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20 min
Estado puro en la belleza.
Varios |
13.11.17
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Sinopsis

Trata sobre otro punto de vista de la belleza totalmente distinto al conocido socialmente y como muchas personas que resultan brillantes pueden elegir caminos distantes a sus aptitudes simplemente por los complejos, los traumas o la desgana hacia la vida.

Reía mientras se metía el caramelo rojo en la boca y tiraba el envoltorio con indiferencia, no llegó a tocar el suelo; el viento lo arrastró hacia el cielo. Lágrimas brotaban de sus ojos y se deslizaban lentamente por sus mejillas. Se quedaron a mitad de camino, plasmadas en su pálida piel. Elevó la mirada y observó el envoltorio perderse entre los bloques que flanqueaban aquél callejón. Degustaba el caramelo y se colocaba el pelo tras las orejas, su pulso estaba disparado, su respiración era fuerte y entrecortada. Mirando ahora una lata de cerveza aplastada, volvió a reírse. No se atrevía a levantarse. Observó a su alrededor, buscando algo, su bolso rojo estaba a unos dos pasos de ella, estiró el brazo doblando su abdomen y lo cogió, goteaba un líquido caliente y amarillento, lo olió y no pudo evitar vomitar, la costilla le ardía.  Se incorporó y abrió su bolso, rebuscó dos minutos y  sacó un espejo plegable, se miró la cara y el moratón se había extendido sobre su ojo tomando un color más oscuro, le sangraba el labio inferior. Volvió a guardar el espejo y se secó las lágrimas seguido de un soplido exasperante. Tiritaba, se subió los pantalones muy poco a poco, se dolía. I intento levantarse, la rodilla le crujió y cayó de culo contra el frío suelo. Reprimió el grito. Volvió a intentarlo y lo consiguó, caminar fue un poco más difícil. Se sentía húmeda, notaba un calor infernal entre sus piernas. Se llevó la mano hacia la zona húmeda, noto algo espeso, traspasaba los pantalones, miro sus dedos y aquel color rojizo le hizo devolver de nuevo, pura bilis. Se limpió la boca, escupió unas cuantas veces y volvió a incorporarse. Trataba de caminar, pero el escozor era insoportable, separaba sus piernas y avanzaba paso a paso, gimiendo de dolor. Cuando llegó a la boca de aquél callejón, recordó que su bolso se había quedado ahí, maldijo con un llanto y se dio media vuelta. Tardó una hora en llegar a casa, lo peor fue subir las escaleras del bloque, ojala hubiese tenido la capacidad económica para comprar uno con ascensor. Pensaba aquello mientras se enfrentaba a cada uno de los peldaños que se burlaban de su situación.

Prendió la luz de la cocina, se tomó un vaso de agua de la pica, dejo el vaso y se quedó petrificada en la encimera, apoyada por sus brazos, con las piernas separadas. Estaba recordando. En unos segundos, empezó a reírse a carcajadas. No había podido dejar de reír ni un solo momento, ni siquiera cuando la penetraban brutalmente una y otra vez. Se la follaron por todos los agujeros posibles. Recordaba la biscosa  víbora escabando dentro de su garganta y virtiendo el veneno sobre su lengua.  Se sentía sucia, pero no le preocupaba. Se duchó y limpió la sangre que había quedado en la ducha. El cristal estaba empañado, lo frotó con una toalla y la tiró al suelo, se miró al espejo y observó el moratón, ya había oplvidado que lo tenía. Tenía marcas por todo su cuerpo, aquello le hizo ser mas consciente de lo que acababa de pasar, se tocaba los moratones y se reía con indiferencia, ajena. No sentía miedo, ni se sentía amenazada, emocionalmente se encontraba igual que siempre, lo único que cambiaba eran esos recuerdos que le hacían saber que había sido violada por tres hombres, pero no le importaba, lo asimilaba con una sonrisa nerviosa, sin embargo el dolor físico la estaba destrozando, necesitaba calmarlo. Le costó llegar al salón, una vez ahí abrió el minibar que había entre una mesilla justodiada por un jarrón con margaritas y un pote de colacao lleno de caramelos rojos. Cogió una botella Red Dubble, no podía esperar a ir hasta la cocina, cogió el pote de colacao, lo abrió y tiró los caramelos al suelo para vertir la poción amarga y divina. Lo lleno un cuarto, bebió con ansia hasta llegar al fondo. Los labios le escocían, los mordía para prolongarlo. Gimió entre el placer y el dolor. Volvió  a llenar el bote, esta vez hasta la mitad.    Se dirigó al dormitorio mientras se acicalaba el cabello, se pusó un camison y se tumbó en la cama. De costado. El teléfono sonó hasta que cayó en un sueño profundo.

