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6 min
Estación 53: El Hangar
Ciencia Ficción |
05.01.18
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Sinopsis

El capitán Scott y su tripulación han arribado con su nave en la remota Estación 53. Hasta ella han transportado un carga tan valiosa como letal. Por suerte, su estancia será breve. O eso es lo que piensan...

El sonido de una alarma despertó al comandante Scott cuando apenas llevaba tres horas dormitando en su camarote. Miró a mesita, donde una luz roja parpadeaba de un modo constante. Apenas faltaba un par minutos para las seis. Sacó sus pies fuera de la cama, y apagó el despertador. Después, comenzó a vestirse con parsimonia.

Tan sólo unas horas antes, de madrugada, él y su equipo habían llegado a la Estación 53 a bordo de la vieja lanzadera “Ripley”. En su bodega llevaban una carga proveniente de las lunas de Aquerón I, tan inusual como peligrosa, aunque ellos simplemente se habían ceñido a cumplir con su encargo. Su trabajo así lo requería. Las preguntas incómodas sobraban cuando el transporte estaba bien pagado. Y hasta la fecha, los gobernantes de aquella vieja estación habían cumplido en ese apartado.

Abrió la puerta de su camarote, cifrada con un código numérico, y recorrió una serie de pasillos blancos e idénticos hasta el comedor de la estación. A aquella hora apenas había gente en las mesas. Se sentó en una esquina, y por unos segundos disfrutó de su soledad.

La Estación 53 había sido construida a principios de siglo, por los gobiernos del Frente Unido, y durante varias décadas se había alzado como su principal bastión en todo el cuadrante estelar. Con una capacidad para albergar cerca de dos millares de personas en su interior, pronto sus dársenas se habían visto convertido en el cobijo perfecto para buques comerciales y militares, quedando de este modo reforzadas las rutas en la Vía Ceniza y las tres lunas de Aquerón.

Sin embargo, actualmente, la estación apenas contenía una décima parte de aquel aforo en sus camarotes. Parte de las instalaciones habían quedado obsoletas y deshabilitadas, invadidas por el óxido y la humedad tras los años de abandono. Varios ensamblajes, incluso, habían sido desprendidos de la estructura original, evitando de ese modo su lastre, y confiriendo a la estación un aspecto muy distinto, casi como de ruina.

-¿Va a tomar algo?

La voz ronca y entrecortada de una mujer rechoncha y entrada en años sacó al comandante Scott de su ensimismamiento. Levantó la vista, para contemplarla, y en su rostro descubrió una mueca desagradable, como si odiase que la hiciesen esperar demasiado.

-Eh... ¿Qué hay de desayuno? -preguntó-.

-Avena y alubias cocidas -respondió la mujer, empleando el mismo tono seco y desapasionado-. También tenemos chocolate caliente, pero ese no se lo recomiendo.

El comandante Scott trató de disimular la escasa apetencia que le causaba aquel menú, y pidió un cuenco de avena. Prefirió no preguntar que le ocurría al chocolate, seguro de que la respuesta no conseguiría más que cerrar su estómago, y dejó que la mujer se marchase mascullando algo por lo bajo.

Después del desayuno, que no fue tan desastroso como en un principio se había temido, se encaminó a dársena 6, el lugar donde había dejado estacionada su nave. Cuando llegó, vio que la oficial Livana ya estaba allí.

-Veo que has madrugado -dijo, esbozando una sonrisa perezosa-. ¿O acaso ni siquiera has dormido?

La oficial frunció el ceño, levantando la vista de la tablet que llevaba entre manos, y se apartó un mechó de pelo cobrizo que caía sobre sus ojos.

-No me fiaba de los estibadores de Fisher. La verdad, no entiendo como tú lo haces. He venido a supervisar la descarga de la mercancía.

El comandante rio, esta vez de forma sincera.

-Fisher siempre se ha ocupado de que sus trabajadores sean lo suficiente obtusos como para no mostrar interés por nada que no tenga que ver con su trabajo -dijo-. De hecho, supongo que si a estas horas ya han vaciado la nave es porque estabas tú aquí para enseñarles cómo se abre una puerta.

-En fin... -musitó la oficial, pero su rostro no dibujó nada que se asemejase a una sonrisa. Volvió a hundir la vista en la pantalla, y prosiguió-: He calculado el tiempo de ruta para nuestro regreso a la base de Aquerón. Nos llevará mínimo dos días si queremos evitar el campo de escollos que nos encontramos al venir. He recalculado el trayecto, y meteré los datos en el piloto automático antes de partir. ¿Cuándo será eso?

