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15 min
Gérmenes
Terror |
29.10.19
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Sinopsis

Jarod White, un hombre delgado con un traje completamente liso, con un porte de pulcritud  y severidad.  Se encontraba limpiando sus manos por cuarta vez en el día, el presidente de la empresa Clínex le había dado un fuerte apretón de manos al firmar el contrato de su próximo proyecto. Maldito viejo, nunca se limpia las manos al salir del baño, pensó.  Había visto varias veces al presidente ir al baño y salir sin las manos húmedas, podía ver como los gérmenes le devoraban las manos. Prestaba mucha atención a estas cosas,  aun así, tuvo que aceptar aquel apretón de manos, reprimiendo las ganas de vomitar que le daban al ver a los gérmenes pasarse a su inmaculada mano. Podía ver a las bacterias del tamaño de hormigas, se multiplicaban lentamente por su mano y empezaban a abarcarla en su totalidad, amenazaban con subir por su brazo, era su don al mismo tiempo que su maldición. Recordando esa imagen, se froto con más fuerza el dorso de la mano, ansiaba matar a esos gérmenes que tanto asco le daban, para terminar saco de su bolsillo derecho un pañuelo blanco como una hoja; olía suave a lavanda.  Lo froto con mucha más suavidad por aquella piel roja e inflamada que hacía unos instantes era algo blanca. No seré un cerdo como ellos padre, pensó. Soltó un suspiro de alivio al ver eliminada la amenaza en su mano, aun así la reviso con cuidado asegurándose de que no quedaran rastros; se encontró satisfecho con el resultado obtenido. Se miro en el espejo para ver si mantenía un porte de hombre organizado, mientras repetía su mantra para no olvidarlo.

     Hay que lavarse las manos, por lo menos seis veces al día hijo – repitiendo las palabras gradabas en fuego de su padre – al levantarnos, al desayunar, al estudiar o trabajar, al almorzar, al limpiar la casa y antes de dormir.

Jarod no era un hombre común, muchos lo tachaban de raro. No soportaba el contacto físico, le disgustaba salir de su casa y exponerse ante tanta suciedad. La mayor parte de su trabajo debía realizarlo en su casa, aun así, debía asistir a las reuniones para mostrar y explicar su nuevo proyecto a los inversores; por mas asco que le diera la gente. Se limitaba a saludar sin ofrecer la mano, a la hora de escribir en teclado o manejar el ratón. Los limpiaba cada día y lo hacía con cada tecla; una por una. Su padre desde joven le había instruido a que un verdadero hombre de la sociedad debía estar constantemente inmaculado.  Cada contacto alguna bacteria le recordaba los golpes constantes de su padre al notar lo incompetente que era para dejar pulcro un baño o cocina, los insultos y desprecio al ver que su padre notaba alguna mancha tenía en su ropa, gritándole: “Cerdo asqueroso… ¿te has estado revolcando en el barro con los otros de tu especie?, ¡FUERA DE MI VISTA!”. Estudio bajo el estricto mandato de una profesora con la misma fascinación  por la limpieza, se podía notar que le gustaba su padre, la forma de mirarlo cada vez que estaba cerca. Los castigos, criticas e insultos se duplicaron esos años, tenía ahora dos padres que no perdían oportunidad de tacharlo de cerdo cada vez que podían. Los únicos momentos de paz que tenía eran en la noche, donde podría irse al mundo de los sueños donde todo es perfecto, si no hubiera sido por los estridentes gemidos de la profesora en el cuarto de su padre. La debe estar castigando por ser mala conmigo, pensó inocente Jarod.  Todos esos recuerdos regresaban como una recopilación de imágenes y sonidos que su mente procesaba en cuestión de segundos. Apretando los puchos viéndose al espejo, tenía un gran parecido a su padre. Todos son unos malditos cerdos que se regodean en la mugre, se revuelcan fornicando sin ver como los gérmenes se los comen, pensó temblando de ira.

