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9 min
EXTRAÑA SOCIEDAD
Reales |
22.04.19
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Sinopsis

Un retrato de un grupo socia determinado en una celebración nupcial.

Hace algunos meses que asistí con mi familia a la boda de mi sobrina mayor, que se celebraba en un lujoso hotel que estaba ubicado en un típico barrio pescador llamado la Barceloneta el cual está muy cercano al Puerto Marítimo de la Ciudad Condal.

Y una vez terminado el laico ritual, todos los invitados que íbamos ataviados con nuestras mejores indumentarias nos trasladamos a un inmenso patio que era un mirador con vistas al mar, donde nos sirvirían un tan exquisito como abundante refrigerio de cocina creativa.

Entonces mientras yo tomaba una cerveza se me acercó una mujer alta, morena que la conocía desde la infancia, y cuyos padres habían sido íntimos amigos de mis progenitores. Y aunque en sus primeros años había contraído matrimonio de un modo convencional con un ingeniero industrial con quien había tenido una hija, ella no tardó en mandarlo a paseo porque había conocido a una mujer que le había despertado una oculta tendencia de lesbianismo.

-Hola Paco. ¿Cómo te va? - me saludó aquella dama afablemente mientras se servía una limonada.

- ¿Qué tal María Teresa? Ya veo tu sigues tan atractiva como siempre - le respondí a mi vez con una sonrisa.

- Ya ves. Se hace lo que se puede. ¿Y ahora a qué te dedicas? - quiso saber María Teresa ya que yo para ella siempre había sido un bicho raro.

- Oh. Me interesa la Literatura, y participo en tertulias de eso mismo.

-¡Ay sí! Ya me han dicho que a ti te gusta leer...

- En efecto. ¿No es mejor ésto que vivir pegado a los bobos y alineantes programas de la televisión?

- No lo sé chico. A mi me cansa leer, y en cambio la tele me distrae - respondió mi interlocutora con frivolidad.

En aquel instante se nos agregó otra mujer llamada Rosalía, que era de cabello castaño quien había sido la hija de unos maestros de Escuela.

- ¡Hola, hola! ¿De qué estáis hablando si se puede saber? - inquirió la recién llegada.

- Ah. De nada en particular - expresó la guapa María Teresa-. Paco me decía que le gusta leer.

- Oh sí... Eso se comenta por ahí. Pero oye Paco. ¿Tú siempre has leído tanto? - me preguntó Rosalía con extrañeza. Pues era como si yo en mis ratos libres me dedicara a contemplar las musarañas y me olvidara de los quehaceres prácticos.

- Pues más o menos sí; así es.

Le podría haber contestado que si me había aficionado a la lectura había sido para buscar una riqueza espiritual que no encontraba en la insulsa conversación con los demás.

Sin embargo a mi lo que más me chocaba era que la hija de unos profesionales de la docencia se sorprendiera de que me inclinara por la lectura. Esto me hizo pensar que nos hallábamos instalados en un falso y paradógico sistema educativo en el que predominba lo que se llama la Ignorancia Ilustrada. Si bien por un lado se enseñaban unas disciplinas, por el otro lado no se estimulaba el amor a la cultura; y asimismo se despreciaba la capacidad de reflexionar. Posteriormente se iba a la Universidad pero que en muchos casos en el fondo todo respondía a un palpito funcional que sólo servía para encontrar un trabajo bien pagado, y lo demás eran sofismas, o cuentos chinos.

Por eso mismo tuve también la convicción que un país, una sociedad por enriquecida que estuviera si rechazaba a la lectura y sentía fobia a reflexionar objetivamente sobre algo aún a riesgo de equivocarse por creer que había nacido sabiendo, es que este colectivo humano apenas había evolucionado respecto a sus antepasados.

Mi punto de vista era que aquel vacío de profundidad reflexiva era una consecuencia de la Contrareforma Católica que databa nada menos que del año 1510 y que se había perpetuado en el tiempo.

- Es que me gusta leer para protegerme de las tonterías que se oyen continuamente - dije yo.

-¡Aaaah! Ya veo, ya... - dijo Rosalía que aunque me mirase no me veía.

Me separé de aquellas dos mujeres y me mezclé con los otros invitados, hasta que topé con un romántico poeta llamado Gabriel que conocía desde hacía unos años. Este era un sujeto de estatura mediana, moreno, y con una mirada algo melancólica, por lo que su semblante recordaba al escritor frances del siglo XlX Marcel Proust. Si aquel artista estaba allí era porque era un amigo del recién marido de mi sobrina.

Al parcer Gabriel había publicado con penas y trabajos un pequeño libro de breves relatos y ahora iba por entre los invitados promocionando ansiosamente su obra literaria.

- Leeme por favor. Ya verás como te gusta mi último libro... - iba diciendo a unos y a otros.

- No te preocupes, que ya te tengo en cuenta. Pero es que ahora no tengo tiempo mucho tiempo para leer. - le respondía la gente.

Aquel insistente anhelo de ser leído, que era tanto como el reclamar el ser escuchado como persona, a mi modo de ver se debía a que su familia no tan sólo le había prestado poca atención en su juventud, sino que además cuando su padre se enteró que el chico le había salido poeta le había amonestado severamente, sin ningua consideración por perder el tiempo con aquella afición.

-¡Caramba ya era hora que te dejases ver! - le saludé cordialmente-. ¿Qué tal te van las cosas?

- Ahora tengo mucho trabajo en la Academia - dijo él-. Pero he publicado un libro de breves relatos. ¿Me lo quieres leer?

