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23 min
Garrapatas En La Acera 1: La Noche De Las Bestias
Suspense |
18.06.14
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Sinopsis

"Maqui" recibe un encargo valioso por primera vez en demasiado tiempo. A simple vista parece una tarea sencilla: Entrar, coger un paquete, atrapar a un traidor y llevarlos al punto de encuentro. Pero cuando tu oficio es mancharte las manos por otros nunca se sabe donde te llevarán las misiones, esta puede ser una noche muy larga.

 

Corría todo lo rápido que podía. Nunca había vuelto a casa tan tarde y seguro que su madre le esperaba en la puerta para reñirle: “¡Dónde te habías metido!”, empezaría; “¡¿no ves lo peligroso que es venir por esas calles?!”. Seguro que la castigaba sin salir un mes, como poco…

Por el camino pasó junto al burdel y se cruzó con dos hombres que se acercaban a la entrada.

 

-¡Vamos, Corre! Que te coge el viento… jajajajaja- Le gritó uno mientras ella desaparecía al volver la esquina.

Los tipos entraron en el club. En el vestíbulo escarlata, encontraron al hombre que venían buscando sentado contra la pared, con el rostro escondido detrás de las rodillas.

-¡Lando! Compañero, ¿estás listo para salir de marcha?- le saludó el más bajito.

-No sé Maqui, no me encuentro muy bien.

-Puah, si te fiaran los camellos como te fían las camareras, ya no tendrías que meterte en estos royos.

-...

-Anímate coño, si esto sale bien el jefe confiará en ti para otros encargos. Además, hoy no tendrás por qué esforzarte, nosotros dos haremos todo el trabajo.

Se abrió la puerta del salón y apareció Teresa, luciendo cada línea de su figura sobre el apretado vestido. El cabello le ondulaba detrás de los hombros, ensalzando su busto bien enmarcado por el escote. El Maqui se acaloró un poco al verla, aquellas curvas despertaban toda su sexualidad; era, sin duda, la mejor furcia del GOLFA’s. Y aunque la edad ya empezaba a roer su belleza -sobre todo en esos pliegues junto a los ojos y en las feas líneas que surcaban su frente- en aquel momento le hubiera gustado arrastrarla hasta un rincón, arrancarle las bragas de un zarpazo y hacerle lo que mejor sabía durante un buen rato… Así, una media hora, mojándose entre sus piernas, quemaría el aburrimiento de las tardes sentado en la plaza esperando llamadas que nunca llegaban; mientras veía al resto del mundo pasar frente a él, evitando mirarle. Que gozo sería si no tuviera un encargo tan importante…

Ni tan pocos billetes en el bolsillo.

 

- Hombre, Maquinaria y Cía. ¿qué, habéis venido a pasar un rato agradable?-saludó Teresa.

 

-Ya me gustaría… Hemos venido a buscar a este, tenemos cosas que hacer, ya me entiendes.

Entones, se le encendió una bombilla.

Tal vez podría escaparse un rato con los chicos. Podía decir que se llevaba bien con el maqui, y ya se había divertido a lo grande en alguna de sus salidas. Además, los jueves por la noche el club estaba casi vacío y cualquiera de las otras muchachas podría atender a algún que otro vejete que pasara por allí. Por otra parte, seguro que cuando acabase el paseo al maqui le apetecería un servicio.

No es que fuese gran cosa, hacía mucho tiempo que el sexo no le producía ningún placer. A no ser, por supuesto, que llevara alguna que otra raya encima. De todos modos, era bastante mejor que muchos de sus clientes, y si trabajaba fuera, lo podía cobrar a escondidas sin que pasara por las manos del “culebra”.

 

-Cojonudo, voy con vosotros.- Proclamó.