Aplaco su ira y abrió la puerta del pequeño baño privado que le había sido asignado. Pudo ver los diferentes cubículos y oficinas de la empresa de limpieza en la que trabajaba, cuando ingreso había solicitado un cubículo alejado de los demás, no podía soportar oírlos estornudar o toser en sus cercanías. Cada vez que alguien estornudaba podía ver como las nubes cargadas de bacterias salían disparadas en su dirección, no podía evitar salir corriendo a buscar algún ambientador con propiedades anti bacteriales para eliminar aquel batallón de gérmenes que amenazaban con enfermarlo. Reprendía a varios compañeros luego de esos sucesos, también lo hacía por ver sus cubículos mal organizados y con cosas tan normales como una mancha de café. Podía oír la voz de su padre resonar en su cabeza dándole el apoyo que nunca tuvo de su parte, haces bien hijo corrige a los inadaptados. Mientras estaba sumido en sus pensamientos a medida que caminaba a su puesto de trabajo, fue interceptado por una compañera, su nombre era Ángela.

Disculpe Mrs. White tengo que ir a una junta administrativa con los inversores, ¿podría pasar su proyecto a la sala de reuniones? – dijo ella.

Claro, no tengo problema alguno pero haga el favor de limpiarse la mugre de las uñas – bajado la mirada a las uñas que tenían un ligero toque de negro; quizás fuera tinta.

Ángela intento ignorar el comentario pero le dedico una mirada asesina y se fue sin mediar palabra. Muchas veces esa era a reacción de la gente al ser criticada, no le importaba ya a estas alturas que pensara o dijeran de él. Corregiría a todos sin importar edad o sexo, los verdaderos hombres de la sociedad deben ser inmaculados, repitió su padre. Ingreso a su cubículo para enviar el archivo a la computadora de la sala de reuniones, percibiendo algo que le resulto inquietante. Había pegado en la pantalla de su monitor un papel adhesivo que usaban para matar moscar, varias de ellas se encontraban muertas y otras luchando por escapar del pegamento. Había una nota pegada en la parte superior derechera que había sido escrita a base de recortes de letras, decía: MaLditO EnferMo.  Las ganas de vomitar subieron como la lava de un volcán a punto de hacer erupción, intento con todas sus fuerzas evitarlo. Lo logro a duras penas pero su visión se torno borrosa levantándose dando tumbos, su ritmo cardiaco se había disparado porque podía ver todo. Todo su cubículo estaba manchado con tierra, polvo, habían hojas que habían arrojado para desorganizar. Sabían que eso le molestaba, lo atacarlo de esta forma. Jarod intentaba a controlar todo su malestar intentando no explotar de pánico mezclada con rabia, había empezado a sudar frio luego de ver la escena de su cubículo. Logro salir apoyando una mano en la mesa que estaba fuera de su cubilo: donde se ponían los documentos que se enviaban, tenía los ojos clavados en sus zapatos de gala lustrados en la mañana. Varias moscas se liberaron del pegamento de forma milagrosa, empezaron a  volar en diferentes direcciones, varias de forma errática pero una iba hacia su dirección. La pudo ver como si ojos se hubieran transformado en una lupa con mucho aumento, los miles de ojos de la mosca donde se reflejaba su aspecto, el batir de sus alas, su larga boca cilíndrica, flácida y con pelos. Corrió al baño mas por instinto que por miedo, abriendo la puerta desesperado. Tomo rápido de la repisa un insecticida de marca Raid, lo agito para que la mezcla fuera efectiva. Salió del baño armado para la batalla pero… no había nada. Las moscas habían desaparecido, camino hacia el cubículo; un poco distraído por lo que acaba de pasar. Cuando entro pudo ver que todo estaba en orden, nada de lo había visto estaba. ¿Acaso me jugaron una broma muy buena? , pensó. Su mente no podía procesar lo que acaba de pasar, todo había sido tan… real. Se encontraba con las emociones disparadas y mezclaras. Jadeaba y aun se encontraba sudando frio por el susto de tan perturbadora escena.

Sr. White,  ¿Se encuentra bien? – Pregunto uno de los compañeros que tenía más cerca; a pesar de lo alejado que estaba su cubículo – ¿Ha pasado algo en su área de trabajo?

