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8 min
Fiel Compañia
Suspense |
05.05.14
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Sinopsis

Diego esta atormentado. Pues para alguien... su sangre es la salvación.

Las noches de invierno eran cada vez más frías. A pesar de eso Diego no sentía nada, su corazón siempre había estado helado.

Tras la ventana, la luna estaba en toda su expansión, redonda y brillante. Tan lejana que jamás alguien pensaría en alcanzarla, aunque solo faltaba verla para querer intentarlo. A lo lejos el susurro del bosque informaba que algo se aproximaba. Su fiel compañía tal vez. 

La casa entera estaba en silencio. Ni sus supuestos padres ni el perro del vecino estaban despiertos a tales ahora de la noche. ¿O ya era de mañana? Viendo la luna en una posición no tan favorable le era difícil determinar la hora, pero esta parecía ir muy lento.

A lo lejos un ave alzo el vuelo espantado de un árbol a otro. Las ventanas estaban abiertas de par en par a sí que caían algunas hojas en la habitación. Golpeando la ventana al extremo, una delgada mano se asomó.

   - Hermanito, ¿estas despierto? – dijo una niña hincada en la ventana. Seguida de dos golpecitos más.

La niña tenía una mirada tierna y sus largos cabellos se balanceaban con el aire. Su cuerpo parecía frágil, aparentaba tener menos de 12 años. Aunque la manera de sostenerse en la ventana era firme.

   - ¿Puedo entran? – preguntó la niña con voz mimosa sin apartarse de su posición.

Al fondo de la habitación se encontraba una pequeña cama. Encima de esa cama Diego se retorcía y jadeaba de dolor.  Su frente se encontraba empapada de dolor por el esfuerzo de resistir. La piel le ardía pero su cuerpo estaba frio. Sosteniéndose aguantaba su sed.

   - … puedo escuchar tus jadeos – le llamó de nuevo al no tener respuesta  – no lo aguantes solo, por favor.

Diego la había escuchado desde el principio y sabía que vendría esa misma noche como la vez anterior. Sabía que resistirse seria en vano pero… una vez más lo intento. Estaba en su límite.

   - …entra…. Elicia – dijo Diego con dificultad.

La niña de nombre Elicia abandonó su posición en la ventana para quedar frente a la cama donde Diego se encontraba sufriendo.

   - Te vez lamentable… pobrecillo – murmuró Elicia. Realmente parecía que se compadecía de él. Aunque su voz era dulce a la vez era fría – Debes estar realmente sediento ¿no?, pero no te preocupes que yo estoy contigo.

Elicia se sentó al lado de él en la cama, mientras Diego negaba mirando para el lado contrario. Ella sabía en qué estado se encontraba a pesar de no poder verlo a la cara. Los ojos rojos - inyectados de sangre-, los labios cortados, y unos colmillos saliendo que mordían su propia lengua. La garganta le debía arder y su respiración estaría cada vez más entrecortada. Todo lo que sentía su hermano lo conocía ella por experiencia propia. Aun así decidió no darle tan fácilmente lo que él deseaba.

   - Perdón, llegue tarde – se disculpó acariciándole en hombro, pero este se estremeció al tacto  - pero …. Iba de camino para acá cuando me encontré con una joven. ¡Era realmente guapa! Seguro te hubieras enamorado de ella, hermanito. Pero ¿sabes? Una chica, corrijo, cualquier persona no debería ir de noche habiendo tantos peligros.

   - …ugh... – soltó un quejido. Diego estaba sintiéndose peor pero Elicia siguió hablando.

   - Cuando me cruce en su camino se asustó realmente, callo para atrás. – contó riéndose – Que corazón tal débil tenia. Casi sentía pena por ella… casi. Pero ella si sintió pena por mí. Digo, ver a una “indefensa” y pequeña niña en la noche y sola es para preocuparse. Aunque pocos humanos son así de buenos – Elicia dirigió su mirada hacia la ventana, a lo lejos, donde no se hallaba nada. Sus ojos de repente se mostraban aún más indiferentes – Probablemente se derramaran varias lágrimas. 

Hiso una gran pausa. Imaginando las personas que extrañarían a esa chica y llorarían por ella al encontrar el cadáver. Mientras tanto Diego intentaba ignorar sus palabras mientras sus jadeos se hacían más fuertes. Sintiéndose explotar.