 

“Hay que joderse, que lengua tiene esta tía”. Al maqui le gustaba pensar que tenía un gusto exquisito con las mujeres, igual que con el buen vino. Para él era importante que una chica tuviera algo de clase, que fuera “algo pija” al hablar. Eso, unido a una sensualidad ardiente eran alicientes cojonudos a un culo y unas peras como los de Teresa. Ella en cambio, era de todo menos educada -y mira que había conocido él a putas, que muchas eran mujeres bien dignas-. Pero nada, era un caso perdido. Como se le clavaban sus respuestas junto con ese timbre tan quisquilloso que tenía. “Me sé yo, como cerrarle la boca a la Tere”, solía presumir ante sus amigos. Quitando eso, que para el maqui era un defecto típico de las mujeres, salir con ella le daba un toque más liviano y jovial al trabajo de noche.

Y después podía desahogarse lo que quisiera en el asiento de atrás.

-¿No tienes que avisar a nadie?- le preguntó.

 

-Tranqui, ya avisaremos luego. Andando.

-Orlando, nos piramos- dijo Manu, el compañero de Maqui, mientras ayudaba al chaval a levantarse del suelo.

Se montaron los cuatro en un Seat Panda escasamente tuneado.

-Que, ¿A dónde vamos?- Inquirió Teresa.

Maqui arrancó el coche.

-Hoy, un chaval llamado Juan Castro; es de por aquí, no sé si lo conocéis…  Estaba en Torrelavega y tenía que llevar un paquete hasta Reus. Un paquete especial, ya me entendéis, el tipo es “mensajero”. El caso es que en vez de llevar el paquete a su destino, el tipo cogió su coche y voló. Creemos que trata de cruzar la frontera con Portugal… lo han visto por aquí cerca esta tarde y es probable que haya parado en su piso a descansar.

El coche avanzaba a máxima velocidad con el capó vibrando y quejándose a ratos. Con cada curva, el esqueleto que colgaba del retrovisor se contornaba en una especie de danza de los muertos.

-Ajá ¿entonces?- preguntó Teresa de nuevo.

-Entonces… Entonces que vamos a hacerle una visita a su casa, eso entonces.

 

Juan Castro intentaba conciliar el sueño, en la cabeza no paraba de darle vueltas a sus planes: “… ¿que podría pasar? Hay cosas que no cuadran… Joder, ¿de dónde habrá salido esta mierda y qué coño quieren hacer con ella?… ¿Y si te estás equivocando?  ¿Y si no tendrías que haber aceptado nada y seguir con tu curre de siempre? ¿Sabes acaso que tienen planeado para ti cuando llegues? El pedido tenía que estar allí a las 12 A.M. Que estará haciendo el jefe…” -cuando oyó sobresaltándose como llamaban al timbre.- “Estamos jodidos, tenías que venir aquí a echarte la siesta”. Crujió la cerradura y se abrió la puerta. Tres hombres y una mujer entraron en su apartamento antes de que pudiera pensar siquiera en cómo huir.

-Buenos días Juanete ¿qué tal has dormido?- Le preguntó uno bajito y fuertote. El cual, le propinó puñetazo en las napias y lo arrojó al suelo, sacó un rollo de cinta aislante de la chaqueta y le tapó la boca. Otros dos lo sujetaron de espaldas, y le encintó las manos y los pies.

Ahora que la presa estaba sujeta era el momento de divertirse un poco con ella. Teresa se colocó junto a él, quería ver el espectáculo de cerca. Por fin, algo entretenido y nuevo después de semanas de monotonía siendo el juguete sexual de tantos desgraciados.

El jefe se lo había dejado bien claro al Maqui: “Encuéntralo y tráemelo, puedes romperle todos los huesos por el camino si quieres pero tráemelo vivo, quiero hablar con él personalmente. Y por supuesto, no te olvides del paquete”.

 

 Comenzó a dar las órdenes.

 

-Lando, vigila por si viene alguien. Manu, ayúdame a buscar el paquete, luego nos encargamos de este.

El paquete no tardaron en encontrarlo, estaba dentro de una bolsa de viaje junto al sofá. El Maqui se acercó a su rehén. Manuel ojeaba un equipo estéreo junto con un montón de discos grabados mientras que Orlando seguía vigilando por el balcón.

 

- Manu, pásame la vara.

 Le lanzó al Maqui el bastón que habían traído.

 

-¿Maqui tío, ponemos algo de música?

