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7 min
Extracto: El artista de la obra divina III
Ciencia Ficción |
23.12.19
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Sinopsis

Sigo poniendo fragmentos del relato y practicando. Cualquier crítica es bienvenida. Pregunta para el que pueda. De poder poner la descripción física de Redael en este fragmento, ¿dónde creen que iría sin que el relato se ralentice o que parezca una descripción forzada? Gracias.

REDAEL

–Hay que dejar en claro una cosa: la fuerza está en la unión, no en la división. Ese hombre se equivocó –aseguró Epsilon.

  –Algunos dicen que ya formaba parte de los istaítas antes de ser elegido y que esto no es más que una devolución de favores –le comentó Redael. Miró otra vez hacia la entrada, pero aún no llegaban.

  –Istaítas o republicanos, rebeldes o conservadores, da igual. Mientras nos peleamos, los de afuera limpian los cañones.

  Redael asintió, sabía que era verdad. La repentina e inesperada desvinculación de la República de Arqueón del Imperio de Jurnámeda había instalado cierta preocupación en la sociedad. Por la mañana, el presidente de uno de los gobiernos más poderosos de la galaxia se había declarado rebelde al imperio y había confirmado su adhesión al grupo Istaí.

  «Ya es el tercero que va para ellos -pensó–. Y este es un pez gordo.» Tomó un trago de vino fresco.

  –Hay que ver cómo se lo toma Alison –continuó Epsilon, con los gruesos brazos cruzados sobre la mesa. A diferencia de Redael, el muchacho era robusto por donde se lo mirara.

  –Bien seguro que no. Probablemente tenga para decirle unas cuantas palabras al respecto, y no precisamente amables. –Aquello pareció hacerle gracia a su amigo.

  –Nuestra querida y adorable Alison. Una pena que le gusten las mujeres, casi estoy tentado en transformarme en una para sentir sus besos y poder tocarle la piel. Intensa mujer.

  –Mala suerte la nuestra de nacer hombres, entonces –dijo Redael con una sonrisa. Extendió un brazo con la copa en alto–. Por los amores imposibles que nos mantienen soñando.

  –Y por los reales que nos mantienen vivos –respondió Epsilon. Chocaron suavemente las copas y bebieron hasta el fondo el líquido blanco. Afuera, la noche ya estaba instalada en la capital.

  Se encontraban en el bar Cosmos, uno de los más elegantes de la megalópolis. El lugar estaba ubicado en la base de un gran edificio, en las profundidades del colosal bosque urbano que era Parias Bravas. Era un salón amplio y circular, con toda la belleza del espacio plasmada en cada detalle. Sobre la pared, cientos y cientos de diminutos puntos blancos salpicaban y resaltaban en un fondo azul oscuro, retratando la inmensidad del universo. Aumentaban y disminuían su intensidad en una imagen casi mágica. Largas estelas blancas atravesaban los muros con elegancia y fieras supernovas nacían entre las estrellas. Astros, un sol, estrellas fugaces, todo estaba perfectamente diseñado y representado con una hermosura majestuosa. Tal obra era propiedad del legendario y difunto pintor picunio, Fergie Mermol, que hacía ya mil años que se había entregado en cuerpo y alma al mundo, regalándole lo mejor de su arte. Gracias a su talento, Cosmos sumergía en la tranquilidad del vasto espacio a todo aquel que cruzara sus puertas, desconectándolos de sus estresantes asuntos cotidianos.

  Las mesas estaban dispuestas concéntricamente alrededor de una barra que se erigía en el centro del salón, de donde iban y venían los robitnos. Redael Centella y Epsilon Sailon estaban sentados en uno de los anillos exteriores, sobre una mesa redonda cuya superficie emitía un tenue brillo níveo y gris, simulando la vieja luna de Jhie, blanca y pálida. En el centro del techo, una esfera móvil rotaba lentamente sobre su eje e iluminaba la estancia, emulando al propio sol de Jurnámeda. Los rayos transitaban sobre cualquier superficie allí dentro, pero al momento de tocar el material negro del piso eran devorados sin piedad alguna. El ambiente era pacífico y los comentarios de la gente se perdían en el aire. La mata enrulada de Epsilon bailaba cada vez que volteaba a ver la puerta.

  –¿Vendrán? –preguntó cuando lo hizo de vuelta.

  –En cualquier momento. Antes que me olvide, ¿recuerdas lo que hablamos?

  Su compañero asintió.

  –Fríos como el hielo.

  –Y tampoco menciones nada de Mirmaián –acotó Redael–. Si preguntan, deja que responda yo.

  –¿Por?

  Estaba a punto de explicarle cuando notó con el rabillo del ojo un brillo repentino. Las estrellas se iluminaron brevemente en un sector del espacio y la puerta se abrió. Dos personas de traje negro ingresaron al bar y se detuvieron en la entrada. Parecían buscar a alguien.

