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24 min
Javier & Francisco (Capítulo 3)
Amor |
09.02.17
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Sinopsis

...Sentía el calor emanando del cuerpo de Javier y colmándolo por completo de gozo. Sentía la caricia de su mirada, el vigor que lo invadía cuando sus ojos se llenaban de su figura, su cuello, su espalda y todo Javier moviéndose al ritmo de su cabalgar.

...A pesar de todos sus temores previos y apenas llegó al colegio, lo invadió una extraña sensación de tranquilidad. Se dijo a sí mismo que, en el asunto de Francisco, la culpa de su errada comprensión de la situación la tenían los mismos hermanos y no él. Ese afán de hacer las cosas en las sombras, ocultando la verdad, era la razón para que él (y quizás otros) se confundieran y al final se distorsionara la realidad de todo el asunto. Su análisis le pareció tan contundente que la percepción de sí mismo como un perfecto idiota pareció diluirse en su interior. Se sintió dueño de una emoción poderosa. De hecho, hasta se pasó de listo y lo primero que hizo antes del comienzo de las clases fue dirigirse a la oficina del hermano Elías para hacerle ver -con una seriedad casi académica- el poco conocimiento que él tenía para distinguir qué tanta o qué tan poca fiebre podría tener Francisco con sólo tocar su frente.

El hermano Elías lo miró con cara de aprobación

¡Bien, Javier, muy bien! Me alegra que tengas esa inquietud. Eso me dice que te tomas esta responsa-bilidad muy en serio…Me sorprende lo que has madurado en este último tiempo, ¡Te felicito!

Javier, estaba exultante. Inclusive, sorprendido de su propia euforia, aunque sabiendo perfectamente que era (en sus propias palabras) “un enano cínico de mierda”.

Respecto de tu preocupación -prosiguió el cura- no te preocupes, tengo una idea que te ayudará a reconocer la fiebre sobre los 38°. La pondremos en práctica unos días antes que me vaya a Madrid

 

Cuando se topó con Francisco en el dormitorio, ambos se miraron con simpatía, y se regalaron una amplia sonrisa antes de darse la mano

Supe que estuviste enfermo –la mirada de Francisco era franca y especialmente cálida

Javier, sintió un leve temblor que casi le cuesta todo el aplomo que traía puesto desde la oficina del hermano Elías. Experimentó un dulce placer al imaginar a Francisco preocupado por él

Bueno…sí…un poco –hizo un esfuerzo para sostener la mirada- ¿Y tú cómo estás?

¿Yo? ¡Muy bien, muchas gracias!

Javier, admiró su serenidad y entereza, al mismo tiempo que lo invadió una oleada de calor, una es-pecie de energía cariñosa, un repentino deseo de abrazarlo y reconfortarlo…¿Reconfortarlo?

Los ojos de Francisco parecían contener una fuerza magnética. Javier, quitó la mirada y puso su mochila sobre su cama e hizo como que buscaba algo en ella.

Bueno, nos vemos luego –dijo Francisco, con una sonrisa, y al pasar a su lado, le apretó levemente en el hombro con su mano, como un gesto cariñoso. Sintió un escalofrío

 

Dos días después y a pesar que faltaba casi una semana para que el hermano Elías se fuera a España, Javier, pensaba constantemente en el momento en que tuviera que ir a la cama de Francisco y tomar-le la temperatura. Le preocupaba lo que pensaría el resto de los internos. De seguro lo iban a acusar de ser “el nuevo novio de la Pancha”.

¡Qué locos estos curas que se arriesgan a que uno crea que algo anda raro cuando se aparecen tarde en la noche en el dormitorio a sentarse en la cama de un interno! Fue tanta su aprehensión que fue nuevamente a hablar con el hermano Elías

Tú, no te preocupes. Yo, ya hablé con Francisco sobre esto, y hoy, a la hora de la cena, que es cuando están solamente los internos, me encargaré de informarles a todos que tú te vas a hacer cargo de verificar que no duerma con fiebre porque está enfermo…

O sea…¿Van a revelar lo que tiene?...¿No será un poco complicado que todo el colegio se entere de algo tan extremo?

