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8 min
Hijo de puta
Infantiles |
13.04.20
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Sinopsis

~~Mi padre era un hijo de puta, sin ofender la honorable profesión de mi abuela. Proveniente de una familia muy pobre, se las arregló para casi no tener hijos; solo tuvo a mi papá. Lo sacó adelante, a él y a mis tíos, trabajando en las calles. Conmigo siempre fue buena, no le guardo ningún rencor. A mi “papi”, en cambio, tengo mucho que reclamarle.
¿Me quería? Talvez en algún momento de su vida sintió algo por mí y no me di cuenta. Para empezar, tengo pocos recuerdos de él y en su mayoría son negativos. Nunca me dio dinero y no le permitió a mi madre que me diera tampoco. Todo era un negocio para él, si yo quería comprarme algo tendría que ganármelo trabajando. Decía que podía volverme millonaria trabajando para él. Me daba un peso por lavar el baño y la regadera, un peso por aspirar toda la casa. Por los trastes de toda la familia, tres veces al día, un peso también. Haciendo esto, siete días a la semana, podría llegar a ganar 20 semanales y 80 al mes. No éramos pobres, como mi abuela, pudo haberme dado por lo menos 100.  A mis amigas les daban entre 50 y 100 semanales sin necesidad de trabajar en casa.
En mi cumpleaños no había fiesta, ni siquiera pastel. A mi madre no la culpo, pues le tenía más miedo a mi papá que yo. Recuerdo una vez que te una bofetada la tiró al sillón, no sé qué habría hecho mal la pobre. A mí no me tocaba en la cara, solo en las nalgas, pero no con sus manos. Le encantaba darme de latigazos con cables y cinturones. Según yo, a las niñas no se les pega, ¿verdad? Se les pega a los varones por hacer pendejadas. Yo era muy sumisa y me portaba bien, no sé por qué me pegaba. Todavía tengo una marca en la espalda, de cuando no le atino al culo. Me abrió la espalda, hijo de puta. Tendría yo unos 10 años, y fue por romper una ventana con la pelota. Desde ese día ya no volví a jugar futbol con los vecinos, lo bueno fue que no me volvió a pegar. Creo que se le pasó la mano por borracho, tomaba mucho. Desaparecía por un par de días y regresaba apestando a tabaco y alcohol, mujeriego de mierda. Mi madre le aguantaba eso y no sé qué tanto más. Tenía su encanto con las mujeres, más que guapo era de mucho hablar. Muy caballeroso y servicial, simpático y bonachón; en la calle, no en casa claro está.
No hubo más golpes pero la violencia aumentó. Le dio por amarrarme y encerrarme. Otro de sus castigos favoritos era asegurarse de que no comiera nada desde la mañana hasta el día siguiente. También había muchas burlas e insultos. Cuando mi cuerpo empezó a cambiar le entró un inmenso coraje. Decía que yo era una puta (talvez le recordaba a mi abuela), que toda la ropa se me veía mal y la única vez que me pinté con el maquillaje de mi mamá hizo que me comiera el labial. Ese era otro de sus castigos favoritos, que me comiera un pedazo de jabón, decía que me tenía que lavar la boca para no decir pendejadas.Mi madre y yo éramos presas en nuestra propia casa, y pese a la constancia no nos acostumbramos a vivir con miedo. Solo nos teníamos una a la otra, nos tenía completamente aisladas de ambas familias.