 

Abrió los ojos. El ventanal estaba descubierto de cortinas, era un día gris, una débil luz blanquecina entraba en el cuarto Se quedo mirando a través de él la enorme acumulación de edificios que asolaban sus ganas de vivir con los ojos chinos y negruzcos. Se volvió hacia el otro lado sin delicadeza,  el dolor le hizo recordar, con el paso de la noche el alcohol se había ido despegando de ella y ahora lo percibía todo. Se recojizó entre el odio y el orgullo, reía con los rojos cerrados, excitada. Se frotó la vagina convirtiendo el dolor en placer, el placer en dolor, abría la boca y gemía imaginándose un pene penetrando su garganta. Se corrió en minutos, siguió frotándose en la suciedad durante una hora. Sonaban claxons y motores, perros y hombres. En su cabeza lideraban los recuerdos de su primera experiencia sexual, tan llena de euforia, de dolor y satisfacción, satisfacción dolorosa, asqueroso, ordinario y mal oliente. Frío y humedo. Sonó un timbre, similar al que hay en las escuelas, en los cinco años que había vivido ahí jamás lo había escuchado, miró el reloj de su mesilla desgastada y marcaban las nueve, entendió por qué jamás lo había escuchado. No solía madrugar, solo cuando vivia con sus padres y tenía que levantarse para hacer vida normal, así lo llamaba ella para no perderse en aquellos mares sociales de fingimiento mutuo. Se levantó de la cama con delicadeza, con la mano el culo, su pie se topó con un paquete de tabaco Chesterfield vacío,  había muchos más repartidos por la habitación; Philip Morris, Marlboro, West, Virginia... podía  seguir contando. Su casa le pareció más cochambrosa que nunca;  había ropa por el suelo y encima del armario, en el escritorio y en  las cuatro esquinas de la habitación hacían montañas bragas y bragas. Miró debajo de la cama -cuanto se arrepintió de hacer eso- y había más, incluyendo medias. Le inundó una pereza enorme, se sentó en la cama y se quedó contemplando a saber qué, observó un paquete de West en el que quedaba un cigarro arrugado, lo cogió y se lo metió en la boca. No encontraba el mechero, se cabreó consigo misma, se levantó doliéndose aún con la mano en el culo y salió de la habitación con un portazo

 

 

 

Los pasillos húmedos y oscuros le hicieron pensar en su vagina, tenía ganas de volver a tocarse. Llegó al salón, estrecho, el suelo sucio de tabaco y huellas de pies desnudos. Jamás un hombre había pisado ese piso, sin embargo, olía a varón de una manera pura. La mesa que había frente al sofá estaba colocada en diagonal, cuatro libros, impolutos,-La senda del perdedor, de Bukowski, y los otros tres eran novelas de un escritor llamado Paul Darine- estaban colocados metódicamente en el centro de la mesa, a un lado una libreta con portada transparente tras al cual asomaban unas hojas blancas y puras como la antigua virginidad de nuestra compañera , un cenicero lleno de colillas y unas cuantas litronas, bolas de papel en el suelo y flores rojas y deshojadas ocupaban el sofá, en su respaldo habían pantalones arrugados y tops manchados de salsa roja.   Observó aquel panorama, había caramelos rojos por el suelo, cogió uno. Se dirigió al balcón atravesando aquella  barricada de pocilga y porfin pudo respirar.

Pensó en saltar, el día la animaba a hacerlo, pero el vicio en forma de cigarro y sabor a whisky le retenía. Aquella mujer era bella, sin duda alguna,  cuerpo flexible y extraño, serpeante. Su cuerpo yacía embutido en un espíritu incapaz de contenerlo, aquellos ojos como dos enormes piedras de esmeralda. Su cabello dorado era movido ahora por el viento, tenia la misma elegancia que sus caderas. Era algo prodigioso.  Apoyada en el balcón , mirando el tráfico de la ciudad, pensaba en ella misma. Jass no conocía termino medio; persona extremista, apasionada , vehemente, ardiente como ninguna otra. Por otro lado era fría, mirada impasible y lánguida,  tenía una sonrisa pícara e irresistible con la que esclavizaba a todos los hombres. Sin embargo solo jugaba, se daba cuenta de que no veían en ella más que un cuerpo.. un cuerpo perfecto y brilloso, pero efímero.  Ella odiaba su belleza, la odiaba. En muchas ocasiones -todas ebria- habia tratado de mitigar su belleza clavándose agujas en las mejillas, o entre sus finos labios mientras derramaba lágrimas que se vertían en el folio o en el suelo, hasta secarse por completo. Caminaba por las calles y se odiaba a si misma cuando notaba las miradas adheridas a su febril figura, porque era fuego en movimiento, ardían todos los que la miraban . Sin embargo estaba destinada a una vida oscura, fría y desmesuradamente enfermiza. Así se sentía ella.