El hermano miró a Javier como quien acaba de descubrir a un chico sorprendente

Tienes mucha razón. Tendremos que matizar lo de Francisco y no entrar en esos detalles que puedan resultar escabrosos. ¡No podemos mentir!, pero sí revelar lo justo y necesario. Por lo tanto, diremos que lo suyo es una enfermedad de su metabolismo producida por una enzima defectuosa…¡Eso es! Y como sabemos de la curiosidad de estos niños ¡tú incluido! –agregó, con una sonrisa- habrá que agregar que simplemente se trata de una falla del organismo y que se requiere controlar algunos síntomas, especialmente, la fiebre…Eso es todo…

¡Guau, que loca es la cosa! –exclamó Javier

¿Por qué tan loca? –el religioso, puso sus brazos en jarra para mirarlo con cara de interrogación

Porque uno creería que en una situación como ésta, Francisco, estaría mucho mejor en su casa que aquí en el colegio…y además…¡interno! –hizo una pausa antes de agregar- Sobre todo, pensando que su familia tiene mucho dinero…

El hermano Elías, carraspeó y su rostro tomó un cariz de gravedad

Te cuento, Javier…a este niño, desde que tenía 2 años, se le ha llevado varias veces a los Estados Uni-dos para distintos tratamientos y luego a España y Alemania para otros. Pasó casi tres años encerrado en su casa a punta de vivir en la sombra, sin derecho a disfrutar del sol, y con cajas de pastillas por tomar y varias inyecciones que recibir casi diariamente. Le han hecho un sinfín de estudios, escáneres, resonancias, además de otros tantos exámenes, y también lo han pinchado cientos de veces para sacarle sangre…

Javier, se revolvió en la silla tratando de controlar sus emociones, pero sus ojos se humedecieron visiblemente

El hermano Elías se puso de pie, se acercó y luego se agachó para darle un abrazo

No te preocupes –le dijo- la vida es un misterio que sólo Dios puede comprender…-se sentó nuevamente y miró a Javier con cara de resignación-…Y créeme que muchas veces cuesta una enormidad siquiera intentar comprender al Dios que amo…Y que me perdone…

Javier, se pasó las manos por sus ojos y permaneció en silencio

En fin, Javier, para Francisco es muchas veces mejor estar en el internado que en su casa. Y él mismo les ha pedido a sus papás que lo dejen permanecer aquí. Por lo menos, acá, está en la normalidad de un ambiente sin sobreprotección y con la libertad suficiente para tomar sus propias decisiones. Él dice que es mucho mejor seguir enfermo entre el ajetreo de cientos de compañeros de colegio que pasar mucho tiempo pensando en la muerte y mirando el techo allá en su casa.

 

Por precaución, a Javier no le permitieron participar de la clase de gimnasia. Recostado en su árbol de siempre y que le servía muy bien para pensar o leer, peleaba con el Dios de la cruz que había heredado desde que tenía uso de razón. Su mente, llena de argumentos lógicos propios y otros leídos en libros científicos y revistas especializadas de su padre, lo negaba. Pero, su corazón estaba siempre sumido en la confusión de sentimientos de amor y rechazo por aquel Dios que insistía en escurrirse por su boca en alguna situación de peligro, como cuando atropellaron a su perro Merlín

¡Dios mío, no dejes que se muera! –fue lo primero que dijo con los ojos llenos de lágrimas y el corazón compungido

Su lucha por negarlo era la consecuencia de todo lo horrible de la vida que aparecía por todas partes y que destacaban los periódicos y la televisión cotidianamente. No podía entender cómo era posible que hubiese un dios capaz de crear un mundo “maravilloso de porquería” donde la ley de la supervivencia fuera igual a despedazarse y comerse unos a otros…

¿Dónde está la bendita misericordia de Dios en todo esto? –se preguntaba

Sentía una honda decepción por la humanidad mientras leía y recorría los pasajes de la historia del hombre sumido en la explotación de unos a otros, el esclavismo, las guerras, los odios, los crímenes y todas las atrocidades imaginables…

Y también, estaba lo de Francisco

Un tibio sentimiento de cariño surgía en él cuando su mente evocaba a Francisco. Tras la conversación con el hermano Elías, sus emociones se habían desbordado hacia el amor fraternal por su compañero del internado. Admiraba su fortaleza y deseaba fervientemente ser su amigo y ayudarlo a sentirse bien y a disfrutar de la vida y de todo el tiempo que le quedara por vivir…

Lo invadió una ola incontenible de emoción y su corazón pareció explotar. Las lágrimas corrían por sus mejillas mientras sollozaba abiertamente. Al oír el timbre que anunciaba el término de clases, tuvo que hacer un gran esfuerzo para contenerse. Alcanzó a llegar a los baños del dormitorio justo cuando afuera, en los patios, la algarabía del recreo se había desatado.

