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3 min
Inutil confesión
Reflexiones |
17.09.16
  • 4
  • 3
  • 1889
Sinopsis

Hay momentos en la vida en los que uno no sabe bien en que se ha convertido.

Soy un criminal de la peor especie, no merezco compasión ni perdón. En el pecado llevo la penitencia o eso es lo que al menos quiero pensar. Os preguntareis cual ha sido el horrendo crimen que he podido cometer para que me dedique este flagelante monográfico. Os lo diré ahora mismo, sin tapujos ni eufemismos, al fin y al cabo no puedo seguir engañándome por más tiempo. Soy un asesino. Seguramente muchos de vosotros habréis pensado en este momento- Vaya, que sorpresa, otro asesino más que confiesa sus crímenes y pretende obtener notoriedad por medio de una mediocre y pretenciosa obra  literaria. Si, lo sé, yo hubiera pensado exactamente lo mismo. No obstante, cuando digo que soy un asesino, lo digo metafóricamente, pero este hecho no resta un ápice de dramatismo a mi historia. Una historia, que tal vez, a más de uno puede hacérsele familiar.

Como he dicho anteriormente soy un asesino. Si, lo soy, a pesar de que nunca he matado a nadie. Ni tan si quiera he herido nunca a un animal, o al menos de manera consciente. Esto que digo no me hace diferente de la mayoría de las personas, pero en mi fuero interno me siento un criminal. Hay crímenes que no son notorios a los ojos de la sociedad, e incluso a uno mismo, pero no por ello dejan de causar un gran dolor.

Muchos no comprenderán mi crimen cuando confiese que soy un asesino de mis posibilidades. Se preguntarán qué demonios quiero decir con eso.

Ahora que mi vida ha pasado su ecuador, soy consciente de la no posibilidad de recuperar todos aquellos momentos en los que por diferentes motivos no permití que las cosas pasaran. Exterminé ingentes posibilidades vitales, que incluso antes de que llamaran a las puertas de mi vida, ya tenían su destino escrito. Siento tristeza al pensar en que hubiera sido de mí si hubiera permitido abrir aquella puerta de par en par. Cuantas vivencias y experiencias no habrían hecho de mí un hombre mejor y más integro. Solo hoy, desde el páramo de mi soledad, puedo escribir esta inútil confesión. Si al menos uno de los lectores de esta patética historia comprende la naturaleza de mi crimen, daré por bueno este ensayo de autobiografía exprés. No lo olviden, vivan al máximo y permitan que las muchas posibilidades que se presentarán en sus vidas arraiguen en su futuro devenir. 

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