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2 min
Instinto
Drama |
12.01.20
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  • 6
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Sinopsis

  Desde la cima del risco, Quelerráe sentía cómo su pueblo moría. Sus ojos negros buscaban con desesperación algún resquicio entre el follaje, algo que le indicara qué sucedía.

  «Demasiados» se dijo. Los árboles se apiñaban y le ocultaban la barbarie, pero sus oídos veían con claridad. Los gritos se alzaban y quedaban suspendidos en el aire, y en poco tiempo la selva era un mar de lamentos. Soltó la carne, se llevó la aljaba a la espalda y con arco en mano emprendió el descenso a toda velocidad.

  –Yareth, Edahi. –Su respiración era agitada–. Sin miedo, ya voy. – Su figura se deslizaba como una sombra en la vegetación, fugaz y ligera. Las hojas secas crujían y se levantaban a su paso. El indio volaba.

  A lo lejos se oían ruidos breves y violentos que nunca antes había escuchado, sonidos que despertaban gritos que sí le eran familiares. El temor que transmitían le embargó el alma por un momento. Las piernas le fallaron y casi cayó, pero Quelerráe no se rindió.

  Los alaridos de dolor le decían que huya, el corazón le decía que no. Bajo la bandada que escapaba del peligro, el nativo corría con el corazón en la mano. Se abrió paso en la maleza hasta apartar la última planta. Se detuvo cuando la vio. La aldea apareció frente a él, destruida, llena de cadáveres, invadida...Ese no era su hogar.

  «Así no. Así no te veías, Naolin.» No tenía tiempo de lamentarse. Sus pupilas buscaron inmediatamente los cuerpos de Yareth y Edahi, pero lo que encontró fue el rostro más blanco que haya visto jamás. El hombre con casco le sonrió y lo apuntó con algo extraño y alargado.

  Quelerráe se llevó la mano al carcaj, pero antes que rozara la flecha con sus yemas, un ruido estridente hendió el aire. Sintió cómo algo frío le bajaba por la frente, le recorría la cara y goteaba por su barbilla, y todo él se enfrió.

  Un momento después, la exasperación y el pavor desaparecieron de su corazón y todo su mundo se iluminó. Su hija y su esposa estaban de pie junto a él. Se quedó tranquilo, descansaría en paz.

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Tengo 28 años y soy de Argentina. No soy escritor, pero siento la necesidad de contar una historia que hace muchos años tengo ganas de escribir. Quiero hacerla libro, pero necesito mucho trabajo para lograrlo. Planeo usar esta página para escribir cuentos cortos y extractos de una novela para mejorar mi prosa. Las críticas son bienvenidas.

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