 

Javier, era un alumno destacado. Sus notas eran buenas aunque no brillantes. Sentía predilección por los ramos de Biología, Química y Física, pero donde más destacaba era en Matemáticas. Francisco, era bastante regular en el estudio. Sus calificaciones le daban para pasar los ramos sin tribulaciones. Sin embargo, donde más sufría era justamente en Matemáticas.

Fueron, precisamente, los números, figuras geométricas y símbolos, los que acercaron íntimamente a Javier con Francisco.

De casualidad, y por una reparación de una fuga de agua en la sala de estudio donde los internos re-pasaban sus materias después de la cena, les tocó compartir en uno de los escritorios dispuestos en las varias salas de la biblioteca. Al acercarse a su lugar asignado, Javier, se topó conque Francisco estaba sentado al otro lado del escritorio. Se saludaron con un gesto de sorpresa y una mutua sonrisa.

Javier, pareció algo turbado por la mirada de Francisco. Creyó percibir una fuerte y cálida intensidad en sus ojos. Una vez sentado, se concentró en acomodar sus útiles y cuadernos con el fin de ganar tiempo para ordenar sus pensamientos y no parecer demasiado turbado. Temía que sus ojos lo delataran

Se mantuvieron en silencio por unos instantes, mientras cada uno parecía muy enfrascado en sus menesteres. Sin embargo, tanto el uno como el otro se sentían inquietos. La imaginación de Javier se desbordaba en locos pensamientos en los que Francisco aparecía ardiente y sensual. Quiso dirigir su mente hacia la falda corta y los muslos de Eloísa, pero sus ansias lo regresaban una y otra vez a las pecas en el hombro de Francisco; aquellos diminutos puntos de color café sobre una piel blanca que, de pronto, se le antojaba tan deseable… ¿Deseable? –sintió que un súbito calor se encendía en su bajo vientre

¿Qué estudias? –la voz de Francisco fue como un golpe eléctrico

Ma…matemáticas –hizo un esfuerzo por sonar normal

Francisco, esbozó una sonrisa que lo sorprendió. Aunque no habían estado juntos tanto como para conocer sus gestos, por primera vez creyó ver en sus labios una señal, un indicio casi imperceptible de aquello femenino que había vislumbrado en alguno de sus sueños eróticos con él. Una deliciosa electricidad le recorrió el estómago. En ese momento, sus pensamientos no se conectaban con nada de la gravedad de la enfermedad de su compañero

Ah, las matemáticas… son mi gran problema –su sonrisa iluminó las pupilas de Javier

¡Es mi ramo favorito! –exclamó con entusiasmo, e inmediatamente, su intuición le indicó que la puerta que lo comunicaba íntimamente con Francisco estaba abierta de par en par

¡Qué suerte la tuya! –sus ojos azules brillaban con intensidad- Yo, por el contrario, soy una calamidad. De hecho, tendré que tomar clases particulares para no perder el ramo…

Te…te puedo ayudar…si tú quieres –sintió un cosquilleo avivándose en su estómago

¿De veras?...¡Eso me encantaría!

Javier, creyó percibir un gesto de coquetería en el tono de su voz. Pero, ocurrió que en ese momento, su mente le llevó abruptamente a la memoria de la enfermedad de Francisco. Algo dentro de él se rebeló en contra del flujo sensual que lo invadía y que a la vez parecía venir del mismo Francisco. Sintió un poco de vergüenza de sus emociones y pensamientos. Y justo cuando creía haber dominado su imaginación, la voz de Francisco lo devolvió de un golpe a la realidad de sus ansias…

A lo mejor podrías quedarte en mi casa este fin de semana –su mirada brillaba plena de intensidad- ahí podríamos estudiar…y…también salir a cabalgar o ir a pescar…si es que te gustan esas cosas…

Javier, se sintió dominado por un delicioso regocijo

¡Amo la pesca de truchas! –su voz sonaba exultante- ...Especialmente las arcoíris…¡son mis favoritas!