 Le ceniza se consumía y las finas líneas de humo que rezumaba el cigarro desaparecían con el impulso del viento, Jass contemplaba como se extinguía de su vista, soltaba el humo, recordaba los momentos de alegría perdidos en algo tan simple como la mirada perra de un hombre. Se había sentido tan repudiada a lo largo de su vida, las mujeres siempre la habían envidiado, era la pequeña de tres hermanas y las tres la tomaban por una golfa que no llegaba a explotar al máximo su belleza con los hombres, la tomaban por estúpida y creían que carecía de inteligencia y alma , pero Jass era inteligente y espiritual como nadie, amaba el arte, escribía, pintaba y tocaba el piano de una manera divina, era de esas pocas personas que iluminaba tu vida cuando estabas con ella y la hacías sonreír, pero cuando se marchaba dejaba en ti una gran mancha que te pudría de una manera basta y dolorosa. No tuvo una sola amiga para compartir su dolor, solo el arte. Todas la repudiaban porque atraía a sus hombres sin ella quererlo.  Su belleza la castigó durante toda su vida. Hasta sus 23 años, jamás sintió nada parecido a un sentimiento agradable que lubricase todo ese entramado de traumas que había ido apagando su ser en soledad máxima.  Meneaba el vaso de cristal, lo terminó de un trago y lo dejo caer al vacío, se quedó mirando, escuchó las llaves en la cerradura, alguien entraba.

 

La primera vez que la vi fue en un bar, yo estaba sentado en una de las mesas con una jarra fría de cerveza, y un taco de folios escritos, estaba terminando una novela y estaba demasiado colapsado, tanto que ni el alcohol conseguía mitigar el bloqueo. Mi apariencia no era gran cosa. Cuerpo  enjuto, nariz considerable, parecía que mi cuerpo dependiese de la estabilidad de mi gran napia, no era un tipo muy atractivo físicamente, dejémoslo ahí. La vista empezaba a dolerme, las letras me mareaban, deje la pluma y retiré la mirada del folio.  Entonces la vi entrar, una brisa mágica y fría vino acompañada de su presencia, no miró a nadie, se dirigió a la barra y pidió un buen whisky. Estuve unos minutos observándola. Era magnífica. Entonces se giró, y me miró como si mi propia mirada, entre todas las que la contemplaban, hubiese conseguido persuadirla. Se levantó y se sentó frente a mí.

-Hola, guapo.

-Hola -mi tono era frío.

Estuvimos mirándonos unos segundos, su simetria facial me impactó, su piel, pálida  y suave a la vista,  aquellos ojos verdes me hicieron temer algo que todavía no tenía nombre ni rostro para ninguno de los dos.

-¿Vienes a menudo? -preguntó.

-Aquí es donde yo trabajo. -le dije.

Miró mis hojas y sonrió. Volvio a mirarme, aquello fue demasiado intenso.

-¿Crees que soy bonita? -me preguntó.

-No hay duda, lo eres. -dije, entonces tomé mi jarra y le di un largo trago, volví a dejarla.

-Todos creen que soy bonita, la mayoría de los hombres me miran y sé que están deseando follarme porque soy bonita, pero tú mirada, tu mirada no refleja eso... me hace sentir confortable, y con estos palurdos me siento un maldito trofeo de mierda, esto es algo nuevo para mi -lo dijo mirando con desprecio a los demás.

Algunos retiraron la mirada y la fijaron en sus copas, otros la miraban con superioridad y recelo, yo sonreí.

-Eres hermoso, lo sabes ? -me dijo inclinándose hacia mi.

Yo borré la sonrisa de mi rostro y la miré fijamente.

-No consigo leerte... -me dijo con curiosidad y con una sonrisa nerviosa- es tan... extraño.

-¿Tu me estás mirando bien ? -le dije cerrando mis cejas.

-Claro, se me da muy bien observar, y eres hermoso. ¿Crees que eres feo verdad?

No podía retirar mi mirada de su iris, sin saber por qué, me sentía tan agusto con aquella MUJER.

