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11 min
Hablemos sin saber - Ensayo de Cuarentena
Amor |
10.04.20
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Sinopsis

Este ensayo, nace de las largas horas de sillón, de no poder moverme de casa y de tener tiempo para aunar locas ideas que venían de visita hace un tiempo o hechos que han forjado nuevas en estos veinte días. Hablemos sin saber es un juego teatral, donde los participantes hablan sin prejuicios de temas de los cuales no tienen ni idea y donde se divaga en grande, como le he plasmado yo aquí.

Hablemos sin saber o la cuarentena del dulce divagar

Me he planteado desde un principio no escribir sobre lo que estamos atravesando con esta Pandemia, de ninguna manera por pretender negarlo, solamente me pareció innecesario, redundante y si se quiere facilista. Como podrán apreciar me he ahorrado el término original, ya que considero que hay una originalidad única en cada uno de nosotros al momento de escribir o contar las cosas de la manera en que las vemos, desde nuestros sentimientos, desde nuestros tiempos, desde nuestra propia percepción.
Es un desafío difícil ser siempre original, pero está latente la posibilidad de emocionar, de conmover, de aportar otra mirada, de sorprender. Dejo de lado por supuesto el plagio.
Varios días después del inicio de la cuarentena que impusiera el gobierno Nacional, encuentro que tal como la vida misma, de esto también podremos sacar a relucir numerosos puntos de vista, tantos como cuantos quieran mirar. Analizarlo desde los más variados ángulos, alturas o distancias, siento que desde el viejo carretel de la  película la Sociedad de los Poetas Muertos llega a mis oídos: “¡Oh, Capitán, mi Capitán!, en la voz del profesor John Keating para mostrarnos el mejor camino.
Reflexiono si podremos abandonar la queja, dejar de recitar tonterías sin fundamento, hacer propias palabras ajenas que no nos representan a pesar de parecer verosímiles. Decir livianamente que al finalizar este ciclo seremos mejores, que se derrumbarán las fronteras y el mundo será más justo y  la empatía se derramará sobre la tierra solucionando todos los males que nos aquejan como por arte de magia. Mis cavildeos giran en torno a cuantas guerras, catástrofes naturales o epidemias han sacudido nuestra historia, no obstante esto, la humanidad se las ha ingeniado para volver paulatinamente a moldear su peor versión.
Una vez más, siento que la gente deja de lado la posibilidad de conectarse con la naturaleza y sus semejantes a través de un cambio sincero y profundo. Necesitan de Gurúes que les lean las palabras de los libros sapienciales y les hagan entrega de las recetas de sus vidas. En esa mediocre elección es donde finalmente comprendo que todo queda supeditado a una cuestión de fe. Es como simular vivir dentro de un gran espíritu navideño, donde todos nos sentimos buenos, pero en la mesa familiar todavía subsisten y conviven miles de problemas y conflictos, sociales, religiosos, políticos, étnicos, de género, económicos, sólo hace falta llegar al momento de abrir los regalos para que se desaten todas las miserias contenidas.
No me siento feliz después de este baño de lastimosa realidad en la que me he sumergido, bien se ha dicho que el realista, cuando anuncia sus verdades, puede ser tomado como un pesimista. Tampoco me gusta arrogarme el papel de quien lleva la contra como deporte, del que pretende despertar en los demás la admiración, de sentirse por encima del común de la gente por el sólo hecho de decir, si todos Uds. están de acuerdo, y yo disiento, es porque he visto algo más allá, que no logran ver al no estar a la altura de mi iluminación. Decía Pascal que todos los hombres persiguen la felicidad, aún aquel que se ahorca.