¡Qué bien!... ¿Tú…tú crees que te den permiso en tu casa? –los ojos de Francisco parecían llenarlo de calor

¡Claro!...O sea…yo creo que sí –vaciló- ...Voy a llamar a mi casa…Sería genial que…

¿Estudian o conversan? –el vozarrón del hermano Roberto asomando su cabeza desde el pasillo los pilló de sorpresa- En 20 minutos nos vamos al dormitorio. ¡Estudien, flojos! –exclamó sonriendo y desapareció Ambos se miraron y soltaron una risa cómplice.

Será mejor que estudiemos un poco –dijo Francisco- Al menos, intentemos concentrarnos en eso

 

Tumbado en su cama, Javier, abrió un libro que no supo cuál era e hizo el intento de leer. Su mente divagaba dejándose llevar por las emociones de un fin de semana con Francisco en su casa, solos, sin testigos… Lo invadió una exquisita sensación de placer. Sus emociones lo llevaban por imaginarios paisajes en la finca de Francisco…bosques, quebradas, valles y ríos por donde cabalgan, conversan, ríen… y fluye ese calor…un fuego delicioso invadiéndolo todo como una dulce energía que lo conmueve y lo llena de placer… Una parte de su mente empuja por regresarlo a la realidad de un chico enfermo, y sin embargo. esa imagen se diluye casi de inmediato y reaparece con fuerza la mirada cálida de Francisco y ese gesto suyo que le pareció una señal plena de sensualidad…

¿Sensualidad?...¿Estás seguro?... –se preguntó- ¿Y la invitación a su casa…te parece poco? –se respondió

¿Porqué su cerebro insistía en las imágenes de Francisco como una chica sensual y anhelante? Evocaba aquellos lunares en su hombro, la curva de sus caderas, que no eran de un chico…su trasero, esa ondulación deliciosa que ni siquiera Eloísa tenía…sus piernas…sus muslos…

Su mente vacilaba, a pesar de sus juveniles y antojadizas conclusiones acerca de la homosexualidad. Sintió un rubor de vergüenza en sus mejillas, pero, al mismo tiempo, la llama abierta de su ansiedad se encaramó hasta su entrepierna y un calor arrebatador se transformó en una ardiente erección…

Temió que alguien pudiera oír su agitada respiración.

 

Francisco, ya no intentaba dormir. Con sus ojos cerrados, su mente flotaba por los hermosos paisajes del campo donde se había criado. Después, sumido en un sueño profundo, se vio a sí mismo y a Javier cabalgando por las praderas en flor, los bosques olorosos y el angosto sendero tapizado de helechos que bajaba hasta su lugar favorito en las aguas frías y cristalinas del lago… Sentía el calor emanando del cuerpo de Javier y colmándolo por completo de gozo. Sentía la caricia de su mirada, el vigor que lo invadía cuando sus ojos se llenaban de su figura, su cuello, su espalda y todo Javier moviéndose al ritmo de su cabalgar. Una emoción maravillosa lo dominaba. Parecía que toda la agonía de su cuerpo enfermo y sus agotadores pensamientos acerca de un futuro horrible y oscuro se hubiesen diluido en un bálsamo dulce y placentero.

Los temores desaparecían de su corazón. La vida le abría las puertas de par en par a un espacio que era como aquel inmenso paisaje cubierto de estrellas que adoraba contemplar recostado a orillas del lago durante el verano, y que le hacía sentir que cuando llegara la muerte…ésta lo llevaría a ser parte del todo, de aquello infinito y maravilloso que se fundía en lo profundo…

Nunca se había sentido así por nada ni por nadie. Las chicas lo aburrían con todo aquello que para él no eran sino boberías rosas y palabras tontas y huecas. Sentía una mezcla de indiferencia y desprecio por aquellos chicos y hombres que lo miraban como a un bicho raro o le enviaban sucias señales de anhelos y deseos. Odiaba la turbia mirada de algunos y le parecían estúpidos y mediocres todos aquellos que cuchicheaban a sus espaldas. Hasta podía leer perfectamente en sus rostros aquellos ruines pensamientos que pretendían ocultar…