  Eran altos, de piel blanca y llevaban el cabello platinado recogido en un rodete. Uno era robusto y el otro esbelto. Un listón gris colgaba de uno de sus hombros, lo que indicaba que eran agentes corporativos. Redael se había contactado hace unos días con una corporación poco conocida del área de la salud, acorde a su salario, para negociar la compra de determinados órganos. Aquella empresa estaba echando sus primeras raíces en el planeta, por lo que no se animaba a concretar la negociación y los trámites por la red. Quería garantías, necesitaba conocerlos un poco, por lo que optó por la asesoría personal como primera medida. Tenían que ser ellos.

  –Ya llegaron. Levántate, Ep. –Palmeó el brazo de su compañero mientras se paraba para que los vieran. Los individuos los divisaron enseguida y se acercaron con paso firme.

  –Señor Centella. Señor Sailon. Un gusto conocerlos finalmente –dijo uno de ellos con voz grave. Tenía la mandíbula exageradamente cuadrada–. Mi nombre es Edenqo Narac. –Les estrechó la mano con vigor. Redael tuvo que responder casi con la misma fuerza para que no le crujieran los huesillos. La sonrisa que esbozaba se le esfumó en un segundo. Aquello no le gustó nada, y al parecer, a Ep tampoco.

  –Merlín Valac. Disculpen la tardanza –acotó el otro sujeto. Tenía rasgos masculinos, pero su voz era dulce y suave como la de una mujer–. Las calles de la capital están repletas a estas horas. –Por suerte, su apretón de manos era suave.

  –El gusto es nuestro. Los estábamos esperando –respondió Epsilon sin darle importancia a la hora. Su rostro pecoso de pronto lucía sombrío, sin rastro de su calidez habitual. Su voz tenía un tono serio.

  Redael giró en el lugar y tocó la pantalla de un pequeño holograma que se desplegaba sobre la superficie de la mesa que tenía detrás. Dos agujeros en el suelo, antes sellados, aparecieron de repente para dar lugar al ascenso gradual de dos sillas. Ahora no había dos, sino cuatro asientos de respaldar ovalado alrededor de la mesa lunar.

  –Por favor –dijo extendiendo un brazo.

  Cuando se sentaron, un robitno se deslizó hacia ellos. Era un robot enano, cuadrado y sencillo, que servía para tomar y llevar pedidos, además de descontar los créditos de los clientes. Las luces móviles del bar le danzaban sobre el metal en lentas y progresivas ondas blancas.

  –¿Qué desean, señores? –La voz sonaba aguda, monótona y artificial.

  –Otros dos vinos blancos para nosotros –contestó Redael–, y para los señores…

  –Sólo agua mineral, gracias –respondió el de la voz gruesa. Su compañera asintió.

  –Dos vinos blancos y dos aguas minerales. Y una cuba con hielo, gracias.

  El robitno finalizó la grabación y se alejó siseando. Edenqo aprovechó para sacar un pequeño dispositivo plano, no más grande que su palma, de un bolsillo de su traje y lo apoyó en la superficie lisa y blancuzca de la mesa. En seguida se desplegaron dos, tres, cuatro planos holográficos. Los jóvenes observaban como parecía buscar algo en aquellas verdes hojas fantasmales. A su lado, Merlín los miraba a ambos.

  –Falta un cliente. ¿Tan rápido perdió el interés de nuestros servicios?

  –Está en camino –mintió Redael. Mirmaián no llegaría ni en un rato ni nunca. Mirmaián no existía–. Llegará pronto. Podemos empezar la charla e informarle de lo que se haya perdido después.

  Los ojos marrones de la agente corporativa lo estudiaron por un momento...

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    Un fragmento de los primeros capítulos. Aquí se menciona una parte del extenso debate calificado como alto secreto, que tiene lugar únicamente entre los presidentes de las repúblicas y la emperatriz, acerca de la desaparición de uno de los planetas del imperio de Jurnámeda de los registros de la red. Está sacado de contexto, por eso no puede tener mucho sentido. Sólo practico mi prosa.

    Sigo poniendo fragmentos del relato y practicando. Cualquier crítica es bienvenida. Pregunta para el que pueda. De poder poner la descripción física de Redael en este fragmento, ¿dónde creen que iría sin que el relato se ralentice o que parezca una descripción forzada? Gracias.

    Practicando mi prosa con pequeños extractos de una novela en proceso. No escribiré cuentos ni relatos, sólo veo este lugar como un buen sitio para practicar. Las críticas son más que bienvenidas, me ayudarían mucho.

    Practicando mi prosa con pequeños extractos de una novela en proceso. No escribiré cuentos ni relatos, sólo veo este lugar como un buen sitio para practicar. Las críticas son más que bienvenidas, me ayudarían mucho.

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Tengo 28 años y soy de Argentina. No soy escritor, pero siento la necesidad de contar una historia que hace muchos años tengo ganas de escribir. Quiero hacerla libro, pero necesito mucho trabajo para lograrlo. Planeo usar esta página para escribir cuentos cortos y extractos de una novela para mejorar mi prosa. Las críticas son bienvenidas.

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