 

-Coño ¿Por qué no? Así se alegra la fiesta ¡pero no la pongas muy alto, no se despierten los vecinos!

Metió un CD en el que ponía EXTREMODURO y le dio al play.

 

-¿Que cojones es eso?

 

-Déjalo, me gusta.

 

Abre… ABRE,

la puerta,

que soy el Diablo

que vengo con perras…

Abre, chiquilla,

las piernas, que vengo

a clavarte semillas.

Comenzó a golpear. Primero en el torso, luego en las piernas, en los brazos… Pero no en la cabeza, ni tampoco romperle la caja torácica, no fuera a ser que se lo cargara antes de tiempo. “tu dale, pero mantén el control…”, “que curioso…” pensó, “algo parecido les decían a los yonquis”.

 

Como me vuelvas a tocar…

alégrame el día,

voy a merendar.

Como me vuelvas a decir…

que me quieres cari,

yo también a ti.  

Juan, no quiso pensar en el dolor, total no era su primera paliza, “mejor centrarse en otra cosa…”. Desde donde estaba podía mirar arriba y ver a Teresa por debajo de la falda. Ya había estado en el club con ella y con otra chica más, “aquello sí que fue un cumpleaños feliz”. Comenzó a recordar… Y cuando el maqui se dio cuenta de lo que pasaba golpeó aún más fuerte.

 

El patio de mi casa es particular, cuando llueve se moja, como los demás…

El patio de mi casa está lleno de tíos, unos son malincuentes, otros asesinos…

Ya llevaba un buen rato, los otros se miraron. Maqui pegaba con más furia, “mierda, debería tener más cuidado”, aquello no pintaba bien.

 

El patio de mi casa es particular, cuando llueve se moja como los demás…

El patio de mi casa está lleno de tíos, unos son malincuentes, otros asesinos…

Suficiente. Había que pararlo. Manu se interpuso entre los dos hombres.

-¡Para Maqui joder lo matas!

 

… No sé qué me pasa que tengo todos los aires metidos en el cuerpo…

el cuerpo……

el cuerpo.......

el cuerpo………..

Lando paró el equipo. Durante un rato los cuatro se quedaron de pie, escuchando el silencio. A maqui le costó recuperar la respiración y el ritmo cardíaco. Cuando lo hizo, miró abajo y soltó el bastón. Las manos se le habían manchado de sangre.

 

-¡Mierda mierda mierda, que no lo hayamos matado!- Manu se llevó las manos a la cabeza.

Teresa miraba la escena. Notó frío. La piel se le puso lívida, se le secó la boca y estaba empezando a sudar. Un muerto… no, aquello ya era demasiado ¿Qué iban a hacer? Temió por su vida. Lando prefirió no mirar y dirigir la vista al suelo, ahora sí que se estaba poniendo malo, el estómago comenzaba a fallarle y podía potar en cualquier momento, “teníamos que haberlo parado antes”.

Si la culpa había sido del maqui por exaltarse, entonces debía cargar él con toda la culpa delante del jefe, los demás dirían que intentaron detenerlo y que cuando lo consiguieron ya era tarde. Y con suerte, se librarían.

 

 

-No joder,- dijo el maqui secándose el sudor de la frente-¿Cómo va a estar muerto? Mirad… aún respira.

Se agachó y le quitó la cinta aislante de la boca. De ella salió un reguero de sangre que se escurrió por la moqueta…

 

-¡Que cojones os pasa no os quedéis ahí parados! Tenemos que seguir con el plan… lo metemos en el maletero y nos lo llevamos a la quinta del jefe. Luego él dirá lo que hacemos.

Manu no estaba seguro de que el plan inicial fuera el acertado.

 

-Maqui… ma…- balbuceaba- no sé si eso es lo más…

 

-¡Cállate! Le llevaremos el paquete y el… y el cuerpo, luego ya se verá… Venga Manu, cógele por las piernas, yo le cogeré por los brazos. Ve abriendo la puerta Lando… ¡Venga!