En su corazón, Javier, era hermoso. No se parecía en nada a los demás. Lo presentía limpio, honesto y generoso. Lo envolvió una excitante emoción de gozo cuando su mente lo llevó a un lugar del paraíso donde él y Javier contemplaban juntos, recostados sobre la arena tibia de una inmensa playa solitaria, el interminable centellar de las estrellas…

Al abrir sus ojos, pudo ver a través de la ventana que amanecía. Su mente lo regresó a sus aún vívidas imágenes del sueño, y cuando evocó la figura de Javier, con su mirada, sus tímidos y cohibidos ademanes y ese calor persistente que emanaba de todo él, sintió un ardor excitante apoderándose de su cuerpo.

Se levantó, aseguró el cerrojo de la puerta y luego abrió el pote con aquella sustancia viscosa y olorosa. El deseo lo hacía temblar. Gimiendo de placer se acarició el ano y luego dejó que su dedo se perdiera en su interior...

 

Los Bennet, eran la tercera generación dueña de la finca “Las Mercedes”. Era un campo de 1.600 hectáreas, con enormes plantaciones de manzanos de exportación y situado en la zona más agrícola del país. Javier, a través de la ventana del coche, contemplaba con asombro las interminables filas perfecta-mente alineadas de los miles de manzanos a ambos lados del camino. Francisco, volteado hacia él desde el asiento del copiloto, le contaba acerca de las distintas variedades de manzanas que tenían plantadas. Javier, trataba de poner atención pero sus emociones lo hacían perder el hilo de las palabras que entraban por sus oídos.

El chofer, que no paró de contar anécdotas de Francisco durante la hora y media que duró el viaje, agregó que también había duraznos, peras, arándanos y paltos, entre otras variedades de frutas. Cruzaron bajo un imponente arco de hierro cubierto por una esplendorosa enredadera de buganvilias con flores azules, violetas y rojas, que enmarcaba la entrada a un área de estacionamientos desde la que continuaba una senda flanqueada de hortensias multicolores que atravesaba un hermoso jardín con una gran extensión de césped, hasta llegar al porche de una antigua y elegante casona colonial de 3 pisos.

Francisco, guió a Javier hasta la oficina estudio de su padre. El mobiliario de la casa era refinado y sobrio. De los muros enchapados en madera colgaban cuadros de retratos familiares, bellísimas pinturas de Somerscales, Lira, Andara, Garavito y de otros grandes pintores chilenos y latinoamericanos.

El padre de Francisco, era un señor de unos 50 años, alto, rubio y de piel muy blanca. Tenía una mira-da ajena y displicente como si Javier fuese un protocolo bobote que hubiera que sortear rápidamente. Saludó apenas, dijo unas cuantas palabras y tras tocar la mejilla de su hijo, dio por terminada la reunión, agregando que tenía mucho trabajo que hacer.

Luego, fueron hasta el amplio salón de lectura donde la madre de Francisco leía uno de esos best sellers que aparecen en la lista de los más vendidos en Amazon.

La doña, levantó la vista del libro para recibir el beso en la mejilla de su hijo. Le tocó la frente y luego miró a Javier, le sonrió con una mueca y a modo de saludo le extendió una mano lánguida que Javier apretó apenas antes que la dama se enfrascara nuevamente en la lectura.

Subieron al segundo piso y a través del amplio pasillo alfombrado llegaron a una habitación grande y espaciosa que tenía dos camas separadas por una cómoda de múltiples cajoneras. Ocupando toda la pared del fondo estaba un clásico, hermoso y enorme estante de madera, atiborrado de libros. En el otro extremo de la pieza había un escritorio, una bicicleta estacionaria, una máquina de ejercicios y la puerta del baño.

Esta es tu cama –Francisco, pasó su mano sobre la colcha

Javier, puso su mochila sobre ella y luego se fue directamente al estante. Estaba maravillado con la cantidad de libros y al mismo tiempo sorprendido de ver tantos volúmenes clásicos, como también muchos de aquellos que él tenía en su pequeña biblioteca y otros que le parecieron bastante sofisticados para alguien de 16 años. “El Arte de Amar”, “El Hombre y sus Símbolos”, “La Interpretación de los Sueños”, “El Hombre Busca Sentido”, “El Libro Rojo”, “Tres Ensayos sobre Teoría Sexual” y varios otros libros de psicología, filosofía, esoterismo y chamanismo.

Veo que te gustan los libros

Francisco estaba fascinado. Le encantó ver el rostro extasiado de Javier y sus manos recorriendo los volúmenes como si les hiciera una caricia. Javier, se dio vuelta para mirarlo con un par de ojos chispeantes y las mejillas encendidas

¡Me fascinan los libros! También tengo una pequeña biblioteca, pero lo tuyo es…simplemente ¡fabulo-so!...Aquí, hay cientos…

Te he visto en el internado leyendo a escondidas…aunque en un principio creí que eras un pervertido –soltó de pronto Francisco con esa risa suya que ahora le parecía algo amanerada

Javier, se sentía confundido. La personalidad de Francisco parecía tener complejos altos y bajos. A veces, le parecía un chico circunspecto, reservado, pero de pronto lo sentía ligero y audaz. No sabía si lo suyo era una bipolaridad producto de la terrible circunstancia de su enfermedad o él estaba entregado a querer disfrutar del resto de su vida en el amor, el sexo o lo que fuera…

No entendió muy bien lo que pensó. Su cabeza lo llevaba por un laberinto sin salida donde un Francis-co anhelante estaba en cada senda que intentaba seguir. Su cuerpo se encendía sin aviso… Casi le da un ataque de pánico cuando de repente imaginó que Francisco podría notar la razón de su turbación o el repentino bulto en su entrepierna.

Eligió irse al baño Se sentó en la tapa del excusado. Su corazón latía con fuerza. En su mente se entrecruzaban las imágenes de un Francisco ardiente y sensual con su propia imagen ansiosa; la figura de una persona sucia y torva; como si una parte de sí fuera la de un pervertido dominado por sus deseos, mientras la otra parte lo trataba de empujar inútilmente a conectarse con el dolor de Francisco, su enfermedad y su tristeza; esa angustia que parecía saber ocultar muy bien…

Sintió mucha rabia por no ser capaz de borrar o al menos desviar a otra cosa sus afanes y deseos.

¿Por qué? ¿Por qué tengo estos malditos anhelos y pensamientos? ¿Por qué no puedo dejar de regresar a ellos?

Se mojó la cara con agua fría y luego se bajó los pantalones, los calzoncillos y se empinó frente al lavabo para meter su pene duro y erecto bajo el chorro de agua helada. De inmediato se dio cuenta que la idea fue estúpida e inútil. La erección se hizo hasta más poderosa y sintió ganas de masturbarse, pero se aterró ante la imagen de Francisco al otro lado de la puerta.

Creí que te habías ido por el excusado –exclamó Francisco riendo y Javier le respondió con una sonrisa cohibida.

Francisco, creyó notar una cierta turbación en la mirada de su amigo. Su corazón latía con una felicidad contenida, bien sometida al control de sus emociones; algo que él había aprendido a fortalecer después de años de ocultar sus sentimientos en frente de las demás personas.

Sintió una oleada de placer al darse cuenta que Javier esquivaba su mirada y al mismo tiempo que su lenguaje corporal le decía que todo en él era una sutil agitación…nervios, quizás.

¡Qué lindo! –le hubiera dado un abrazo si no fuera porque sabía perfectamente que lo echaría todo a perder y que difícilmente podría contener sus anhelos.

El timbre del citófono lo arrancó de sus pensamientos

Nos llaman a comer. Espero que te guste el pastel de choclo. La Mercedes, nuestra cocinera desde hace como 500 años, lo hace maravillosamente….¡una delicia!

 

Después de almorzar y disfrutar de un pastel verdaderamente delicioso en una convivencia que resultó algo larga y tediosa, y donde apenas se intercambiaron unos cuantos diálogos, Francisco, invitó a Javier a recorrer la zona más agreste y frondosa de la finca a través de la cual se llegaba al río y a una bellísima laguna donde, según él, vivían las truchas más hermosas y grandes que él había visto nunca.

Javier, estaba fascinado. Lo mejor es que su anfitrión tenía de todo para pescar. Sin embargo, él siempre fue un pescador artesanal sin ninguna de las sofisticaciones de aquellos que usan adminículos de última generación y técnicas de pesca que aparecen en gruesos volúmenes con nombres en inglés. A él le gustaba su caña de bambú, el tarro con sedal, el anzuelo y la lombriz.

