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5 min
Heroína y villano.
Suspense |
06.01.20
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Sinopsis

  Unos pasos apresurados arrancaron del sueño a la sobrina de González. La chica despegó la cabeza de la almohada para liberar su oído derecho, ahogó su respiración y escuchó.

  El tranco se transformó en corrida dentro de la casa, seguido del ruido de cosas que caían y golpeaban el suelo. Un ruido ronco le erizó el pelo de los brazos e hizo que se hundiera entre las sábanas. Mantuvo los ojos abiertos como platos clavados en la puerta de su dormitorio, esperando lo peor; pero no sucedió nada más esa noche. Sin dormir, esperó unas horas a la seguridad que le proporcionaba la luz del día para ir a ver.

  Se puso las pantuflas, tomó su gas pimienta y salió de la pieza. El corazón le rebotaba fieramente en el pecho, a punto de salirse en cada bombeo. Se mantuvo en silencio por si el delincuente seguía dentro.

  Lo primero que hizo fue cruzar el pasillo y abrir la puerta del primo al que cuidaba. Se encontraba durmiendo tranquilamente bajo las mantas. Aquello le trajo cierto alivio, pero debía investigar el resto de la casa, y eso sí que le daba miedo. Bajó las escaleras, gas pimienta en mano, y avanzó sigilosamente por el lugar. Casi cayó cuando le fallaron las piernas por lo que vio.

  La sala principal estaba desordenada, definitivamente había entrado alguien; y ella ahí sola, vulnerable. Tomó con más firmeza su aparatito, listo para lanzarlo a los ojos, y caminó pegada a la seguridad de la pared. Se asomó y vio a la cocina: las ollas estaban tiradas; los platos, rotos; los vasos, tumbados. Volteó y se dirigió en dirección al comedor. Un velador en el suelo, nada más. Fue entonces cuando vio la puerta abierta del garaje. Cautelosa y atenta ante cualquier sonido que delatara al invasor, se acercó a la entrada. Al estirar el cuello, vio que estaba todo vacío, todo normal, a excepción de la única ventana que había allí.

  Los vidrios estaban corridos. La ventana estaba abierta.

  Después de cerrarla y certificar que no había nadie en la casa, intranquila, se fue a su hogar a buscar el arma de su padre, quien también estaba de vacaciones junto a su tío, a quien le cuidaba la estancia. La cargó con municiones y se la llevó consigo.

  El día transcurrió sin mayores sobresaltos. Evitó contarle todo a su primo para no asustarlo. Nicolás era menor a ella y bastante asustadizo. Tampoco quiso avisar a su padre o tío para no preocuparlos. Era adolescente y su sentido de heroísmo estaba a flor de piel. No quiso siquiera leer el mensaje que le había dejado su tía en la mesa del living. Lo leería después, ahora no tenía tiempo para pavadas.

  La noche llegó, pero el sueño no. La tensión le prohibía cerrar los ojos y casi ni respiraba para que nada le perturbara los sonidos entrantes. La puerta estaba semiabierta para facilitar cualquier ruido. Acurrucada y con revólver en mano, esperó.

  Los pasos llegaron cuando los párpados ya le pesaban. Era noche cerrada y la brusquedad de la situación hizo que se le cayera el arma al suelo. La volvió a tomar y caminó hacia la puerta.

  Volvía a repetirse todo: las corridas desesperadas, los golpes, el ruido de las cosas al caerse. Salió al pasillo y bajó las escaleras, buscando el origen del sonido dentro de la seguridad que le proporcionaban las sombras. El enemigo era ruidoso y desordenado, ella invisible y muda. Y tenía la pistola. Siguió los destrozos y el barullo hasta la puerta del garaje. Estaba abierta. Del otro lado un ruido ronco y grave, casi animal, infundía en ella un miedo que jamás sintió. Por un momento casi se le desprendió el revólver de sus manos. Lo tomó fuerte y se asomó.

