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9 min
Insomnio
Ciencia Ficción |
22.03.14
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Sinopsis

Breve relato que se ampara en alguna forma tecnológica para arropar esa tan deseada inmortalidad.

Qué buen insomnio si me desvelo sobre tu cuerpo

-Mario Benedetti-

 

I

Es extraña esta vaina de estar muerto. Si quieres saber quién está a tu lado, hazte el muerto un tiempo. Parece que Hitler murió muchos años después en Brasil, independiente de su muerte oficial en el bunker junto a su mujer  Eva Brown.  Me encuentro en Nueva Suavia, aquí hay muchos archivos inclasificables. Pero, ¿cómo puedo mostrarlos si soy un difunto? De pronto, me salí del cajón, estaban varios llorándome, vi varios amores de mi juventud votando lagrimones de exequias y perdones. Repruebo el hedor a javillo de los ataúdes y por eso me salí. Pensé un momento en la carta de despedida de García Márquez: dar valor a las cosas no por lo que valen, sino por lo que significan;  andar cuando los demás se detienen, despertar cuando los demás duermen; la muerte no llega con la vejez sino con el olvido; el mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo,  hoy puede ser la última ves que veas a los que amas. Bueno, le dije a una vieja quien a llantén suelto lloraba mi partida: -en mis noches yo creo a dios a imagen y semejanza de aquel granuja quien lo creó a él-.

Pero no me escuchó, no me hizo caso. Entonces, recordé mis manías contemplativas y me posé en un paredón, recostado, brazos cruzados. Pasaron con el café, agarré uno, tomé mi propio café. ¡Vaya que supero al siervo de la cruz! (Pensé). Prometí volver al día siguiente y no al tercero, los débiles llegan tarde, los inquietos estamos primero y antes de la hora. Decidí no nacer, ni ayer, ni en el presente, ni en el futuro, habito en un lugar fuera de la existencia misma lejos del tiempo que anulo con mis instantes. Sigo observando.

De repente, entró a la sala mortuoria una mujer adulta, morena, arrugada; se lanzó sobre el féretro: -hay ese muchacho si era bueno- ¡Dios mío por qué te lo llevas así! En eso mi madre entró, se quedó mirándome y me dijo: ¡mira cómo te llora tu tía! La que en vida afirmaba que tú eras un flojo, que tú nunca ibas a servir para nada, que tú perdiste el tiempo leyendo y escribiendo pendejadas, que no mereces el reino de los cielos, que tú……

-Ya, ya, ya mamá. Sabes bien que siempre le tuve arrechera a la vieja esa.

Estamos en el año 2111, es tiempo de volver, todos sabemos la cura y nada tiene que ver con espinas ni con cruces. En eso, mi madre me pidió que le entregara el micro-chips de mi memoria.

-¡Vautro, dame tu chips! -¡Es hora de hacerte volver, coño!-

-¡Más tarde mamá, ya va, ya va, es que no ha terminado el entierro! ¿Para qué quieres mi chips?

Eso es el ser y el saber, un cúmulo de memorias sueltas y el cuerpo que son los últimos minutos de una fiesta. La antropología, la historia y el psicoanálisis se ponen de parte del pasado. El saber es una manía inseparable del pasado, eso que fuimos e hicimos y que alguna huella dejó.

Me entretiene ver, cómo envilecidos que en vida tanto mal desearon, enmascarados de hipocresías a veces van a llorarme, pero, me gusta morir, de que debemos dejar obra alguna de valor duradero más allá del trabajo funcional, los hijos y el matrimonio. Morir a cada instante y dejar sonar esas reverberaciones tan nuestras cuando a diario la decepción nos cobija por lo humano, demasiado humano que es gozar y hacer gozar, sufrir y hacer sufrir.

-¡Coño! Ya es la hora del sepelio, me van a enterrar.- Les dije a mis amigos. ¡Bueno! Anda chamo, tú sabes, pa` que no digan que eres una rata y que no cumpliste con el protocolo. ¡Dale…. si va!

Me fui al entierro, pero malditamente se me quedó el micro chips de mi memoria en el capó de un automóvil. Allí está almacenada la memoria de lo que en varias vidas me ha tocado ser. El ser no es una ficción vacía, como creen algunos disparatados filosofastros, el ser está hecho de sustancia propia, esencia genuina de saberes y movimientos engendrados conscientemente. Entonces, mi epitafio quedó grabado en marfil:     

«Con este cuerpo lavé las culpas y las penas que la vida me obsequió. Aquí yace un silencio que alguna ves sonrió y fue feliz, aquí no caben orgullos, lozanía rencor y vanidad. Aquí solo moran las cenizas que amaron y se dejaron amar. Uno, dos, tres: nacimiento, pubertad y adultez; cuatro, cinco y seis: derroches, amarguras, sangrar a escondidas y aquí viejo llegué. La estafa de vivir».

No quiero saber de algo tan irremediable como es el tiempo, mira tu reloj y sabrás que solo la memoria es el símbolo de tu presencia. Cruces torcidas, gavetas que al abrirse un eco de ánima refulge en la pared, susurros de los que ayer estaban, anhelos cristalizados en esa fría sustancia que es la esperanza.

-¡Marco Antonio! ¿Qué te pasa? ¿Por qué actúas así?

