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13 min
Heliph
Fantasía |
10.12.18
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Sinopsis

Es la historia del cruel destino de los Perfracios en el pasado

Desde tiempos ancestrales, todo aquel nombrado Perfracio era cruelmente sacrificado a los 16 años, esto se solucionó cuando las mujeres dejaron de llamar así a sus hijos. Con el paso del tiempo esta bella tradición se ha ido olvidando, solo los líderes de las aldeas conocen sobre esto. En 1325, una mujer de relleno, cuyo nombre a nadie le interesa, tuvo un hijo al que llamó Perfracio Testamento del Santo de los Dedos Gordos. El pequeño creció como todo un animal, vivían en pleno desierto y tenía que cazar escorpiones, lagartos y tomar agua de cactus que la madre sembraba y regaba con agua de un oasis cercano con suficiente agua para 525 elefantes y tan limpia que la arena que la tocaba brillaba deslumbrando a todos los insensatos que osasen mirarla. El pequeño pueblo de Perfracio tenía una población de 15 personas, sin contarlo a él ni a su madre; un sabio anciano de 85 años era el venerable líder de la aldea, todos los días se sentaba en un sillón del portal de su casa y se le quedaba hablando con su mejor amigo, un cactus al que llamaba Mr. López, su esposa era una jovenzuela de 67 años con un hermoso ojo de cristal del color de la arena, cosa de la que el viejo no paraba de alardear. Había una tienda en la entrada del pueblo, era la construcción más grande, podía contener hasta 20 personas comprimidas, a veces Perfracio compraba carne de joroba de camello aquí, pero eso era un lujo que no se podía permitir siempre. Así continuó la vida de esta aldea durante algún tiempo, Perfracio ya había cumplido 18 años, su madre estaba muy orgullosa de él, había ganado por dos años consecutivos el torneo de caza de escorpiones por un margen muy grande y pensaba romper su récord este año. Tristemente el líder de la aldea había muerto, hacía dos años, en la flor de su vida, su esposa lo acompaño días más tarde al tropezar con Mr. López y quedar empalada, esto se descubrió hacía cerca de un mes y lo sucedido fue dramatizado por los detectives, tristemente uno de ellos murió en el acto. Dos semanas atrás se había designado un nuevo líder, Ponzo, un cuarentón testarudo y supersticioso muy amante de la cultura y las tradiciones antiguas. Para tomar el puesto de líder de villa era necesario ir a la torre de los sabios, era una torre de bloques de arena apilados en forma triangular, que más tarde serán conocidas como pirámides, ahí estaban ellos, los sabios, era como ver pura prehistoria, grandes personalidades cada una con un Mr. López, el gran anciano mayor era el único que tenía un cactus con nombre distinto, el único que tenía este derecho, su cactus se llamaba Ms. Bogoña. Para hacerse líder se le hizo un recorrido de evaluación que consistía en caminar por un pasillo mientras le lanzaban libros tan llenos de polvo que podían causar una tos mortal, un líder no puede permitirse una muerte así. Ponzo logró pasar esta prueba sin problemas, incluso desvió varios libros, uno de ellos le rompió la clavícula a uno de los sabios, cosa que fue enormemente alabada. Tras varias pruebas recibió los conocimientos que debe tener un jefe de villa y un Mr. López, al que juró tenerle a su lado por el resto de su vida; tras obtener todos estos conocimientos, se dispuso a partir hacia la aldea, no sin haberse percatado de algo muy interesante, su villa había estado incumpliendo una tradición por cerca de dos años, por supuesto Ponzo conocía a Perfracio, todo el pueblo había notado la mirada de envidia con la que el nuevo líder le observaba y cómo no iba a tenerla, Perfracio era todo lo que él no pudo ser, la frustración de siempre quedar en último lugar en la caza de escorpiones es un trauma difícil de superar, además de eso Perfracio fue designado como futuro líder a su corta edad, a diferencia de él Ponzo lo fue a los 35 años. Mientras tanto en el pueblo, Perfracio ya había llegado a las finales
