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30 min
Hermione Granger y el Llamado de la Reina Sangre
Terror |
09.02.18
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Sinopsis

“La brillante estudiante Hermione Granger, regresa a Hogwarts luego de la Segunda Guerra Mágica para terminar su EXTASIS, lo que nunca podría haber imaginado, es que una extraña hambre nacería en ella, consumiéndola en un espiral de pasión y muerte.” Esta es una historia inspirada en el universo de Jk Rowling, sin ánimos de lucrarme... espero les guste

Capitulo Uno

El frio y la oscuridad envolvían el dormitorio de Hermione Granger, mientras intentaba reconciliar el sueño después de tener otra pesadilla, algo ya costumbre desde que había regresado a la escuela, luego de los trágicos sucesos de la batalla de Hogwarts, donde por fin habían logrado vencer al Señor Tenebroso.

Permaneció inmóvil, casi completamente cubierta por las gruesas cobijas, alguna lagrima todavía surcaba su mejilla, mientras rememoraba la pesadilla que, aunque no se repitiera en su concepción, siempre terminaba de la misma manera, con la joven maga asesinando a su reciente novio, Ron Weasley.

Esta pesadilla en particular, empezó como un recuerdo, uno de los más memorables en la vida de Hermione, cuando la última noche en la Madriguera, antes de su regreso a Hogwarts este año, había entregado su virginidad a su pelirrojo novio, tomando la iniciativa, y escabulléndose a su habitación cuando todos dormían.

El sueño era tan real, que la joven maga podía sentir el frio en su estomago por el nerviosismo, cuando de puntillas salió de la habitación que compartía con Ginny, para encontrarse luego de caminar unos metros, de frente con la puerta de Ron.

Hermione nunca supo cuánto tiempo duró tras de esa puerta, dubitativa sobre su decisión, aunque consciente de que si no era de esa forma, Ron nunca se atrevería a llegar tan lejos, mucho menos en su propia casa y a escasos metros de su familia, pero esta era la última oportunidad, Harry, quien había pasado casi todo el verano con ellos se había quedado dormido en la sala de la Madriguera, muy afectado por las hidromiel que habían tomado para despedirlas, por lo que por fin podrían tener privacidad.

Un ruido desde las escaleras apuró su decisión, obligándose a entrar en la habitación a una velocidad increíble, tanta que trastabillo al cerrar la puerta dando varios pasos al interior, justo cuando la joven maga pensó que caería pesadamente contra el suelo, Ron la sostuvo en el aire, evitando su caída y atrayéndola hacia su pecho desnudo.

-¿Estás bien?- Pregunto preocupado Ron, quitando los mechones despeinados del castaño cabello de Hermione, y acariciándole el rostro, mientras la miraba dulcemente.

- Ronald eres un tonto, como es que tengo que ser yo quien venga a tu cuarto y arriesgue el pellejo caminando de puntillas para estar contigo y tu…- Hermione no pudo continuar su diatriba, ya que Ron había decidido callarla de la única manera que sabía, con un beso apasionado, literalmente devorándola.

Las manos de Hermione se aferraron a la fuerte espalda de su novio, como una naufraga que evita la muerte, mientras se dejaba llevar por el fuego que crecía en su interior, al sentir la presión de la erección en su vientre apenas cubierto por una camiseta blanca de Ron que usaba para dormir, y unas pantis del mismo color.

No era la primera vez que la joven maga había tenido la oportunidad de sentir un sexo erecto pegado a su cuerpo, podía recordar la enorme polla de Viktor Krum a penas contenida en sus finos pantalones, haciendo presión a su vestido azul la noche del baile de navidad, cuando se habían escapado para besarse, pero en esta ocasión, la pijama que tenía esa noche Ron, a duras penas daba resistencia.

Hermione jadeo cuando su novio poso su mano sobre uno de sus pequeños pero firmes senos, no llevaba sujetador, por lo que sintió el toque como si de corriente eléctrica se tratase, haciendo que sus pezones se erizaran al instante como nunca, y para su sorpresa, pudiera sentir como sus pantis se mojaban por sus jugos.