Tardaron en reaccionar, era obvio que el maqui no estaba en sus cabales y tenían miedo, pero bien pensado tampoco sabían qué hacer. Optaron por obedecerle.                                             Una vez lo levantaron oyeron un crujir de vértebras y el cuerpo se curvó por la columna de una forma grotesca. Lo bajaron como pudieron. De su ropa goteaba sangre que dejaba un rastro por la escalera desde el portal hasta el portón de entrada, y luego por la acera hasta el maletero del coche.

Volvieron por el mismo camino que llegaron, sólo que esta vez nadie abrió la boca durante el trayecto. El maqui forzaba la vista en la carretera y apretaba el volante con firmeza. Teresa miraba por la ventanilla aunque no hubiese nada que centrase su atención fuera, no quería ver a los que estaban dentro. Por su cabeza rondaban pensamientos histéricos y ya comenzaba a dolerle. Lando llevaba la caja con “Dios sabrá que hay dentro” encima de las rodillas y Manu fumaba con la ventanilla apenas bajada mientras repasaba lo que había sucedido en el apartamento, “¿por qué no se nos ocurrió detenerlo antes?”.

El esqueleto del retrovisor observaba el cuadro con sus traviesos ojos de rubí.

 

Al llegar a una rotonda vieron un todoterreno parado a unos 200 metros delante de ellos, y frente a él, a dos siluetas uniformadas con chaleco reflectante.

“¡Mierda, los picoletos!”

Rodearon la rotonda y giraron por la calle a su izquierda, hacia el polígono industrial. No era ese el camino pero no importaba, era mejor dar un rodeo que arriesgarse a pasar un control y que abrieran el maletero… El corazón les latía con fuerza, era esa la clase de tensiones que a ninguno les gustaba soportar aunque ya habían experimentado en múltiples ocasiones, “la primera vez en el centro comercial con 13 años” recordó el Maqui.

Cuando comenzaba a serenarse, una sirena y unas luces de colores en el retrovisor lo sacaron de sus ensoñaciones. Giró por una pista secundaria y aceleró al máximo.

 

 

-¡¿Iván que haces?!- a Teresa no le gustaba el ritmo que estaban tomando las cosas, prefería que se detuviese y que pasase lo que tuviese que pasar antes que arriesgarse a superar una persecución, ahora se dibujaba en su cabeza la idea de la cárcel-¡para de una vez!

 

-¿Estás gilipollas?- contestó Manu - tenemos un cadáver hecho puré en el maletero ¡acelera Maqui!

No hacía falta que se lo dijeran, el Maqui maniobraba a máxima velocidad por carreteras que cada vez se hacían más serpenteantes, más estrechas y substituían el liso asfalto por piedras, tierra y baches. No sabía por dónde iba, solo giraba a la izquierda o a la derecha con toda la determinación del mundo. Cada vez que el coche pegaba un brinco en un hoyo a él le parecía oír las sirenas más próximas y la voluntad obstinada iba dejando paso a la histeria cuando pensaba que se le iban a echar encima.

Entonces se metió por un desvío que ascendía por una pequeña pendiente. Comprobó que no estaban cerca, apagó los faros y paró el coche en un claro, escondido detrás de unos matorrales. Expectantes, guardaron el silencio, esperando oír sirenas, ruidos de neumáticos o ver alguna luz.

 

Pero no pasó nada.

Transcurrieron quince minutos en los que sólo se escuchó el respirar del resto de acompañantes en el vehículo. Expiraciones entrecortadas por algún que otro jadeo que provocaba el frío de madrugada. Los cristales se cubrieron de vaho y llegó un punto en que apenas percibían una imagen difuminada de lo que había fuera. Manu rompió el silencio:

 

-A lo mejor ya no nos siguen… ¿Por qué no arrancas e intentamos volver?

El maqui asintió, encontrarían la carretera y tratarían de llegar a casa del jefe, una vez entregado el paquete y explicado la situación podrían proceder a deshacerse del cuerpo. Pan comido. Lo bueno era que ya no les perseguían los verdes. Metió la llave en el contacto y la giró, el motor resopló un rato ahogándose, tosió un par de veces y se calló. Trató de arrancar un par de veces más, con el mismo resultado.