  Una sombra negra estaba en la ventana, con las manos en el vidrio y la cabeza fuera, hacia el patio. La sobrina de González dio unos pasos y quedó dentro. El invasor no pareció percatarse, seguía gruñendo y con movimientos desaforados. La luz de la luna le reveló lo que parecía ser la silueta de su cabeza. Ella no dudó y disparó.

  El ruido fue fugaz y explosivo y despertó un alarido. El bulto negro se derrumbó entre bolsas y artefactos. La chica corrió asustada a la seguridad de su dormitorio y cerró la puerta. Sonreía, por terror o por emoción, pero sonreía. Al otro día llamaría a la policía y diría que fue en defensa propia, ya lo tenía pensado. Pudo dormir a medias, pero más tranquila que la noche anterior.

  A la mañana siguiente se despertó y fue directo a ver el cadáver, pistola en mano, por las dudas. En la mesita del living, la hoja que había dejado su tía se movió por la correntada de aire que provocó su sobrina al pasar. El mensaje decía:

  “Siomara, Nico tiene un problema del que no quiere que nadie sepa, pero te lo cuento para que no te asustes. A veces, por las noches, se ahoga y se levanta corriendo como un loco, así que si encuentras cosas rotas o tiradas no te preocupes, acomódalas que yo después me encargo. Cierra la ventana del garaje si eso pasa, él sale siempre a tomar aire allí.

  Un beso y gracias. Tía Marcela.”

  Un grito de horror se escuchó en la casa, seguido de un disparo.

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  • Gracias Sere. Horacio, la pistola la va a buscar del tío, lo otro tenés razón, todo muy forzado y vago de mi parte. En relatos siguientes voy a corregirlo, muchas gracias por la observación che. Abrazo.
    Bien contada, interesante pero tiene varias incoherencias. El final es poco creible. Disparar por un ruido sí, pero de donde sale la pistola, que se guarde el secreto y no lo diga, que dispare y se vaya a dormir sin ver a que disparo, y pueda dormir tranquilamente para ver el cadáver en la mañana... Pienso en una situación similar, un disparo por accidente, un primo enseñándole la pistola del padre al otro primo y que se disparen por accidente por ejemplo, eso aumenta más la tención, lo hace creíble. O que descubran la pistola por accidente, jugando al escondite y luego entonces le dispare al tio por que se asusto (no por una enfermedad rara)
    Historia muy bien lograda. Me asustaste. Saludos
  • Microrrelato

    Un fragmento de los primeros capítulos. Aquí se menciona una parte del extenso debate calificado como alto secreto, que tiene lugar únicamente entre los presidentes de las repúblicas y la emperatriz, acerca de la desaparición de uno de los planetas del imperio de Jurnámeda de los registros de la red. Está sacado de contexto, por eso no puede tener mucho sentido. Sólo practico mi prosa.

    Sigo poniendo fragmentos del relato y practicando. Cualquier crítica es bienvenida. Pregunta para el que pueda. De poder poner la descripción física de Redael en este fragmento, ¿dónde creen que iría sin que el relato se ralentice o que parezca una descripción forzada? Gracias.

    Practicando mi prosa con pequeños extractos de una novela en proceso. No escribiré cuentos ni relatos, sólo veo este lugar como un buen sitio para practicar. Las críticas son más que bienvenidas, me ayudarían mucho.

    Practicando mi prosa con pequeños extractos de una novela en proceso. No escribiré cuentos ni relatos, sólo veo este lugar como un buen sitio para practicar. Las críticas son más que bienvenidas, me ayudarían mucho.

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Tengo 28 años y soy de Argentina. No soy escritor, pero siento la necesidad de contar una historia que hace muchos años tengo ganas de escribir. Quiero hacerla libro, pero necesito mucho trabajo para lograrlo. Planeo usar esta página para escribir cuentos cortos y extractos de una novela para mejorar mi prosa. Las críticas son bienvenidas.

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