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6 min
Jack Snack Gómez
Ciencia Ficción |
21.12.19
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Sinopsis

Un hombre llega a una afamada ciudad en busca de su sueño.

 

Dreams

Jack Snack Gómez era un inmigrante que había llegado a Boobiesland en busca del sueño boobieslandiano. Y, vaya que lo consiguió, pues, a los pocos días de haber llegado se cotizaba como uno de los gigolós más buscados por los hombres y mujeres de élite de Boobiesland y  todos los alrededores. (Nos reservamos las identidades para evitar problemas judiciales).

Fue  tanto su despegue que, aunque se disponía a vivir en un cuartucho del barrio más bajo (llamado “El Brownie”) que le iba a alquilar uno de sus paisanos, llegó a vivir en calidad de huésped de primera en la suite presidencial del Hotel “Fuck my Little Paris”, ubicado en la gran avenida “The Madonna´s Ass”.

 

The Snack

Si de describirlo se trata, a ciencia cierta no se podría afirmar que Jack Snack Gómez hubiese sido un hombre guapo. Ni siquiera había sido una de las víctimas favorecidas por la radiación (hay quienes afirman que tenía un gran parecido con el antiguo actor de cine Danny De Vito). Pero, algo si era cierto, aunque Jack Snack Gómez no poseía un atisbo de belleza, sí era dueño de un curioso “Snack”.

Entre sus calzones, Jack, ocultaba todo lo que se necesitaba para triunfar en Boobiesland: Una herramienta no muy grande, no muy gruesa, pero en extremo cabezona que llegó a ser las delicias de los gustos más exquisitos de la metrópoli.

 

The Fame

El golpe de suerte para Jack Snack Gómez llegó el mismo  día que llegó –valga la redundancia- a la ciudad de Boobiesland. En cuanto se bajó del autobús, fue detenido por los miembros de las gloriosas fuerzas de seguridad de la ciudad. Lo encerraron en una celda oscura un ratito, lo golpearon un poquito, lo sodomizaron con una sombrillita vieja levemente y lo mandaron a desnudarse para ponerle unas chispitas de electricidad en el miembro viril. Pero, en cuanto se desnudó y dejó al descubierto aquel exagerado “Snack,” todos los miembros del escuadrón antiforasteros quedaron perplejos ante aquel hermoso embutido que continuaba extrañamente pegado al resto del cerdo (forma despectiva con la que se nombraba a los inmigrantes).

Desde ese momento, Jack Snack Gómez fue tratado como un honorable visitante de la ciudad de Boobiesland (como una celebridad), al punto de que las máximas autoridades de Boobiesland le otorgaron una cuantiosa suma de dinero como indemnización por los daños y perjuicios a los que había sido sometido, incluso se le obsequió una réplica de la sombrilla que se le había introducido en el culo durante los interrogatorios de rigor, pues, uno de los gendarmes había manifestado que el extranjero se había mostrado algo complacido mientras se le aplicaba aquel suplicio (cosa que no se pone en duda puesto que Jack Snack Gómez derramó algunas lágrimas, supongo que de emoción, cuando recibió de manos de la Superintendente de la ciudad aquel elaborado artificio).

Por otra parte, cabe señalar que el caso del extranjero macanudo (como se le llegó a conocer) llegó a ser del dominio público en cuestión de horas, pues, los implacables medios de comunicación no se hicieron esperar para dar voces sobre aquel pintoresco episodio. Entrevistas, fotografías, reportajes biográficos y hasta un reality show relámpago hicieron que Jack Snack Gómez pasara de ser la comidilla de la ciudad, a ser el postrecillo deseado por todo aquel que estuviera esperando probar un platillo exótico (hacía tiempo que la venta de “burritos” había sido clausurada por comprobarse que los burros estaban al borde de la extinción).

 

Downstairs

Noches de juerga, clientes agradecidos, fina champaña, joyas, promesas de amor, ropa elegante, mucho dinero, costosos obsequios, cocteles, torneos de tenis, carreras de autos, yates lujosos, autos del año, comida exquisita, cenas elegantes, sexo, sexo, sexo… Todo lo que Jack Snack Gómez había soñado le llegaba de golpe. Inexplicablemente, él había recibido todo  lo que jamás había creído que lograría, y sin ningún esfuerzo. Todo. Todo, todito, gracias a aquel doloroso secreto que jamás confesaría. Esa, su enorme y anhelada golosina, no era lo que todos creían. Noooo. Eso era otra cosa, un secreto que, desde ese día en la sala de interrogatorios de las gloriosas fuerzas de seguridad de la próspera ciudad de Boobiesland, había prometido jamás revelar.

Sin embargo, no bastaron tres cocteles explosivos, cortesía de Pussyrapacious (una puta codiciosa que extrañaba a los clientes que Jack Snack Gómez le había quitado), para que este buen hombre soltara con lujo de detalles su gran verdad. Eso que tanto habría querido ocultar. La verdad más dolorosa que pudiese esconder: que esa enorme protuberancia no era un regalo de la naturaleza. Noooo, sino, la hinchazón producida por una infección producida -valga la redundancia- por un problema que tenía con su estrecho prepucio (en su país de origen esa infección es conocida como “una vaina arrechísima”).

Pussyrapacious tampoco se hizo esperar, sino que, como una Dalila de tiempos modernos, fue y esparció como pólvora el secreto de aquel desdichado hombre cuyo pecado había sido querer gozar un poco de la vida pese a la hinchazón de su polla.

Una horrorizada población no daba cuenta del asco que sentía por haberse dejado seducir por las apariencias. Pronto se empezó a dar informes de una extraña infección que estaba impidiendo la libre expulsión de excretas a los más distinguidos ciudadanos de Boobiesland y sus alrededores. Las cartas estaban echadas. Alguien debía pagar todas las cuentas. Alguien debía pagar caro por soñar en Boobiesland. Se había puesto precio a las cabezas de Jack Snack Gómez, quien extrañamente desapareció sin dejar rastro.

Cuentan por ahí que aun vive en Boobiesland, y que vaga por las calles cabizbajo. Otros dicen que fue contratado por una empresa de material pornográfico de gran prestigio para rodar unas cuantas películas, mientras que otros tantos aseguran que Jack Snack Gómez fue abducido por los extraterrestres la misma noche en que fue traicionado y que juró que volvería.

Sea cual sea la verdad, algo si es cierto: Boobiesland jamás olvidaría a aquel que infectó sus rincones más remotos con sus ansias de gloria. Ya nunca más se volvería a confiar en los foráneos.

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