4 min
Fuera del trapecio
Varios |
05.03.13
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Sinopsis

Publico también este otro relato, cuya primera versión vio la luz hace por estos lares hace unos cuatro años.

            ¿Y me pregunta usted qué es lo que se me pasa por la cabeza en estos momentos? Pues teniendo en cuenta que estoy cayendo al vacío y sin red, no puedo decir que sea esta la pregunta más oportuna. Pero, mire usted, le voy a contestar, aunque solo en unas pocas palabras, entienda las circunstancias.

            Lo que para empezar le puedo asegurar es que lo que usted espera oír es un mito: todo eso de que la mente rememora todo lo vivido en unos pocos segundos no es sino una patraña. La vida ahora sí que de verdad es demasiado breve como para anclarla en recuerdos y desperdiciarla en remordimientos. Al contrario, la sensación de  presente es mucho más intensa, y las percepciones se revitalizan hasta un grado antes desconocido, en un último afán agónico de captar el mundo en sus más mínimos detalles. Incluso el sentido de localización geográfica, algo de lo que nunca he podido jactarme, aparece ahora fortalecido. Por ello, no me extraña tener esta conciencia tan clara de la ubicación de los tres puntos que mis sentidos han decidido devorar durante los escasos segundos de esta apoteosis final.

            Así, por ejemplo, al noroeste puedo distinguir con sorprendente precisión cada pelo de la barba de tres días del sudoroso ejecutivo de mangas arremangadas que solo intenta seducir a su teléfono móvil. Se comporta como un jarrón Ming en una guardería, un ente demasiado digno para su entorno, que no ha separado su oreja del auricular durante el redoble de tambores, ni tampoco cuando he sufrido mi primer desliz en mi carrera circense, y ni tan siquiera se inmutará cuando el silencio haga homenaje al abrazo de mis huesos con el suelo. La presencia de ese ser en este entorno de fantasía es para mí un misterio tan grande como el de las manos que, en la esquina sudeste, elijen instintivamente este preciso momento para fundirse por primera vez. Corresponden a la saxofonista y al trompeta primero de la banda, que han seguido boquiabiertos mi triple salto mortal y que muestran ahora ojos henchidos por el pavor, no sé si a mi caída o al posible rechazo de tan inesperado avance en su juego de seducciones. Ojos sorprendidos y llenos de lágrimas se deben esconder, más allá, al oeste, tras esa enorme nube de algodón dulce hilado en tres vueltas. Sé con certeza que el niño de ocho años que agarra con fuerza un dibujo de una zorra y que ha seguido con ilusión cada uno mis avances en mi reino de aire no va a poder dormir durante una semana.

            ¿Que si es eso todo lo que se cruza por mi conciencia? Pues mire, no, no lo es todo. Mi mente no se limita tan solo a disfrutar de la extraordinaria nitidez de sus últimas percepciones. También encuentra su alegría en el proceso de aprendizaje que conlleva esta primera y última experiencia de vuelo libre. ¿A que nunca había oído que ajustando el grado de flexión de las rodillas se puede controlar la dirección de caída? Yo tampoco lo sabía. Pero si algún día tiene la mala suerte de experimentar lo que yo estoy viviendo ahora, le aconsejo que también dedique sus últimos segundos al aprendizaje de las técnicas de vuelo. Es lo que yo hago, y le aseguro que sentirse en control multiplica el placer de este último viaje. Con una sonrisa en los labios, me dejo invadir por la recién descubierta alegría del vuelo sin motor. Dirección noroeste, por supuesto.

 

 

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  • Sobresaliente. Me ha gustado mucho. Lo he disfrutado tanto que lo he leído dos veces.
    Me gusta tu estilo y la forma en que has narrado la historia. Enhorabuena.
    Bien hilado y narrado, sin dar muchos rodeos y sin caer en demasiados lugares comunes. Muy bien.
    Hola compañero, gracias en primer lugar por dedicarme unas palabras al último relato que he escrito, se agradece. Por otro lado te acabo de conocer, no tienes muchos relatos y hace tiempo que no le dedicas un tiempo ala lectura; me ha gustado el relato, ponerse en la piel de un trapecista, es cosa complicada; en cambio me ha gustado el relato, dado que a parte de la concentración que tiene que tener esas personas, tiene tiempo para pensar. Un saludo.
    Un placer volverte a leer...no recordaba este relato tuyo. No quisiera yo saber que ocurre con un jarrón ming en una guardería... jejeje. Un relato impecable.
    sin palabras, nada que decir, se me ocurre exquisito. Gracias Ender porque no había captado lo que puntualizaste
    Curioso relato el tuyo, con el tiempo detenido en la caida. Me quedo sin saber si al final del camino se escucha un crescendo o algo parecido
    jejeje, que mala leche, se quiere llevar con él al ejecutivo. Humor del rico, amigo Lazaro.
    Saludos amigo Lázaro. Leo en su perfil que es un autor de hace mucho que hoy ha decidido regresar con fuerza (y si esto no es regresar con fuerza, no sé lo que sea). Hablando del relato: el motivo de describir el instante final de una vida es un tema recurrente en la Literatura Universal y creo que cada escritor, poeta y dramaturgo se lo ha planteado, resultando que cada uno interpreta su segundo final de forma distinta. A este mar de literatura ha decidido usted agregar una nueva página y no desmerece de las mejores de este tipo. Una escritura impecable y límpida y un toque de humor le han valido mi aprecio y mis sinceras 5 estrellitas. Abur
    bonita metafora, revela un pluma parecida a los escritores mas sentimentalistas como benedetti, me recordó muchisimo, te sigo leyendo,saludos
  • Publico también este otro relato, cuya primera versión vio la luz hace por estos lares hace unos cuatro años.

    Dice la Encyclopaedia Britannica...

    Hoy me despierto con la satisfacción de haber dormido bien.

    Me alegra pasarme por aquí después de un tiempo y encontrarme esto tan cambiado y con un aspecto inmejorable. Para celebrar la nueva temporada, os dejo este relatito que tenía por ahí guardado. Un saludo a los viejos conocidos.

    Hoy me ha dado por volver a publicar este relato que apareció por aquí hace más de tres años, y que a mí me hace una gracia especial.

    Conversión acelerada al ateismo

    Este lo publico por primera vez.

    Vuelvo a publicar este relato, que apareció por estos lares hace más de dos años.

    Ahora resulta que la sipnosis es obligatoria

    El año pasado me apunté a un taller literario y en una de las tareas nos mandaron continuar un relato a partir de un primer párrafo de Ray Bradbury. A mí me salió esta tonteriita que, aunque no me parece que tenga demasiada calidad, puede resultar refrescante. (El primer párrafo es de Ray Bradbury. El resto, mio)

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La amistad, el amor, la familia, el arte, la naturaleza, el descubrimiento del mundo, la superación intelectual: todo eso representa para mí el 60% de las cosas por las que merece la pena vivir. El otro 40% está directamente relacionado con los placeres derivados del queso.

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