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8 min
ESQUELAS CAPÍTULO VI
Ciencia Ficción |
05.08.16
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Sinopsis

Dos personas sin ninguna relación aparente se ven afectados por un mismo hecho singular: ambos han visto publicada su propia esquela en el periódico.

Media hora antes de la fijada para el funeral, llegó Sally a la iglesia de St.Michel. Era un edificio de principios del siglo XX restaurado recientemente. De inmediato encontró a su amiga. No pudo evitar una ligera sonrisa al comprobar el atuendo de Rebeca. Siempre dispuesta a vivir en todo su esplendor el  melodrama, vestía de luto riguroso.  Todas las prendas que vestía eran de color negro. Usaba una pamela   enorme, guantes de cuero, medias  y el vestido estrecho. Este era tan  corto como provocativo. Ni en los momentos más solemnes olvidaba su coquetería.

Con una ligera inclinación de la cabeza le ordenó entrar en el templo.

            -Mejor permanecer de testigos por el momento. Intenta acoplar el tono de voz a las circunstancias -le dijo con severidad.   

Rebeca asintió dócil. Vivía el papel con  dignidad absoluta.

El interior del recinto era imponente. Sally llevaba tanto tiempo sin asistir a ceremonias religiosas que no supo precisar si la atmósfera que respiraba obedecía al incienso, la humedad, o a ciertos fluidos desaconsejables que emanaban de los residentes en los féretros. Vacío aún el templo de fieles, el silencio era majestuoso. Por todas partes pinturas e imágenes del arcángel San Miguel.  La bóveda estaba decorada con frescos que rememoraban las batallas entre el Cielo y el Infierno. Desde la perspectiva del visitante se veía tan alta que bien podría ser un fotograma de los habitantes celestiales. El arquitecto no aprendió la lección de la torre de Babel. Sally advirtió una escultura de madera al pié del púlpito. Blandía una espada de fuego en la mano derecha y en el antebrazo izquierdo llevaba un escudo circular que brillaba hasta en la semioscuridad reinante. Durante unos momentos la bibliotecaria olvidó el particular motivo por el que se hallaba en la iglesia.  Pensaba que de ser verdad todo el credo católico el tal San Miguel debía ocupar una plaza importante en la jerarquía divina. Vencedor sobre Lucifer nada más y nada menos; eso no debería estar al alcance del cualquiera. Además ostentaba al parecer un rango militar. ¡Mejor prestarle devoción que ganarse su enemistad!

Sus meditaciones se vieron interrumpidas por el eco de pisadas. Un ligero calambre de nerviosismo la sacudió. Parecía llegado el momento. Al fin se adivinaba la luz que pondría fin al misterio. Sally quería apartar con otros pensamientos una idea que le estaba causando desasosiego

-¿Qué ocurriría si realmente fuera ella la ocupante del ataúd que estaba a punto de entrar en la Iglesia? ¿Podría verse allí, inerme? – Sería como la escena de una película surrealista. Imposible, esas cosas no ocurren en la realidad. –Pensó, mientras deseaba con todas sus fuerzas que de una maldita vez empezara el funeral.  A cada momento le costaba más controlar los nervios.

-Atenta. Faltan cinco minutos y comienza a entrar gente -murmuró

-No voy a perder detalle. Descuida -En Rebeca también se adivinaba la tensión.

Con mucha parsimonia, o así lo aparentaban, fueron entrando los asistentes. Los primeros rostros que pudieron reconocer concordaban con el evento. Algunos semblantes estaban serios, la mayoría afligidos. Se fueron sentando poco a poco guardando el orden establecido. Los llantos más sentidos y los suspiros profundos provenían de los bancos situados frente al altar. Los que escogieron las partes finales para acomodarse denotaban bastante menos pesar, aunque se mantuvieron formales en todo momento.

       Las amigas, posicionadas de pié, en un lateral del templo,  intercambiaron miradas significativas.

       -¿Algún conocido?- inquirió Sally

       -Nada, estoy igual que tú. Algo no encaja.

-¿Qué hacemos?- A Sally le asaltó la sospecha que su amiga llevada por la exaltación había imaginado parte de la historia. Intentó no enfurecerse.

-No te preocupes, el funeral todavía no ha dado comienzo. Y creo que faltan unos minutos, observa, el cura aún no ha subido al altar. Déjalo de mi cuenta.