- Sí, ya sé. No tre preocupes que ya lo haré. ¡Pero te aviso que seré durísmo contigo! - le respondí riendo-. ¿Y todavía escribes poemas?

- La verdad es que ahora apenas escribo nada. Si acaso alguna cosilla.

- Pero hombre, eso no puede ser.

- Es que me siento muy desanimado. Encima de que lo he pasado tan mal luchando para que me publiquen este libro de relatos, ahora resulta que casi nadie me lee.

- Tienes que sobreponerte al desánimo, a la apatía. La creatividad poética es tu razón de ser. Si te abandonas caerás en el ostracismo y lo lamentarás - le advertí con seriedad.

- Es verdad, es verdad. Tienes razón.

-Si quieres darte a conocer tienes que abrirte al mundo. Puedes entrar en una página WEB literaria en Internet. Te aseguro que allí encontrarás a magníficos poetas, a autores de casi toda Sudamérica, y también a gente estupenda de la Península Ibérica - le recomendé.

- ¿Si? ¿Y se puede escribir en catalán? - preguntó él con cierta ingenuidad.

- Se puede, pero muy poca gente te va a entender.

- Pues vaya.

- Pero vamos a ver, hombre de Dios. ¿Tu en que mundo vives? Si solo escribes en tu lengua materna porque la amas tanto limitas tu producción, y la única que te leerá será tu tía Pepita y algunas de sus amigas el día de su santo.

- Ya veo por donde vas, ya.

- Piensa un poco chico. En un mundo en el que todo está interconectado, no es muy normal que vivamos mirándonos el ombligo desde un punto de vista nacionalista y linguístico - le dije-. Y en medio de esta revolución cultural tecnológica, para justificar esta cerrada postura que no es más que miedo a perder la identidad territorial, tu no tienes más remedio que contemplar al pasado para culpar al presente. Precisamente te fijas en una lejana época en la que los medios de transporte estaban en mantillas. Y por ejemplo viajar de aquí a Madrid se tardaba dos o tres semanas en llegar; y claro uno acababa por enfatizar su lugar de origen. Pero en cambio ahora todo es distinto. Si quieres viajar a la capital de la Península, coges un avión y en una hora y media ya estás allí.

- Es que yo soy muy sensible con mi tierra - replicó Gabriel.

- Todos amamos a nuestra tierra porque es donde nos hemos criado. Y seríamos unos desalmados si no fuera así. Pero es que a ti los árboles no te dejan ver el bosque - proseguí con mi discurso-. El gran error de hoy en día es que se ha subido en un altar el concepto de la emoción a costa de la aburrida razón. Y en este altar de la sensibilidad se ha creado una épica nacionalista que es excluyente del resto del mundo; aunque no por eso éste deja de existir, el cual sustituye al misticismo religioso de otros tiempos. Tu si quieres puedes seguir cantando a tu tierra ¡faltaría más! Pero no exageres en ello. Si quieres que lean tus escritos tienes que ser más universal y adaptarte a las nuevas circunstancias porque al fin y al cabo todos somos seres humanos.

- Bueno, ya pensaré en lo que me has dicho.

-¡Amigo Gabriel! Hazme caso, y no te dejes comer el coco por la demagogia, por las tonterías de los políticos. Y como me he esforzado mucho en darte tan buenos consejos, me pagas unos trescientos euros, y todos tan contentos - le dije bromeando.

- ¡Que cara tienes!

Aquella celebración duró hasta bien entrada la noche, y cuando terminó mi familia y yo regresamos a nuestro hogar. Pero en mi fuero interno tenía la sensación de que vivía en una extraña sociedad que sólo se movía en la superficie de las cosas, temerosa de cambiar sus viejas costumbres, y sus prejuicios.

¿O es que acaso era yo el extraño en relación a ella?

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  • Gracias por reencontrarte. De cultura no se ha hablado en esta campaña, pero mi voto ha ido a Sánchez. He estado de segunda y empalagosa luna de miel en París con mi pareja desde hace ya 16 años. El tiene, aún, más sentido del humor que yo y lo necesito como bastión emocional que me sustenta siempre. Gracias, gran amigo. kf.
    Muy buena reflexión Francesc. A menudo te ven como un bicho raro cuando comentas que disfrutas con un buen libro en lugar de ir de fiesta o mirando programas del corazón. Bienvenido al club de las minorías que disfrutamos y reflexionamos con la lectura. Saludos
    No quisiera generalizar pero a la mayoría de personas les basta con llevar un sueldo que les alcance para su día a día, incluyendo sus comodidades y lujos. Esa es su batalla y la verdad nadie rasgará más allá de un poco de espiritualidad o introspección. Es más de seguro hoy en día tenemos tantas distracciones que es complicado, no los juzgo. Pero bueno si no existieran personas que vieran mucho más allá no tendríamos artistas ni inventores, aquellos que vivieron más allá de los convencionalismos de su tiempo. Gracias por ellos y gracias por la reflexión que nos permite la lectura.
    Cuanta razón hay entre tus líneas querido Francesc Miralles, estamos en un mundo tan vacío en conocimiento y tan lleno de superficialidad y de prejuicios. Fue todo un placer leerte.
    Hola Francesc! No veo que seas un bicho raro por estar por encima de la superficialidad de algunas personas. Cada uno debe hacer lo que sienta, aunque a veces no coincidas con los demás. Siempre con respeto, por ambas partes. Un abrazo!
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    Continuación del anterior relato.uién

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    La historia de un supuesto contactado con un habitante de otro planeta.

He realizado estudios de psicologgía profunda y metapsíquica:; he publicado relastod en algunas revistas; y hace años que colboro y llevo tertulias literarias.

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