cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

17 min
INSUFRIBLE (2) La insufrible.
Fantasía |
13.03.19
  • 0
  • 0
  • 34
Sinopsis

Las guerras las empieza ella. La paz solo dura lo que ella decide. El mundo solo está tranquilo si ella quiere que sea así. Benilda es única, todo gira en torno a ella, todo se mueve por ella. Conspiraciones, traiciones, guerras, batallas, luchas, magia, conflictos, todo por ella todo para pararla a ella. Conoce su mundo y a los que lo comparten con ella. Conoce a Benilda, la insufrible.

 

Benilda no soportaba a Caciano.  El heredero del trono conseguía hacer bullir su paciencia hasta convertirla en principio de demencia.  Pero era consciente de su auto-impuesta obligación de soportarle e incluso agasajarle, mimarle y complacerle, si realmente deseaba llevar a cabo sus planes, aunque ello la hiciera pasear por los lindes de la locura.

Durante el largo año que llevaba alimentando su ladino plan, Benilda había comprendido que solamente el recuerdo de una persona pellizcaba la añoranza de todo lo que dejo atrás en el reino de Zemonan.  Eutropio se había convertido en alguien importante para ella con el paso de los años.  Siempre había estado junto a ella, desde pequeños.  Era la única persona que se atrevía a decirle las cosas tal y como las veía, que se enfrentaba a ella y era capaz de reprenderla por sus vilezas, aunque jamás siguiera sus consejos e hiciera caso omiso de lo que le indicaba.  Pero a pesar de todo siempre había estado junto a ella, cuando le necesito, cuando simplemente estaba allí e incluso cuando le desprecio y ahora comenzaba a darse cuenta de que extrañaba su presencia.

El tiempo seguía pasando inexorable y sus actos pronto encaminarían a todos al final que ella deseaba.   Pero aun quedaba mucho por hace y lo pero era que debía seguir disfrazando ante Caciano la repulsa y el desprecio que este la provocaba.

Habían pasado cuatro semanas desde que Columbano enviara a su sequito de inútiles nobles a negociar con su padre los puntos sobre los que se asentaría su alianza tras el matrimonio de su hijo con ella y las noticias que llegaban eran desalentadoras. 

Benilda era consciente de la enorme batería de artimañas  que su padre utilizaría para tratar de entretener a los nobles.  En Zemonan uno podía distraerse de mil y una formas y perderse en vicios de los que los nobles de Arturia jamás habían sospechado que pudieran existir.  También era aconsejable añadir la variable de que los habitantes de Arturia y más sus nobles, eran gentes de férreos y anticuados caracteres, acostumbrados a vivir entre austeridades, dedicación a la oración y la disciplina, lo que les convertía en presas fáciles para un taimado truhan como lo era su padre.  Por ello las novedades que llegaban a Benilda no eran otras que las negociaciones retrocedían adecuadamente para los intereses de Columbano mientras regocijaban a su padre.  Más preocupantes eran los informes de que en distintos y distantes puntos a ambos lados de la frontera, habían sido encontrados los cuerpos sin vida de varios destacamentos de hombres, de aquellos  con los que  Columbano había sembrado el camino que llevaba a la capital, con la única y precisa idea de disuadir cualquier intento por parte de Auxibio para recuperar a su hija y así evitar los que estaba próximo a suceder.

Benilda albergaba la esperanza de que alguno de aquellos grupos que su padre había enviado para “socorrerla” fuera comandado por Eutropio, aunque ello la supusiera una extraña sensación de incertidumbre ante la posibilidad de que resultara herido en las confrontaciones.  Lo cierto era que aquella sensación era nueva y altamente desconcertante.  

Benilda jamás había sentido aprecio por nadie y mucho menos preocupación.   El sabio Limeo a petición de sus padres la había estudiado durante largas temporadas y había llegado a la conclusión que lo suyo era una falta total de empatía por nada ni nadie que no fuera ella misma.   Para sus padres había supuesto un amargo trago, uno más de los muchos que les había servido y de los infinitos que aún estaban por llegar, pero para ella solamente había supuesto algo que ya sabía, que a ella los demás no la importaban, por ello ahora se extrañaba ante esas sensaciones que Eutropio despertaba en ella con la distancia.  De lo que si era muy consciente Benilda era de su desprecio por casi todos los que la rodeaban, algunos no merecían ni eso y por ello despacho pronto las ideas y pensamientos sobre Eutropio y se centró en tratar de destruir a su babeante prometido.

—Querida, estabas aquí.  Llevo una eternidad buscándote.  No sabes lo revuelto que esta todito.  Mi padre está que trina.  Parece ser que los asesinos de tu padre están ya aquí.  Han encontrado a una jornada a diez hombres masacrados o eso le han informado a mi padre, que se ha puesto de un furioso que no hay quien le mire.  Fíjate que locura, algunos insinúan que entre los asaltantes hay orcos sanguinarios.

