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6 min
Fábula
Fantasía |
11.08.17
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Sinopsis

-

La noche se había quedado despejada después de la tormenta que hubo por la tarde, había sido tan intensa que creía que no dejaría de llover en días, esa lluvia que hace que solamente tengas ganas de quedarte en casa observando por la ventana como cada gota acaricia el suelo y deja su propia marca, y que llegaría a romper mobiliario urbano y no solo partir por la mitad una docena de árboles como había ocurrido.

-¡Álex!, espabila que al final llegaremos tarde-. Los gritos de mi amiga hicieron que me sobresaltase y dejase de mirar por la ventana.

-Ya voy, solo estaba comprobando si hacía frío para abrigarme o no.

-¿Pero estás loca?- Soltó Emma entre carcajadas- ¿Como va a hacer frío en pleno agosto?

-Es que... ha llovido y...

-Da igual nena, al lugar al que vamos no pasarás frío, ya verás.

Mi compañera de piso me había conseguido un puesto de trabajo en la discoteca en la que ella estaba, claro que era una prueba y no era seguro que me diesen el puesto, pero debía hacerlo bien porque necesitaba el trabajo, ¿si no, como narices iba a pagar mi parte del alquiler?. Mi preocupación, era culpa de que mi jefe de hacia tres años, había decidido renovar toda la plantilla para dar un toque más juvenil a su supermercado, menudo imbécil estaba hecho, no lograba entender su razonamiento ya que apenas tenía veinticuatro años, a la hora de despedirme debería haber sido más claro y decirme “Hey Álex, como la otra noche no quisiste cenar conmigo y puedes utilizar esto en mi contra voy a despedirte, ¿vale?”.

Eché un último vistazo a mi look no muy exageradamente arreglado, pelo suelto y liso, algo de maquillaje, rubor en las mejillas, máscara de pestañas y un tono rosa pálido en los labios, un vestido negro no muy apretado y unos zapatos negros de cuña con detalles en dorado, miré hacia al lado y vi a Emma dándose los últimos retoques. Jamás hubiera imaginado que íbamos al mismo sitio, ella vestía un vestido de cuero excesivamente ceñido, parecía que le abrazaba cada una de sus costillas, calzaba unos zapatos rojos, muy altos, de aguja, y la plataforma que tenían en la parte delantera era de la misma altura que mis zapatos de cuña. El pelo lo llevaba recogido en una cola, tan sumamente estirada que se le habían achinado los ojos, además, al tener el pelo negro, sus facciones se hacían más duras y parecía una dominadora. Creí que su maquillaje no era tan exagerado como el mío hasta que se hizo un enorme rabillo en el ojo, se aplicó el colorete y se pintó los labios de rojo sangre.

-¿Ahora quién espera a quien?- Le solté con un tono vacilante.

-Son dos segundos quejica, además, si no me pongo así ni gano propinas ni números de teléfono, y tu...-me miró de arriba a abajo pero sin el mínimo gesto despectivo- no conseguirás ni una cosa ni otra- se giró y se dirigió a la puerta- Vamos, pareces un angelito. A veces creo que mi amiga solamente trabaja para conseguir números de teléfono de tíos, nunca ha sido de estar atada a nadie, la muy fresca cada dos noches está con uno distinto, y a la semana lo vuelve a llamar para repetir y después se olvida de que alguna vez hayan existido.

Cuando llegamos al portal el taxi ya nos estaba esperando. Permanecí callada durante todo el trayecto mientras observaba a Emma enviar mensajes con el móvil y la escuchaba reírse sin parar.

Cuando llegamos a la discoteca vi el enorme rótulo de “Fábula” iluminado con letras rojas. La cola que había para entrar en el local llegaba hasta la esquina, había unas cuarenta y cinco personas aproximadamente y tan siquiera eran las once, no quería ni podía imaginar cuanto aforo habría a eso de la una de la noche. La verdad es que todo esto era nuevo para mí, ya que no me gustaba salir, solo lo había hecho una vez y fue para la graduación de Emma, me había obligado a salir pero duré poco tiempo fuera de casa ya que utilicé la escusa de encontrarme mal, esa escusa que nunca falla. La verdad es que prefiero quedarme en casa viendo una película o leyendo un buen libro o salir a pasear por la ciudad y tomar un helado.

-¡Oso, aquí!- Gritó Emma captando la atención de algunos chicos que rápidamente se la quedaron mirando como hipnotizados. Al instante empezó a hacerse una brecha entre la gente que se interponía entre nosotros y la entrada, y a los veinte segundos apareció un gigante de unos dos metros de alto por dos de ancho. Llevaba gafas de sol a pesar de que no había luz que pudiese molestarle, era de noche y las farolas apenas alumbraban la calle. Tenía el pelo corto y oscuro peinado en una cresta muy engominada, sus orejas estaban cubiertas de pendientes que hacían juego con las cadenas que llevaba colgadas de los tejanos, que justamente combinaban a la perfección con el chaleco de cuero que cubría la camiseta con el logo del local.

Cuando llegó a donde estábamos, abrazó a mi amiga y se me quedo mirando.

-Pequeña, sabes que a Vittore no le va a gustar.

-Oso, es su primer día, primero tiene que comprobar que sirve para esto y aguanta la noche, después ya mejoraremos su vestuario.

Ambos seguían hablando de mí como si yo no estuviese al lado escuchando todo lo que decían, los dos se me quedaron mirando y el enorme segurata me dio un abrazo de oso.

-Alex, él es oso, es quien cuidará de ti todas las noches y evitará que tengas problemas, aunque lo veas así de grande es como un osito de peluche, por eso aquí todas le llamamos así.

-Bueno... pues, encantada Oso, soy Álex- me lo quedé mirando y me respondió con una sonrisa de oreja a oreja.- Por cierto Em, ¿Quién es Vittore?- Mi amiga solamente se limitó a mirarme y a sonreír con malicia.  

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  • como el dice , esto no es fantasía . tu manera de escribir no esta mal ni tu ortografía por lo que te invito a leerme y que tomes una idea de como es el genero fantasía .
    No te pongo un 1 por ser el primer mensaje, pero no veo la fantasía en ninguna parte. Las cosas en su sitio mejor. No parece estar mal pero no es lo que buscaba leer.
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