Jarod pudo oír a su compañero como si se encontrara muy lejos de donde estaba, un susurro que apenas era audible para su mente aturdida.

¿Sr. White? – el hombre preocupado decidió acercarse, inseguro de su siguiente acción.

El compañero de White, le coloco una mano en el hombro para intentar que lo volteara a ver, debido a que parecía encontrarse a punto de un paro cardiaco del pánico; no sabía que había hecho lo peor.

 Jarod pudo sentir algo diferente a una mano, un agarre fuerte y baboso. Lentamente movió la cabeza para ver lo que tenía en su hombro. Lo que pudo ver fue una garra, similar a la de una mantis que no lo quería soltar, apretaba con fuerza desgarrando la tela el traje. Trago saliva mientras sentía el corazón palpitar con fuerza buscando salirse de pecho. Las garras olían a putrefacción y habían empezado a soltar una baba con un olor a basura podrida; no aguanto. Se volteo con brusquedad buscando zafarse del agarre y pudo observar con detalle el ser que lo había agarrado. Un hombre alto con traje de oficina, hasta el punto del cuello que se había transformado en la enorme cabeza de una mosca, podía verse reflejado en los miles de ojos rojos que poseía criatura, podía ver los varios pelos que tenia tanto en la cabeza como en la parte de la boca, era igual de alargada, flácida y que goteaba una sustancia verde. Balbuceaba algo indescifrable mientras la boca se movía en espasmos erráticos, salpicando el líquido en diferentes direcciones.

¡Aléjate de mí! – Grito desesperado, alejándose lo más posible, chocando contra la mesa de documentos- ¡Te matare criatura aberrante!

Recordó que aun tenía el insecticida en la mano, no dudo en usarlo contra la criatura. Al pobre hombre no le dio tiempo de cerrar los ojos, grito y se llevo las manos a los ojos intentando en vano remover aquel ardor infernal que producía el químico. White no dejaba de presionar el spray contra el hombre mientras temblaba de rabia y miedo. La veía retorcerse y chilar de dolor mientras la criatura caía al suelo, se le formo una sonrisa amplia en su cara, el spray le daba el poder de purgar aquella aberración propagadora de enfermedades y gérmenes; disfrutaba como nunca. El hombre había empezado a toser al respirar tanto químico, estaba en el suelo intentando alejarse pero sin éxito y parecía que nadie pretendía ayudarlo.

La diversión macabra de White fue interrumpida por un enjambre de moscas que venía hacia él, sabía que no podría con tantas, necesitaba algo más potente que un simple insecticida, no dejaría que esos asquerosos insectos hicieran un nido con su cuerpo. Corrió nuevamente al baño, sacando las llaves de su bolsillo izquierdo. Cerró la puerta con brusquedad y pasó el seguro tres veces. Saco la llave tiradoras al inodoro pero vio que su mano estaba plagada de gérmenes, las podía ver y eran más grandes que simples hormigas. Se extendía hasta el hombro; donde lo agarro la criatura y se propagaba rápido. Grito de miedo al ver tanta cantidad en su cuerpo, debía limpiarse con urgencia o se convertiría en uno de ellos. Agarro de la repisa con violencia una botella de alcohol, quitándose con furia el traje que tenia, lo lanzo a la basura de metal que tenía el baño y luego vacio todo el contenido de la botella. Tenía que purgar los gérmenes, quemarlo era la solución más eficaz. Reviso la repisa y encontró el encendedor de metal; lo usaba para prender velas aromáticas. Lo abrió dejando salir la llama, bailaba suavemente en la boquilla del encendedor. Lo lanzo en la basura y esta soltó una llamarada inicial para luego convertirse en una fogata; las cenizas salían volando poco a poco.

Inspecciono con pánico su cuerpo, las bacterias habían tomado mucho terreno, se había apoderado de su pecho, espalda y cuello. Seguían propagándose cada vez más y más rápido.

¡White abra la maldita puerta en este instante! – Dijo una voz autoritaria desde el otro lado de la puerta – ¡Ustedes no se queden parados allí, busquen a seguridad así tengan que tirar la puerta!