 

-¡Mierda!- soltó el maqui golpeando el volante.-El alternador…

 

Accionó una palanca y salió del coche, Manu y Teresa salieron tras él; Lando se quedó dentro. Frente al capó, con la luz del móvil, el maqui observaba todos los elementos de su maquinaria con el ceño fruncido y la boca contraída en una expresión arisca. Ordenó a Manu que intentara llamar pidiendo ayuda, ahora tenía a Teresa detrás con un semblante semejante al suyo.

 

-¿Por qué no intentamos empujar y ya está?

 

-Porque no serviría de nada,- respondió intentando sacar paciencia, era obvio que estaba molesta y estaba usando ese tono de voz que tanto odiaba.- Necesitamos cables.

 

-Vale… Y dime ¡¿Quién cojones va a venir a estas horas a auxiliarnos?!-Gritaba cada vez más, y su voz se hacía más cortante-¡En mitad de la nada, con la poli siguiéndonos y con un puto cadáver en el maletero!

 

-¿Bueno y que quieres que haga?- ya se le había agotado la paciencia-¿Qué te lleve a caballito a tu casita de putas? Manu, si tienes cobertura activa el GPS.

Manu se había alejado unos metros. Asintió, pero no sería posible. “ni una puta barra”.

¿Por qué las peores cosas les pasan siempre a los que no se lo merecen, a ver?

“Hay que joderse, como decía mi padre: ‘a perro flaco todo son pulgas’”. En esa situación no quedaba más que encender un cigarro (el segundo en una hora) y mirar a luna sonriente, que desde lo alto, parecía mofarse de ellos.

¡Sucio cobarde! ¿Por qué no te metes con alguien de tu tamaño?

“madre, que mareo…” La cabeza ya no le daba más de sí… ¿volvería a ver el sol si no era tras las rejas?

 

-¡Eres un animal, por tu puta culpa estamos perdidos y vamos a ir a la cárcel!-Vociferaba Teresa a Maqui- No debí fiarme de ti… ¡Siempre fuiste un bestiajo!

 

-¡Cállate coño!

Un derechazo directo a la sien caída al suelo y más patadas en el estómago dolor agudo y la ira del tipo cansado  de correr de esperar y que lo jodan  A la mierda el jefe la poli la cárcel las putas la noches de mierda y sangre y las tardes sentado en el capó  Que se jodan los viejos los banqueros las maestras camareros y repartidores  Él ya no tenía por qué seguir aguantando palizas  Él era el Maqui ¡El puto Maqui! Y ninguna zorra iba a vacilarlo.

 

Lando abrió la puerta con sigilo y a cuatro patas se arrastró hasta los matorrales. Unos pasos más y encontró un arbolito bajo el que ocultarse, llevaba en sus manos el paquete tan codiciado, tenía que haber drogas dentro ¿qué si no? ¿Sería heroína? Cualquier cosa valía, a falta de pan… ¡a quién le importa! Abrió la caja.

Agarró una de las ampollas y la levantó a la a luz de la luna. Desde luego, aquello no era heroína ¿Qué sería? Qué más da,

Era roja

le quitó la tapa, sacó la jeringuilla que guardaba en el bolsillo, hundió la aguja en el plástico y tiró del émbolo. Luego un torniquete amarrado sobre el hombro y todo listo…

Ya había aguantado suficiente, era hora de la medicina.    

 

El Maqui abrió la puerta del coche y se recostó en el asiento del piloto. Sabía que Manu lo observaba desde su puesto y no le importaba. Teresa por su parte seguía boca abajo, tendida sobre la hierba, no sabía si estaba inconsciente o no quería levantarse, y la verdad…

No es que le diera igual. Tampoco estaba satisfecho con lo que pasó en el apartamento, ni con lo que hizo después, ni tampoco antes… Lo cierto es que la había estado cagando desde siempre y por su culpa estaban en aquel lío, a ver quién se merecía las hostias…

