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6 min
Historias de un Enfermo - Parte 2
Drama |
15.10.16
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Sinopsis

La segunda parte de la historia de nuestro personaje, en la que se da el desenlace de las penas y lágrimas. La redención puede ser buscada en uno mismo, si no es demasiado tarde para descubrirlo.

Me encontraba ya en los cielos del estado de Nevada, el cual en su mayoría era desértico. Mis pensamientos sobre qué haría en este lugar me agobiaban un poco, aunque me pude percatar de que, al querer iniciar una nueva vida, tendría que dejar atrás muchos de mis recuerdos más preciados.

Cuando llegué al aeropuerto de Nevada, uno de las personas que esperaban en suelo, tenía un cartel con mi nombre: “Robert Hudson”. “¿Alguien ya esperaba mi llegada?”. No sonaba lógico, puesto que no tenía ningún conocido por estos rumbos, decidí acercarme a aquel hombre:

-Disculpe, ¿Usted me conoce?

-Sí señor, lo conozco- afirmo el hombre.

-¿Pero cómo es que yo no lo conozco de ningún lado?- le pregunte algo temeroso.

-Es que yo soy el hermano de tu esposa, ella me dijo que vendrías a Nevada.

-¿Mi esposa? ¿Y eso cuando ocurrió?

-Ella me avisó un día antes de fallecer que vendrías por estos caminos.

-…

-Mi nombre es Johnson, aunque puedes llamarme John.

-Mucho gusto John, mi nombre… pues lo tienes en el cártel.

-Oh cierto, discúlpame. Ahora te llevare a mi casa.

-¿A tu casa? ¿No crees que tu familia me vera raro al ver un desconocido? (Le decía esto a John porque yo nunca visitaba a los familiares de mi esposa, mucho menos a sus padres, la única vez en que los vi, fue cuando me casé con ella).

-No te preocupes Robert, mi esposa y mis hijos no están en casa, se fueron a San Diego.

-¿Por qué? ¿Qué ocurrió?

-Nos divorciamos hace unos 2 meses, ella se llevó la custodia de mis hijos y decidió llevárselos con sus padres.

-Lo siento mucho, John.

-Pierde cuidado, mejor vámonos, ya casi no hay nadie.

John me llevo a su casa, un poco preocupado le pregunte:

-¿Qué ocurrió esa vez que mi esposa te llamó?

John se quedó callado unos momentos y me preguntó:

-¿Te has dado cuenta de cómo aquellos cuervos se encuentran sentados en ese cable?- me respondió.

Tratando de seguirle la corriente le dije:

-Sí, ya los noto.

-Ahora, ¿Ves cómo otro cuervo se aproxima y se sienta junto a la pareja de cuervos?

-Aja…

-Uno de los cuervos de la pareja se despide del otro cuervo que recién llegó… y se va.

-¿Y eso que tiene que ver?

-Es simple, el cuervo que recién llegó era familiar de la que se fue, pero lo que no sabes, es que la hembra ya no volverá, ella tomara otro rumbo.

-¿Y por qué no se despidió de ella el cuervo macho?

-Porque nunca la apoyo cuando más lo necesitaba.

Yo me quedé sin palabras, silenciado por aquel temor que deje hace tiempo. En ese momento, mis pensamientos bañaban mi realidad, casi podría jurarles que estaba trastornado. Quise mantenerme fuerte, pero no pude evitar el derramamiento de una de mis odiosas lágrimas.

Después de pasar un tiempo en la carretera, John se detuvo en un estacionamiento cercano a un poblado, que desde lejos, se veía despoblado. Él decidió a llenar el tanque de gasolina:

-Espera un momento aquí, no tardo. – me dijo mientras se bajaba del coche.

John llenaría el tanque, no sin antes comprar un cigarro en la tienda, típico de un conductor nocturno (aunque también podría ser un capuccino o café). Después de unos 10 minutos, John regresaba con su cigarro en mano, lo cual me hacía suponer que querría quedarse un rato más mientras se terminaba el cigarro. Sin embargo… él siguió.

-Y dime Robert, ¿Cómo te sientes sin la compañía de mi hermana?

-No sé cómo explicártelo… Se siente como si mi pequeño mundo se inundara por completo, sin dejar ningún hueco.

-Créeme… te entiendo. Yo algunas veces soñaba con el regreso de Ana, pero sé que eso nunca ocurrirá.

De repente, el teléfono celular que tenía en el bolsillo derecho (el cual ni siquiera sabía que lo llevaba en ese lugar)  comenzó a sonar… el número me era familiar:

-¿Bueno? ¿Quién habla?

-Amor, ¿Dónde estás?

“Imposible”. Era mi esposa… quede paralizado, no podía moverme. Al voltear a ver a John, lo único que notaba era como sus labios se movían, pero no sabía lo que decía.

Lo último que recuerdo, es que vi como dos luces impactaron con el coche de John, y de ahí. Mi memoria se borró.

Ahora, después de 4 meses de estar en el Hospital, me encontraba en un estado crítico de salud. Me habrían diagnosticado cáncer, y si… era maligno. El doctor me dijo:

-Señor Robert, yo sé que usted sabe lo que ocurrirá después de que usted salga de aquí… ¿No está asustado?

-Doctor, siempre estuve asustado, lo estuve cuando mis padres me abandonaron después de los 5 años, me asusté cuando deje de escuchar la voz que siempre me daba los ánimos de vida… así que… ¿Por qué debería temerle a algo que es normal, y que es algo que yo me merecí?

-¿Está escuchando lo que está diciendo señor Robert?

-Sí doctor, todo lo que digo es verdad y sincero, usted ya hizo lo que pudo, solo me queda vivir lo que queda.

A la mañana siguiente, mis ojos comenzaban a cerrarse, y de ahí, me encontraba en un pasadizo de árboles, por el cual caminé hasta llegar al final, donde me encontré con alguien, de quién me había impresionado encontrar:

-Disculpe, ¿Usted quién es?

-Hola Robert, yo soy tú.

-¿Tú eres yo?

-Sí Robert, o al menos, eso es lo que me he dicho toda la estancia en este lugar.

-Por cierto, ¿Qué es este lugar?

-¿Este lugar? Este lugar es donde las personas tienen un tiempo de reflexión… aquí es donde pasan el tiempo necesario para redimir sus culpas.

-¿Culpa?

-Mira Robert, es sencillo. Lo único que deberás hacer, es sentarte en aquel árbol, y reflexionar todo lo que hiciste en vida.

Seguí las indicaciones de “mi otro yo”, y me senté cerca del árbol. Al momento de sentarme, sentí como unas enredaderas me tomaban de las manos y las piernas… llego la hora.

Caí en un lugar oscuro, ahí, lo único que observé fueron las escenas de mi esposa, lo peor de todo, era que, la veía llorar. No podía hacer nada. No podía moverme. Quería ayudarla, hasta que… John llegó y la abrazó, ella lo miró con un cariño. Ese cariño que nunca pude ganarme, los dos se fueron por un sendero de árboles verdes y flores, todo desapareció, solo para alumbrar un espejo frente a mí, revelando lo que me sostenía de mis extremidades, fue extraño… solo miré mi propio reflejo…

 

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