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6 min
Inteligencia humana
Varios |
19.06.19
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Sinopsis

     Dicen que la máxima diferencia entre los humanos y los animales reside en el habla, en la capacidad de confeccionar herramientas complejas, en unas manos muy diestras y sobre todo en una inteligencia superior.

      Precisamente de la inteligencia humana hablaremos en esta historia.

     Estamos en pleno siglo XVII, en época barroca, en una posada perdida en la montaña, frecuentada por bandoleros catalanes de la región.

      -Os digo que el virrey está esperando un pago proveniente de la corte, consistente en un par de baúles de monedas de plata. – Quien así hablaba era Marc un ladrón  que podríamos definir, ya que hablamos de plata, como de personalidad y apariencia metálica. Me explico… Bandolero de cabellos y barba rubios con destellos dorados como si el oro estuviera presente mezclado entre los cabellos. Brazos fuertes y musculosos como si el bronce les otorgara esa potencia y la piel en general con la nobleza de la plata…una piel que no era sonrosada y con rastro de impurezas, sino especial y con un valor distinto. Aparte de su noble apariencia, todo el mundo lo consideraba inteligente y muy capaz. – Tengo el golpe perfectamente organizado y dibujado. Os lo voy a enseñar.

       Marc mandó a la posadera que limpiara el sobre de mesa de pino de charcos de cerveza y alguno de vino, antes de desdoblar su dibujo en el.

        Miró a los bandoleros que se aprestaban a escucharlo. Uno, a su derecha con  el apodo del “arcabuz” ya que esta arma le acompañaba a donde fuera; otro, a su izquierda que respondía al nombre de Pau que iba siempre acompañado de su lugarteniente, tan mortífero como la propia  arma del arcabuz.

         El dibujo reflejaba un pequeño desfiladero de rocas con un carro custodiado por soldados a caballo. A la salida del desfiladero, había dos hayas grandes, derribadas que obstruían del paso del carro. A continuación el camino seguía y se introducía en un denso hayal.

         -El plan es sencillo de comprender…desde las rocas del desfiladero nos apostaremos detrás de las piedras y derribando a los soldados nos apoderamos del carro

         El “arcabuz” enseguida lo vio viable pero hizo una pregunta. –¿Cuantos soldados crees que custodian el carro?

         -Normalmente no más de veinte que es exactamente  el numero de mis hombres, siete, más tú y tus parientes que sois tres y sobre todo la partida de Pau que suman diez hombres.  Es decir sumamos un número parecido de hombres, pero nosotros gozamos de la protección de las rocas y del factor sorpresa…no habrán  dificultades.

          El “arcabuz” dio su asentimiento al proyecto e interiormente se admiró como siempre de la inteligencia de Marc. Una inteligencia que  se aplicaba siempre a fechorías, empujada por la miseria. Una inteligencia que siempre coqueteaba con el Mal, aunque tuviera la capacidad de actuar de otra forma.

           Sin embargo, Pau, ajustándose el chaleco azul que lo adornaba y rascándose el mentón como si cavilase, se apartó su sucio pelo de la frente para mirar de soslayo a su lugarteniente que siempre iba vestido de negro y dijo –Lo veo brillante  pero demasiado peligroso. Los soldados y más en nuestro tiempo, están habituados a luchar y a disparar…lo siento, pero no participaré…creo que tendríamos demasiadas bajas.

      Marc, acusó el golpe, pero su orgullo le hizo reaccionar y contestó.

     -Está bien, haremos la operación sin ti. Ya dije  que no habrían problemas, y no los habrán, lo haremos con la mitad de hombres y eso supondrá mayores beneficios.

 

        Llegó el día previsto y Marc junto al “arcabuz”, estaban aposentados en las rocas del pequeño desfiladero junto con sus hombres. Previamente habían derribado dos enormes hayas a la salida del  desfiladero y se dedicaron a esperar la llegada de los cofres.

        Como siempre que esperas algo que no llega, el tiempo pasaba demasiado lentamente…corrían las horas y nadie llegaba, pero finalmente las casacas rojas y botas altas de piel negra de la guardia, hicieron su aparición dejando entrever  el carro con el pequeño tesoro.

         Los disparos fueron casi instantáneos, los soldados no se esperaban aquella emboscada y en su mitad fueron derribados, pero finalmente desmontaron y detrás de sus monturas se hicieron fuertes y empezaron también a disparar con acierto. El cruce de pólvora y de despropósitos se recrudeció pero la contienda ya estaba decidida a favor de Marc y los suyos. Sin embargo como ya avisó Pau, el precio fue caro…cayeron cinco del grupo.

          Marc cogió varias cuerdas que llevaba consigo y tomando el resto de sus hombres y caballos se aprestó a quitar los dos grandes árboles que obstruían la salida del carro.

          Justo cuando consiguieron que el carro pudiera salir, y adentrándose en el camino  del hayal, Marc giró su vista con satisfacción hacia el “arcabuz” y tuvo el tiempo justo para ver como este caía certeramente derribado por los disparos de los hombres de Pau que  estaban convenientemente protegidos detrás de las hayas del camino, justo en la salida  del desfladero. Inmediatamente los hombres de Marc  fueron abatidos…se quedó solo y mandó a su caballo a galope tendido para que intentara salir de aquel infierno, pero un tiro en la espalda y posteriormente uno en el cuello, arrancaron la vida del bandolero.

 

 

       Pau estaba eufórico, se dirigió a su lugarteniente y le dijo

       -El plan de Marc quizás era medianamente inteligente, pero el nuestro, aprovechando el suyo y dándole continuación, ha sido doblemente inteligente.

        Después de comprobar con satisfacción el contenido de los cofres, el bandolero inteligente se puso al frente de la comitiva, seguido por su lugarteniente, sus hombres y el carro. Justo entonces el bandido vestido de negro empezó a hablar.

      -Quizá es contraproducente creerse que somos los más inteligentes de los humanos, pues siempre habrá alguien que nos supere en este aspecto y además nos asombre. – Mientras decía esto desenvainó su espada, la dejó descansar en su hombro ya que Pau no le veía, y continuaron andando al paso de los caballos. Los que sí veían la escena eran el resto de los bandidos pero nadie actuó….ya estaban advertidos. Efectivamente, con  un gesto rápido, el lugarteniente atravesó con su daga la espalda de Pau que cayó del caballo fulminado y muerto.

      

         

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