Se pudo oír como varias personas corrían alejándose, aquel hombre golpeaba con más fuerza la puerta. Esto le sonaba distante, como si sus ojeras se las hubieran tapado los gérmenes que se comenzaban a alojar en ella, intentando ingresar a su cuerpo. Tomo cloro, antibacterial, desinfectante, vertió todo en una ponchera de plástico para mezclarlo. Se lo lanzo todo encima, sin importarle que mojara su pantalón y zapatos. Hizo que su piel ardiera, un ardor placentero que era signo de que estaba siendo purificado. Busco una esponja rugosa y cuando la encontró, volvió a frotarse con más fuerza que la última vez. El ardor y dolor era inmenso, no le importaba, debo estar limpio, ¡no voy a ser un cerdo asqueroso como mi padre!, pensó.

¡Sr. White! , ¡Salga ahora mismo o tendremos que tirar la puerta! – dijo un oficial al otro lado de la puerta.

No escucho nada, se encontraba sumido en su obsesión de limpieza y purificación. Se frotaba con desesperación cada parte que contenía gérmenes, fuerte y doloroso. La piel había empezado a ceder, algunas partes empezaban a sangrar, aun así, las bacterias no parecían inmutarse por los químicos. Se multiplicaban abarcando más y más terreno en su cuerpo. Empezaba a ver sus esfuerzo como inútiles dando pequeños griticos de pánico y dolor mientras los hombres intentaba acceder a al baño. No tardarían en entrar, los hombres – mosca lo atacarían e infectarían, pondrían huevos en su cuerpo donde eclosionarían y los gusanos se lo comerían vivo luego de ser capturado. ¡No lo permitiré padre!, pensaba. Oyendo los insultos de su padre regresar de la tumba al otro lado de la puerta, empezando a llorar como cuando era un niño.

¡Asqueroso cerdo!, ¿¡crees que puedes escapar de tu castigo ocultándote en el baño!? –Los golpes empezaban a hacer ceder a las bisagras – ¡Debí dejarte tirado en el basurero de la cuidad cuando eras un maldito bebe!

Gritaba en completa desesperación al ver que las bacterias llegar a sus zapatos y cara, sangraba mucho, oyendo unas suaves risas que provenían de los gérmenes. Miles y miles de pequeñas risas burlonas y maliciosas de los gérmenes, haciéndole entender que los químicos no servían para nada. Solo había algo que podía matar a las bacterias y que era más potente que los químicos, fuego, pensó. Busco el encendedor entre las cecinas de la basura y abrió otra botella de alcohol, vertiéndola toda en su cuerpo y grito por todo el dolor que sentía. Las bisagras cedieron y la puerta cayó, pudieron ver a un hombre sin ropa con la piel roja y sangrante. La mirada cargada de desesperación que gritaba al verlos. No lograba encender el fuego. Se resistía dando patadas, intentando golpear a los guardias entre gritos de desesperación.

¡Suéltenme malditos insectos los quémate a todos! ¡A TODOS!

Jarod White se le diagnostico Misofobia Crónica tras el examen médico, fue internado en el hospital psiquiátrico “Jesús Llerena” en la habitación H-4. Se encuentra sujetado por una camisa de fuerza para evitar que se haga daño a si mismo debido a que cree que está infectado de gérmenes y gusanos. Si es liberado de esta camisa, intenta arrancarse la piel con las uñas o mordidas. Apenas come y que dice que puede ver “los gérmenes y parásitos” de nuestra comida. Ha desarrollado una extraña visión de los humanos, nos llama “hombres mosca”, apenas se mueve del suelo cuando está en su habitación, tiembla constantemente y susurra cosas como: “por todas partes”, “Estoy lleno de gusanos”, “Las veo, se ríen, se burlan de mí”. Hemos tratando de darle una terapia pero en vista que el paciente carece de control, se ha optado por dejarle un tratamiento que consta de calmantes y en casos extremos sedantes. Su único familiar vivo y conocido era su padre, lastimosamente encontramos que hace una semana había muerto por causa de una enfermedad de trasmisión sexual. 

 

                                                             

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