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4 min
Figura de piedra...
Terror |
14.10.18
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Sinopsis

Mis ojos no podían apartarse de esa figura, los suyos parecían atravesarme.

El día había comenzado oscuro. El viento no dejaba de crear un repetitivo rechinar con esas toscas ventanas. Las piedras de ese convento se mantenían intactas, aunque con un ligero tono grisáceo, acompañando el ambiente. Los pájaros habían dejado de piar hacía tanto que lo único que se podía percibir eran nuestros suspiros.    

 

Pasos lentos, cautelosos.

Nos dirigimos hacia la salida de ese inmenso edificio focalizando nuestra mirada en aquella mujer tumbada en el suelo. Sus ropajes estaban constituidos por unas vendas que recorrían su cuerpo como carreteras desoladas. El velo que portaba en su pequeña cabeza le caía por los hombros. Huesudos hombros.    

 

Giré mi cara hacia aquella pequeña joven que no paraba de respirar entrecortado a mi espalda. Me acerqué hasta que nuestros brazos se fundieron y respiré su miedo. Susurré algo a su oído y tomé su mano. Mi hermana se posicionó a mi vera y decidimos continuar nuestra marcha. Lejos de allí.    

 

El camino que nos separaba de la entrada principal discurría por un viejo jardín, acompañado de una majestuosa estatua clavada en el medio. Mi corazón se había estrujado nada más verla por primera vez, sin saber el porqué, pero mi mente asociaba ese sentimiento al tétrico ambiente. Sería eso.

 

Las manos temblorosas que tomaban las mías poco a poco estaban consiguiendo que la calma se esfumara por completo. Tomé aire y fijé mi meta en la salida.    

 

Pasos rápidos, firmes.

Mi mirada se posó de nuevo en aquella figura. Sus ojos parecían atravesarme y un potente temblor sacudió mi pecho. La posición que tomaba hace unos minutos había cambiado. El giro de su cara y músculos superiores se marcaban. Por un momento, me sentí caer, pero la mano que me estabilizaba me devolvió el valor. Respiré hondo y proseguí la marcha estirando de ella, ahora aportando yo el temblor.      

 

Pasos torpes, indecisos.

No podía dejar de pensar en ese cambio, ¿Sería mi imaginación o realmente ocurría algo en ese lugar? Sin pensarlo, mi mirada se volvió a fijar en el punto que reinaba ese jardín. Deseé no hacerlo.     

 

Sus ojos habían aumentado a tal tamaño que sus cuencas eran incapaces de contenerlos. Su cuerpo, aún de piedra, parecía estar tenso y dispuesto a hacer lo que fuera para llegar hasta mí. Sus hombros parecían desencajarse para abarcar todo el espacio posible. Su oscura sonrisa se tornaba hacía arriba pareciendo nutrirse del espanto y pavor de mi alma.    

 

Mis pasos desaron y sin poder controlarlo ya me encontraba en el suelo, tapando mis ojos con la mano libre que poseía, la derecha. En el otro lado escuchaba muy a lo lejos a mi hermana que parecía llamarme, estar agobiada por mí. Aunque se encontraba a mi vera, parecía tan distante que mi mente era incapaz de concebir frase alguna.     

 

Mi corazón había alcanzado tal rapidez que deseaba que hubiera sido la velocidad con haber escapado de ese lugar. Sólo me mantenía posada en el suelo, peinada por el viento que había comenzado a surgir. Su imagen en mi mente era demasiado fuerte, incapaz de ignorarla.

Cerré los ojos bruscamente, deseando echarla de mí, deseando que la oscuridad la menguara.

Sin éxito.

 

A cada instante que pasaba parecía arraigarse más en las paredes de mi cabeza y sentía que no lo soportaría. Cómo si mis pensamientos fueran escuchados una risita de satisfacción sonó por todo mi cuerpo, excitada por ese pánico.    

 

Chillé, chillé lo más fuerte que pude, con las últimas fuerzas que me quedaban.     

 

Noté un cálido tacto en mi, zarandeado mi cuerpo asustado. Abrí los ojos casi por inercia, y lo único en lo que me pude concentrar fue en su preocupada mirada. Me lancé casi de inmediato a sus brazos y varias lágrimas empezaron a caer por mis mejillas. Nada podía compararse a su calor. Giré mi cabeza hacia los dígitos que marcaban, 3:00.

 

Unas pequeñas risotadas seguían resonando en mi mente. Me apreté más a ella, y desee que la luz del sol no tardara en llegar. Me resultaba imposible volver a cerrar los ojos.

 
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Podría especificar cosas sobre mi persona, pero... ¿Por qué no adentrarse mejor en las historias para intentar entenderme? Suerte <"¿Y si dejaras de hacer lo que se espera de ti... e hicieras lo que realmente quieres hacer?"> Me sigo descubriendo día a día.

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