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4 min
Eusebio se fue
Drama |
18.10.16
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Sinopsis

Un hombre se encuentra en la calle con dos niños. Uno de ellos llora desconsoladamente y el otro le cuenta al hombre la causa. Días después sueña con el niño que lloraba; éste, en el sueño, le dice "adiós".

Sobre el mediodía del viernes de la semana pasada, mientras caminaba por las rojizas calles de tierra de mi barrio, descubrí a un niño que lloraba. No estaba solo. Él le contaba algo a otro chico, un adolescente. Me acerqué y pregunté si podía ayudar. Ellos me reconocieron

.̶ Usted es el nuevo peluquero de la esquina Esa donde está el dibujo de Chaplín…  ̶ dijo el mayor de los chicos. 

̶ Sí, el mismo. ¿Pasó algo? ¿Puedo ayudar?  ̶ plantee si saber cómo lo tomarían.

̶ No… Lo que pasa es que mi amigo Eusebio se enteró que mataron a una  mitakuña’í1 Una criadita, como nosotros   ̶ balbuceó el que parecía hacer de portavoz.

̶ Ah… Entiendo  ̶ dije, sin saber qué decir.

̶ No… No creo que entienda. A Eusebio le dan palizas como a esa  mitakuña’í    ̶ aclaró.

Las lágrimas del chico rodaban sobre su mejilla y caían sobre la roja tierra, gota tras gota, formando un pequeño charco. 

̶ Peor… Peor que eso  ̶ se encargó de afirmar el pequeño, que no dejaba de sollozar. 

̶ No se preocupe. Es nuestro destino. Quizás así lo quiere Dios  ̶ sentenció convencido, el mayor de los chicos.

̶ Yahá2  ̶  dijo el niño.

̶ Yahá Catú3  ̶  le contestó el otro. Lentamente emprendieron un rumbo distinto al mío. 

La siesta estaba plagada de chicharras. La gente tomaba tereré a la sombra de los árboles.

Nos saludamos con la mano en alto y consideré las expresiones del chico un tanto atiné a exageradas.

“A veces ocurren desgracias. Alguien se pasa de la raya, comete un crimen, pero es no tiene que repetirse y no lo debe querer Dios” ̶ me dije a mí mismo.

Al cuarto día, en realidad la noche de ese día, una hora después de dormirme, me desperté sobresaltado. El rostro del niño llorando lo sentí clarísimo, frente a mí. Me miraba con unos ojos enormes y dijo: “Adiós, adiós”. A sus pies se formaba, vívidamente, un charco de sangre. No pude volver a dormir. Quedé pensando en el niño que lloraba, en su amigo y en la sangre cayendo sobre la tierra colorada. 

 ̶ Se fue… ̶ me tiró como una lanza, con su voz entrecortada. Se fue  ̶ repitió.

̶ ¡Quién?  ̶ pregunté, casi comprendiendo bien, sin saber cómo ni por qué. 

̶ Mi amigo Eusebio murió angá4… Salió corriendo. Cruzó el patio de tierra, llegó a la calle y al intentar pasar a la otra vereda, un colectivo lo atropelló.

̶ Lo siento  ̶ atiné a decir, sin saber qué más agregar.

̶ Otros criaditos de la casa dicen que el viejo Atanazildo lo amenazó  ̶ relató el muchacho, acongojado.

̶ Le dijo: “No me contestes mita cuando te hablo o te pasará lo mismo que a esa mitakuña’í”.

Por eso, esta mañana, cuando el viejo lo llamó… Eusebio se fue.

                                                                                                                  Pedro Buda

                                                                                                                          2016

Voces guaraníes usadas

1 Mitakuña’í: niña

2 Yahá: vamos

3 Yahá Catú: ¡vamos sí!

4 Angá. Pobrecito  

 

 

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  • Gracias por la lectura y... creo que corresponde aclarar los términos, pues usarlos ayuda al contexto del personaje, pero aclararlo ayuda a que los lectores entendamos el texto.
    Gracias Lírico por la lectura y el comentario.
    Interesante relato. Me gustó mucho. Y es de agradecer que al final explicaras los términos guaraníes
    Vaya,muy buen relato
  • Todos, absolutamente todos, estuvimos de acuerdo en que el sonido era de un motor, un motor de Jepp.

    Sobre las 23, 30 sentí un ruido algo intenso, muy breve, al que resté importancia. Sin embargo, deduje que no era un disparo, ni una bomba de estruendo, pero no supe a qué atribuirlo y tampoco me ocupé de indagar, al menos en ese momento.

    En <<Los pasos de jaguareté michí>> el personaje principal es una mujer que participó de la Guerra del Chaco primero como criada, ayudando al patrón, y luego curando las heridas de los caídos en combate. Luego se hizo enfermera tras la guerra.

    Esto que seguidamente leerás, amigo lector, es el fiel relato de lo que le sucedió a mi amigo Juan, según él me lo contó una tarde, mientras tomábamos unos mates amargos en una plaza de Buenos Aires.

    <<Y todo parece indicar que hay más y más cosas extrañas que, de algún modo, se encuentran relacionadas con nuestra naturaleza, con nuestros montes vírgenes. Y, quizás, don Clodomiro tenga razón: Podría haber otros a quienes importan nuestros montes vírgenes, nuestros campos, más que a nosotros mismos>>.

    "...un medio de prensa informaba que la casona estaba siendo usada para albergar a menores y que ellos, los chicos, estaban asustados porque dentro del enorme lugar, un cuarto específico, estaba habitado por un fantasma".

    Salvatore es un joven que está a punto de casarse. Fue un criado de don Abelino y su familia desde los cinco años y trabajó desde los seis. Le solicita a su actual empleador que lo ayude a encontrar a su familia. Por intermedio de un sacerdote, amigo de su empleador, se entera que su padre, don Estanislao, aún vive.

    Cuando entré miré en derredor, busqué con la mirada algo que me indicara dónde preguntar por el paciente, a quien iba a acompañar, esa noche.

    "...El campo fue barrido por un gigante. Ellos lo vieron."

    En este cuento sobresale el perro compañero, amigo, que cuida a su humano de las inclemencias del tiempo.

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Me considero un escritor pues parte de mis días están dedicados a esa actividad. Crear o recrear situaciones y personajes es un trabajo que disfruto realizar. Firmo, generalmente, bajo el seudónimo de Pedro Buda.

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