Con determinación y dejando en claro que no quería que esto fuera solo un morreo más, Hermione fue empujando a Ron hasta la cama, cayendo ambos sobre ella, siguiendo sus besos y caricias, mientras ahora era ella, quien con su mano nerviosa, bajaba por el duro vientre de su novio.

Hermione no pudo evitar asustarse cuando por fin tomo la polla erecta de Ron entre sus dedos, por el fuerte jadeo que este dio, casi como si le doliera, lo que la hizo separarse de sus besos y soltarlo casi de inmediato.- Lo siento, te hice daño.- Fue lo único que se le ocurrió decir.

Hermione sin mirar a su novio a los ojos empezaba a incorporarse cuando la fuerte mano de Ron apretó la suya y sin decir nada, la llevo de nuevo a su polla sin resistencia, que ahora estaba libre de su pijama, erecta en toda su extensión.

No era más grande que la Viktor, ni en largo, ni en grosor pero para Hermione era perfecta, de cabeza rosada y con un recortado riso de vellos rojizos en la base, podía incluso notar las pequeñas venas marcadas en la blanca piel de su sexo.

Cuando su mano apretó la polla desnuda de Ron, más caliente y vibrante de lo que pudo alguna vez haber imaginado, empezó un inexperto sube y baja, primero lento, casi torpe, pero cuando la confianza empezó a entrar en su cuerpo, además de la calentura, subió el ritmo, en ese momento levanto la mirada para encontrarse el rostro de su novio, no pudo evitar sonreír al ver sus ojos apretados, y su boca abierta jadeando de puro placer.

Ver el efecto que tenía en Ron, hizo que la joven maga volviera sus ojos a esa preciosa polla, y con un hambre que nunca antes había sentido, llevó su boca hasta la erección de su novio, y besó su rosada cabeza con delicadeza, casi haciendo que Ron acabara en ese preciso instante de la impresión.

-Her-mi-one.- Jadeo su novio, mientras la joven maga, animada por el momento, tragaba la polla de Ron todo lo que pudiera, logrando casi meterla completa en su boca, hasta sentir una arcada que la hizo sacársela para respirar.

Hermione volvió a intentar meter esa preciosa polla en su totalidad dentro de su boca, aunque en esta oportunidad pudo sentir su estomago vibrar al sentir el sabor de ese trozo de carne caliente, justo cuando la arcada empezaba a crecer, y volvía a empezar a sacarse la polla para respirar, estuvo a punto de caer en unas extrañas ganas de morder ese sexo.

La joven maga todavía intentaba recuperar el aliento cuando ahora era su novio quien pasaba a recostarla de espalda a la cama, subiendo de golpe su camiseta y dejando sus blancos senos a la vista. Cuando Hermione sintió la calidez de la boca de Ron en sus pezones, casi perdió la respiración por una especie de corriente eléctrica que comenzando en la parte alta de la espalda, recorría su cuerpo hasta su húmedo sexo, esta era la primera vez que ella sentía algo con tanta intensidad en su cuerpo, pero lo estaba disfrutando enteramente.

Hermione sabía que su novio tenía más experiencia que ella, aunque según sus propias palabras, nunca había ido más allá de algunos juegos con Lavender, pero Ron parecía estar más seguro que ella en todo lo que hacía, no pudiendo evitar un gemido luego de estremecerse cuando una de sus manos subió por su muslo desnudo, posándose suavemente en sus pantis completamente húmedas.

Con movimientos circulares suaves y rítmicos, Ron frotaba el clítoris de Hermione, haciendo que esta tuviera que de nuevo aferrarse a los fuertes hombros de su novio, apretando sus labios lo más que podía para evitar subir demasiado alto el volumen de sus gemidos.

La joven maga atrajo el rostro de su novio hacia si misma para besarlo y evitar gritar cuando este bajo su panti, y luego de jugar un poco con la prominente mata de vellos castaños en lo más bajo de su vientre, sintiera un dedo invadiendo su empapado sexo, sorprendiéndose al no sentir ningún tipo de dolor.

Cuando Ron metió otro dedo, Hermione sintió un poco de presión en su sexo, pudiendo notar como las paredes de su estrecho sexo se expandían adaptándose al grosor de sus dedos, y del breve periodo de incomodidad, sus propios jugos hicieron que el placer renaciera cual fénix, mucho más cuando el joven pelirrojo aceleró la penetración.