Aburrido, abro alguna red social, esos lugares donde las personas parecen saberlo todo y desprecian lo que les resulta sospechoso para sus convicciones porque ya no tienen fe en los actos puros. De esta manera, mucho de lo que se sube a la red genera discusiones, insultos e intolerancia. Recorro los muros de mis amigos del éter, nada nuevo, pocas sorpresas, me río de las ocurrencias del eterno humorista, me indigno con las publicaciones sobre política, descubro rincones del mundo en la mirada del viajero, me asombro con el buscador, recapacito con el transcriptor de frases, me dan hambre las fotos del cocinero, vuelo el vuelo del soñador y perezco en la ciénaga de la desesperación junto al agorero.  Todos atraviesan mi cuerpo y mente, todos dejan una enseñanza, todo me sirve para saber que deseo cerca o lejos de mí, que acciones honran o traicionan mis valores y qué y cómo, me gustaría ser cuando esto concluya.
Trato de imaginar a las personas en el momento en que escriben, en qué lugar lo hacen, sus estados de ánimo, su soledad, su búsqueda de comunicarse para salir de ese vacío interior que tantas veces nos llena. Trato de dilucidar si lo que escriben y publican atiende a una necesidad de “sentirse vistos”, de aceptación, un pedido de ayuda, un deseo de cambio interior verdadero, un llamado de atención, una demostración de soberbia y vanidad o la mera charlatanería a que está acostumbrada a someterse la raza humana, esa especie de ficción que genera para sobrevivir.
Nos pasa como cuando aprendemos una palabra nueva y sentimos la necesidad imperiosa de utilizarla, es sencillo elegir ese tema que ha captado nuestra atención y publicarlo, de esta manera se postean cosas novedosas, interesantes, que serían dignas de aplicar en nuestras vidas y que al instante de apretar “enter”, vuelan de nuestras manos por siempre y las olvidamos. Es como un conejo sacado de una galera donde jamás vuelve, es un consejo que tiramos al aire para ver quien es capaz de recogerlo, o mejor dicho quién ostente la valentía, porque nosotros nos acobardamos, no tenemos constancia, ni disciplina, nuestras prioridades han sido dictadas en otras épocas por desconocidos y las obedecemos como autómatas. Preferimos seguir flotando en nuestra laguna de líquido amniótico encerrados en un interminable seno materno disfrutando de un confort ficticio, a detenernos a reformular lo que percibimos que necesitamos para ser quienes deseamos ser. Tenemos tanto miedo a ser incorrectos que nos inmovilizamos, preferimos ser víctimas a estar equivocados. A evadirnos a obligarnos a  desarrollar miles de actividades para distraernos, hasta ese fatal momento en que quedamos solos y desnudos ante nosotros mismos y nos damos cuenta que no hemos logrado engañarnos. Que somos el puñal y la herida. Es allí donde se produce la bifurcada, sucumbimos a la conclusión que nuestro espíritu está adiestrado en el sufrimiento o elegimos un camino nuevo que nos acerque a disfrutar de los logros que vamos consiguiendo. Al fin y al cabo pareciera que aprendemos a vivir cuando ya se nos ha escabullido la vida.
Sigo navegando, desfilan fotos y comentaros,  de pronto aparece en el muro de Facebook  de Claudia, algo sumamente interesante: un extracto del libro Rojo de Carl Jung, el autor habla de la vivencia del capitán de un barco durante uno de sus viajes. Al llegar a un puerto, una epidemia se había desatado y se les negó desembarcar. Luego de haber pasado los duros meses del invierno en alta mar, sus ansias eran bajar a tierra y disfrutar la primavera. Los días venideros se hicieron duros, él apostó a alejarse del lamento y las actitudes reprochables de los demás, a confiar en su intuición, a desoír la lógica y a comportarse diferente. Analizó las privaciones y miserias que pasaban muchas personas en el trascurrir de sus vidas y decidió salir adelante ejecutando un plan original.
Comenzó por el alimento, se impuso comer la mitad de cuanto comía habitualmente privilegiando la calidad a la cantidad. El paso siguiente fue una depuración de pensamientos, desestimar los negativos e intrascendentes para dar lugar a los más nobles y elevados. Leer una página cada día sobre teorías desconocidas o cosas que provocaban su rechazo por no comprenderlas o poseer distintos valores e ideales. Hacer ejercicio a diario. Un viejo hindú le había hablado sobre el poder de la respiración e incluyó hacer profundas respiraciones completas cada mañana agregando algunos detalles de meditación. De esta manera, se había privado de ser ocioso, de pensar en lo que le habían negado, visualizaba las escenas de lo que habría hecho al bajar y las disfrutaba intensamente gozando de la espera. Reflexionaba que todo lo que se puede obtener en el corto plazo no era interesante, la espera sirve para sublimar el deseo y hacerlo más poderoso. La prohibición de tocar tierra firme fue mucho más larga de la anunciada, el capitán adquirió todas aquellas costumbres nuevas que se había impuesto. Al contar esta historia, un subalterno dijo: “Os privaron de la primavera, entonces”. El marino sonrió y disfrutó pensar que ese año efectivamente le habían robado eso y muchas cosas más, pero él,  había florecido, la primavera la llevaba por dentro y ya nunca nadie jamás la podría quitar.
Esto si valió la pena, al pie, varios me gusta y un par de comentarios vagos, nadie mordió el anzuelo, realmente nadie está interesado en cambiar tanto, en arriesgarse a ser distinto, a rebuscar e indagar que necesitamos realmente y que estaríamos dispuestos a perder para ganar.
Sigo bajando, en el muro de Juan Manuel, un amigo de viejas glorias y pasado de estudios en común, me atrae una foto color sepia de una publicación de antaño, me detengo, hago click y se despliega una vieja nota de la revista deportiva “El Grafico” de la década del ´60 que dice: Fútbol desde el Corazón: Federico Sacchi, un jugador de galera y bastón.
La entrevista está efectuada por un periodista de los de antes, de los que tenían en claro las cosas, de los que como se dice en la jerga  de barrio, tenía “calle”, había sacado “chapa” en cafetines, bares y  fondas, había recorrido la noche probando sus mieles y sinsabores y sabía sobradamente, sabia, como llegar al hueso de una  nota jugosa. Digo esto, porque ahora estamos transitando una época decadente donde los periodistas se reproducen como “Gremlins”, los noteros nos sorprenden con su ignorancia y desfachatez, los periodistas en el estudio televisivo nos confunden con palabrerío apilado, dudosas apreciaciones carentes de profundidad y los panelistas responden inequívocamente a ese jueguito del policía bueno y el policía malo o del mediador y el resentido, cosa que no me es ajeno del todo, ya que entre mis conocidos, figuran varios que lo son. Volviendo al tema de la nota, en un momento determinado, me impacta una declaración del destacado jugador donde ante una pregunta sobre la ambición deportiva, manifiesta: “¿Quién habla de perder o ganar? Yo hablo de jugar…Nunca, créanmelo, nunca al entrar a una cancha pienso en perder o ganar. Pienso en jugar, quiero jugar y jugar bien. Si lo consigo, mejor para mí, si al mismo tiempo sucede lo otro, seguramente habrá muchas más personas felices.
Un par de “me gusta” y nada más. Cero comentarios. No se pudo entregar el mensaje.
 A mí me ha parecido genial, impecable, que manera de honrar sus palabras y sus actos.
Me tiro hacia atrás en la silla, tomo distancia, necesito ordenar mi pensamientos, esto ha sido  una experiencia poderosa, desde muy dentro va naciendo una enorme sonrisa. Me paro, aplaudo con entusiasmo, mi cara iluminada por el bienestar que me ha producido el hallazgo: que fabuloso poder descubrir dos seres, de dos épocas totalmente distintas tratando de ser dueños de sí mismos, de buscar la forma de ser fieles a sí mismos, encontrar la valentía para esquivar lo conveniente y ejecutarlo a rajatablas. Porque todo quien mire hacia adentro y esté seguro y orgulloso de su proceder, experimentará la emoción de ser feliz.
Esas son batallas épicas. “Algunas batallas hay que darlas, se ganen o se pierdan, porque darlas es lo que dignifica”. Así lo escribió para la posteridad el pensador español José Luis Sampedro.