-Muy bien, oficial. Este mediodía pretendo reunirme con el gobernador, y si todo marcha como espero, esta misma tarde partiremos de aquí -dijo, con tono pausado-. Sin embargo, siento decirle que no nos serán necesarios sus nuevos cálculos para nuestro viaje...

La oficial Livana arqueó una ceja, y lo miró sin comprender.

-He decidido que tras abandonar la estación pondremos rumbo a las lunas occidentales, y no a la base de Aquerón I, como siempre.

-Y, ¿el motivo de ese cambio?

-Digamos que... las lunas occidentales son un buen lugar donde tomarse unas pequeñas vacaciones, oficial -el comandante guiñó un ojo, y por un momento las mejillas de su segunda de a bordo se ruborizaron-. Creo que hemos trabajado duro estos meses. Un poco de ocio no nos vendrá mal.

En ese preciso instante, un funcionario de la estación entró correteando con pasos apresurados en el hangar. Llevaba la visera torcida, de medio lado sobre su cabeza, como si hubiese ido al trote todo el camino, y de su frente se descolgaban algunas gotas perladas de sudor. Cuando llegó al lado del comandante, se dobló por la cintura y luchó por incorporar algo de aire a sus pulmones.

-Le estaba...buscando...comandante -farfulló entre dientes, mientras su gorra caía definitivamente al suelo-. He ido a su habitación... Pero no estaba...

-¿De qué se trata? -preguntó el comandante, poniendo una mano sobre el hombro del agitado funcionario-. ¿Ocurre algo?

El hombre tomó una nueva bocanada de aire, y consiguió enderezarse para mirar a la cara a su interlocutor.

-Se trata del gobernador Fisher -dijo-. Quiere verlo de inmediato.

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  • Muchas gracias, Paco. Sin duda siempre es un placer recibir tus críticas. Seguiré tus consejos. Un saludo.
    Por cierto, por si te interesa, la raya de diálogo se pone pulsando, a la vez, las teclas Control, Alt, guión al lado del asterisco. Los diálogos quedan mejor. Saludos.
    Una historia entretenida que engancha, narrada con solvencia y oficio. Se ve que te gusta y dominas el tema de la ciencia ficción. Lo de Ripley me imagino que será un homenaje a la protagonista de "Alien, el octavo pasajero". La historia promete. espero la continuación.
    Muchas gracias por los comentarios. Intentaré numerar de algún modo los nuevos capítulos. Igualmente, para consultar el orden momentáneo, podéis comprobarlo en la fecha de publicación de mi perfil. Un saludo.
    Haces ver muy bien la acción de los personajes. Espero la continuación. Saludos. PD: Una pequeña cosita de cara a los lectores, podrías poner números en cada capitulo para que sea más fácil localizar y continuar leyendo la historia.
    Te sigo, me encantan este tipo de relatos. Un abrazo.
    Gracias por tener en cuenta los consejos de este humilde servidor. Gracias por leerme y por tus valoraciones también. Espero que continuemos diafrutandonos por mucho tiempo en esta página, amigo.
    Gracias por tu valoración y comentario. Respecto a el te diré que mis intenciones cuando escribo tales textos, es que cada lector saque sus propias conclusiones. Mi idea del texto es dramática y creo que con el género que esta se puede llegar a visualizar lo que he querido decir en un diálogo. Respecto a la ortografía es mi Cruz y tengo que volverme a empapar esas reglas ortográficas. Saludos amigo.
  • Luna llena, nuevos personajes...

    En el séptimo día, de un séptimo mes, de un séptimo año...

    El capitán Scott y su tripulación han arribado con su nave en la remota Estación 53. Hasta ella han transportado un carga tan valiosa como letal. Por suerte, su estancia será breve. O eso es lo que piensan...

    Remota y olvidada en el espacio infinito se encuentra la vieja Estación 53. Antiguamente utilizada como bastión en la defensa de las lunas de Aquerón, y posteriormente convertida en centro de comercio, en la actualidad solo un puñado de oficiales residen en ella con la misión de perpetuar su actividad. Sin embargo, un nuevo transporte ha llegado a una de sus dársenas, y lo que porta en su interior puede cambiar el destino de la Estación, y también de todo el Universo.

    Contrapuntos.

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