La joven maga tuvo el primer clímax en toda su vida, tan intenso, que sus uñas se incrustaron en los hombros de su novio, y por un momento, solo pudo sentir su cuerpo sacudirse por el placer que sentía recorrer cada parte de su anatomía, cuando por fin entre jadeos pudo abrir sus ojos, pudo ver a Ron incorporarse, mientras con delicadeza se acomodaba entre sus piernas ya abiertas, y con una mano, ponía su erecta polla en la entrada de su sexo.

Una ligera sombra de terror atravesó la mente de Hermione cuando la polla de su novio penetraba lenta pero irrefrenable el todavía virgen sexo de la joven maga, y una pequeña punzada de dolor recorriera su espalda a pesar del grado de excitación que todavía tenía.  

Hermione abrió su boca jadeando, soportando la incomodidad, mientras veía que su novio aumentaba la velocidad y profundidad de su penetración, pudiendo sentir el placer regresar a su propio sexo, mucho más cuando escuchó los gemidos de placer que Ron no podía evitar escapar ya muy cercano a su propio clímax.

La joven maga sintió la calidez de la corrida de su novio en su vientre, cuando Ron en un ligero instante de lucidez antes de su orgasmo, logró sacar su caliente y vibrante polla, dejando escapar su clímax sobre Hermione.

Cuando Ron se dejo caer sobre Hermione, jadeando y completamente agotado, la joven maga solo pudo sonreír, ya había escuchado historias de la primera vez de alguna de sus amistades en Hogwarts, y como forma general, no eran experiencias muy agradables, pero para su caso, fue algo completamente diferente, se sentía feliz de que su primera vez fuera con alguien que amaba, y aun mejor si había sido capaz de disfrutarlo, aunque había durado realmente poco.

Hermione dejo que su cuerpo se relajara, y sus ojos descansaran, mientras su novio se limitaba a acariciarla, tuvo la impresión de que habían pasado solo unos segundos cuando una deliciosa sensación la hizo abrir sus ojos, para verse a sí misma sentada en la horilla de la cama de Ron, mientras comía un dulce, suave y jugoso, pedazo de carne.

Cuando la joven maga volteo la vista hacia su novio, con la intensión de preguntarle de donde había sacado tan suculento manjar, la mirada vacía sin vida de Ron y la sangre todavía brotando del agujero donde anteriormente estaba su polla, la hicieron gritar, provocando el final de esa horrenda pesadilla.

Las primeras veces, siempre despertaba gritando y llorando, ahora que estaba de alguna forma acostumbrada, solo se le escapaban algunas lagrimas mientras intentaba recuperar el sueño, aunque en el fondo sabia que nunca lograría hacerlo.

De entre todas las cosas, lo que Hermione le provocaba más terror luego de cada pesadilla, no era el hecho de la pérdida de su novio, ni que fuera de su propia mano que sucediera, sino que siempre podía sentir el delicioso sabor de su carne, y la dicha que le daba saborearla, lo que le provocaba un oscuro conflicto moral en su interior.

Luego de casi una hora, se rindió en su intento de volver a dormirse, y viendo el reloj en su muñeca, comprobó que solo faltaban un par de horas para el amanecer, por lo que decidió bajar de la litera que compartía con Ginny, cuñada de la joven maga, y adelantar su bolso con el encantamiento de extensión indetectable, para encontrarse con Ron y Harry en la Madriguera, solo faltaban dos días para las vacaciones navideñas, y no veía la hora de compartir con ellos.

Para Hermione era muy difícil sobrellevar la relación a distancia con alguien tan poco asiduo a escribir como Ron, sin mencionar que con su nuevo trabajo como Auror, tanto él, como Harry estaban agotados con tanto trabajo, aunque este último no solo le enviaba por lo menos dos cartas semanales a Ginny, sino que tenía el tiempo para escribirle a ella también, contándole sus aventuras en el Ministerio, y siempre al pendiente de su mejor amiga.

Eso, más las continuas pesadillas con su novio como protagonista, la hacían dudar de si la relación con Ron realmente era algo que terminaría funcionando, por lo menos en el futuro próximo. Llegando incluso a pensar en la posibilidad de darse un tiempo estas navidades, por lo menos hasta que aprobara su EXTASIS.