Y no bien hubo terminado la frase, avanzó resuelta hacia el último banco. El martilleo de sus tacones agigantado por la resonancia de la cúpula, estimuló la curiosidad de los congregados. Una multitud de miradas  buscaban a quién quebrantaba un acto tan sagrado. Sally intentó disimular su rubor fijando su atención en el interior de una hornacina. Allí estaba expuesta lo que parecía una reliquia.

  La causante del alboroto actuaba con naturalidad y abordó a un joven cuchicheándole al oído.  Cuando parecía volver la normalidad entre el público su mirada buscó a Rebeca. Había terminado la breve charla y ahora estaba repasando el libro parroquial que se mostraba a la entrada. Al término del corto peregrinaje regresó junto a Sally.

-Vámonos, necesito aclarar mis ideas; al parecer ha sido una falsa alarma.

Ya en el exterior Sally la interrogó sobre el incidente.

-Cuéntame, ¿qué ha ocurrido?

-Bueno supongo que ya lo imaginas. Es evidente, cristalino, claro, que alguien juega con nosotras. El funeral era de otra persona. He revisado los últimos quince días en el registro de la parroquia y tu nombre no figura. Tampoco en la próxima semana apareces en el libro. Sin embargo, te aseguro que por teléfono me confirmaron tus datos. Necesito esperar para ver con quién hablé. Es imposible que no recuerde nuestra conversación de ayer.

-Déjalo, el asunto es cada vez  más complejo. Vámonos necesito reordenar mis ideas.

Sally no dudó un momento que la llamada de su amiga era cierta, así como el diálogo  que le relató. ¿Pero quién podría ir tan por delante de ellas? ¿Quién se anticipaba a cualquier movimiento para mantener y acrecentar el misterio?

Durante largo tiempo permanecieron de pié, junto a la iglesia sin cruzar palabra. Al fin Sally rompió el silencio.

-El difunto, ¿era hombre o mujer?- preguntó  desconcertada y sin prestar atención a la respuesta.

-El difunto era un varón. Un hombre de mediana edad. William Higgs se llamaba.

 

 

 

 

Lo que dio comienzo como un juego para Rebeca devino en una forma de vida. Su desahogada posición económica le permitía desatender su negocio cuanto tiempo quisiera. Sin ser conscientes, la esquela las había unido como nunca. Sólo se separaban el tiempo mínimo para atender las obligaciones más imprescindibles. El resto las ocupaba siempre el mismo tema. Dos días después del funeral, se hallaban en el apartamento de Sally. Tomaron una cena ligera y ambas se entregaron a conversar animadamente sobre cuestiones cotidianas como  preámbulo al tema que les iba a llevar la mayor parte de la noche. Sally entró en la materia.

-Hemos descartado a cualquier conocido, cercano y lejano. Eso nos llevaría a pensar, como tu bien dijiste al iniciar esta pesadilla, que tal vez me querían dar, digamos un mensaje, pero si tal fuera, creo que ha transcurrido demasiado tiempo para que su autor no se mostrara o dejara una pista para seguir.

-Si, y no olvides que tampoco  hay paralelismo conocido. Si lo hubiera, con las horas de lectura empleadas ya habríamos dado con él. Es un hecho novedoso, sin comparación posible- dijo Rebeca.

-Entonces, ¿hemos fracasado por completo?

-No, pero creo llegado el momento de buscar ayuda.

Cuando me lo dices, estoy segura que  ya has encontrado a la persona idónea. Dime en  quién has pensado.- Sally, a veces, sentía que las palabras que dirigía a su amiga iban impregnadas del tono de reproche propio de una hermana mayor.

-Buena intuición tienes. Me conoces demasiado. Efectivamente tengo un amigo que nos puede ayudar. No sé el motivo pero algo me dice que es nuestro hombre.

-¿Y no nos tomará por un par de chifladas aburridas? -inquirió

-De ninguna manera. Es un científico, un sabio, un académico, pero sencillo y accesible.- A Rebeca no se le ocurrieron más sinónimos.

-No sabía de tu nueva faceta tan intelectual. Dime algo más, necesito ubicarlo.-

Por un instante Sally pensó la curiosa pareja que haría Rebeca con un empollón de ese calibre.

-Sé lo que piensas, no tengo, ni he tenido nada con él. Me lo presentaron hace un par de meses y hemos charlado en varias ocasiones, sin más.  Ese tío no dejaría de hablar de electrones ni yendo a cenar con él desnuda. Pero quizás tenga la clave. Y vamos a averiguarlo. ¿Mañana te puedes tomar la tarde libre?- La pregunta era capciosa y la respuesta, obvia.

 

 

 

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