Pensar en esas cosas le revolvía la vejiga. Le entraron ganas de mear. Se metió entre los arbustos, descendió unos metros y allí, semioculto por la maleza, se desabrochó los pantalones.  A Teresa no podía considerarla una furcia más, por mucho que lo intentase. Ella había estado con él siempre había estado allí, con él, en los malos momentos. No lo merecía no ella no tenía la culpa, pero él… ¿tenía él la culpa? No, él era como era y no sabía ser otra cosa ¿Sería verdad? Sería él un… ¿Qué había pasado? ¿Cuándo perdió el control de su fuerza? Mientras pegaba a Juan pasó algo, había mirado donde no debía, había pisado su territorio y eso lo puso celoso, furioso… Se estaba haciendo mayor, eso seguro…

 

Algo se movió entre los matorrales ¿un jabalí? Sacudió las últimas gotas lo más deprisa que pudo e intentó escapar. Una sombra se le abalanzó encima y se abrazó a él, ambos rodaron por la pendiente como un par de guijarros. Luego lo envolvieron una maraña de pelos y hojas y pronto notó el frío en sus entrañas. Su boca estaba tapada, no hubo gritos ni tampoco forcejeos   sólo el duro filo rasgando su vientre, sabor a sangre y bilis y el aliento de un perro sobre los ojos… ¿Con que eso era, eh?  No más resistirse… se entregó.

 

Se esfumó el cigarro. Tiró la colilla, y volvió a mirar el teléfono

tres barras

Éxito. Al final, iban a tener suerte y todo. Incluso podía acabar bien la noche. Envió un mensaje y en él incluyó la ubicación, “venid a buscarnos y traed cables para auxiliar”. El pueblo más cercano estaba a un kilómetro, si la Guardia Civil había dejado de buscarles podían llegar caminando y que los recogieran allí, y del bicho… del bicho se ocuparían luego, que descansase un rato en el maletero. Quedaban 2 horas para el amanecer.

Mensaje: “esta bien”

Había que avisar al resto.

 Los buscó con la mirada e intentó llamarles. Silencio absoluto. Llevaba al menos 10 minutos divagando y no se había dado cuenta de que desde que se levantó el Maqui, él había estado solo.                                                                                                                                                                    

-¿Maqui?- llamó de nuevo.                                                                                                                                                     Sin respuesta

Dio unos pasos en la penumbra alumbrando con la linterna del móvil. Teresa seguía acostada, se dispuso a levantarla y unos pasos se le acercaron por detrás. Se volteó.

El Demonio, eso es lo que era, todos los músculos del rostro contraídos en una sonrisa imposible sujetando un trozo de carne entre los dientes. Con la sangre escurriéndosele por la barba, bañando su larga melena y resbalándole por el torso desnudo. Sus ojos hinchados ya no miraban al frente, miraban arriba, al cielo, a dentro, a los confines más remotos de la mente, a las grutas más oscuras del subconsciente, a las mismísimas llamas del averno. Un ser sin razón ya, un depredador iracundo e impulsivo ocupando el puesto dejado por lo que antes podría haber sido un humano pensante.

 

– ¡Lando por favor tranquilízate! soy yo, tu amigo… quiero ayudarte.

Abrió la boca para dejar caer la carne. Con un gruñido blandió el cuchillo y se arrojó al frente.

 

Parecía una mañana más de primavera, un cielo azul despejado y el canto de un jilguero le dieron los buenos días. El sol lo encontró esta vez tumbado sobre la hierba, en medio de un prado. Pinchazos agudos en la espalda, martillazos en la cabeza… parecía una mañana más de primavera salvo por que estaba medio desnudo y la boca le sabía a sangre. Entonces volvió a él la noche, el apartamento, la persecución, el Maqui… ¿dónde estaba? En el claro, ¿Y el resto? Se volteó y encontró el cuerpo de Manu con un tajo el abierto en mitad del torso, desde la garganta hasta la pelvis. Y sus vísceras desparramadas por el suelo, secándose al sol matutino mientras un par de pájaros picoteaban aquí y allá, posándose en él sin reparo. Un poco más a la izquierda estaba el de Teresa, boca arriba con un enorme boquete en el cuello, como si un lobo le hubiera arrancado el trozo que faltaba de un mordisco.

