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9 min
Espalda Roja
Terror |
10.09.19
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Sinopsis

Los que nos da miedo a veces puede ser algo tan simple como un pequeño insecto…

    Todo era una bruma oscura, vagaba sin rumbo hacia algún sitio con algún propósito, caminaba por un sendero con ganas de llegar a donde quiera que fuera por alguna razón me esperaban, no debía demorar pero yo había demorado mucho quizás no llegara a tiempo y decepcionaría a todos. Decidí adentrarme  por otro sendero era una especie de atajo que me permitiría llegar a tiempo, habían obstáculos como arboles podridos en el sendero, algunas ramas gruesas y tan afiladas que podrían usarse para una trampa, arbustos  que amenazaban con ser venenosos, todo esto lo evitaba con facilidad porque conocía el camino aunque nunca había pasado por allí, sentía que algo me invitaba a recorrerlo, una fuerza que esta mas allá de mi control, me percate que durante mi caminata por el sendero la humedad y el frio de la tierra durante la noche empezaba a ser agradable para mis pies que se hallan desnudos, se formulo una pregunta en mi cabeza:  ¿Por qué iba descalzo por un sendero peligroso?  Era tan fácil dar un mal paso y clavarme una de esas ramas en un pie y que se infectara, la pregunta se desvaneció tan rápido pero se formulo otra al ver mi vestimenta, llevaba una ropa de gala mal puesta, desordenada de tal forma que hubiera sido atacado por un huracán, aun con esa pregunta una voz interna me susurraba en la lejanía: Falta poco Robert, te estamos esperando

Durante la caminata que parecía no tener fin y comenzaba a volverse molesto evitar obstáculos de forma repetitiva donde mi única fuente de luz era una luna llena, pálida y sola en aquella noche desprovista de nubes, brillaba con fuerza, una vista preciosa para una foto, percibo mejor mi entorno que hasta ahora había ignorado completamente. Un bosque lleno de arboles con dos metros de tronco y verdes hojas oscuras que parecían de una familia llamada ¿encinos? No recuerdo bien su nombre, recuerdo haberlos visto en mi libro de fauna salvaje durante mis tiempos en la caseta de guardia forestal; me percate de algo inquietante aunque fascinante, unas telarañas grandes en algunas de las ramas más altas de los arboles, no estaban habitadas por nada y menos mal, una araña de ese tamaño solo se podría ver en una película de terror con efectos especiales baratos poco creíbles, aun así la voz susurro nuevamente: no te distraigas Robert ¿acaso quieres llegar tarde  a tu reunión?

Mi reunión era de vital importancia por alguna razón que desconocía, ignorando el extraño sendero por el cual me había atrevido a recorrer, fue cuando todo mi panorama se torno una retorcida pesadilla. Una telaraña enorme con un diseño perfecto y admirable se impuso ante mí, atada a cuatro arboles cercanos en una posición diagonal, lo abrumador de aquello no era el diseño ni el tamaño si no lo que contenía aquella red; capullos que no lograban tapar la cabeza de miembros de mi familia, amigos y conocidos, todos dispersados en aquella trampa mortal, sus miradas eran anti naturales, tenían los ojos completamente negros y una sonrisa que mezclaba la malicia con la satisfacción de verme llegar, fue allí cuando supe que lo peor vendría pronto pero ellos hablaron:

Hemos estado…esperándote Robert….tu reunión con la madre….es de vital importancia

Dijeron turnándose la voz como si hubiera sido ensayado mucho antes de mi llegada; mi miente apenas lograba concebir la situación en la que se encontraba, un pensamiento fugaz, negación ante todo lo que estaba ocurriendo era lo que gritaba mi mente: No es real…no puede ser real. Una gota de sudor frio que bajaba desde la espalda recorriendo lentamente hasta el coxis fue lo que contradijo este pensamiento, el dolor en los pies producto del agotamiento de caminar tanto, el miedo que generaba espasmos erráticos en mi cuerpo; todo eso fue expulsado con una nueva escena horripilante. Gritos estridentes de dolor salían de cada uno de los que se encontraban en la telaraña que fueron vilmente apagados por el surgir de cientos de crías arácnidas, no se limitaron a salir únicamente por la boca de los huéspedes, salieron de las orejas, ojos, orificios nasales, otras forjaron su propio camino cubiertas de sangre, rápidamente cubrieron la cara y el capullo de cada uno. Me encontraba arrodillado con la mirada desenfocada, mis piernas cedieron en algún momento sin que yo me diera cuenta, las lagrimas fluyeron como la persona que abre las puertas de una represa y el malestar sumado a las ganas de vomitar explotaron como un volcán; luego de vomitar todo mi asco, miedo y tristeza, logre recuperar un poco la compostura, la suficiente como para levantarme y presenciar la máxima personificación de la pesadilla ambulante.

