ficción, fue escritor de "El Planeta Azul". En mi historia, intento dar un toque al estilo Kallester explicando como es que nuestro planeta sobrevivió a uno de los mayores eventos catastróficos gracias a un Imperio que hasta la fecha sigue perdido.

    ¿A veces sientes que la vida te hace malas jugadas? ¿La pérdida de un familiar? ¿Una vergüenza inhumana? ¿Un amor fracasado? ¿Una oportunidad que se fue a la basura? Si tan solo la vida fuera tan fácil como la de este cuento

Tengo 18 años, desde pequeño me ha gustado escribir y prefiero relatar cuentos de ciencia ficción. Quisiera ser un exitoso escritor y tengo estas esperanzas en un libro que estoy haciendo. Mientras tanto compartiré cuentos cortos con ustedes.

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