Benilda contuvo sus nauseas al contemplar como Caciano contoneaba su rechoncho cuerpo y contraía su cara en gestos de terror fingidos, mientras relataba las inquietantes noticias.  En lo más profundo de su ser volvió a sentir ese pinchazo de esperanza que hasta ahora nunca había sentido por nadie, amparado en la idea de que tal vez, Eutropio fuera el que estuviera por llegar. Por supuesto rechazo la idea de que su padre hubiera mandado a ningún orco a tales menesteres, los guardaba para las grandes ocasiones y esta no era una de ellas.

—Caciano cariño, no me cuentes estas cosas que me pones nerviosa.  No me asustes con historias de monstruos.  Ya sabes que a mí solo me interesan los preparativos de nuestra boda y saber que tú eres feliz.—  Benilda se admiraba de su facilidad para fingir agrado a pesar de sentir un profundo asco por aquel ser.  Lo cierto era que le interesaba poco lo que él pudiera decirle, Caciano era la persona peor informada del reino de Arturia y ella disponía en el palacio de una nutrida y bien pagada red de espías que la mantenían al tanto de todo aquello que sucedía entre las paredes de la residencia real.

—Lo sé querida, lo sé, pero es que mi padre me agobia con todo esto del gobierno y como tú vas a ser mi consorte pues…

—Ni consorte ni nada, eso son cosas que a mi no me interesan, son tus asuntos… Anda vámonos a dar un paseo que me aburro…

—Huyyy lo siento querida pero es que mi padre…

—Tu padre, tu padre, tu padre, siempre tu padre, que pesadez.  Me tienes abandonada.

—Pero es que esta todo tan liado… Tu padre no cede, la amenaza de que te traten de llevar y este maldito reino que no acaba de despegar…

—Jooo que no me interesa, que me da igual.  Si no puedes venir a pasear, pues nada, déjame aquí sola con mi tristeza…

—Que no querida, que no es eso.  Te prometo que te compensare, pero ahora tengo que ir a… mejor no te digo nada que luego te enfadas,  Nos vemos luego. —Caciano se acercó para besarla y Benilda le correspondió dejando escapar un tímido suspiro, suficiente para cargarle más con el peso de la culpa de abandonarla, aunque ella en su interior estuviera deseando que se alejara para contactar con Jorja, su criada y jefa del servicio secreto que habían montado en torno al rey.

Caciano abandono la estancia, contoneando su escasa altura y su excesiva masa mientras dejaba tras de si un penetrante aroma a perfume, más propio de una cortesana que de un príncipe.

Benilda busco con presteza a Jorja, ávida de información.

—Si mi señora, han encontrado otro grupo de desdichados muertos, pero no eran diez, solo eran cinco, han engordado la cifra para asustar al rey y que se tome en serio lo de los grupos estos, y han metido a los orcos para asustar mas, pero si la digo la verdad yo creo que todo es una artimaña para despistar a estos mendrugos, ni se como pudieron aguantar tanto en la guerra con lo tarugos que son en estrategia.  Pero a lo nuestro, que ha sido cerca ya, a solo media jornada de aquí y quien haya sido debe estar ya en la capital, pues los que trajeron la noticia lo mismo cabalgaron a la vez que él o junto a él y ni se enteraron.

—Jorja, abre bien las orejas y alerta a tus informadores de la ciudad para que te tengan al tanto de los extranjeros que puedan coincidir con lo que buscamos.

—No se preocupe señora, están todos más que avisados, con lo que usia paga rinden como en su vida lo han hecho.

Benilda obtuvo algo de consuelo en las palabras de Jorja ya que su red de informantes, aunque cara, no la había fallado hasta el momento y si aún no la había avisado de posibles sospechosos es que aún  no se encontraban cerca de ella.

Benilda necesitaba algo más de tiempo, su plan precisaba de dos semanas más para llegar a buen puerto.  Todo estaba encaminado pero aún era pronto.  Confiaba en que su padre consiguiera alargar las negociaciones esas dos semanas, y esperaba que los soldados de Columbano entorpecieran lo suficiente los movimientos de los hombres de su padre para concluir con sus propósitos.

Benilda no soportaba que la utilizaran, que la manipularan y eso era lo que un año antes había intentado su padre.  Los días previos a la encerrona que preparo Auxibio en Bleica para firmar la paz con sus contrincantes, Benilda tuvo conocimiento, por parte de uno de sus muchos informadores, de que su padre estaba tramando un matrimonio sobre el que ella no podía opinar  y al cual, por lo visto, no se podía oponer.  Auxibio creía tener, como monarca que es, el control y poder absoluto para realizar sus planes sin objeciones, el problema era que siempre menospreciaba a Benilda y su tozudez en negarse a ellos.

