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7 min
Evanescente (I)
Amor |
22.01.21
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Sinopsis

Suena el timbre de la puerta y deja de preparar la cena para abrirla. Se seca las manos en un trapo mientras sale de la cocina.

Ella aparece ante él y casi le da un infarto al verla, viva, allí de pie, casi levitando como un fantasma. Pero su mirada es fría, distante, nostálgica. Él debe reprimir alguna lágrima.

- Hola Misha.

- Hola Nur - devuelve el saludo pasmado como un idiota.

- ¿Puedo pasar o vas a dejar que me quede aquí fuera? - pregunta llamando a su falta de tacto.

- Perdona, pasa. Es que no te esperaba.

Lleva un corto vestido estampado blanco y azul. Le queda muy bien.

Toma asiento en el comedor y deja el bolso junto a ella. Él la imita y deja el trapo sobre el cristal de la mesita de centro.

- ¿Quieres tomar algo? - le ofrece arqueando una ceja.

Ella niega con la cabeza y un parpadeo ralentizado.

Sentada junto a él en el confortable sofá de su salón, acomoda los antebrazos sobre sus preciosas piernas, entrelaza sus dedos, nerviosa. Claramente no sabe por dónde empezar, no sabe cómo decirle lo que lleva semanas callando. Nur no ha sido la misma desde aquel fatídico día. Hace ya un mes, pero los acontecimientos han sido un caos para ella desde hace unos días.

Ninguno de los parece querer romper el hielo. Misha la mira y tiene que bajar la vista porque innegablemente ve a Mel, aunque en el fondo sabe que aquella visión es imposible porque no hay sonrisa. Mel nunca perdía su preciosa y risueña sonrisa. Pasara lo que pasara, siempre la llevaba consigo a todas partes.

Nur es diferente en ese aspecto, algo menos alegre. Por eso sabe que no tiene delante de sus ojos a su Mel, aunque siempre había habido problemas para diferenciarlas, sobre todo cuando se ponían de acuerdo e intercambiaban los papeles. Ese juego les encantaba.

- ¿Y entonces, a qué se debe el honor de tu visita? - pregunta con voz suave.

- Me está volviendo loca... - logra contestar negando con la cabeza y sin dejar de mirar al suelo.

- ¿Quién? ¿Tony? Sabes que es un capullo...

- No me refiero a mí marido - le corta.

- ¿A qué has venido, Nur? - le posa la mano en la nuca.

Ella se abalanza sobre su cuello y se cuelga de él, conteniendo la respiración y el llanto. Misha no puede hacer más que abrazarla generosamente. Es la segunda vez que la acoge en sus brazos desde que Mel se la arrebató aquel hombre que sufrió un infarto mientras conducía y la atropelló por la acera. La primera vez fue el día del entierro. Sintió que su presencia le hacía daño, demasiadas sensaciones, demasiados recuerdos que añadían sal a su herida.

- Es Mel - le confiesa en un susurro.

- Lo sé. Yo también la echo de menos - intenta calmar su dolor al tiempo que ella se separa lentamente.

- La veo - se explica - la veo a veces.

- Es normal - le recoje las manos - Como gemelas teníais un vínculo que quizás siga vivo aún después de...

- Misha - vuelve a cortarle - Estoy segura de que eres un buen psicólogo y por descontado una admirable persona pero no he venido para que me psicoanalices. Mel tuvo suerte al encontrarte.

- No sigas, Nur.

Hace una pausa y suspira antes de continuar. Le mira a esos ojos color miel y sonríe.

- Recuerdo cuando te conoció... también me gustaste. Mel me hizo prometerle que no intentaría robarte. La volviste loca, petardo - añade entre risas y ojos vidriosos - Y tuve que alejarme de tí, dejaros vía libre, la veía feliz a tu lado.

- Joder, Nur - contesta apesadumbrado - ¿A qué viene todo esto ahora?

- Necesito que me ayudes. Esto me está superando.

- Vale. Sé que con el tiempo podremos aprender a aceptar la muerte de nuestros seres queridos.

- No quiero hablarte de muerte, si no de vida - su voz suplica que la escuche.

Aquella frase lo descoloca.

- De acuerdo, te escucho.

- Ahora sí que necesito una copa, hace calor - solicita levantándose hacia la cocina.

- ¿Ron cola? - ofrece él siguiéndola - Que sean dos.

No puede evitar fijar la vista en aquellos apetitosos glúteos que tiemblan a cada paso que da, aunque se da cuenta y la aparta de inmediato.

Sacan dos vasos largos, añaden los cubitos y la mezcla de alcohol con el oscuro refresco. Brindan y pegan un largo trago.

Misha fuerza una sonrisa en pie, frente a... se muerde la lengua. "¿Cómo se supone que debo vivir sin tí?" Aquella balada de Michael Bolton no deja de sonar dentro de su cabeza.

- Tú dirás - le invita a comenzar.

- Verás... Suelo ver a mi hermana - entorna los párpados de sus negros ojos - Aparece cuando menos lo espero, en la calle, en el autobús... se me hace difícil asumir su marcha pero es que mientras continúe viéndola, se me hace insoportable.

- ¿Te dice algo? ¿Algún gesto o signo?

- No. Solamente la distingo en la distancia, entre la gente - sus ojos le dicen la verdad - y ella también me mira. Es como si quisiera comunicarse conmigo, decirme algo, pero no pudiera.

Misha comprime sus lagrimales. Recuerda la promesa que le hizo a Mel y un nudo en la garganta le impide hablar.

Nur desvía la mirada a un lado y la mantiene. Algo ha llamado su atención.

- Está aquí, ahora, con nosotros ¿Verdad? - presupone oteando el vacío rincón junto a la nevera.

Nur sólo asiente al ver el rostro satisfecho de su hermana, que asemeja darle las gracias con una sonrisa que la abraza. Deduce que tal vez sea la única manera que tiene de volver a ver a Misha, aunque sea sólo unos momentos.

- Te envidio, Nur - quiebra el intenso silencio - Al menos puedes verla.

Mel hace un ademán con la cabeza a Nur para que se acerque a él. Al tomar contacto ambos y abrazarse de nuevo, consigue transmitirle la esencia evanescente de aquella alma atrapada al otro lado del espejo. Extrañamente, Misha nota que Mel fluye dentro de su hermana, su tacto cobra existencia, el aroma de sus cabellos llena sus pulmones de esperanza, sus ojos azabache le desvelan que el amor no muere, se transforma. Su pulso se acelera e inevitablemente se rompe en sollozos, aferrado a aquella mujer a la que no pertenece. Piensa que el destino es injusto, pero le agradece a Nur que haya venido, suponiendo que es una especie de despedida, ya que no pudo hacerlo en vida.

Para Misha no hay mejor manera de agradecer que besar a las dos al mismo tiempo. Y así funden al unísono sus labios en un cálido e interminable beso. Tal vez esto fuera lo que ella hubiera querido. Ambos lo perciben, ambos lo callan.

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