El único beneficio que le encuentro a su bizarro estilo de vida de doble moral (porque no ir a la  iglesia y portarse mal era pecado), es que soy muy limpia y ordenada. Ser sumisa no me ha traído beneficios en el trabajo ni en el amor; podría tener una pareja mejor y otro trabajo. En fin, gracias papá, supongo.
No recuerdo que me abrazara, ni que me dijera que soy bonita, ni que me quería. Nunca demostró interés en mí, ¿para qué carajos me tuvo? Seguro fui un accidente y se tuvo que quedar con mi mamá. Me tuvieron a sus 20, eran demasiado jóvenes.
No pude tener novio hasta que entré a la universidad, a escondidas por su puesto. Conseguí mi primer trabajo sola pero fue motivo de interminables discusiones, no de orgullo. Le molestaba que me estuviera volviendo independiente, que ganara mi propio dinero (dinero de verdad), y que su sirvienta se le fuera. Aunque ganaba el mínimo, ganaba mucho más de lo que él me daba. Ya no tenía que estar en casa y no me daba tiempo de lavarle su ropa ni hacerle de comer. Sábado y domingo sí, a barrer y trapear todo el día pero no era problema. Lo que me disgustaba de sobremanera es que me quitaba todo mi sueldo, solo me dejaba para los pasajes. Yo prefería eso a tener que ser su esclava. A mitad de la carrera logré que me ascendieran y me cambiaran el horario. Se apareció en la oficina exigiendo hablar con mi jefe pero los de vigilancia no lo dejaron pasar. Casi le da un infarto cuando se entera que ya no estaría en casa el fin de semana. También hablé con mi jefe y muy lindo consiguió que me pagaran con dos cheques, uno con el mínimo como siempre y el segundo con los aumentos y prestaciones.
 Me gradué pero no hubo celebración alguna, ni siquiera un “felicidades”, sin embargo fue el día más feliz de mi vida. Mi supervisor, que era mi novio, me ayudó a mentirle a mi papá con los tres últimos cheques y el aguinaldo. Dijo que la empresa no tenía fondos y que no podían pagarme. Mi papá se apareció en la oficina cada quincena, para cobrar, pero no le dieron nada. La última vez dicen que fue con un abogado pero yo ya no trabajaba ahí. Mi novio confesó haberme ayudado para que no me quitara el dinero de esos tres meses y el aguinaldo. Lo agarró a golpes del enojo y los de seguridad lo detuvieron hasta que llegó la policía.
Con mis ahorros escondidos, los tres meses completos y el aguinaldo, pude irme a vivir sola. Era un cuartito muy feo en una vecindad junto a la universidad, pero era mío y por fin era libre. Ni a mi madre le dije a donde me fui ni donde trabajaba porque mi papa se lo hubiera sacado de una forma u otra. A mi mamá le hablaba a escondidas, desde la primera vez me pidió que no se me fuera a ocurrir regresar nunca. Y le hice caso.
Poco a poquito, paso a pasito, y con la ayuda de aquel supervisor que ahora es mi esposo, conseguí trabajos mejores y casas más decentes. Tuve la ilusión de que mi papá muriera antes que mi mamá y poder volver a verla pero no, la vida es una puta perra. Mamá murió y no pude ir a su funeral, ni siquiera con mi esposo y mis dos varones adolescentes me sentí protegida; no podía pararme frente a él. Pensé que nunca más lo volvería a ver, que él moriría y no me enteraría, pero empezaría a olvidarlo en algún momento.
Hace unos meses recibí una llamada del asilo, hubo un problema legal y financiero, no entendí bien. La cosa es que ya no podía seguir en el asilo. Querían que yo pagara el adeudo y que me hiciera cargo del enfermo vejestorio. Estaba en silla de ruedas, no podía hablar y le temblaba una mano, qué bueno. Me es difícil cuidarlo por el trabajo. Salgo corriendo en las mañanas con mucha prisa, no me da tiempo de darle de desayunar. Si mi marido sale después que yo le deja prendida la tele o el radio, yo no porque no pienso gastar en él más de lo necesario. Al llegar tengo que limpiarlo un poco porque esta todo mugroso y su cuarto apesta. Está en la azotea, allá no nos molestan sus ruidos ni su olor. Le quito toda la ropa y lo mojo con la manguera, no diario porque me pesa cargarlo. Eso sí, todas las noches antes de dormir le hago su sopita de jabón con verduras.

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Mexicano viviendo en Japón, gozando de mis dulces 16 (por segunda vez), godin deprimido, rapero frustrado, comediante serio, escritor (bastante malo [maligno, no mediocre]{creo}) Antes escribía puro terror, pero estos últimos años me ha entrado un calorcito que me obliga a escribir puras cosas cachondas, aunque de vez en cuando se me sale el demonio. Solía estar muy activo en esta red pero me cambié de trabajo. Ahora gano mucho dinero pero casi no tengo tiempo libre. También me dio por dibujar más que escribir, casi todos los días dibujo. Checa mi instagran: orashiosensei

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