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19 min
Holy Shit
Varios |
21.12.19
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Sinopsis

No sabemos de dónde van a surgir los verdaderos héroes

(CRISIS)

Los aprietos económicos que se sucedían a nivel mundial estaban haciendo estragos con la prospera Boobiesland. Esta rica ciudad que se había ubicado entre las más progresistas metrópolis del orbe (gracias al floreciente negocio del uranio y al más desinhibido ejercicio de la prostitución) se encontraba padeciendo por primera vez en su historia  una hambruna desmesurada que ni en sus más remotas pesadillas habría podido imaginar. Era una situación calamitosa, pues, este grave problema sólo podía despertar entre los nobles ciudadanos el más grande de sus temores: No poder follar por culpa del hambre (y, de continuar dicha crisis, pronto se estaría declarando el estado de emergencia).

Pese a esto, en uno de los hogares de Boobiesland la preocupación era otra. Hunter Baby´s y Maxy Pussy (una pareja de lesbianas) se encontraban al borde del divorcio, puesto que no habían logrado realizarse en su vida conyugal de manera plena. Hunter Baby´s (la machorra de la pareja y más estéril que un par de guantes quirúrgicos recién comprados) quería ser madre-padre, pero Maxy Pussy (una hermosa campesina analfabeta que poseía los labios vaginales más carnosos que los de la boca de Angeline Jolie) todavía no le había dado el hijo que tanto deseaba, ni se había convertido en la madre-madre que había jurado un día llegar a ser.

Maxy Pussy, con tal de salvar su matrimonio le había propuesto a su mujer-marido que le permitiera salir desnuda a la calle para que algún alma caritativa la fertilizara. Sin embargo, Hunter Baby´s presa de los celos (al imaginar que otro le introduciría lo que la naturaleza o la radiación no le había concedido tener) se negaba a acceder ante tal insinuación. Ella tenía otro plan que, según su opinión, les permitiría tener el hijo que tanto deseaban sin necesidad de permitir que otro se comiera lo que le pertenecía.

(PLAN)

 Al llegar una noche del trabajo, Hunter Baby´s, (quien se dedicaba a la noble tarea de hacer malabares con un ula-ula en el cuello, durante el día, en las calles de Boobiesland) le pidió a su mujer-mujer que se vistiera completamente de negro y que cortara las mangas de un par de medias pantys que habían pertenecido a su tatarabuelo (en la época en la que los travestis usaban medias pantys). Maxy Pussy obedeció sin reparos. Luego, Hunter Baby´s le explicó (paso por paso)  a su mujer- mujer lo que estaban a punto de realizar: Juntas irrumpirían en un banco de esperma de Boobiesland, ubicado en la esquina de la calle Gangbang con la avenida Scooby Doo. Ambas se cubrirían el rostro con las mangas de las medias pantys. Robarían un contenedor de esperma. Saldrían corriendo del recinto cantando a voz en cuello la canción ¿Estrellita dónde estás? Luego, llegarían a su casa, se limpiarían bien los pies en el felpudo que decía bienvenidos, entrarían en la casa y ella misma buscaría la manera de introducirle en la vagina de labios carnosos el abundante y cremosos líquido fertilizante, así, en un acto de amor, ambas concebirían el hijo que tanto habían anhelado y su matrimonio se salvaría.

(EJECUCIÓN)

Esa noche la pareja salió con gran ilusión a asaltar el banco de esperma de Boobiesland, ubicado en la esquina de la calle Gangbang con la avenida Scooby Doo. Todos los pasos se efectuaron al pie de la letra (todos, menos el de cantar ¿Estrellita dónde estás? Puesto que a última hora decidieron que sería mejor  entonar la canción de Cucurucu. Esa que dice: “Cucurucu se perdió en un monte muy oscuro, su abuelita lo encontró con su dedo dentro el…”). Ambas sonreían agarradas de las manos mientras, entonando su canción preferida, iban corriendo cual niñas traviesas escondiendo el contenedor de esperma congelado (que bien semejaba un tarro de cremoso helado de mantecado de tamaño familiar).

Al llegar a la casa no había tiempo que perder. Maxy Pussy se despojó de sus prendas de vestir y se acostó en el diván de la sala cual maja desnuda, pero con las piernas abiertas. Mientras tanto, Hunter Baby´s descongelaba presurosa el tarro de esperma congelado en el horno de microondas. Luego de probarlo a ver si estaba fresco, Hunter Baby´s introdujo en la vagina de labios carnosos de su amada mujer-mujer (con la ayuda de una manga pastelera) todo el contenido -valga la redundancia- del contenedor (pues, consideraba que era mejor que sobrara y no que faltara). Después de ver concluido con éxito su plan, ambas se quedaron dormidas abrazadas tras uno de los  actos del más incondicional amor.

(PARTO)

En menos del tiempo esperado, Maxy Pussy se vio encarando los dolores propios de una parturienta. La pareja de lesbianas no salía del asombro. Era un milagro. Pronto serían una madre-padre y una madre-madre muy felices. Su vida desde ahora sería en realidad plena. No veían la hora de arrojarles, por la ventana de su departamento, los pañales cagados de su retoño a los transeúntes desprevenidos que caminaran por la acera del edificio Colmena (en donde estaba el pequeño departamento, tipo closet, en donde vivían Hunter Baby´s y Maxy Pussy). Ambas, con gran ilusión,  tomaron un taxi en la calle Amy Winehouse y se dirigieron con presteza a la clínica de partos.

Las cosas marchaban bien hasta que en el momento del nacimiento Maxy Pussy empezó a quejarse de unos dolores espantosos. Ella decía que sentía como si el crío que llevaba en su vientre le atizara con una especie de puñal las paredes de su útero.

El momento del alumbramiento no pudo ser más oscuro. El médico y las enfermeras jamás habían tenido que trabajar tanto en una labor de parto. El chaval (o lo que fuera que tuviera esa infeliz mujer en su vientre) emitía unos chillidos tan infernales y se contorsionaba del tal modo que por momentos llegaron a creer (el médico y las enfermeras) que Maxy Pussy, esa hermosa campesina analfabeta de labios vaginales más carnosos que los de la boca de Angeline Jolie, era la madre de alguna especie de Alienígena que había infectado su cuerpo.

Sin embargo, nada de lo sucedido hasta el momento podía compararse al atroz espectáculo que minutos después el medicó, las enfermeras y la consternada Hunter Baby´s tuvieron que presenciar (no nombramos a Maxy Pussy puesto que, sin que los presentes se hubiesen dado cuenta, hacía horas que había muerto).

(HOLY SHIT)

El hijo de Maxy Pussy y Hunter Baby´s se abría paso a mordiscos por la otrora pequeña pussy de Maxy Pussy. Los presentes podían ver como lo que parecía ser un pequeño hocico mordía sin compasión los hermosos labios carnosos de la vagina de Maxy Pussy.  Luego, calamidad, dos colmillos a manera de cuernos aparecían dando lugar a la visión más espantosa que esta gente hubiese podido ver en su vida llena de trasnochos, sexo inseguro y drogas. Sin temor a ofender a nadie, sin consideración por la muerta que creían viva y sin pensarlo siquiera, todos (médico, enfermeras y hasta la misma Hunter Baby´s), gritaron al unísono un largo y tembloroso ¡HOLY SHIT!

Sí, había nacido Holy Shit, una especie de mulato mitad niño y mitad cerdo o más bien jabalí. Su cuerpo era menudo y delicado como el de las crías humanas, pero su cabeza, rostro, nariz, ojos, hocico, toda mierda del  cuello para arriba, incluyendo esos enormes colmillos, eran característicos del rostro de un maldito cerdo.

Hunter Baby´s inmediatamente recordó lo que le había ocultado meses atrás a su amada Maxy Pussy. Ella, en su afán de no permitir que nadie se comiera lo que le pertenecía con el utensilio que la naturaleza, o quizás la maldita radiación, no le había permitido tener, no le había revelado a su amada, ahora muerta, que el banco de esperma ubicado en la esquina de la calle Gangbang con la avenida Scooby Doo, no era un banco de esperma humano. No, este era el banco de esperma del criadero de cerdos de la carnicería más famosa de toda Boobiesland (debido a que de forma extraña todos los cerdos que nacían en los corrales eran siempre hembras, los dueños de la carnicería fundaron el primer banco de esperma de cerdo de todo Boobiesland. Orgullosos se jactaban de que eran los únicos dueños de litros y litros de esperma de cerdo, todo este, obtenido del único cerdo macho en estado de cautiverio que era de su propiedad. Babe, un viejo cerdo que había sido de joven una galardonada estrella de cine, vivía ahora permanentemente conectado a una máquina masturbadora que le extraía de forma inalterable todo el líquido fertilizante que sus viejas y cansadas bolas producían. Era obvio que esta carnicería manejaba el monopolio de la carne de cerdo, poniéndole precios tan exuberantes que la gente de Boobiesland no tenía en esa época de crisis como comprar ni media chuleta. Por tanto, los avaros propietarios prefirieron paralizar la producción de carne, más no la de esperma, hasta que la situación económica mejorara).

Pobre Maxy Pussy, ni pensar que había amado con locura loca a la maldita Hunter Baby´s. Claro, resultó fácil engañar a esa hermosa campesina analfabeta, cuyo único mérito en la vida era el estar demasiado buena y el de tener los labios vaginales más carnosos que los de la boca de Angeline Jolie. Si tan solo hubiese pensado un poco. Si tan solo el amor no le hubiese nublado el entendimiento (eso en el caso de que lo tuviera), Maxy Pussy se habría dado cuenta que en una ciudad como Boobiesland, en la que resultaba sumamente sencillo ser fertilizada en la calle por cualquier ciudadano con tan sólo pedírselo, un banco de esperma humano era algo inexistente. Pero, como la ignorancia se paga con sangre, Maxy Pussy había aprendido la lección demasiado tarde.

(HUIDA)

Hunter Baby´s presa del miedo, del horror, del asco por sí misma y por lo que acababa de presenciar, y sabiendo que no tenía tiempo que perder, sin mucho pensarlo, salió disparada de la sala de partos antes de que el médico y las enfermeras reaccionaran y dieran aviso a las autoridades. Ella sabía muy bien que en Boobiesland existía una ley que estipulaba que la única manera de reproducirse era mediante el folle. Nada que fuera ajeno a este acto estaba permitido, y quienes se atrevieran a desobedecer serían castigados con cadena perpetua.

Hunter Baby´s estaba perdida. Ella sabía que no tendría escapatoria. Era el final. Con resignación entró en las instalaciones de subterráneo de Boobiesland (exactamente en la estación Easy Orgy)  y sin mucho pensarlo se despidió de la vida. Se despidió de Boobiesland. Se despidió en su corazón del engendro horroroso que quedaba con vida, pero que en sus genes llevaba parte de su amada Maxy Pussy. Lloró por Maxy Pussy. Le pidió perdón a Maxy Pussy. Ella no quería que eso ocurriera. Todo estaba planeado a la perfección. No entendía el error. Para Hunter Baby´s los hombres y los cerdos siempre habían sido la misma mierda, así que no concebía que su plan hubiese podido salir tan mal. Hunter Baby´s presa de la más desoladora – valga la redundancia- desolación, miró vagamente a su alrededor y se arrojó sin mucho pensarlo a los rieles del tren en cuanto vio que éste se aproximaba a gran velocidad…

Pero como de este mundo no se puede ir nadie sin pagar la cuenta, Hunter Baby´s inexplicablemente  no murió. Con tan sólo unos rasguños (Hunter Baby´s perdió ambos brazos y ambas piernas) Hunter Baby´s fue llevada a la clínica de remiendos de la ciudad de Boobiesland. Era penosa su nueva situación, pero la ley era la ley y Hunter Baby´s debía pagar caro por su error. Sólo bastó a que se recuperara para que las fuerzas del Estado reclamaran el inmediato encarcelamiento de aquella que se había atrevido a quebrantar la sagrada ley del folle.

Sin embargo, Hunter Baby´s, aunque aceptó de forma estoica el tener que pagar por su mal, abogó por sus derechos sexuales. Ella no aceptaría jamás que la encarcelaran en una prisión de mujeres. Ella era un hombre que por error de la naturaleza, o quizás por la maldita radiación, había nacido en el cuerpo de una mujer. Así que exigía que se le encarcelara en una prisión masculina. Las autoridades, luego de discutirlo, y temiendo que las ONG que defendían los derechos sexuales de las personas que habían nacido en el cuerpo erróneo fueran a tomar alguna acción en contra de la jurisdicción de Boobiesland, decidieron por unanimidad que Hunter Baby´s sería encarcelada en la prisión masculina de máxima seguridad de la ciudad de Boobiesland.

(CAMBIOS)

Cabe señalar que la llegada de Hunter Baby´s a la prisión masculina de máxima seguridad de la ciudad de Boobiesland generó grandes y positivos cambios. Si poder explicarlo, los presidiarios que anteriormente se mostraban violentos y degenerados, empezaron a mostrarse más amables y sonrientes. Inclusive, se acabaron los actos de sodomización de los presos más débiles. Era un milagro. Era obvio que Hunter Baby´s (aun sin brazos y sin piernas) estaba cumpliendo la misión de su vida. Todos los presos la adoraron. La amaban tiernamente. Todos querían dormir con ella. Tanta era la exigencia de esto que incluso se empezaron a turnar en grupos de tres para velar los sueños de Hunter Baby´s, a quien de forma cariñosa desde el primer día que llegó a la prisión comenzaron a llamarle “Las tres golosinas” (tal vez porque su dulzura era tres veces mayor a la de cualquier ser humano, o tal vez no).

(HOLY SHIT)

Mientras tanto, Holy Shit se quedaba solo en la vida. Nadie ama a los engendros, así que solitario vagaba por las calles de Boobiesland revolcándose en cuanto chiquero encontraba. Era muy joven para comprender lo que sucedía. Todos los días se quedaba dormido tras decir con añoranza y ternura la palabra “mami”.

Los años pasaron, pocos, pues los niños-cerdos crecen rápido, y Holy Shit seguía solito. Nadie se reprimía de demostrarle el despreció que su cara de cerdo con colmillos tipo jabalí producía. ¡Oh, infelices ciudadanos de Boobiesland! sí tan sólo supieran que este pequeño niño con cara de cerdo era nada más y nada menos que el hijo de Babe, el cerdito  tierno que un día caminó también solito por la ciudad.

(CARIÑO)

Sólo un ser viviente le demostró en una ocasión cariño a Holy Shit. Era un pequeño perrito negro, de la raza que suelen llamar del diablo, que le batió la colita tiernamente a Holy Shit cuando éste se disponía a tomar algunos alimentos del basurero del callejón que quedaba al final de la calle Adidas. Sin embargo, Holy Shit que a su tierna edad no entendía de cariños, destripó, desolló, y desparramó el cuerpo del pequeño perrito del diablo por todo el lugar (era asqueroso ver eso), puesto que, seguramente  Holy Shit presentía que ese movimiento de cola (tal vez de forma instintiva) le iba a acarrear una terrible desgracia.

(PLAN)

Holy Shit estaba cansado de sufrir. La ciudad que llegó a amar le cerraba las puertas por ser medio cerdo ¿es que acaso nadie recordaba que también era medio humano? Todo el desprecio, todo el prejuicio, todas las vejaciones y  necesidades que sufrió terminaron por convertir el alma inocente  de Holy Shit en una fuente de amargura. Ahora sólo deseaba algo. Deseaba la venganza. Con presteza planeó – valga la redundancia- un plan que no podría fallar. Él, Holy Shit, se internaría en los bosques que circundaban a la próspera, ahora en crisis y hambrienta, Boobiesland. Buscaría a todos los cerdos salvajes que encontrara, a fin de cuentas también ellos eran sus parientes, y los entrenaría para llevar a cabo la empresa más colosal de toda la historia de Boobiesland. Él, Holy Shit, junto a su ejército de cerdos salvajes, destruiría a todos los mezquinos habitantes de Boobiesland, los arrasaría y luego poblaría a Boobiesland con los seres más maravillosos, más cariñosos y sin prejuicios que podían existir en todo el orbe: “Los Cerdos”.

(CARNICERÍA)

 Era una tarde soleada de esas en las que no existe viento, en las que ni siquiera provoca tirarse un pedo. Los habitantes de Boobiesland, cual zombis extenuados, vagaban muertos de hambre por las calles de su amada ciudad. Habían decidido esperar que el hambre les arrebatara la vida, a todos juntos, como una familia en las calles de su amada Boo-bies-land. Sin embargo, otro sería su destino.

En las colinas cercanas, muy próximos, escondidos entre el follaje del bosque; él, Holy Shit y su ejército de cerdos salvajes esperaban el momento propicio para comenzar el ataque que los haría dueños y señores del hermoso valle donde reposaba la bella ciudad Boobiesland.

Las cartas estaban echadas. Holy Shit daba la señal. Su ejército se arrojaba como una jauría salvaje de cerdos salvajes contra los habitantes extenuados por el hambre de la ciudad de Boobiesland.

Los ojos de los habitantes de la ciudad de Boobiesland casi se salieron de su órbita al contemplar lo que se le venía encima. Era asombroso el espectáculo. Miles y miles de cerdos salvajes se aproximaban a ellos con una actitud algo violenta, y en la primera fila, exhibiendo sus enormes colmillos, usando un atuendo tipo Rambo y caminando en cuatro patas, estaba él. Aquel a quien no habían amado por ser medio cerdo. Aquel por el que nadie lloró cuando un día desapareció. Aquel que era el hijo de “Las tres golosinas”, aquella heroína que había acabado con la violencia, el odio y las sodomizaciones de la cárcel de Boobiesland. Era él, y traía consigo a un ejército de cerdos salvajes. Era él. Todos sin excepción gritaron con gran algarabía el nombre de ese que traía consigo un ejército de cerdos salvajes para salvarlos del hambre. Todos sin excepción gritaron al unísono: ¡HOLY SHIT!

Inmediatamente todos (hombres, mujeres, niños, niñas, maricas, lesbianas, travestis, etc, etc…) sacaban de su cinto sus respectivos machetes láser y comenzaban a sentir que el alma les volví al cuerpo. Holy Shit se había encargado de traer un ejército de cerdos, era lógico que esperara que ellos se encargaran de sacrificar aquel suculento banquete. Estaban salvados. El engendro ¡Perdón! Holy Shit, los había salvado.

Se produjo una gran carnicería. Todos hundían sin compasión sus machetes láser en los cuerpos blanditos de aquellos suculentos cerdos. A todos se les hacía agua la boca de solo pensar en el sabor que tendrían aquellas chuletas, aquellas costillas, aquellos perniles, aquellos chorizos, aquellas morcillas, que prepararían con la abundante carne de cerdo que Holy Shit había ido a buscar.

Fue una gran carnicería. Habían terminado. Algunos cerdos machos habían sido mantenidos con vida para que sirvieran de padrotes. Babe, podría descansar de la máquina masturbadora que por años había tenido instalada en la verga. Sería el final del negocio de los usureros dueños de la carnicería de Boobiesland, ubicada en la esquina de la calle Gangbang con la avenida Scooby Doo.

Todos estaban contentos. Podrían sobrevivir a la crisis. Pronto todos estarían satisfechos de alimentos y podrían dedicarse a su más amado pasatiempo: follar.

(HOLY SHIT)

 Luego de la hecatombe, todos buscaban a su héroe. Todos buscaban al pequeño cara de cerdo que les había salvado. Sin embargo, todos gritaron al unísono ¡HOLY SHIT! al comprobar que por error, también habían dado muerte a su salvador. Todos lloraron, todos se daban golpes en el pecho, todos se revolcaban adoloridos en el suelo, pero se tranquilizaron y juraron solemnemente que algún día colocarían en el centro de la plaza mayor de Boobiesland una estatua en honor de Holy Shit que tuviera al pie una inscripción que proclamara a  los cuatro vientos: “Éste es Holy Shit. Héroe de Boobiesland. Salvador que dio su vida para alimentar a otros”.

Luego de imaginar cómo sería la inscripción al pie de la estatua de Holy Shit, todos emprendieron la deliciosa tarea de preparar una enorme  barbacoa (que demás está decir, fue registrada en el libro de los récords como la barbacoa más grande de la historia).

(FINAL)

Así termina la historia de Holy Shit, quien sin saber (y sin querer) salvó a la noble población de Boobiesland. Como dato curioso, podemos aludir a los destinos de Holy Shit y de Hunter Baby´s. Pues, ambos ingeniosos ciudadanos, habían tenido finales muy parecidos.

Por un lado, el cuerpo de Holy Shit fue a parar en el relleno de algunos embutidos de carne por error; mientras que el cuerpo de Hunter Baby´s (ahora llamada “Las tres golosinas”) no paraba de ser embutido con la carne de algunos por su error. Pueda que sí, pueda que no, pero Hunter Baby´s sin saberlo sí había tenido lo que tanto había deseado, un hijo. Un hijo similar a ella. Un hijo que llevara en sus genes parte de su amada Maxy Pussy. Un héroe que al igual que ella (sin querer) habían traído la felicidad a toda Boobiesland.

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