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5 min
Esto ya no es lo que era antes ( 2a parte )
Terror |
19.08.14
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Sinopsis

César, un chico de 17 años, intenta sobrevivir junto a su familia en un mundo afectado por un virus que convierte a todo aquel infectado en una persona sin control, matando a cualquier persona cercana sin ningún tipo de compasión. Vivirá desde el comienzo de la epidemia con una angustia que no le dejará vivir en paz.

Suena el móvil :
- ¿Si, quién es? --pregunto yo algo alterado.
- ¡Tío, soy yo! Que está pasando, en las noticias dicen que algunas personas atacan a otras intentando comérselas. ¿Es como the walking dead o algo parecido tío sabes algo más?--contestó mi primo preguntándome más sobre el tema.
- Se lo mismo que tu tío --respondí yo con la misma alteración que el principio--
¿Estas con tus padres ahora mismo?
- Si, están aquí ahora mismo.
- Vale genial, pienso que lo mejor será reunirnos todos en una casa, así seremos más gente y podremos protegernos mejor.  --le sugerí.
- Si, yo también estaba pensando en eso. --contestó el-- ¿Te parece que vayamos a tu casa?
- Claro tío  --le respondí--  Ahora mismo estoy yendo hacia la armería con mi padre a por algunas escopetas por sí la cosa empeora. Tu casa nos pilla de camino, si quieres te picamos y bajáis tu y tu padre, tu madre que se quede preparando vuestras cosas y cuando volvamos que baje y nos vamos cagando leches a mi casa.
- Vale, entonces digo eso a mis padres y te esperamos abajo de mi casa. --me confirmó el.
- Vale, nos os olvidéis traer algún cuchillo o algo para defender por sí se complica algo. --le ordené yo
- Vale, como en the walking dead tío. --bromeó el.
- Haha si como en the walking dead. --bromeé yo también-- Vale, daos prisa ya llegaremos a vuestra casa. --le volví a ordenar con la misma seriedad que al principio.
- Vale ya vamos bajando. 

Los dos colgamos el teléfono. A los pocos minutos llegamos a su casa, y como acordamos los dos estaban abajo, nos saludamos y emprendimos el viaje hasta la armería. 

Se podía notar el miedo en el aire, el temor de las personas cuando te cruzabas con ellas. Te lanzaban una mirada de miedo que te llegaba hasta dentro, te contagiabas al momento, y te ponías incómodo, inseguro.

Llegamos a la armería :

- ¡ Joder ! ¡ Esta cerrado ! ¡ Hemos venido hasta aquí para nada ! ¡ Mierda! --empecé a alterarme lleno de ira. 

Mi padre intentó calmarme, me dijo que no pasaba nada, que lo hemos intentado. 
Lo consiguió. Pero no estaba satisfecho, he malgastado el tiempo para nada, ahora mismo podría estar buscando comida junto a mi madre, pero no, malgaste ese tiempo viniendo aquí. Pero no había nada que hacer, así que empezamos a alistarnos para volver a casa.

Mientras nos íbamos :

- ¡ Esperad ! -- gritó mi primo -- No hay ningún candado en las persianas, las podemos abrir.
- ¡¿ Qué !? -- exclamé yo -- ¡Que bien! ¡Que bien! Ábrelas no perdamos el tiempo. Coged todo lo que podáis, pistolas, escopetas, cuchillos, balas, todo. -- ordené yo antes de entrar en la armería

Abrimos las persianas, las cruzamos y en la puerta de cristal había una nota.. :

" Creo que no seria justo que me lleve todo, dejo unas cuantas pistolas y escopetas en el mostrador. 
Para quien lo lea... Que aproveche ".

Todos lanzamos alguna que otra risa en leer aquello, pero enseguida empezamos a buscar las armas. 
Como ponía en la nota, 5 pistolas y 3 escopetas, junto a 8 cajas de balas de pistola y 10 cajas de cartuchos de escopeta. Había un bolso encima de la vitrina que utilizamos para guardar todo allí. 
Pero todo esto no me parecía suficiente, por lo que sugerí a los demás que buscaran cuchillos, pistolas de balines y de fogueo y cualquier cosa que sirva como arma. Encontramos en total unas cuantas pistolas de fogueo, de balines con sus respectivas balas, unas cuantas cañas de pescar, unos cuantos cuchillos militares y de buceador y un bate de béisbol.
Antes de salir, todos cogimos una pistola, las cargamos con balas y las guardamos en los bolsillos de los pantalones como pudimos, por sí nos hacían falta más adelante.
Era la primera vez que cogía una pistola de verdad, tan sólo disparé unas cuantas de balines en toda mi vida, nada más, y eso me hacia sentir un poco raro.

Pasamos por la casa de mi primo, recogimos a su madre y seguimos el camino de vuelta a casa. 

Estábamos a 10 calles de mi casa, cuando de repente algo cae de un edificio, destrozando un coche rojo que estaba delante de nosotros :

- ¡ Joder ! --grité yo-- Es un hombre, hay que hacer algo. ¿Y si está contagiado? Hay que matarle.
- Da igual Cesar, vámonos antes de que ocurra algo. --sugirió mi padre.
- No pero, si se levanta y empieza a atacar a otra persona, y esa persona se infecta y ataca a otra, y la otra a otra, y así sucesivamente hasta que lo peor de esto llegue aquí antes de lo esperado. --le aclaré yo-- Papá, por favor, deja que lo haga, no pienso correr riesgos.
- Joder, está bien, pero lo hago yo, tengo más experiencia usando pistolas, y no creo que estés preparado para hacer eso.
- Vale, intenta darle en la cabeza, supuestamente es lo más efectivo. 

Agarró su pistola. Buscó su cabeza, casi destrozada por la caída, y disparó contra ella. 

Tardé unos cuantos segundos en recuperarme del tremendo mareo que me provoco aquella desagradable vista. Creo que los demás también estaban como yo. Pero, deduje que si queremos sobrevivir a esto, creo nos tendremos que ir acostumbrando.

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  • Pues... Siguen faltando tildes y comas, y en esta ocasión eso ha entorpecido bastante la lectura (Se lo mismo que tu tío => Sé lo mismo que tú, tío). Sinceramente, la primera parte fue superior. Hay que mejorar.
  • César, un chico de 17 años, intenta sobrevivir junto a su familia en un mundo afectado por un virus que convierte a todo aquel infectado en una persona sin control, matando a cualquier persona cercana sin ningún tipo de compasión. Vivirá desde el comienzo de la epidemia con una angustia que no le dejará vivir en paz.

    César, un chico de 17 años, intenta sobrevivir junto a su familia en un mundo afectado por un virus que convierte a todo aquel infectado en una persona sin control, matando a cualquier persona cercana sin ningún tipo de compasión. Vivirá desde el comienzo de la epidemia con una angustia que no le dejará vivir en paz.

Soy un joven que está intentando adentrarse en el mundo de la literatura.

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