con el doble de puntuación del año anterior, sus contrincantes no tenían nada que hacer contra él; al sonar el camello dio comienzo la última prueba, atrapar 10 escorpiones negros, 5 rojos y uno dorado, este último era realmente difícil de encontrar por no hablar de su dificultad de captura y era sólo uno que era capturado previamente y liberado en la villa, aunque su veneno no era muy fuerte; por otra parte los negros eran fáciles de encontrar pero su veneno era bastante potente, los rojos eran más problemáticos, tenían un potente veneno, gran rapidez y además eran especialmente violentos; cabe mencionar que no se tenía permitido el uso de herramientas para su captura. Kiaren y Fuguro eran los contrincantes de Perfracio, se llevaban muy bien al punto de cooperar para la captura, entre los dos ya habían capturado 12 escorpiones negros y uno rojo, pensaban llevar la delantera, pero al ver la canasta de Perfracio su moral decayó bastante, no podían creer cuánta ventaja les llevaba, solo le faltaba el dorado, tenía cerca de 45 escorpiones negros y 30 rojos en sólo 15 minutos de competencia, además ya había dejado de capturar de éste tipo y se centró en el dorado. Sus contrincantes no se rindieron y continuaron buscando, al menos evitarían que obtuviera el dorado, tristemente para ellos ya era tarde, Perfracio ya lo había encontrado y capturado. Como premio se pudo quedar con todos los escorpiones capturados, pero él prefirió repartirlos con toda la aldea, eso sí el dorado era suyo, lo colgaría en la pared de su casa como un gran trofeo. Al cabo de unos minutos Ponzo llegó a la aldea, se dirigió lentamente hacia el ganador con una arrogante sonrisa y le avisó de la gran tradición, desafortunadamente para él Perfracio ya conocía esta tradición, y además sabía cómo evitarla. Cuando tenía 7 años escuchó al jefe de la villa hablar sobre esto con su Mr. López con gran ilusión, al escucharlo se asustó y fue a la biblioteca, tristemente era cierto pero al libro le faltaba un trozo, desesperadamente buscó por todos lados una copia del libro hasta dar con uno parecido, estaba muy bien escondido era casi imposible encontrarlo sin conocer su existencia, en él se hablaba de la maldición de los líderes, esto no lo comprendió hasta 6 años después, pero además había algo así como un mapa que marcaba justo debajo de la casa del jefe. Buscó siguiendo las instrucciones y tras cavar varias veces dio con una caja, al abrirla estaba el libro, pero con la página faltante, él se quedó con el libro y esperó. Afortunadamente el jefe murió antes de que cumpliera los 16 y su esposa nunca se dio cuenta de esto y le siguió, Perfracio había visto sus muertes y no dijo nada. De vuelta al momento en que Ponzo le enseña la tradición Perfracio le enseña la parte restante que decía: "...si no es sacrificado a los 16 años, los Perfracios tienen derecho a luchar por su vida, deben cazar un Gran Lagarto de la Arena y traerlo a la villa en una semana...". Ponzo se asustó por un momento, porque quien capturara uno de estos animales ocuparía el cargo de Cazador General de Todas las Villas, con este cargo tendría derecho a viajar por todo el continente con total libertad y las leyes normales no le alcanzarían, pero después recordó lo difícil que era encontrar a esta especie y era aún más difícil capturarla, entonces se tranquilizó. Para este tipo de pruebas los participantes deben demostrar su valía usando sólo lo que encontrara en el entorno, no era permitido llevar armas de ningún tipo, sólo se les daba una cantimplora y una soga. Perfracio tomó estos objetos y se dirigió al Paso Solar, una formación rocosa muy lejana de la villa con un camino en medio en el que el sol llegaba sólo durante unas pocas horas al día, era un lugar fresco, perfecto para los reptiles, aún más uno tan grande como este. Tardó dos días, pero llegó a su destino,