Una brisa gélida llego hasta su cuerpo, apenas cubierto con una ligera pijama de seda que usaba sin ropa interior, haciendo que sus pezones no tardaran en reaccionar erizándose. Levanto la mirada, y vio el desnudo cuerpo de su cuñada y mejor amiga descubierto, todavía durmiendo, pero con claros síntomas de sufrir por el frio.

La piel de Ginny era de un inmaculado marfil, y sus pequeños pero bien formados senos, estaban perfectamente adornados con unos delicados pezones, casi tan claros como su piel, dos o tres tonalidades más claros que los suyos, y erizados hasta el punto de parecer doler, descubriendo para su sorpresa que su boca se le hiciera agua de pensar en su sabor.

Hermione sabía que su compañera de cuarto dormía desnuda, pero por primera vez se había permitido ver lo hermosa que en realidad era Ginny, pasando más tiempo del que debía embobada detallando cada centímetro de su torso, antes de bajar su mirada lentamente hasta su duro y bien formado vientre, donde en la parte más baja se asomaba una muy fina capa de vellos pelirrojos.

La curiosa y altiva maga se acerco dubitativa, con la intención de arropar a su cuñada y mejor amiga levantando su sabana, pero antes de tapar por completo su cuerpo, dejo que sus ojos se entretuvieran en el sexo rosado y de labios apretados que inmediatamente, causó un profundo calor en su interior, recorriendo su cuerpo y estrellándose furiosamente contra su entrepierna.

-¿Cuñada que haces despierta?- Le preguntó Ginny, cuando adormilada todavía, y sin prestarle mucha atención a la situación, se encontraba con la extraña mirada de Hermione, pudiendo notar sus mejillas sonrojadas, mientras se mordía sus labios y apretaba su cobija como si la fuera romper.

-Dis, disculpa Ginny, no quería despertarte, solo, solo estaba preparando mis maletas, sabes que con tanto estudio no he tenido tiempo de nada, y falta poco para regresar a la Madriguera.- Le contestó Hermione, nerviosa, hablando tan rápido que parecía no respirar.

-Ahh, entiendo, pero ¿Qué haces con mi cobija cuñada? No sabes el frio que estoy pasando, fue eso lo que me despertó.- Las palabras de Ginny casi hicieron trastabillar a Hermione, y la brillante y segura alumna, que nunca había dejado sin responder una pregunta en todos sus años en Hogwarts, se vio a sí misma con su mente estaba blanco, lo que la hizo balbucear algo parecido a una disculpa, aunque ninguna palabra entendible salió por su garganta.

-Tranquila cuñada, cualquiera diría que te pone nerviosa mi desnudez.- Exclamó Ginny, tomando una pausa mientras miraba fijamente los ojos de su mejor amiga, divertida por la situación, siempre se había sentido segura de su cuerpo, y disfrutaba mostrarlo a la persona correcta, mucho más cuando demostraban que le gustaba lo que su figura tenia para ofrecer.

-No, no ¿Qué? No, solo estoy un poco distraída, tuve un mal sueño y creo que me afecto más de lo normal.- Contestó Hermione, mientras giraba sobre su cuerpo y volvía hacia su bolso purpura para comenzar los arreglos de la partida, notando por su vista periférica que su cuñada se levantaba de la cama con su desnudez en pleno, y se acercaba hasta ella para abrazarla dulcemente.

-¿Otra pesadilla Hermione? ¿Cuántas van solo este mes? Deberías hacerme caso e ir a hablar con la Directora McGonagall, esto no es normal.- Exclamó Ginny realmente preocupada mientras abrazaba a su mejor amiga, y esta dejaba escapar un pequeño pero audible gemido.

Hermione sentía que la sangre había abandona su cerebro y estaba toda concentrada en sus mejillas que sentía explotar de la vergüenza, intentaba encontrar alguna respuesta para sus preguntas, pero estaba tan concentrada en el tacto de la piel desnuda de su mejor amiga sobre ella, que no pudo pensar en nada más.