Benilda jamás consentiría algo así, lo llevaba en los genes, y por ello utilizo una amplia batería de artes y artimañas para conseguir ser incluida entre los que formarían parte de la delegación negociadora en Bleica.  Su intención no era otra que la de abortar los planes casaderos de su padre y de paso dejarle en evidencia haciéndole todo el daño que pudiera.  Para la puesta en escena necesitaba de alguien manejable al que poder persuadir y en su momento despistar y conocía al adecuado, Eutropio.   Su relación prolongada desde la niñez, la había dotado de una facilidad singular para manejar al mejor de los guerreros que había tenido su padre a su servicio.  Toda la fiereza, agilidad, inteligencia, destreza y presteza que desplegaba en sus misiones, quedaba anulada por la capacidad de Benilda para manejarle y controlarle amparada en su ignorancia.  Llevaba años ejerciendo tal poder sobre el sin que se diera cuenta y pensaba seguir haciéndolo para beneficio de sus planes.  Benilda sabía que ella era inteligente, tal vez la más inteligente de todo el reino, incluso más que el sabio Limeo, y por ello la condenaba saber que su condición de mujer la relegaba a un papel secundario, no estaba dispuesta a consentirlo y por ello trataba de ser visible de cualquier manera.  Por ello exigió a Eutropio como escolta.  A su padre le costó asignar a un afamado general como escolta, pero sabía que no podría negarse, las consecuencias de lo que su hija pudiera hacer eran impensables, además a pesar de que Eutropio hubiera ido ascendiendo en su rango, siempre se había encargado de ella y jamás había fallado en ninguna de las misiones que le habían encomendado, lo que a su vez le convertía en el candidato ideal para realizar la vigilancia de su caprichosa hija.

Lo que luego sucedió el Bleica fue tan sencillo como manejar los títeres de un teatrillo de los muchos con los que su padre había tratado de alegrarla en su infancia.   Benilda pronto mostro el poco interés por las negociaciones y se dedicó a ser ella misma.  Llevo de un lado a otro a Eutropio y su sequito de escoltas, aburriéndoles en los actos sociales, exasperándoles en las casas de juego, abrumándoles en las recepciones en las que abusaba del alcohol y desesperándoles cuando se empeñaba en rematar en cualquier taberna que encontrara en el camino.  Benilda sabía que estaba consiguiendo llevar al límite a su guardián y ella contaba con ello.  Tenía conocimiento de los movimientos de Caciano por sus informadores, y sabía como acercarse a él y como llevarle a su terreno gracias a Jorja, el gamusino camuflado como mujer, que había infiltrado en la corte de Columbano.

Había llegado el cuarto día de las negociaciones.  Benilda tenía la certeza de que estaban a punto de concluir, sus espías la había informado con presteza de todo lo que se suponía no salía de las reuniones de los regentes y nobles y ella había llegado a sus conclusiones.  El momento había llegado.

Ese día fue de lo más ajetreado.  Llevo a Eutropio desde el mercado a una comida con las más refinadas y aburridas mujeres que engordaban las filas de acompañantes de los reunidos.  Desde allí y con el sopor en el cuerpo, decidió despejarse en el mejor y más lujoso salón de juegos de Bleica donde tuvo el primer encuentro con Caciano, lo desplumo consiguiendo toda su atención.  Ese era el principal cometido de aquella escaramuza.  El juego no tenía secretos para ella desde que se encontró con Mamerto, un duende hábil con los naipes, infalible con los dados y el único capaz de anticipar cualquier tipo de resultado en un juego de azar.   Tentar al duende para conseguir que compartiera parte de su saber con ella fue una tarea ardua y complicada, un auténtico reto, algo que la motivo en extremo, hasta que lo consiguió.   En pocas semanas logro embaucar al embaucador y en unas semanas más este lleno de su sabiduría con el arte de controlar el juego y el azar, su ansia de conocimiento.  Ahora lo ponía en práctica para doblegar al incauto de Caciano.  

Abandonaron el salón de juegos seguidos de cerca por el príncipe desplumado, para desesperación de Eutropio y dicha de Benilda.  Pocas cuadras mas allá entraron en un triste tugurio, que anunciaba entretenimiento y juego a partes iguales, pero que provocaba algo de inquietud por el mal olor que recibía a sus visitantes así como por la exigua luz y la abundancia de miradas inquietantes.

Eutropio no lo sabía pero Benilda tenía infiltrada entre los parroquianos a gran parte de sus espías ya que aquel había sido el lugar que había elegido para iniciar su venganza.