Marco Antonio es un esbirro del Sifa. Tiene en su escritorio colgado a Marx y a Lenin, y en medio de la represión y torturas, le dice al cura Valentín que diera una vuelta por el Pabellón Crepuscular. Jonás Fruto agarró el chip y está evocando la memoria del esbirro que una vez Vautro fue. Es una celda pestífera, en eso un boina verde le zampa golpes al guerrillero por la barriga:

-¡Habla coñoemadre! ¿Quién le da comida a los guerrilleros de la montaña?

Zas, zas, zas…latigazos caían sobre la espalda de un afecto a la izquierda revolucionaria. Su espalda quedó lacerada y en eso, entró un funcionario cargando un tobo de agua fría y con sal. ¡Ustedes no son gente, ustedes son cerdos! Marco Antonio se deleitaba. Le lanzaron el tobo de agua con sal al hombre y sus gritos de pavor hicieron caer en espanto al padre Valentín con tan brutal escena. Años posteriores, Marco Antonio se estableció en Zardomeda, se casó con una hembra pasiva y hogareña, esas que marco piensa son preferibles tomadas de la miseria y que todo se lo deban a sus maridos.

Solo que su cuñado, un repelente  holgazán lo tuvo asediado robándole sus cosas personales: franelas, camisas, colonias, pantalones, hasta que una tarde el individuo llamado Eusebio le clavó una patada a cerberos, el perro de Marco Antonio. Con su rabia, Marco guardaba en su conciencia el verdugo macabro que algún tiempo personificó torturando comunistas, y al reclamarle a su cuñado, éste le replicó groseramente: -¡Bueno, sí, le metí una patá a ese piaso e perro cagón tuyo y qué! ¡Te vas arrechá viejo pendejo! Con apenas sesenta y tantos años, Marco Antonio enfureció. ¿Cómo es la vaina? Sabandija, parásito, me tienes hostigado cuando me robas mi ropa y mis colonias.

¡Pan! ¡Pan! ¡Pan! Golpes y patadas entraban al estilo bruce lee en el cuerpo de su cuñado Eusebio, quien derrotado en el suelo suplicó: ¡Por favor, no me jodas más…querido Marquito! Así, con algo de conmiseración lo soltó, pero al estar con sus manos libres, desde el suelo le metió un golpe bajo en las bolas a  Marco Antonio.

-¡El coño de tu grandísima madre!  ¡Hijo de la gran puta! Hay, hay, hay…ahora si que te jodiste maldito.

Jamás pensó Eusebio que Marco Antonio guardaba en el cinto un puñal filoso al estilo Rambo y el festín de treinta y dos puñaladas estremecía cual colador el cuerpito famélico de Eusebio. Bañado en sangre como iracundo, marco sacó el cuerpo apuñaleado a la calle para decir a boca de jarro: -¡maté al perro este!

Las reencarnaciones de los seres son de variopintas en el universo circular. No puede ser que el chip de Vautro, lo haya agarrado uno de sus amigos que en vida admiró los oficios que ejerció. Entonces,  se posó frente al espejo VX, usado como tele transportador del tiempo y se colocó en la hendija del cráneo el chip 15.777-Vautro, número de vidas posibles que encarnó. Escogió un archivo al azar, y se encontró con el esbirro Marco Antonio, aunque le pareció una vida aburrida y difamatoria. Al fin pude conciliar el sueño, y así me desperté pensando en la sentencia de Borges: «los espejos y la cópula son abominables porque reproducen el número de hombres». 

 

                                                                             Por: José A. Morales

                                                                       www.ellaberintodezardomeda.blogspot.com

                                                                             @Vautrin81

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    Breve relato que se ampara en alguna forma tecnológica para arropar esa tan deseada inmortalidad.

    Breve relato centrado en un personaje arbitrario, cerril, machista, cuyas disertaciones hacen salir a cualquiera de sus cabales. En medio del cuento cierta anécdota nos sumerge en el misterio de amenazas mortuorias que al final deja mucho que pensar.

    Brutal y sórdido microrelato que refleja la más baja pasión del sadismo en el alma de un turista cuyo oficio marcial quizá enseña el bestial arte del ultraje. Es ambientado en la habana cuba donde una mujer se acuesta con un turista por cobres o cigarrillos (da lo mismo) ilusionada en tener dinero para mandar a hacer una balsa y fugarse de la isla. Violación, sexo y tortura psicológica se mezclan en esa famosa isla que tiene forma de barba y tabaco.

    Narración que cuenta el mundo interno del Narrador central donde se apuntan ciertos episodios de héroes populares en tiempos de la colonia, y a su ves se mezcla eso que se desearía poder a realizar en medio de la vida común. Hay anécdota maquiavélica que enlaza lo real con lo imaginado, aunado por el pasado histórico venezolano y sus recalcados caudillos.

    Relato breve sobre la actual situación venezolana donde estudiantes universitarios son acribillados por extrañas balas que nadie puede precisar su autor material o mucho menos intelectual. Anarquía, sangre, presuntos grupos civiles armados quienes al parecer confabulados con las fuerzas oficiales del gobierno del momento se ponen a tono para reprimir las protestas que se amparan en estamentos constitucionales. Se destacan coloquialismos grotescos propios del lenguaje Venezolano, unos calificativos del gobierno (escuálidos) para descalificar la voz de disidencia, y otros, simples motes para designar torpezas humanas. Es contado en primera persona y ambientado en caracas.

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