Con delicadeza Ginny se separo un poco de su cuñada, y usando sus manos para levantar el rostro de Hermione, le dio un suave y delicado beso casi en la comisura de sus labios.- Siempre podrás contar conmigo, eres mi mejor amiga y te quiero mucho, solo que estoy muy preocupada por ti.- Prosiguió Ginny, mientras volvía a poner sus labios suavemente, justo en el mismo sitio.

-Gracias Ginny, de, de verdad estoy agradecida, sabes que también te quiero mucho cuñada.- Le contestó por fin Hermione nerviosa, mientras sacaba fuerzas para separarse de Ginny, y empezar a recoger sus cosas.

-Prométeme que antes de irnos de Hogwarts iras a ver a la Directora McGonagall.- Exclamó Ginny con dureza, mientras ahora, era ella quien no dejaba de admirar al precioso y delgado cuerpo de su cuñada, sus senos eran un poco más grandes, aunque sus caderas y culo no tenían comparación a los suyos, mejor formados por su entrenamiento con el equipo de Quidditch de Gryffindor.

-Lo haré Ginny, te lo prometo.- Sentenció Hermione, mientras levantaba su rostro y miraba fijamente a su cuñada, no sabía que pasaba, no era la primera vez que la veía desnuda, pero en esta oportunidad estaba embobada con su desnudez y no podía concentrarse.- Ahora vístete y ponte a arregla tu maleta, no quiero que estés toda la noche de hoy apurada para al final dejar algo.

Ginny sonrió pícaramente, mientras llevando las manos a sus caderas, contoneando su bien formado culo mientras caminaba hacia su cuñada contestando seductoramente.- Ok, pero primero reconoce que te gusta lo que ves.

-Aja Ginny, lo que sea con tal te vistas y empieces con tu maleta.- Respondió en esta oportunidad Hermione algo ruda, intentando dar por sentada la situación a un simple juego de su mejor amiga, pero sin volver a mirar hacia su espectacular cuerpo.

Ginny no tomó muy bien la respuesta, agarrando su uniforme y entrando al cuarto de baño de un portazo, a Hermione le dolió un poco ver como su mejor amiga se molestaba con ella, pero necesitaba escapar de esa situación tan incómoda.

Hermione aprovecho el momento para cerrar sus ojos y respirar profundamente, mientras se apuraba en cambiarse su pijama por su uniforme, cuando se puso las pantis, noto que su sexo estaba mojado como nunca, y al ponerse su brasier sus pezones protestaron por la presión de estar tan erectos.

Al poco tiempo, ya ambas amigas estaban recogiendo en silencio sus pertenencias, evitando tocarse, hablarse o incluso mirarse, situación muy incómoda para la joven maga, que no quería estar en esta situación cuando ambas regresaran a la casa de su novio.

Hermione fue la primera en terminar de empacar, y sin decir nada entro al baño, lavo su rostro, se cepillo los dientes, recogió su libro de invocaciones, y camino hacia la puerta con intensión de irse del la habitación sin despedirse siquiera de su mejor amiga.

-Recuerda tu promesa, de verdad estoy muy preocupada, me importas.- Exclamó Ginny sorprendiendo a la joven maga, que solo logró detenerse y voltearse, cuando el sol atravesó la ventana del su habitación y la luz de la mañana resplandeció en el rostro de la pelirroja, Hermione no pudo evitar suspirar al notar como los preciosos ojos de su cuñada cambiar de marrón a ámbar.

-Voy directo a hablar con McGonagall… y tú también me importan Ginny.- Le contestó la joven maga, volviéndose para retomar su salida sin ver la reacción de su cuñada a lo último que le dijo, Hermione no era una chica acostumbrada a exteriorizar sus emociones hacia las demás personas, salvo con Ron y Harry.

Los pasillos de la sala común de Gryffindor no estaban tan llenos como cuando la joven maga empezó a estudiar hace 7 años, pero Hermione sabía que poco a poco la escuela volvería a florecer entre la adversidad, prueba de ello era lo rápido que parecían recuperarse luego de la cruel Batalla de Hogwarts, donde no solo se perdieron muchas vidas valiosas, sino que el daño a la propia escuela había sido considerable.

