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Flores Para El Mañana II Cap. 1
Suspense |
18.05.17
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Sinopsis

Continúa la caza de un enigmático asesino por Florencia...

Mira que yo no sé todavía por qué os estoy contando esta historia. Duele recordar que hubo instantes en los que creí que no saldría vivo, y a veces, creo que esto no hace más que aumentar mis estigmas interiores. En la comodidad que me confiere mi estudio con vistas al golfo de Bizkaia, soy capaz de con una taza de té a mi izquierda encender el ordenador, abrir un archivo Word en blanco y comenzar a vaciar recuerdos que me transportan a ese revoltoso mes de agosto que pasamos Luce y yo en Florencia, enfrentándonos a constantes ardiles y tratando de atar los cabos sueltos de un misterio que se nos antojaba indescifrable.

Cuando salí de los Uffizi, tenía claro dónde estaba ubicada la próxima pista de un rompecabezas que estaba empezando a desesperarme. Llevaba sin dormir cuarenta y ocho horas, y el renunciar al rescate de Luce me estaba tentando seriamente. Pero se trataba de la vida de una amiga, y en ese caso, todo pasaba a un segundo plano.

En la Piazza del Palazzo Pitti me resultaba imposible concentrarme, y, con el objetivo de poder llegar al próximo destino de la tela de araña urbanística que era Florencia, me acerqué a la cafetería más cercana.

-Buona sera- me dijo el camarero desde detrás de la barra- ¿Qué desea tomar?

No tenía intención de beber ni comer nada, pero pensé que no vendría mal algo de cafeína para mantener mi mente despierta, y le pedí que me preparara un latte macchiato mientras dirigía la vista hacia un televisor colocado con precisión en la esquina más oriental del local: un periodista que retransmitía en directo desde el ayuntamiento anunciaba que el alcalde recién había decretado el estado de emergencia en la ciudad por la reciente oleada de violentos crímenes, y se recomendaba a la población civil que no saliera de sus casas a partir de las once de la noche. En mi mente, sabía que quien quiera que estuviese detrás de esta serie de asesinatos no actuaría de nuevo en suelo florentino, por el riesgo que habría a quedar expuesto ante los numerosos medios que acudieron a la ciudad en las últimas semanas para cubrir los sucesos en exclusiva.

-¿Qué calle debo recorrer para llegar a la Galleria Dell’Academia?- le pregunté al camarero. Notable era mi cansancio en cómo le enuncié la pregunta.

Se acercó a mí, a una menor distancia de lo usual, y me dijo:

-Esos caballeros de la mesa del fondo llevan mirándote desde que llegaste. No te gires. El camino más rápido hasta la Galleria es por la Via Ricasoli. No te debería llevar más de 20 minutos.

-¿Para quién trabajas?- le pregunté, intrigado.

Se abrió el chaleco lo justo para que pudiera ver una placa de la Interpol que guardaba en un bolsillo interior.

-Me manda Thomas. Me dijo que, ante cualquier problema que te surgiera en el camino, llamaras a este teléfono de aquí- dijo, mientras me extendía una tarjeta de color rojo- ¿Acaso pensabas que jugabas solo esta partida? Ahora, sal del establecimiento discretamente mientras yo les distraigo. Corre.

Aproveché que aquel hombre cobraba la cuenta a los desconocidos, y me dirigí a toda prisa hacia la Galleria atravesando el Ponte Vecchio y La Piazza del Duomo hasta que vi al fondo un cartel en italiano que mostraba el apolíneo cuerpo del hombre que acabó con el gigante Goliat cubierto por el nombre de la galería en italiano.

Atravesé el dispositivo de seguridad del museo acompañado por uno de los guardas, y me encontré ante un pasillo que desembocaba en la obra maestra de Michelangelo: una efigie de cinco metros de alto que representaba a David, el humano que, tal y como relata el Antiguo Testamento, mató a Goliat clavándole una piedra en la frente. A sus pies, detrás de un cordón policial, unos focos iluminaban un objeto que a diez metros de distancia no logré distinguir.

Una mano me tocó el hombro, y, cuando giré la cabeza, vi al camarero que recientemente disuadió a mis persecutores vestido de traje y sonriendo. Me pareció ver algo que se asemejaba a la sangre en el cuello de su camisa, aunque no le quise dar importancia.

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