Con todo listo para partir, Francisco, le contó que tiempo atrás, alguien, en la laguna, había sacado una trucha fario de 4.5 kilos.

Javier, no lo podía creer, y ante la perspectiva de algo como eso, su mente se desconectó absolutamente del erotismo que lo dominó durante gran parte del día. En ese instante, toda su excitación se centró en preguntar acerca de qué habían usado para sacar esa fario, qué tipo de sedal, qué anzuelo, o si fue con carnada viva o señuelo o si usaron carrete manual o caña de pescar, o si fue con una línea mosquera…

¡Calma, compañero! –Francisco, lo miraba entre risueño y sorprendido- Te puedo contar que la trucha la sacó un trabajador de la finca que siempre pesca con un carrete hecho en casa, una vara de coligüe y un sedal de 0.30 milímetros o algo por el estilo…Y según sé, estaba pescando con lombriz…

¡Guau, qué maravilla! –exclamó Javier, con un rostro extasiado

¡Por favor…qué tanta cosa! Era sólo una trucha… -dijo Francisco con cierta brusquedad acomodándo-se la mochila en la espalda- ¡Ya vámonos!

En el planeta mental de Javier sólo había una gran trucha de 4.5 kilos, contorsionándose desesperada por librarse del anzuelo. Ni siquiera notó el cambio de humor de Francisco...

 

Continuará...

 

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  • ...Finalmente, se hizo cierto aquel sueño con Eloísa junto al río cuando, recostados de igual forma, ella giró su rostro para besarlo, y sin embargo, había sido la boca de Francisco la que se abrió para entregarle una caricia urgente y apasionada. Esta vez, era el Francisco de carne y hueso...

    ...Sentía el calor emanando del cuerpo de Javier y colmándolo por completo de gozo. Sentía la caricia de su mirada, el vigor que lo invadía cuando sus ojos se llenaban de su figura, su cuello, su espalda y todo Javier moviéndose al ritmo de su cabalgar.

    A pesar de su corta edad, Javier, no dimensionaba nada homosexual en sus gustos y deseos. Para él, lo de Francisco era como una cosa propia de cualquiera de las experiencias que ocurrían en muchos de los animales que aparecían en los artículos científicos de las revistas de su papá. Le molestaba que la gente hablara de “homosexualismo” en referencia a las prácticas de tantos animales con otros miembros de su mismo sexo. Desde que se enteró que el sexo entre iguales en algunas especies es una forma de sostener el equilibrio social del grupo, sintió que sus sensaciones respecto de Francisco respondían a una emoción absolutamente normal y que naturalmente todo se resolvería más adelante una vez que a él le llegara lo que las revistas describían como la “madurez sexual”.

    ...Cuando Eloísa giró su rostro para mirarlo, tenía el rostro de Francisco, y cuando ella abrió su boca de labios sensuales para besarlo, tenía los labios de Francisco. Fue un beso largo, ardiente y desenfrenado. Su pelvis se agitaba con el ritmo de un frenesí arrebatador.

    "El rencor es como beberse un veneno y esperar que la otra persona muera" Carrie Fisher

    Mi imaginación vuela y desde las alturas, muy cerca de las nubes, veo el espectáculo increíble del suelo con sus calles, sus casas, los árboles, la serpenteante agua del río, los coches y las gentes como pequeños insectos moviéndose en todas direcciones. Soy un pájaro

    ...¡Eso, tenía que ver con la idiota que se deja embarazar como si no supiera que su tonta vida se va a echar a perder de ahora en adelante…

    Fernando, no podía comprender el significado de aquellas palabras que daban vueltas en su mente: “No me gustan los putos maricones que parecen buena gente…” ¿De dónde salieron esas malditas palabras? ¿Por qué le parecían estar clavadas a fuego en su cerebro como si las hubiera llevado consigo durante toda su vida?

    Reírte hasta las lágrimas, te puede ayudar a conseguir una pizca de felicidad, pero también te puede conducir directamente al infierno

    ...Las nuevas hipótesis acerca de las razas alienígenas apuntan a que los seres y ovnis que pululan subrepticiamente a través del Cosmos, no son otros que nosotros mismos venidos desde un futuro, 45.000 años adelante.

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