Hermione incluso pudo saber por medio de Harry, que McGonagall y el nuevo Ministro de Magia Kingsley Shacklebolt tuvieron una larga reunión donde debatieron si debían o no retomar las actividades en Hogwarts de forma inmediata, pero al final ambos acordaron que la mejor forma de rendirle tributo a quienes muriendo en esta Segunda Guerra Mágica, era manteniendo la escuela abierta y funcionando.

Aunque la falta de bullicio en los pasillos de Hogwarts no era algo que molestara de forma particular a la joven maga, que agradecía esa aparente paz para estudiar, sin necesidad de esconderse para no ser molestada, sobre todo cuando probaba las invocaciones.

Mientras caminaba en el tercer piso de la escuela, rumbo al despacho de la profesora McGonagall, Hermione no pudo evitar acariciar con sus dedos el cuero gastado del libro de invocaciones, abrió con cuidado su interior, y se deleito con su página preferida.

La joven maga había querido impresionar al jurado evaluador del EXTASIS con una invocación sorprendente, por lo que aprovecho la libertad que tenía en la zona prohibida de la biblioteca, para buscar durante días algún libro que le ayudara.

Estuvo a punto de rendirse cuando Hermione recordó la Sala de los Menesteres, subió al séptimo piso, deseó encontrar esa fuente de inspiración que buscaba, y las puertas de la sala se abrieron ante ella, que al momento de entrar, se sorprendió al encontrarse frente una pequeña mesa negra, en la habitación vacía, que era el lugar de reposo del libro que sostenía en este momento en sus manos.

Sus dedos recorrieron el antiguo papel, torneando la figura de una exuberante mujer de caderas gruesas y larga cabellera, que completamente desnuda abría sus manos hacia ella, como invitándola a probar su sexo lampiño, exquisitamente dibujado.

La sensación de Hermione cada vez que se quedaba mirando a esa espectacular mujer, era una calentura difícil de explicar, similar a la que había sentido al ver el cuerpo desnudo de su cuñada, lo que le vino a la mente la inapropiada pregunta de cuál sería el sabor del sexo de una mujer.

Cuando la joven maga se relamía sus labios al imaginar la respuesta a tan curiosa pero peligrosa pregunta, una fugaz figura blanca se atravesó a su paso ya faltándole muy poco para llegar a la Gárgola que abría el paso al despacho de la Directora, haciendo que ambas chocaran con fuerza y terminaran rodando en el duro suelo.

Lo primero que pudo sentir Hermione fue el sabor de su propia sangre, que lejos de disgustarle, la hicieron rememorar los dulces y jugosos trozos de carne que en sus pesadillas saboreaba directamente del cuerpo de su novio.

Un olor dulce de talco y cerveza de mantequilla la hicieron de inmediato saber a la joven maga quien había sido la culpable de la colisión, y no precisamente que fuese una asidua bebedora, sino porque Luna Lovegood usaba un característico collar con las chapas de la bebida preferida de Ron, por lo que su aroma que la seguía a donde ella fuera, era fácilmente reconocible.

-Oh, por todos los pudines, pensé que un Nargle me había cogido.- Exclamó Luna con voz extraña mientras notaba el calor de su propia sangre brotar por una de sus fosas.

-Te has hecho daño Luna, de verdad lo siento, ando muy distraída.- Contestó Hermione, mientras se acercaba en gatas a su amiga, y llevando una de sus manos hasta la nariz herida, intentó frenar la hemorragia.

Episkey!- Susurró la joven maga, apuntando su barita hacia la nariz de Luna.- Espero que con esto sea suficiente.- Terminó de decir Hermione, mientras ayudaba a su amiga a levantarse.

-Gracias Hermione, curiosamente, respiro mejor ahora, creo que incluso puedo oler el dulce aroma de los pudines en el gran comedor, iba de camino allá ¿Me acompañas?- Preguntó con una extraña mirada de deseo que sorprendió a la joven maga, mientras tomaba una de las manos de su amiga.

-Eh, no, no puedo.- Contestó Hermione casi tartamudeando, cuando vio la mirada de decepción y casi tristeza de su amiga ante su respuesta se apuro a explicar.- Tengo que ir al despacho de la Directora McGonagall, lo siento.- Expuso la joven maga, algo extrañada por el calor que sentía su cuerpo al sentir la tibia y suave piel de la mano de Luna.