Caciano entro en el tugurio siguiendo su estela, las escoltas de ambos quedaron a las puertas confraternizando al no tener nada mas en lo que gastar el tiempo.  Dentro solo Benilda, Caciano, Eutropio y el jefe de la guardia del príncipe se encontraron en medio de la clientela del nauseabundo lugar.  Ella movió sus fichas, fingiendo sorpresa al encontrar allí al príncipe, este se excusó pidiendo revancha por las pérdidas, y así empezó la confraternización.   En pocos minutos se fundieron con los alborotadores que bebían y bailaban a las ocultas ordenes de Benilda, y en menos de lo que Eutropio intentaba desprenderse de todas aquellas que a él se acercaban con lascivas intenciones, los dos herederos desaparecieron del local, sin escoltas y sin protección.  Benilda había convencido al sorprendido Caciano, de que podían escabullirse juntos a un local que ella conocía y donde nadie les molestaría.  Le había insinuado dedicación absoluta y le había dejado entrever una atracción por su persona que la llevaba a cometer locuras.

Huyeron hasta el escondido y secreto local en el que lo más granado de las cortes de las tierras centrales, daban rienda suelta a sus pecados prohibidos.   La noche propicio una tremenda borrachera, y un compromiso entre los dos herederos.  Con el conocimiento embriagado y la voluntad sometida, Caciano se encontró pidiendo matrimonio a aquella dulce y tierna princesa que había conocido horas antes y que creía su alma gemela.  Con el amanecer anunciaron su buena nueva a un sorprendido y preocupado Columbano, que contemplaba tan inmensos los beneficios como intranquilizantes las posibles represalias de Auxibio.  Aun así la tierna charla con la princesa le procuro una certeza de enamoramiento, acompañada de una férrea decisión en ella que le animo a afrontar lo que los dos le proponían.

Benilda recordaba todo aquello y recobraba ánimos al saber lo bien que había fingido su carácter dócil, frágil y tierno, mientras mostraba su amor incondicional por el insoportable Caciano, para poder afrontar el tramo final de su plan.   La venganza había quedado ya atrás, ahora era algo mas grande, era su proyecto para reordenar el mundo que ella conocía, y faltaba muy poco para poder conseguirlo.

—¡Señora! ¡Señora! ¡Que ya está aquí!— Jorja entro sin pedir permiso, agitada y casi descompuesta.  Tenía especial predilección por aquellos gamusinos capaces de camuflar su insignificante presencia, convirtiéndose en un ser humano como lo era ella o cualquier otro.   Esa capacidad los hacia imprescindibles en cualquier red de espías, pues cuando no se mezclaban con los demás como humanos, se escondían en los lugares menos esperados para espiar sin ser vistos.  Bien conocida es la leyenda de lo imposible de encontrar a un gamusino.

—Tranquilízate y dime quien esta aquí, no creo que sea para tanto….

—Que si, que si, que ya ha llegado, que es como usted lo describió y uno de los míos le ha visto entrar y desaparecer por la parte sur de la muralla sin poder seguirlo, que se ha quedao asombrao al verlo.

—¿Estas segura de que es él? — Jorja asintió, su cara mostraba su temor ante lo que pudiera pasar desde ese momento en el que Eutropio hacia acto de presencia.— Ordena que desde ahora sean todos más precavido, y más prudentes, y que vigilen con más presteza, hay que encontrarle, no puede estropear lo que llevamos planificando tanto tiempo.

Jorja desapareció de su presencia en el acto y Benilda quedo pensativa, aquello era lo que esperaba, y a su malestar por la incertidumbre que ahora se creaba sobre la continuidad de sus proyecto, se fundía un inquietante deseo de ver de nuevo a Eutropio.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Este relato no tiene comentarios
  • Este relato no tiene valoraciones
  • Tal vez fueran solo imaginaciones, la continuación de la perversión de mi sueño, pero me angustiaba no encontrar el huidizo interruptor. Necesitaba apartar las dudas, matar los miedos, aniquilar la ansiedad, la angustia, el desconsuelo, la intranquilidad.

    Las guerras las empieza ella. La paz solo dura lo que ella decide. El mundo solo está tranquilo si ella quiere que sea así. Benilda es única, todo gira en torno a ella, todo se mueve por ella. Conspiraciones, traiciones, guerras, batallas, luchas, magia, conflictos, todo por ella todo para pararla a ella. Conoce su mundo y a los que lo comparten con ella. Conoce a Benilda, la insufrible.

    Por fin regresaba de nuevo. “ Un mes no es nada” le decían, pero para él pasar un mes en el infierno era una eternidad. Él era feliz entre los humanos, los necesitaba, eran su fuente de vida.

    Las guerras las empieza ella. La paz solo dura lo que ella decide. El mundo solo está tranquilo si ella quiere que sea así. Benilda es única, todo gira en torno a ella, todo se mueve por ella. Conspiraciones, traiciones, guerras, batallas, luchas, magia, conflictos, todo por ella todo para pararla a ella. Conoce su mundo y a los que lo comparten con ella. Conoce a Benilda, la insufrible.

Tienda

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta