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7 min
Huelga de metro
Amor |
13.04.13
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Sinopsis

LLego tarde, pero hoy tengo la escusa perfecta: Huelga de metro.

 

Qué cansada estoy y aún son las ocho de la mañana. Y voy tarde, como siempre...Pero hoy tengo una escusa perfecta: ¡Hay huelga de metro!

 

He descubierto que a nadie le gusta la escusa tipo "es que el niño no había preparado la mochila" , o "no tenia secos los polos y se me hizo tarde", o "me quede hablando con otra mama en la puerta del cole ". Estas disculpas no les gusta a ningún jefe  y ya te catalogan como mama que sólo provoca problemas porque lleva la carga de los hijos. Es injusto pero tienen toda la razón del mundo.  Si tienes que dar una escusa hay que usar siempre un razonamiento nada maternal, más como diría yo... de currante que padece las dificultades de la ciudad. Por eso lo de la huelga me viene hoy como anillo al dedo.

Ese es el lado bueno de la huelga, el malo es todo lo demás.

Me he tirado esperando en el andén, cargada con mi bolso, mi tartera y el portátil, veinte minutitos. Tenia un dolor de espalda y más cansancio para el cuerpo...Yo veía como esto se iba llenando el anden cada vez más, y pensaba, "vaya, no cabemos todos". Seguro que soy la tonta de turno que se queda fuera. Entra el metro en la estación y se percibe como la gente tensa músculos y se prepara para atacar la puerta. ¡Como no! el metro viene a tope. Todos nos esforzamos por conseguir entrar por la ansiada puerta.

Yo ya he desarrollado varias técnicas. Lo mejor es situarse justo enfrente de la puerta, aunque estés lejos. Luego sólo hay que ser hábil, un codazo por aquí, un culazo por allá, y empujando para adelante para adelantar a los que están a los lados. Otra técnica que me funciona muy bien cuando el vagón está lleno a rebosar y parece imposible entrar es ponerse de espaldas y lanzarse sin mirar la cara de sorpresa (u otra cosa, por eso es imprescindible no mirar en esta técnica) de los que te dejan hueco a la fuerza. Este truco es infalible. ¡Siempre logras entrar!. Eso si, apachundo a alguien. La vida es así de dura, jejeje.

 

Hoy por fin logre entrar tras muchos esfuerzos, y logre meter todos mis bártulos que no eran pocos; El abrigo, el paraguas, el prtatil, el bolso y la tartera. Las puertas se resistían a devolverme el abrigo, pero al final lo conseguí.

Entonces se me ocurre ponerme de puntillas para omprobar por mi misma como vamos de apretujados en el bagón. Parecemos hormiguitas apachurradas. Y cuando he intentado bajar de nuevo los pies, anda madre, no me lo creo, descubro que me han quitado el hueco. No podía dejar de estar de puntillas sin pisar a alguien. ¡Pero bueno, quiten sus pies sudorosos de mi espacio vital!

 

Eso de estar de puntillas cargando con un portátil, un bolso y una tartera no es nada placentero, os lo aseguro. No lo probéis, no aporta nada para el crecimiento personal... Al final aprovechando una curva usé otro de mis trucos de supervivencia en el metro. Me hice la que perdía el equilibrio, ¡Ay, que me desmayo como una sensible damisela! Y empujé a uno pillándole desprevenido, plante mis pies en el suelo y me agarre como una lapa a una barra. Todo un éxito, un movimiento de lo más preciso. ¡Bien! ¡Estaba salvada!

 

No se cómo lo hago, pero siempre me hablan desconocidos y me cuentan su vida. Como dice mi marido, como no soy capaz de cortar a la gente, pues se enrollan y enrollan, y yo, escuchando y escuchando, sin saber como parar la charla... Me pasa también con los que me llaman por teléfono vendiéndome algo. Al final termino escuchando toda su charla para nada...pobrecines. Pero voy mejorando, ahora digo a toda velocidad: "disculpe usted, aprecio su trabajo, pero no le voy a hacer perder el tiempo porque no me interesa nada. Gracias. Adios" Y les cuelgo. Eso me va funcionando...

 

Pero hoy no me ha funcionado con una señora bastante entrañable que me contaba las bonanzas de la huelga, que nos hacia apreciar el metro tan maravilloso que disfrutamos todos los días. Y yo, si, si, es verdad....

Que ella estaba con todas las huelgas aunque no trabajaba, pero ella apoyaba todas, porque en la vida hay que luchar, porque en la vida ganan los fuertes, los que se quejan y exigen lo suyo. Porque no hay derecho que a los pobres nos quiten lo nuestro... Y yo otra vez, claro, claro.

Que seamos los pobres los que nos echemos la crisis a las espaldas mientras banqueros y políticos se van de rositas...Y yo, si, si, es verdad...

Continuaba diciendo que hay que apreciar las cosas y valorar lo que se tiene. Por lo visto ella tenía un profesor en el cole que le daba buenos consejos. Y yo, otra vez, es verdad... 

Porque antes si que era duro y si se luchaba. Nuestra generación siempre lo ha tenido fácil... Y yo, si, si, asintiendo y asintiendo.., mirando desesperadamente alrededor, buscando un salvador, mirando como hablaba y hablaba sin escucharla ¡Por favor!¡Qué alguien me salve! ¡Ahora si que voy a perder el equilibrio de verdad!.

 

Porque media hora de metro siendo amable con una señora que no conoces de nada y te está dando una clase de filosofía... es inhumano ¡Sobre todo a primera hora de la mañana!

De verdad que no se como la gente tienen tanta energía tan pronto por la mañana. Yo estoy fatal y no tengo ganas ni de hablar. Si veo a un conocido me fastidia que me salude y le gruño como mucho. ¡Por favor! ¡Qué poca consideración saludarme a primera hora de la mañana! A esas horas lo que hay que hacer es respetar la mala leche del prójimo y dejarle tranquilo con sus malas pulgas por el madrugón.

 

Me alucina la gente que está en plena forma a esa hora y va contando su vida, y todos los que vamos calladitos, interiorizados dentro de nosotros mismo nos tenemos que enterar de todos los detalles de la pelea con el novio. ¡Por favor donde está ser discreto! Encima de escuchar toda su vida, si decides darle tu opinión, porque ese derecho nos lo hemos ganado a pulso, encima se cabrea.  

También me fastidia muchísimo aquel del casco con el volumen a mil por hora, y tú escuchando el BUM, BUM, BUM. Éste dentro de un año sordo y además calvo, porque le maldigo yo...

Bueno, por fin mi parada, lo he logrado, una hora tarde, apachurrada y con los nervios algo alterados, ya solo me queda el resto del día.

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He descubierto que me encanta escribir, pero sobre todo me fascina que me digan que se sienten identificados con lo que cuento. Escribo sobre lo que conozco, la vida misma, que intento apreciar con humor para poder seguir adelante.

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