-Oh, entiendo, bueno, yo después de desayunar pienso ir a los baños en desuso del séptimo piso, perdí algunas de mis cosas, y estoy segura que están escondidas allí, es el único sitio que me falta por buscar.- Exclamó Luna, mientras le soltaba las manos a Hermione, se sacudía su uniforme, y se preparaba para seguir su camino.

-Si quieres, puedo ayudarte a buscar cuando termine de hablar con la Directora, no creo que tarde tanto.- Le dijo Hermione a Luna, casi sin poder entender como esas palabras salieron de su boca, ya que aunque no tenía nada que hacer hoy, ayudar a su amiga en sus eternas búsquedas, no era algo que hubiera hecho nunca.

-Sería fantástico, te espero entonces en los baños, imagino que luego de que hables con ella, desayunaras en el comedor ¿O ya comiste?- Le pregunto Luna todavía con un brillo especial en sus ojos, Hermione trago grueso al ver ese precioso azul fijarse de forma tan intensa en ella y escuchar el rugido de su estomago vacio.

-No, no he comido, pero tal vez ni desayune, así que tranquila, nos vemos en un rato entonces.- Contestó apurada Hermione, mientras casi corriendo se volteo, sin esperar siquiera una respuesta, completamente aterrada, no por la intensa mirada de su amiga, ni la extraña situación que estaba atravesando con ella, sino porque al recordar su estomago vacio, casi no pudo evitar llevarse la mano que todavía tenía sangre de Luna a su boca y saborearla.

Hermione atravesó la gárgola rumbo subiendo apresurada cada escalón, luchando contra el impulso brutal de probar la sangre de Luna, pero al mismo tiempo, sin limpiar su mano con su barita, o tan siquiera con su oscuro uniforme.

Cuando a la joven maga le faltaban solo unos cuantos escalones para estar frente a la puerta del despacho de McGonagall, su vista empezó cegarse a causa de un sorpresivo y penetrante dolor de cabeza, al tiempo que su estomago ardía a tal punto, que sintió como si el mismísimo Fawkes estuviera renaciendo en su interior.

Se detuvo apoyándose contra la pared de la torre, teniendo que dejarse caer lentamente, intento pedir ayuda pero solo un pequeño hilo de voz pudo salir de su garganta apretada, de pronto, como poseída y sin control de su cuerpo, su mano impregnada con la sangre de Luna subió contra su voluntad hasta su boca.

Nada más su lengua tuvo contacto con la sangre de su amiga, y sus glándulas gustativas empezaron a saborear el dulce sabor de ese vino de los dioses, una extraña energía recorrió todo su cuerpo, hasta concentrarse en su sexo, provocándole el mayor de los clímax que alguna vez haya tenido.

Su orgasmo fue tan fuerte, que sus jugos brotaron de su sexo caliente, empapando no solo sus pantis, sino toda la parte baja de su uniforme, mientras sus piernas temblaban presas de la liberación que había experimentado.

Al pasar los segundos y el meseta del placer iba decayendo, Hermione fue recuperando su vista, al tiempo que el dolor de cabeza que estuvo a punto de hacerla desmayar desaparecía tan rápido como había llegado.

La joven maga pudo levantarse, y antes que permitirse verla, la Directora McGonagall se detuvo frente a ella con una cara de terror y sorpresa, por ver a su mejor alumna lamer su propia mano llena de sangre cual depredador.

-¿Qué está haciendo señorita Granger?- Preguntó la Minverva sin poder ocultar su alarma, y ese extraño miedo que subió por su espalda, casi de forma instintiva, que la hizo de forma automática, llevar la mano hasta su barita, preparándose ante cualquier amenaza.

-Oh, Di, Di… Directora McGonagall, discúlpeme, venía a hablar con usted, pero me sentí mal de pronto.- Contestó Hermione primero con dificultad por estar todavía disfrutando los restos de la deliciosa sangre de Luna, sin percatarse todavía del rostro de terror de Minerva.