estaba cansado, debía reponer fuerzas y atacar mientras fuera de día ya que en la noche apenas se puede ver y el animal era nocturno, aunque todavía no sabía si estaba ahí. Eran la 11 de la mañana, no le quedaba mucho tiempo y la preparación le tomaría cerca de tres días, dejando dos para la búsqueda y captura del animal llevaba la soga colgada del hombro izquierdo hacia la parte derecha de su cintura, un trozo de piedra puntiagudo muy afilado del tamaño de su mano atado a un hilo muy fino que apenas se veía, era una tela de Tarántula de la Duna, uno de los materiales más resistentes del desierto, aunque muy raros, aunque recién hecho es muy pegajoso, con el paso del tiempo pierde esta propiedad y se endurece conservando flexibilidad. Perfracio entró al camino agachado y avanzó lentamente revisando cada posible escondite del lagarto, ya eran casi las tres de la tarde y le quedaba sólo un lugar por revisar, un agujero que estaba a 15 metros del suelo en una gran piedra; poco a poco lo alcanzó y dio una pequeña mirada al interior para descubrir que no había nada, frustrado entro al agujero y comenzó a dudar de la localización de su presa. En un momento se calmó y se dispuso a contemplar el paisaje, probablemente lo sacrificarían, podía simplemente irse del continente pero su orgullo se lo impedía, él era de los que no dejan pasar un solo detalle, por lo que terminó fijándose en una formación de rocas muy extraña en el suelo, aunque se mimetizaba con el resto resaltaba un poco su forma, al mirarla fijamente se dio cuenta de que estaba respirando, en ese momento se puso en posición, si lo hubiese visto desde el piso no tendría la posición ventajosa que obtuvo al escalar la montaña. El lagarto no le quedaba exactamente bajo sus pies, para evitar posibles problemas amarró la soga a una estalagmita y la dejó caer lentamente, fue bajando poco a poco por la cuerda con el cuchillo en la boca hasta que alcanzó un lugar lo suficientemente bajo como para que la caída no le dañara y en un ángulo que le permitiera atacar fácilmente. Luego de pensárselo un rato saltó hacia la roca y clavó el arma en lo que parecía el ojo del lagarto, lo que a primera vista parecía una piedra comenzó a sacudirse ferozmente mientras Perfracio luchaba por no caer, pero debido a que se iba a estrellar contra la pared tuvo que soltarse, pero no pudo sacar el cuchillo. El animal confundido miró a todas las direcciones hasta que dio con él, se quedó mirándolo fijamente hasta que lanzó un chillido que hizo temblar a Perfracio, parecía que estaba asustado, pero tras su miedo se escondía una gran sonrisa, en ese momento olvidó por qué estaba cazando al animal simplemente puso todos sus sentidos en él.  Así comenzó la batalla, el lagarto tiraba grandes mordiscos hacia él, pero ninguno conseguía atinarle, Perfracio estaba concentrado en llevar a cabo su plan, se podía notar la ira del reptil que en un cambio radical giró sobre sí mismo lanzando un coletazo que le dio en el pecho a Perfracio. Debido a la fuerza de esta especie un solo golpe puede ser fatal pero lo evitó dando un salto hacia atrás, con su entrenamiento su espalda apenas toco el piso, en un santiamén ya estaba de pie, cuando el lagarto se movió hacia él Perfracio tiró del hilo que tenía en su mano, alrededor del animal estaba la tela evitando que éste se moviera, Perfracio lanzó una de las estalactitas que tomó de la cueva y afiló hacia arriba cortando otra parte del hilo que sostenía una roca, ésta cayó justo en la cabeza del animal que se retorció hasta que Perfracio se le acercó y le dio el golpe fatal. El cansancio le hizo caer dormido por unas horas, al despertarse y ver el cadáver del lagarto se alegró, pero notó que no iba a tener tiempo de volver a la aldea si iba a pie, luego de mucho pensar
vio a la entrada de la cueva un trineo de arena, sin siquiera preguntarse por qué estaba ahí montó al animal en él y se dirigió a su pueblo. Mientras se acercaba sonó la alarma del vigía de la villa anunciando su llegada, el jefe al ver su hazaña no tuvo más opción que aceptar el resultado y lo nombró Cazador General de Todas las Villas de rango E, el más bajo, además de esto obtuvo un traje que se hizo con la piel y los dientes del animal. Perfracio fue renombrado como Heliph un nombre seleccionado al azar por Mr. López, tras despedirse de su madre se puso en marcha, fue el segundo en llegar a ser cazador a tan corta edad y del mismo origen, esto le hizo querer conocer al que logró esto antes de él, pero en la aldea todos mantuvieron silencio sobre este tema lo que aumentó aún más su curiosidad. Para encontrarlo tenía que volverse un cazador famoso, debía empezar por Debian, la ciudad para novatos que estaba el norte, cruzando el Gran Río.

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