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5 min
Jangala ; Capítulo 1: Un alto en el camino.
Fantasía |
14.07.16
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Sinopsis

En un mundo completamente cubierto de junglas, llamada Jangala, donde se comercializa con las emociones y los caballeros montan sobre grandes reptiles, varios personajes viven sus aventuras.

El carromato avanzaba lentamente. Los varanos eran bestias excelentes de carga, con un ritmo constante, pero la velocidad no era su fuerte.

 

Farp sujetaba las riendas de sus dos varanos, sentado en el frontal del carro, los cuales tiraban de su caravana. La jungla era densa y solo estaba despejada en el mismo camino.

 

Al llegar a un pequeño riachuelo, Farp tiró hacia atrás de las riendas, indicando parar a sus criaturas. Estas obedecieron al instante. Se agarró en un tablón de la estructura de la carreta y bajó de ella con cuidado, su edad no le permitía hacer grandes movimientos, y se acercó a sus animales de tiro.

 

- ¿Tenéis sed, chicas? Les dijo mientras liberaba las ataduras de sus cuellos.

 

El primer varano, una vez sintió que estaba liberado, se acercó paulatinamente al arroyo y empezó a beber empleando su lengua bífida. La segunda bestia hizo lo mismo. Farp se aproximó a ellas y acarició las escamas de una mientras decía

 

– Buena chica.

 

Farp regresó al carromato y extrajo un pequeño fardo de la parte de atrás de este. Volvió con sus varanos y se sentó a su lado. Puso el fardo sobre sus piernas y lo desenvolvió cuidadosamente, dejando que el sobrante de tela, una vez liberado, reposara en los laterales de ellas. Su contenido, ahora presentado en su regazo, era su comida. Un par de bayas de orbignya, que encontró durante su jornada anterior y un trozo de pastel de carica adquirido en la última reposaría donde hizo noche.

 

Mientras comía, un par de carretas, manejadas cada una por un hombre, sobrepasaron su posición.

 

- ¡Tenga buena jornada! Le exclamó a Farp el conductor del primer carro.

 

Farp envolvió su puño izquierdo, con su mano derecha, a la vez que levantó los brazos. El hombre de la segunda carreta, le correspondió el gesto de igual manera, sin soltar las riendas.

 

Las caravanas se fueron haciendo mas pequeñas a los ojos de Farp conforme estas se alejaban, hasta desaparecer por completo a su vista. Justo en ese momento, finalizó de comer. Se limpió la boca y las manos con el mismo fardo y se reclinó hacia el agua para beber un poco ayudándose de sus manos.

 

Una vez hidratado, procedió a volver a anclar a sus fieles tiradoras a la carreta. Se concentró en su labor perdiendo la atención en su entorno, hasta que un crujido de ramas cercano le sobresaltó. Se giro en dirección al ruido y vio a cuatro hombres desaliñados, a unos diez metros de el, observándole. Empezaron a caminar hacia Farp y uno de ellos empezó a hablar.

 

- Bueno, bueno, bueno… Parece que hoy es nuestro día de suerte chicos. Vamos a poder hacer la buena obra del día… ¿Necesita ayuda con los nudos abuelo?

 

- Muchas gracias joven, pero no será necesario. Esas chicas me lo ponen fácil. - Dijo Farp.

 

 

 

 

Los hombres estaban mas cerca.

 

- Insisto viejo, no puedo permitir que se dañe la espalda. - Contesto el mismo hombre. - Siempre es bueno ayudarse entre viajeros. - El hombre se detuvo y sus compañeros le imitaron. Desenvainó hasta medio tahalí un pequeño puñal. Su intención era mostrárselo a Farp para intimidarle.

 

- Por lo que parece, creo que soy yo quien esta obligado a ayudarles a ustedes - Dijo Farp.

 

- Un poco de caridad, con todo lo que tengas de valor será bien aceptada. - Contestó el presunto líder.

 

- Creo que tengo exactamente lo que buscan caballeros. - Mientras decía esto, Farp se giró hacía su carro, mostrándoles la espalda a los asaltadores, y abrió una cajita de madera que se encontraba en su asiento. De su interior sacó un pequeño tubo cilíndrico de cristal y le quitó el tapón. Mientras lo sujetaba, entornó sus ojos por un momento y al volver a abrirlos, los tenía completamente blancos.

 

- ¡¿A que diablos estás esperando?! - Le apresuró el hombre desenvainando por completo el puñal. En ese mismo instante, notó una sensación fría en su rostro. Abrió el puño con el que sujetaba el cuchillo, cayendo este al suelo. Empezó temblar.

 

- ¿Que te ocurre Gok? - Le pregunto uno de los esbirros.

 

Gok empezó a gritar y salió corriendo hacia atrás apartando a empujones a sus compañeros. Los tres hombres restantes se sorprendieron de la reacción de su compañero. Imitándole uno de ellos, corriendo, pero los otros dos hombres se acercaron al anciano apresuradamente. Uno de ellos agarró a Farp por la espalda y le dio la vuelta, viéndole los ojos blancos.

 

- ¡Es un maldito canalizador! - Tal como decía estas palabras, sacó un garrote anclado en su cinto y le propinó un golpe en la sien con este, noqueando a Farp.

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