cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

9 min
Historias del Hotel Rejas (Cap. XV)
Reales |
24.01.21
  • 5
  • 0
  • 347
Sinopsis

Historias basadas en hechos reales, datadas en los años setenta y principios de los ochenta

En un rincón del patio, el Alegría jugaba a pelota vasca de pareja con el Pipo, un argentino alto y atlético, de nariz ancha y manos enormes, que había sido guardaespaldas de un oficial de Videla. Un atraco frustrado en Barcelona le convirtió en huésped del Hotel Rejas.

Entre párrafo y párrafo de los Episodios Nacionales, me detenía a observar ese partido, en el que la pareja rival, compuesta por el Púa y el Kiki -delgaduchos y sin suficiente fuelle pulmonar de tanto fumar-, tenía poco que hacer.

Esa mañana, antes de salir al patio, pasé por la biblioteca a buscar el número 9 de los Episodios, Juan Martín el Empecinado. Me detuve en la puerta, a la espera de que Santiago Cogollo, el bibliotecario, hiciera una pausa en su tarea y me atendiera. Me observó durante un par de segundos, pero no dijo nada y siguió concentrado en su actividad artística.

Ya está aquí este mozalbete. Es uno de los que leen más rápido de entre los usuarios que tengo. Es increíble el parecido que tiene con mi hijo. Aunque un poco más joven que Ramón, eso sí. De todas formas, no puedo fiarme de él. Ni de nadie. Puede que sea un enviado de ellos… Aunque parece buena persona… No sé. Lo pondré a prueba.

Dejó el lápiz y, levantando lentamente la cabeza, me dirigió una sonrisa oblicua

- Buenos días, caballero. Veo que me trae ya el Episodio número ocho... Pero, pase, pase…  -dijo levantándose. Ahora le entregaré el siguiente. Sin embargo, antes de ello, déjeme que le haga una confesión que usted deberá mantener en absoluto secreto…

Sus labios volvieron a dibujar aquella inquietante sonrisa. Se movió hacia mí, pero se limitó a entornar la puerta, para que lo que me iba a decir no llegara a oídos de posibles curiosos. Me sujetó de un brazo con suavidad y, acercando su cabeza a mi oreja derecha susurró:

- Como ya le comenté el otro día, hay quienes desearían acabar conmigo. No podrán, estoy convencido de ello. Pero verá, si las cosas se ponen muy feas siempre me queda este recurso.

Sacó un paquete minúsculo de su bolsillo y empezó a desenvolver el papel de periódico para enseñarme el contenido.                                                      

- Ve, caballero -dijo mostrándome una hoja de afeitar que refulgió a la luz que entraba por el ventanuco. Me cortaría las venas de un tajo preciso. No me cogerán con vida, esos estúpidos. Se lo comento porque tengo la intuición de que usted no me traicionará. Si los funcionarios se enteran de que tengo esta cuchilla, que es mi vía de escape -enfatizó-, me llevaran a una celda de la quinta galería, sometiéndome a un aislamiento riguroso que me dejaría indefenso ante las fuerzas que me hostigan.

- No se preocupe usted. No pienso decir a nadie ni una palabra sobre este asunto – expresé, con la esperanza de poder abandonar la biblioteca de inmediato.

- Eso espero – manifestó, al tiempo que me entregaba el número 9 de Los Episodios Nacionales.

El Alegría, tras finalizar el juego, se despidió del Pipo con un apretón de manos y vino a sentarse junto a mí. Después de resoplar un rato, sudando a chorros, se bebió de un trago una botella de agua.

- Buen partido -dije. A lo que asintió con un movimiento de cabeza, pues aún no había recobrado el resuello.

En ese punto se nos acercó el Brasileño con su micrófono imaginario en ristre, imitando la voz del locutor del No-Do.

- Noticias para todo aquel que quiera estar al día de lo que pasa en el mundo. No sé si ustedes saben que Richard Nixon, el único presidente de los Estados Unidos que tuvo que dimitir del cargo, se había criado en una familia pobre. Así fue, estimados radioescuchas. Falto de afecto por parte de su padre y con una madre profundamente religiosa, creció solitario, desconfiado y vengativo…

- Coño… -dijo el Alegría. A ver si voy yo a llegar a ser presidente, que ese Nixon se parece a mí. Ja, ja, ja…

- … Nixon accedió al cargo de Senador por California en 1950 -prosiguió el Brasileño-, tras una campaña en la que se ganó el apodo de “Trichy Dick” (Dick el Tramposo). Y ¿saben ustedes en qué consistió una de sus muchas trampas? Nuestra redacción en Washington nos ha informado de que Nixon organizó el envío de miles de postales de apoyo a su contrincante, Helen Douglas, todas ellas con la firma falsa de la Liga Comunista de Mujeres Negras, produciéndose en los medios de comunicación un gran alboroto, orquestado por el Partido Republicano de Tricky Dyck

- Menudo pieza, ese tío -dijo el Alegría, que iba recobrando el aliento.

- … Y recuerden -continuó el Brasileño, impostando ahora una voz más aguda-, tenemos ya a la venta la deliciosa gaseosa La Casera, la marca que recordará con placer al beber…   

Dicho lo cual, el Brasileño se alejó con su perorata para seguir informando al resto del patio.

- Oye, Alegría, ¿por qué has dicho antes que Nixon se parece a ti? -pregunté.

- Pues porque yo también he tenido una infancia dura… No me gusta hablar de ello, pero te diré que desde los cinco a los trece años estuve interno en un centro del Auxilio Social de Barcelona…

Ante mi expresión de asombro continuó su relato.

- Mi padre trabajaba como peón de albañil y en 1962 murió en un accidente laboral. Cayó de un andamio. Mi madre no podía hacerse cargo de mí y de mis tres hermanas. Tampoco teníamos aquí más familia… Total, que me metieron interno en ese centro.

- ¿Y a los 13 años volviste con tu familia?

- Eso quería yo, pero que va… Los curas que dirigían el internado me vendieron por 50.000 pesetas a un señor que tenía tierras y ganado en el Pirineo de Huesca, cerca de Aínsa, para trabajar cuidando ovejas y vacas a cambio de la comida. Medio esclavo, me tenía. Pero, con todo, prefería esa situación a la que tenía en el centro de los curas, donde eran habituales las humillaciones, los insultos, las palizas, los abusos sexuales…

- Pero… ¿tu madre estaba de acuerdo en que te llevaran a Huesca? -le pregunté asombrado.

- A mi madre le dijeron que yo iba a estar muy bien en ese sitio y que, además, aprendería un oficio y bla, bla, bla… Total, que a ella ya le pareció bien. Se dejó convencer.

- ¿Y estuviste allí mucho tiempo? -interrogué

- Un par de años. Harto de tanta soledad y del mal comer, me largué de allí a los 15 años, sin despedirme. Pensé que el tío aquel no me podía denunciar, porque hubiera llevado las de perder ante un juez.

Cuando volvió al barrio, el Alegría se encontró sin estudios ni oficio. Su hermana mayor trabajaba en una fábrica textil, de la que volvía cada día exhausta por tantas horas de estar de pie y con el ruido ensordecedor de los telares. Le pagaban una miseria. Su madre limpiaba casas y las dos hermanas menores aún estaban en edad de ir a la escuela. Total, que la economía familiar daba justo para sobrevivir. Así que el Alegría comenzó a ir con otros jóvenes del barrio en situación similar a la suya y no tardó en caer en la delincuencia.

- Mira, mira – me dijo el Alegría dándome un codazo. Ahí va el Ceferino. Desde que lo echaron del puesto de peluquero lleva una rabia encima que paqué. Va buscando alguna manera de vengarse de los que firmaron el escrito para que lo sustituyeran.

- Pues yo fui uno de los que firmó… -comenté.

El Alegría se fue a las duchas del patio mientras yo intentaba concentrarme en la lectura. Pero la conversación que habíamos mantenido, me llevaba a reflexionar sobre los itinerarios por los que nos lleva la vida.

Las secuelas de las heridas del alma son las que más duelen. Las del cuerpo cicatrizan pronto, pero las otras, las que no se ven, en muchos casos, no se cierran nunca. De repente, el recuerdo del primer día de escuela, con seis años, me viene a la memoria. Al llegar la hora del descanso para salir al patio me fui para casa -entonces aún no sabía qué era eso del recreo. Mi madre estaba lavando ropa y al verme me preguntó extrañada que cómo es que volvía tan temprano.

- Porque nos ha dicho el maestro que ya podíamos salir.

En esas estábamos cuando llegó mi padre, que trabajaba de albañil en una obra cercana. No atendió a razones. Me cogió de una oreja y me llevó hasta la escuela, distante a unos diez o doce minutos caminando. Pero no fue eso lo peor. El maestro, un cura dominico con sotana, me puso unas orejas de burro, me llevó a la clase de las niñas, me hizo subir en una silla y dijo con su voz aflautada:

- Aquí tenéis a un burro, bueno, a un burrito, que se había ido para su casa antes de finalizar el horario escolar.

El estrépito de las risas de todas las alumnas consiguió arrancarme una buena cantidad de lágrimas, producidas por un sentimiento de incomprensión, rabia e impotencia.

Sí, evidentemente – y sin ánimo de comparar este episodio de mi infancia con la dura experiencia vivida por el Alegría-, las secuelas de las lesiones del alma son las que más duelen.

(Continuará…)

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Educador social y maestro. Humanista y luchador contra las injusticias

Tienda

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta