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3 min
Imprudencia
Amor |
11.10.17
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  • 130
Sinopsis

alguien quiere escribir un poema y no puede

Desde hacía unos días no dejaba de pensar en escribir un poema.

 A pesar de la persistencia de la idea, no la concretaba.

 Se interponían  a su deseo prejuicios  que no podía  evitar. La cuestión  de la rima y la métrica por el lado de la forma y por el lado del contenido,  la del amor romántico, o la del sufriente o la del optimista maravillado con la naturaleza le resultaba insufrible

Intentó con:

Oh vida

Oh muerte

Oh cielo

Oh tierra…

La puteada al aire brotó de su garganta rompiendo el aire denso de su habitación oscura y sin ventilar.  

Se sentó esperando encontrar un poco de tranquilidad, mientras buscaba una explicación a la acuciante necesidad de escribir un poema; cosa que jamás había hecho y que reconocía, no tenía la capacidad para hacerlo.

Buscó el mate y la yerba, calentó el agua, tomó el primer mate despacio para evitar quemarse, el agua estaba demasiado caliente, agregó un chorro de agua fría y volvió a su silla. Mientras seguía con los mates, retornó al pensamiento sobre el poema no producido.  Se preguntó, por qué, como, cuando y donde. De a poco su pensamiento fue derivando a otros senderos aún más inasibles que la poesía para él. Se imaginó al primer humano en la tierra, casi erguido, sintiendo el frio, el sol, el dolor que provocaba el oxígeno entrando en sus pulmones, el sonido que provocaba en las cosas el viento helado, y el estruendo del correr del agua en los rápidos, sintió en la planta de los pies la dureza de la roca, la suavidad de la hierba húmeda, la punzada  del  hambre en  el   estómago, los acelerados latidos de su corazón, por el miedo y el desconcierto que le provocaba tener que crear algo que luego se llamaría mundo; ese primitivo comenzó a crear el mundo en ese instante, tocó, miró, gustó, olió, bebió agua que corría por el cauce  y definió su sonido como música, inventó al sol y la luna, cada cosa fue creando con su mera existencia. A la noche, muy cansado le fue imposible mantenerse despierto a pesar de sus esfuerzos. A la mañana, cuando despertó comprobó que todo estaba ahí.

Al servirse el cuarto mate no recordaba su idea de escribir un poema.

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Soy psicólogo social y docente en actividad. Me jubilé en una empresa de energía, después de 42 años tengo 64 años

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