-Lo soy, compañera.

-Quizás creas que eres feo, pero realmente no lo eres. Eres bello, puedo verlo.

Retiré la mirada, dí un trago, estaba inquieto.

-¿Crees que soy bonita? -volvió a preguntarme.

Volví a mirarla.

-Eres bella, pero desde que te has sentado he visto lo que ocurre dentro de ti, puedo ver el odio que tanto aprecias hacia ti misma.  No te conozco, y no sabes cuanto te comprendo ahora mismo.

Me miró un largo rato,seria, totalmente seria, jamás había visto una seriedad como aquella, realmente imponía. Entonces volvió a inclinarse y me besó. Yo la tomé de la cintura y  a continuación tome su rostro con ambas manos. Frío.

Me llevó a su casa y nos sentamos a charlar en su sofa acompañados de unas cervezas, entonces me di cuenta de lo buena y cariñosa que era. Pero all mismo tiempo, volvía hacia atrás, hacia zonas de incoherencia, hablaba y se respondía a si misma, angustiada y sonriente, alegre. Según me contó, la gente no toleraba su personalidad, la tomaban por una loca, una lunática que buscaba la atención, pero se podía ver como aquella mujer temía a las personas, y lo último que quería era llamar su atención. Fuimos a su habitación, la cama estaba deshecha y había alfileres y agujas repartidos por la habitación. La luz era tenue y el gran ventanal estaba custodiado por las estrellas y la blanca luz de la luna. Nos tumbamos en la cama.

-¿Quieres hacerlo ahora? -me preguntó.

-No -le respondí.

Y me di la vuelta, ella se quedo en silencio, no dijo nada. Estuve pensando antes de caer en el sueño, visualizaba su rostro.Ppodía ver sus heridas a través de sus ojos y esas cicatrices en su rostro. ¿Que tramaba aquella mujer a la que conocía de horas y la comprendía como si fuesemos viejos amigos? Aquella mujer necesitaba creer en un hombre, o en si misma. Para vivir.

Me levanté antes que ella, fui a su cocina y le hice un café y unas tostadas con un pan algo pasado que tenía en un cajón. Volví a la habitación y la desperté.

-Aquí tienes, he visto que tenías algo de cafe y pan duro en tu cocina, algo es algo... Luego iré a comprar más comida, este lugar es peor que mi casa.

No dijo nada, estaba sorprendida. Me miró y sonrió. Se tomó el café y dejó la bandeja en el suelo.

-Jamás me habían dicho NO al sexo, me dijo sonriente.

-Mira, no sé nada de tí, ni siquiera se tu ...

-Me llamo Jass, -dijo repentinamente.

La miré unos segundos.

-Un placer, Jass, yo soy Day.

Le ofrecí mi mano, ella me la apretó sonriente. Nos miramos en silencio.

-Mira Jass, si no quieres, no tenemos por qué hacerlo, de verdad.

-Quiero hacerlo- me dijo instantaneamente.

Me incliné sobre ella lenta y delicadamente y la besé. En segundos me rodeó con aquellas piernas.

-Espera, -dijo- deja que me refresque un poco.

Se levantó y fue al baño. Después de unos minutos salió, llevaba un camison corto que hacia relucir su cuerpo. Puro resplandor, las piernas, los pies, sus brazos, las caderas, todo era resplandor.  Se abanzó sobre mi y me tomó del cuello. Besé y acaricíe su cuello y cada rincón de su cuerpo. La monté. Ella gimió con fuerza y se revolvió como una serpiente libre. Arriba y abajo movía su cintura, arriba y abajo. Me salí de ella, me tomó de la cabeza y me hizo tumbarme, se sentó encima de mi cara. Me montó. Arriba y abajo, arriba y abajo, yo saqué la lengua y la agité con firmeza y fuerza. Ella gimió todavía más, cada vez más fuerte, cada vez más intenso, jamás había visto a una mujer disfrutar de esa manera. Ahora aminoraba, seguía aminorando hasta desmontarse de mi cuello, se tumbó a mi lado. Yo inspiré. Nos miramos y nos reimos.

Se levanto indiferente y tomó un cigarro de mi abrigo, en el suelo. Lo encendió y empezó a fumar, tomó otro para mi. No salimos en todo el día de la cama, hablamos más que otra cosa hasta se empezó a hacer de día y nos dormimos nuevamente.

Pasaron meses y no dejamos de estar juntos, todo parecía ir bien, dentro de nuestras posibilidades , claro, solo nos teníamos el uno al otro. Eramos muy pobres y entre los dos conseguimos mantener solo una casa, la suya. Yo había tenido seis trabajos en esas semanas, y también conseguí rascar algunos duros con unos relatos que escribí para una editorial. La mayoría de los trabajos eran una mierda, ganaba seis o siete euros la hora, siempre estaba borracho, me acababan pillando bebiendo y me echaban de todos. Pero volvía a buscar, me pagaban lo que debían y a seguir escribiendo. Jass trabajaba de señora de la limpieza en un hospital del centro, ganaba poco más que yo. Ibamos tirando.

Una noche llegúe a casa y Jass estaba borracha. Estaba tirada en el sofa con un porro en la mano, tenía ojeras y llevaba tres agujas clavadas en sus labios.

-Pero que coño.. otra vez Jass?

Me acerqué a ella y le retiré las agujas, sangraba. Fui al baño, tomé un botiquín, lo abrí y no había nada, solo hierba. Lo tiré al suelo con rabia y fui al baño, tomé papel higienico y algo de whisky, vertí un poco y se lo pasé delicadamente por los labios. Ella gimió.

-Duele cariño, lo sé, lo siento.             

Lloraba, y sabía que no era por el dolor del alcohol, pocas veces algo le dolía de verdad.

-Que ocurre...

-Estamos arruinados Day...

-Saldremos adelante, podemos salir de esto estoy seguro.

Se levantó eufórica.

-Como , Day ? Cada trabajo que tienes lo pierdes, y yo no puedo seguir en ese lugar, me siento una puta mierda. Eres un mierdas.

-Escúchame, lo cambiaremos, confía en mi.

Ella me miró, estaba temblando, me abrazó con fuerza. Lloraba.

-Mirame -le dije con un leve llanto.

Ella me miró, parecía más tranquila.

-Cásate conmigo, hagamos algo dentro de nuestras posibilidades, aquí, en casa.

Ella me miró seria, al cabo de unos segundos empezó a sonreír progresivamente.

-Vale

Me desperté y en el cielo ya lucían los primeros brotes de sol, Jass dormía. Yo llevaba llevaba un pantalón de chándal gris y algunos lamparones de las lentejas rancias de la noche anterior. Me levanté, busque mi abrigo entre la oscuridad y me dirigí a la puerta de la salida. Pasé la mañana lanzando algunos curriculums y hice una entrevista de trabajo; florero . Salí de la entrevista con  un buen morado en el ojo derecho; el alcohol, no quiero perderme en detalles. Después el resto de la mañana lo pasé en el bar que había debajo de mi casa, bebiendo un poco más. ¿Por qué no ? Volvi a casa y al cabo de dos horas, abrí la puerta y la cerré con llave. No parecía haber nadie, era extraño porque era viernes, y los viernes Jass no trabajaba. Me dirigí al salón y no había nadie, sobre la mesa había varios litros de cerveza y el cenicero lleno de colillas de la noche anterior. El balcón estaba abierto, olía a tabaco. Cerré de nuevo y me dirigí al bar, otra vez.

Pasaron días y no apareció, yo me pasaba los días en casa, borracho, esperándola. Perdí más peso que nunca, estaba muy débil. Una mañana, al despertar, fui al bar, a ver si por casualidad estaba ahí. Entré y estaba vacío, me senté y pedí un whisky. El encargado me lo sirvió y me habló.

-Siento lo que pasó.

Retiré la mirada de la mesa, me costó, le miré.

¿Que es lo que siente ? Dije con arrogancia y mala ostia.

-Lo de su prometida... se suicidó, la encontraron desfigurada en el asfalto, también encontraron restos de cristales, era una copa. Llevaba en la mano un caramelo rojo.

Me quedé mirando a la nada, una lágrima  brotó de mi ojo y se deslizó por mi mejilla, quedandose a medio camino, plasmada.

 

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    Tienes un error en el 'tiempo verbal narrativo': vas del pasado imperfecto al pasado perfecto. No es que no se puedan combinar, es hasta lógico que suceda, pero el que está confundido entre algo que 'ya pasó en el pasado' o 'solía pasar en el pasado' es tu narrador. Otra cosa: Se ve muy mal el uso de tantos gerundios; oprime CTRL+F y escribe "ando" y verás cuántos tienes. No está mal usar por ahí uno, o quizá dos. Pero en un texto corto como este cuento que haya tantos, es un error que debes corregir de inmediato. Cuando lo hagas, se podrá ver qué más hay qué mejorar.
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