Aquello comenzaba a cobrar sentido de una forma espantosa, estando al borde del colapso se acercó tambaleándose al coche y buscó con la mirada entre los asientos. Las lágrimas brotaron, un alarido se atascó en su garganta y se llevó las manos a la frente.

 

– ¡El paquete! ¡¿Dónde está el puto paquete?!

 

Tres disparos atravesaron la ventanilla. Le impactaron en el hombro izquierdo, la clavícula y el pecho. Sus huesos, sus gritos y sus miedos se hicieron añicos mientras se desplomaba.           

Ahora estaba en paz.

 

Guardó la pistola en la funda y recogió los cartuchos del suelo. Otro hombre se le acercó por detrás y se colocó junto a él, mirando al cuerpo que acababa de agujerear.

 

– ¿Has encontrado la caja?

 

–Sí, aquí la tengo. Falta una ampolla pero está perfectamente.                                                          

 

–Está bien. Venga, vámonos.

Se acercaron al coche. Un Ford todoterreno, verde oscuro, con las puertas y el capó pintados de blanco y el detalle de la sirena y las luces. Casi parecía de la Guardia Civil. El de la pistola, mucho más alto y fornido se sentó en el puesto del conductor, su compañero guardó el paquete en la guantera y se acomodó a su lado.                                                                                             

–Ya verás lo que nos pagan de esta vez.                                                                                                       

–Más vale, con lo que nos arriesgamos…                                                                                                    

–Pero merece la pena, hay muchos tipos interesados en esto. Prepárate ¡vamos a pegarnos unas buenas vacaciones!

 Soltó una risa. Su acompañante en cambio, no tenía ganas de reír, aún quedaba un largo trayecto. Se colocó unos auriculares, inclinó el asiento, cerró los ojos y le dio al play:

 

Ridin’ down the highway

Goin’ to a show

Stoppin’ on the byway

Playin’ rock ‘n’ roll  

 

Avanzaban por la pista sin esfuerzo, levantando nubes de polvo y piedras a su paso. Allá iban, les quedaba un largo camino por delante. Su ruta era siempre hacia la fortuna y la incertidumbre, ¿qué les depararía la noche siguiente? Quién sabe… era un viaje duro, sin ningún mapa ni un buen compás.

 

I tell you folks, it’s harder than it looks

It’s a long way to the top if you wanna rock ‘n’ roll

It’s a long way to the top if you wanna rock ‘n’ roll

If you think it’s easy one-night stands… Try to playin’ in a rock roll band…

It’s a long way to the top if you wanna rock ‘n’ roll

 

FIN de La Noche De Las Bestias

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  • Me gusta esa actitud León27, eres fuerte y sabes cómo se debe encajar una crítica. Al final, mientras escribes nunca dejas de ser nuevo. Por eso necesitas valoraciones sinceras que te permitan superarte. Nada más, disfruta de esto que es lo que de verdad importa
    Excelente, Carolina. Y muy buena la elección de la canción.
    crudo,sórdido, tétrico, y genial. Tenso hasta el final, con unas descripciones que casi nos hacen vivir la escena desde dentro.
    Personalmente quiero poder leer el resto, me he excitado
    NICE ONE, CAROLINA
    Canciones que aparecen en el relato: “El Día De La Bestia” de EXTREMODURO “Long Way To The Top (If You Wanna Rock ‘N’ Roll)” de AC/DC
  • "Maqui" recibe un encargo valioso por primera vez en demasiado tiempo. A simple vista parece una tarea sencilla: Entrar, coger un paquete, atrapar a un traidor y llevarlos al punto de encuentro. Pero cuando tu oficio es mancharte las manos por otros nunca se sabe donde te llevarán las misiones, esta puede ser una noche muy larga.

Las manchas que veo en la acera son de sangre que brota de los tajos abiertos a las venas de una humanidad envenenada. Sangre de las garrapatas de un chucho tífico espachurradas contra el duro cemento. Salgo a la calle y siento estar en el centro del coño de una prostituta muerta plagado de gusanos ¿Quién soy? Carolina Romasanta, apenas una pulguita detrás de tu oreja, susurrándote al oído mis cuentos de la carne podrida y llenándote el cerebro de moscas.

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