Las crías se estaban juntando en el centro de la telaraña creando una amalgama negra, dejando atrás los cadáveres secos de mis familiares y amigos, mi mente gritaba: ¡Sal de aquí! ¡Sal de aquí! Pero las piernas rechazaban la orden, si hubiera podido cerrar los ojos ante lo que se formaba lo hubiera hecho no solo una vez, lo habría hecho un millón de veces porque lo que surgió fue una enorme y monstruosa araña, mandíbulas grandes y afiladas como lanzas segregando esa encima que paraliza el cuerpo en forma de gota, unas patas tan grandes como tubos para una construcción, ocho ojos me escrudiñaban tanto cuerpo como alma y quizás si tuviera la posibilidad de sonreír creo que lo hubiera hecho, un abdomen grande con una calavera roja  que brillaba tenue ante la luz de la luna, una hermosa vista hermosa de la clara muerte que se avecina.

La adrenalina de un momento a otro se disparo tan rápido y fuerte como un cañonazo, la mente se despejo, las piernas respondieron y la visión se agudizo, todo sumado a un solo pensamiento: ¡HUIR! , comencé a correr en dirección contaría con desesperación en la mirada, rozando la fina línea entre estar cuerdo o loco ante tanto horror, lo que parecía oscuro me resultaba más claro, las piernas se movían a una velocidad que un corredor olímpico sentiría envidia, la mente motivaba al cuerpo con una sola frase: ¡no voy a morir aquí! , todo esto potenciado por el miedo y el intento por sobrevivir de una muerte segura. La araña chillaba molesta ¿podía tener ese sentimiento una araña?  En una clara señal de que no le gustaba que su comida jugara, andaba cerca su estruendoso caminar la delataba, durante mi retorno puedo percibir cosas que no pude notar cuando camine por el sendero, habían perros, gatos, aves e incluso lobos completamente vacios de fluidos en las telarañas que había visto tiempo atrás vacías,  parecía que no tenia oportunidad y que todo estaba perdido, salte un árbol podrido pero cae mal, tropecé cayendo de cara en el arbusto de aparente hiedra venenosa, lo cual fue confirmado al instante porque mis ojos ardían intensamente, mientras casi ciego intento levantarme para retomar mi escape, soy interrumpido por el dolor de dos agujas del groso de una varilla de acero; caigo nuevamente al suelo gritando en un intento desesperado de zafarme de aquellos colmillos, lentamente empiezo a notar como mis pulmones se llenan de algo cálido y me cuesta cada vez mas gritar o respirar,  la sangre me empieza bajar hasta las piernas, otro intento de gritar se ve frustrado por la cantidad de sangre que ahora expulso con la boca mientras mi cuerpo se deja de responder, mi mente sigue dando órdenes como un sargento pero en vano ya que pelotón está dormido al igual que mi cuerpo, causa de aquella toxina que paraliza a las víctimas cuando consigue hincarle diente, lentamente la noche regresa a ser oscura, cada vez más oscura y el abismo me recibe con ese frio eterno. 

Despertar gritando fue lo primero que ocurrió, no estaba en aquel sendero, ni ante aquella araña, ni mucho menos en aquella telaraña con mis familiares, todo había sido un sueño. Me sentía muy mal,  la fiebre se había desatado en mi cuerpo, un dolor de cabeza que amenaza con hacerme estallar la cabeza, me encontré bañado en sudor frio con un fuerte dolor en mi mano izquierda, intento quitarme parte del sudor con esa mano a pesar del dolor pero el sentimiento de tacto era inexistente, la mano estaba completamente roja de la hinchazón donde se podía ver claramente en el dorso una herida pequeña, que ardía como el infierno y extendía ese ardor hasta toda la mano, palpitaba al ritmo de los latidos de mi corazón acelerado; Me levanto con mucha violencia de la cama buscando algo para quitar la sabana de la cama, encuentro un sujetador de ropa y utilizo el gancho para remover lentamente con la mano derecha aquella sabana, soltando un grito de horror más parecido al de una mujer que la de un hombre adulto, se ve como tranquilamente recorre la cama una pequeña araña de espalda roja cerca de la almohada.

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    Un simple desahogo que se me ocurrió durante mis 4 días sin luz en mi país

    Cuando las riquezas son muchas y hay enemigos acechando haremos todo por ello, creando guerras y ríos de sangre para transformar todo eso en oro.

    Durante el viaje la paz y tranquilidad me hacen pensar muchas cosas terribles y otras no tanto.

    ¿sacrificarías tu eternidad en el reino de dios por amor? ¿destruirías a un ser malvado a pesar de ser tu amigo? ella tomo la mas difícil decisión

    La noche puede ser mas que simple cielo con estrellas acompañadas por una luna...

    Hoy yo he de regresar a mi pueblo y quiero que mis lectores sepan donde vivo.

    Una cosa que no puedo darle nombre me acecha cada noche viene por mi y nadie logra creerme...

    El arte debe inspirar terror....

    ¿alguna vez te has sentido sentido observado o perseguido por algo? puede ser que lo te persigue sea lo mismo que me relato un amigo durante su trabajo.

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Cuando la realidad se comienza a distorsionar, cuando los portales se comienzan a abrir dando paso a todo tipo de criaturas donde la oscuridad empieza a ser un peligro cuando el abismo infinito se hace presente es cuando yo me siento ante todas esas locuras y lo escribo.

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