   - Si hubieras visto como gritaba mientras corría. ¡HORRIBLES GRITOS!... Odio esa clase de personas. ¡Tanta desesperación me saca de quicio! Además su linda cara quedo arruinada. No pude resistirlo y tuve que apresurarme.

Elicia estaba llegando cada vez más lejos con sus palabras. Lo que decía lastimaba al chico. Ese era su propósito.

   - Trato de alejarse de mí. Pareciera que lo único que les queda a los humanos es su instinto de supervivencia – Prosiguió posándole una mirada rápida – Esa chica corrió desesperadamente entre los matorrales raspándose varias veces con las ramas y dejando un rastro de olor, eso solo me provoca más. No tarde mucho en encontrarla, sentada y llorando. 

Pensé que pondría algo de resistencia así que la golpeé en la nuca con un tronco. Sangre brotó de su cráneo al caer, sangre desperdiciada. En golpe no fue lo suficiente para matarla, después de todo disfruto más la sangre fresca, solo quedo inconsciente. Ya te imaginaras lo que sigue… – Comentó soltando una risita. En sus labios unos colmillos asomaban.   
Colocando sus dedos en sus labios murmuraba: 

   - Delicioso. Realmente delicioso.

   - ¿Qué le…hiciste? – masculló Diego con las fuerzas que le quedaban.

   - Oh ¡valla! Aun puedes hablar. Que gran voluntad tienes, hermanito –dijo con voz inocente y admirada – Ne, ¿la reconoces verdad? No te enojes conmigo. No quiero que me odies. Pero… solo tienes que ser amable conmigo. Fue su culpa por acercarse  a ti.


Sus palabras no eran porque Elicia odiara a Diego. Ella amaba a su hermano. Era su forma de amar. Torturándolo mientras él luchaba consigo mismo.

   - Si te hace sentir mejor, intente que no sufriera demasiado. Pero, después de todo, no pudo soportar en dolor de mis colmillos cuando estaba inconsciente. ¡Patético…!

   - ¡CALLATE!... no sigas.

Ambos guardaron silencio. Un silencio pesado. 

Elicia alargo el delgado y frio brazo cerca de su hermano. Y él, sosteniéndolo con cuidado, empezó a beber su sangre.

Un vampiro de sangre pura y una mitad vampiro compartiendo la misma sangre. Sin alimentarse, Diego no era ni la sombra de lo que un día fue, rebajo a ser parte humano. Incapaz de alimentarse por sí solo. Su parte humana le impedía beber la sangre de otro. La única manera de sobrevivir era beber la sangre que le ofrecía su hermana, una vampira de sangre pura y legendaria, como lo fue él. Había sido atacado por un cazador de vampiros que casi acaba con él al igual que su clan.

Cada noche de luna llena, cuando su sed se incrementaba, Elicia se encontraba con su hermano. Y aunque Diego se negaba ante este penoso hecho al principio la sed le era insoportable. Una sed tan grande que sentía quemar a garganta y se perdía a sí mismo. Nadie más que ellos comprendían cuan doloroso era ese vacío.

Cuando por fin Diego termino de alimentarse su respiración fue calmando y cesando el ardor. Sin  decir ni una palabra fue callendo en un profundo.     
 
Despertó a la mañana siguiente solo en la habitación. A pesar de encontrarse físicamente estable sentía un gran peso sobre él. El peso de haber cedido de nuevo ante la sed.

Tardaron pocos días en encontrar el cuerpo de la chica presa de Elicia. Parecía no levantar ninguna sospecha de lo verdaderamente sucedido y, en cambio, se fue comentado que la chica se había golpeado en la nuca y sufrido una muerte instantánea, a aparte el hecho de que era anémica. Aquella chica había salido tarde de su trabajo de medio tiempo y había decidido tomar un atajo por el bosque, estaba tan oscuro que se tropezó. No encontraron nada extraño, nada más unos cuantos piquetes de insecto.      

Ya que un vampiro no podía matar a un humano solo bebiendo su sangre una noche, Elicia debió haber cometido tal acto por mero gusto, o más bien resentimiento. 

Mientras tanto Diego no paraba de pensar que en su sangre se hallaba la esencia de quien intento brindar su amistad. No quedaba nada más que eso.

Cerró los ojos y lloro en silencio. Un llanto que nadie más puedo ver. Resignado a estar solo, sin terminar su desdicha. Hasta la próxima luna llena

 

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