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7 min
7 PECADOS CAPITALES
Terror |
28.07.18
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Sinopsis

En una discoteca, de cualquier lugar paradisíaco del mundo...

 

En una discoteca, de cualquier lugar paradisíaco del mundo, una mujer de mediana edad, con aires de grandeza, permanecía impasible en el palco de una sala VIP,  cual “cesar” escoltada por su guardia pretoriana.

Siete hombres musculosos, uniformados con traje negro y gafas de sol, la custodiaban.

La entrada en la discoteca, de un joven atractivo y atlético, captan la atención de la Lady, que se queda observándolo atentamente.

El chico se sienta solo delante de la barra, pide una bebida, echa un vistazo a su alrededor, y se queda con la mirada entre perdida y obnubilada por la majestuosidad  de aquella discoteca.

Una serie de pensamientos invaden la mente de esa mujer…

            <Joder que bueno está ese tío, me lo imagino recorriendo cada centímetro de mi cuerpo, con su lengua calida y húmeda, parándose en medio de mis piernas, provocándome un placer irrefrenable. Ummm que placer sentir como saborea los elixires acuosos, que provocan los movimientos de su “sinhueso” candente y mojada, sobre mi flor rosada.Ooohhh!!!  Empiezo a sentir como el éxtasis invade todo mi cuerpo.>

            <Pero me da pereza. Moverme de aquí y entrarle de manera directa, gastar fuerzas, utilizar mis encantos artificiales. Que va!!! Paso. Aunque podría hacerle una seña a mis esbirros y que me lo traigan hasta aquí. Pero mover un solo dedo es demasiado desgaste. Realmente está bueno,  pero sigo pensando que el mero hecho de tener que mover un solo miembro de mi cuerpo, de esté sillón tan confortable… ¡uff! ¡Qué va!, ¡Paso!>

            <Prefiero quedarme comiendo esté apetitoso coulant de chocolate, y que uno de estos “cachas” descerebrados, vaya introduciendo cucharada a cucharada, esté dulce y apetitoso manjar en mi boca. Esa acción puede provocarme el mismo placer. Ummm!!!! Mi salivación crece, mis papilas gustativas se empapan, y desarrollan unas sensaciones tan placenteras, que hacen que mi cuerpo se estremezca, ésta explosión de dulces sabores en mi boca, me pueden hacer llegar al orgasmo. ¡Ummm! Por algo dicen que el chocolate es un buen sustituto del sexo.>

            <¡Qué cabrón!, le está sonriendo a esa rubia de bote, que acaba de colocarse a su lado. Se le está insinuando. ¡Y la muy zorra! Sin conocerlo de nada, le está acariciando la pierna, deslizando suavemente su mano hacia su entrepierna, ¡no puede ser! ¡Que hijos de puta! .Y ahora él, mete su jodida mano entre sus piernas. ¡Joder! Mira que gesto de placer se le acaba de quedar a la muy zorra, seguro que ahora mismo, está humeda, disfrutando, mientas los dedos de él, profundizan dentro de su canal del placer ¡Joder!, ¡Les sacaría los ojos! ¡Les cortaría sus cuellos y me bebería su sangre!>

            <¡La muy jodida! Vaya cuerpo se gasta. Cinturita de avispa, ¡seguro que ni come para mantener ese tipito! Pechos turgentes, ¡seguro que esas tetas son de silicona!, seguro que su piel es tersa, sedosa, brillante, de color canela, ¡pero es artificial!, ¡seguro que pasa horas y horas en solarium!, ¡Ese culo respingón!, ¡Esas piernas bien torneadas!, ¡Ja! Horas y horas de gimnasio. Con lo repulsivo que resulta el sudor producido por el esfuerzo>

            <Pero me complace saber, que es una muerta de hambre. Ya le gustaría tener mi Rolex de oro, mi bolso de Louis Vuitton, mis zapatos de Stuart Weitzman, esté vestido de Carolina Herrera, mi conjunto interior de Victoria Secret, diseñado especialmente para mí. Siiiii, ¡solo para mí! ¡única y exclusivamente para mí!>

            <¡Por eso yo estoy aquí!, dentro de esté espectacular palco, de la zona más exclusiva, triple VIP, sentada en esté confortable sofá, saboreando esté delicioso postre, traido exlusivamente desde el Celler de Can Roca, mojando mi garganta con este elixir de burbujas doradas, un Dom Pérignon Rosé de David Lynch, y no en medio de esa marabunta sudorosa de gentes sin clase, ¡que vulgaridad! Acariciar el cuerpo caliente, de ese tío bueno, que podría provocarme un placer irrefrenable...>

La mujer hizo un chasquido con sus dedos y los siete hombres se colocaron alineados delante de ella. Señaló con un dedo a la pareja, que se sonreía sin mirarse, mientras se acariciaban mutua y suavemente sus zonas erógenas.  Los hombres se giraron para mirar y asintieron con un gesto.

            –Quiero sus cabezas en una bandeja de plata, pero antes de que se las cortéis, quiero que sufran, ¡hacedlos sufrir!

Sonó un teléfono…

Uno de los hombres, sacó del bolsillo de su chaqueta un smartphone, con un gesto se deshizo del pinganillo que tapaba la entrada de su oído, acercó el móvil a su oreja. Esbozó una sonrisa de oreja a oreja. Dedicó una mirada inquisitoria a esa mujer, que tan solo, unas décimas de segundo antes de sonar el teléfono, le había ordenado sin miramientos matar y hacer sufrir a esa pareja de jovenes inocentes. Esa pérfida mujer, que permanecía, iracunda, sedienta de sangre, sentada cómodamente en el sofá.

            –Su compañía ha quebrado, ¡pobre diabla!. –Dijo entre carcajadas.

El primero de los hombres agarró con sus manos los pechos de la mujer, clavando sus diez uñas afiladas y aprentándolos con fuerza.

El segundo la arrancó del sofá, la arrojó al suelo, rasgó con una fina navaja, su flamante vestido de Carolina Herrera, y de otro fuerte tiron, la despojó de su exclusiva ropa de Victoria Secret.

El tercero cogió con sus manos el coulant de chocolate del plato, y se lo introdujo por la fuerza a la mujer en la boca, agarró la botella de Dom Pérignon Rosé, y la derramó sobre su cuerpo desnudo. Mientras, ella, tirada en el suelo, con gesto de no enterder nada, trataba de recuperar la respiración.

El cuarto golpeó con saña sus carnes flácidas, quebrando sin miramientos sus huesos y su piel estirada a base de cirugía.

El quinto le arrebató todas sus joyas, sus tan preciados bienes materiales. La mujer presa del pánico, trataba de gritar, pero era incapaz de emitir un solo sonido. Tirada en el suelo, en medio de un charco de sangre, que teñía de rojo su cuerpo imperfecto, esperaba su final.

El sexto le arrancó los ojos, sacó una navaja de su bolsillo y de un solo movimiento, cortó la cabellera de la mujer. Arrodillado encima de su estomago, paso el filo de su navaja por los pechos de la pobre desdichada, y extrajo las protesis de silicona del interior de sus senos. 

El séptimo se arrodilló y susurró al oído de la mujer.

            –Hoy empiezas a pagar por todos los pecados capitales cometidos, te vas directa al infierno, en donde sufrirás todo tipo de tormentos, que aun no están escritos.

El suelo se abrió bajo sus pies, los siete hombres y la mujer, cayeron dentro del agujero envuelto en llamas. El pavimento se cerró y recuperó su estado, la sala triple VIP se quedo vacia, y nadie de aquella majestuosa discoteca, se percató de lo sucedido.

 

 

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