-Entiendo Granger, pero esa sang...- Se limito a expresar la nueva Directora de Hogwarts, pero un extraño brillo en los ojos marrones de Hermione, casi cambiando a un dorado intenso, la hicieron retroceder, mientras notaba como en vez de sentirse aterrada, se imagino a si misma saboreando esa sangre en la boca de su mejor estudiante.

-¿Esta sangre?- Es de la nariz de Luna Lovegood, choque con ella antes de entrar en la gárgola, solo intentaba quitármela con mi saliva.- Mintió la joven maga, intentando sonreír, pero aunque noto un poco de incredulidad en el rostro de Minerva, esta vez sí pudo sentir de alguna forma la excitación de su Directora, provocando repentinamente de nuevo un calor intenso en su sexo, pero no era deseo sexual, era otro tipo de ansias, más primitivas, más intensas.

Todo el cuerpo de McGonagall se electrifico, hacia muchas décadas desde que había sentido este tipo de deseo, pero pronto comprendió que no se trataba de algo sexual, era un hambre aun más primitiva, oscura, retorcida, que logro hacerla rememorar en centésimas de segundo su época de estudiante.

Dos cuerpos debajo de las sabanas en una de las camas de la Torre de Gryffindor, se entrelazaban entre gemidos ahogados, con temor real de ser descubiertas, pero entregadas al más puro placer prohibido.

Minerva y Priscilla se amaban como solo los adolescentes podrían hacerlo, y se besaban igual, con la más cruda pasión, casi hasta el punto de hacerse romper sus labios, sintiendo el incipiente sabor de la sangre.

Los dedos de Priscilla penetraban sin piedad el interior de la joven maga, y compañera de casa, Minerva, que a duras penas podía contener sus gemidos con los pasionales besos de su amante.

Cuando su orgasmo estallo, la vista de Minerva se nublo, y solo pudo recuperarla cuando sintió la lengua de Priscilla marcar cada una las pecas de su pecho, mientras acariciaba su ya gran y firme busto.

-Te amo Priscilla.- Dejo escapar Minerva de sus labios, era la primera vez que se lo decía a alguien, e inmediatamente sintió su rostro ruborizarse aun más de lo que su orgasmo había logrado, tapando su rostro con sus manos.

-Mine, déjame verte a los ojos.- Le contesto Priscilla con voz seria, autoritaria, pero al mismo tiempo cargada de una pesada ansia, como si fuera de un animal conteniéndose.

Como hechizada por la energía que liberó esa voz, Minerva dejo caer pesadamente sus manos hacia los costados, para ver a su amante agarrar una de sus manos y acercarla hacia sus labios, comenzando a besarla, primero de forma dulce, pero con los segundos se transformaba en un frenesí de lamidas.

Minerva nunca supo en qué momento su amante mordió su mano, ya que nunca sintió dolor alguno, solo pudo darse cuenta cuando el rostro de Priscilla se fue manchando de su propia sangre, mientras ella parecía lamerla y tragarla como si de un manjar se tratase.

Los ojos de Priscilla, de un suave y dulce jade, habían cambiando a un dorado intenso, que se mimetizaba con el color de su cabello, convirtiéndola alguien diferente de que había sido su amante durante todo este año en Hogwarts, más animal que persona.

El miedo de Minverva fue una especie de dotante, y cuando los ojos de Priscilla se juntaron con los suyos, su vista se vio negra, adentrándose en una oscuridad profunda, donde no existen sueños, solo vacio.

La joven maga, quien en el futuro se convertiría en Directora de Hogwarts, se despertó la mañana siguiente en su cama, como quien despierta de un extraño sueño, desorientada y muy confundida.

Lo primero que hizo fue buscar a Priscilla, pero estaba sola en la cama, bien arropada y sin señales de su amante. Lo que la hizo revisar instintivamente su mano izquierda en búsqueda de la herida que recordaba haber recibido por su mordida.

Pero lo que encontró le hizo recorrer un frio y profundo escalofrió en su espalda, las marcas de unos dientes, ya cicatrizadas, como si fueran ocurrido muchos años en su infancia, la hicieron entender que no fue una pesadilla lo que vivió la pasada noche con su amante.

Amante que nunca más seria vista en Hogwarts, ya que ese mismo día había partido por supuestas ordenes de su familia y más nunca la volvería a ver.

 

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