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  • Excelente mirada critica de la cuarentena. De paso, yo también trato de imaginarme e imaginarte "... en el momento en que escriben, en qué lugar lo hacen, sus estados de ánimo, su soledad, su búsqueda de comunicarse para salir de ese vacío interior que tantas veces nos llena". Es difícil ser original para escribir y describir la realidad por la que transitamos sin caer en lugares comunes aunque ciertos, y mas difícil decidir no escribir sobre ello para quien siente tener venas de escritor. Leeré mas relatos tuyos, me gusto muchísimo este.
    Quizás la cuarentena sí nos deja cosas para aprender, pero, como siempre, depende de cada uno: tomar lo que quiere y hacer con ello algo o eliminarlo. No siempre se aprende, a veces, sólo vemos pasar...
    Si nunca hay que dejar de escribir pues cada baja en ese sentido es una perdida para la falta de cordura que necesitamos a veces en este mundo un saludo
    Ha sido como asomarme a una ventana y verte, Roluma. Como dices tú, no dejes de escribir... sino no te podemos leer. :-) Abrazos! Y al hombre de negro de aquí debajo, me alegro de que asome por aquí.
    la cuarentena te hizo bien...... gran escrito
  • ¡Donde está el Dr. Somner?

    El final estaba claro. A veces alguien mete la cola.

    Muchos la describen como único capital. Otros prefieren enfocarse en lo que sucede "en el mientras tanto". Ella sabe esperar. Soledad. Es su juego.

    Este escrito cobró vida como por arte de magia. Apareció de repente en el papel. Como vertiente que brota de la piedra. Luego de una investigación sobre los inmigrantes en la argentina de final del siglo XIX y principios del siglo XX, para la búsqueda de los personajes de la obra "Stefano" de Armando Discépolo. Padre del Grotesco Criollo. Una porción de la historia argentina y mundial, apasionante.

    Incursionar en nuevos géneros, avisarme, darme cuenta que todo está dentro. Un poema surrealista en una mañana simple y tranquila. Tal cual hoy, mi vida. Gracias "maestro" Octavio".

    Siguiendo con mis inquietudes me di cuenta que nunca escribí un Nanorelato. Al leer al amigo Horacio de la Barrera Campos en esta Web pensé que nunca podré escribir algo de los quilates que ha escrito él. Al menos debo intentarlo para quedar en paz conmigo mismo. Nada mejor que seguir con el tema de los mandatos que tanto han jodido y siguen jodiendo vidas.

    Los sucesos y personajes de ese relato son ficticios, así como sus nombres, sus circunstancias sus cuentas bancarias y desarreglos emocionales. Cualquier similitud con personas reales o hechos concretos son producto de la imaginación y la perdida de la razón que últimamente experimenta el escritor. Deseo que este escrito se lea con el mismo el humor con que fue concebido. A mis queridos colegas de letras, los abrazo con el cariño, el respeto y la admiración que siento y merecen. PD: lógicamente quedo a la recíproca para cualquier juego que les parezca pertinente. Hasta la próxima.

    Hablemos sin saber un juego teatral que aunque parezca mentira, conlleva saber de todo un poco para poder inventar un poco más, además de una prolifera imaginación y talento para mentir, o no tanto.

    Este ensayo, nace de las largas horas de sillón, de no poder moverme de casa y de tener tiempo para aunar locas ideas que venían de visita hace un tiempo o hechos que han forjado nuevas en estos veinte días. Hablemos sin saber es un juego teatral, donde los participantes hablan sin prejuicios de temas de los cuales no tienen ni idea y donde se divaga en grande, como le he plasmado yo aquí.

    Recuerdos de infancia de un niño feliz.

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Soy águila. De las que vuelan alto. De las que ven sin proponérselo. Tengo maestros de los que no acepto palabras. Tengo lapices que dicen lo que siento. Cuando vuelo mi vuelo, cuando respiro mi cielo.

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