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6 min
Joder, quería tu sexo.
Amor |
06.06.14
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Sinopsis

Una carta llena de trolas y de poyadas justificando tu falta de coraje y mintiendo acerca que lo que realmente querías esa noche. Esa noche querías sexo. Y no lo tuviste.

Oye, Ninette, niña con nombre de gata, me hubiera gustado volver a tenerte en frente, a la distancia de un aliento, de un maullido. También me hubiera gustado volver a sentir tu lengua jugueteando con el filo de mis incisivos y de mis caninos gastados. Tu sabor a chicle demasiado mascado y un ligero toque de licor. Abrir los ojos a las seis de la mañana cuando me tapas la boca con la tuya y observarte dormida sobre mi cara mientras te concentras en mover la lengua dentro de mi boca. Sentir tu aliento nasal.

Esperaba encontrarte de pronto por la calle, caminando, dirigiéndote de prisa a algún sitio, que tú siempre tienes cosas que hacer, estás muy ocupada y no tienes tiempo. Cuando te encontré finalmente, venía de hacer el amor con otra, amor de una noche, pero al menos hubo amor, o algo parecido, un placebo probablemente, nada más . Eso me dijiste una hora después de darnos un primer beso, que siempre tienes cosas que hacer. No te toqué los senos, esos senos de olor a leche apunto de hervir. "vaya tetas, chica". Eso pensé al día siguiente tomando café. Pero no, simplemente juguetee con la deliciosa piel de tu espalda, abandoné mis manos a su antojo y no antojaron cochinadas. Sólo caricias en las caderas y la parte baja de tu espalda. No sé si te gustó. Me dijiste que querías dormir conmigo, éramos adultos y podíamos hacer lo que quisiéramos. Así que supongo que sí te gustó. Supongo que estabas caliente como una brasa, una calentura metafórica, entiéndeme. No paraba de mirarte y de decirte lo guapa que eras, cosa que, para hacer una excepción, era verdad. Tú me pediste el beso y fue una grata sorpresa. No cuadramos, de eso me di cuenta enseguida. Tal vez te desilusionó que no pusiera demasiado entusiasmo en la propuesta de compartir cama y sexo. Rechacé el sexo que deseabas por la vergüenza que suponía no poder llevarte a ningún sitio. Te me antojaste demasiado delicada, demasiado diosa eslava como para follar contigo en mi coche. Demasiado caché para mí. Me refiero a que en ese momento me entró el pánico y pensé que eras tan guapa y tan perfecta y que no podríamos tener futuro, un futuro social donde quedar con amigos y hacer cenas en casa los domingos, es imposible, sería desastroso. O tal vez no desastroso pero sí incompatible.

 El caso es que ahora sé que perdí esa noche la única oportunidad que he tenido para acostarme contigo. No creo que haya más. Ahora estás esquiva, y la posibilidad de tener tu sexo se diluye a cada segundo (luego he sabido que tras tu fracaso al intentar sexo conmigo desantaste lo andado y te volviste a decantar por mi amigo, aquél al que quedaste colgado a medio rollo para declararme tus deseos de meterme la lengua hasta la garganta) Te interesaste en intercambiar los números de móvil, yo mostré indiferencia, casi desinterés y la verdad es que me sorprendo ahora de eso, porque normalmente para esas cosas soy bastante transparente. Creo que te dije “bueno, si quieres…” pero en verdad estaba sorprendido, y encantado, claro. Y cuando volvimos a quedar, después de una llamada tuya, no te toqué, ni intenté besarte, tuviste que volver a ser tú la que diera el paso. Eso no te gustó, lo sé. Ahí perdí (supongo que fue ahí cuando volvió tu mente a mi amigo, "mala elección, mala decisión" debiste de pensar). Nos despedimos con unos besitos que a mí me supieron tan a gloria como los primeros y yo me fui con una sonrisa en la boca después de soltarte una parida como qué dulce sabes, o algo así. Es curioso lo contentos que nos ponemos con ciertas cosas. Justo cuando tu deseo por mí murió, el mío por ti ya era un hecho. O mejor dicho, mi deseo por las cosas que me producían placer de ti. Tu imagen de niña rubita, esa boca y su sonrisa con dientes blanquísimos , tus besos. Esa lengua juguetona. Tu figura, tu bonita figura con bonitas piernas, bonitos pechos, bonito culo….

Y ahora te escribo sobre ello, sobre algo que probablemente me convendría clasificar como intrascendente en pos de no perder demasiado el tiempo pensándolo. Porque el hecho de que ya no te interesaba lo deduje de tus mensajes, a través de los cuales te mostraste esquiva, poco interesada y ya ves, he perdido afición por lo de chocarme contra las rocas. Hace pupa, y hay diosas terrenas a miles que pueden satisfacer mis deseos. Pero el caso es que como siempre, tardé demasiado tiempo en darme cuenta de ello. Claro, incluso te ves en la trampa de justificarlo todo con gilipoyeces del tipo "qué te podría ofrecer yo a tí y tú a mi". Y en este caso, las desalentadoras respuestas que podrían darse si hubiera algo de posibilidad de ver nacer algo bonito, diluyen la misma posibilidad de su continuidad, y una vez perdida la esperanza de ello, de que surgiera algo, dichas respuestas negativas juegan a tu favor , en un autoengaño similar al de la fábula de la Zorra y las Uvas, en la que el personaje zorruno de Esopo, la Fontaine y Samaniego sería yo, para evitar malentendidos. El instinto no entiende de ofrecimientos y de cábalas a posteriori. Quise pensar,(ya ves el desengaño que hube de llevarme) que tomaste distancia para medirme, que eras muy sensible, persona con alta sensibilidad, o algo parecido me dijiste que eras, que había unas siglas para definir tu "peculiaridad". Un bichito raro, poco más o menos. Y era optimista, dándome esperanzas, pensando que era normal esa distancia, que no implicaba nada malo, por supuesto, pero siendo consciente, por contra, de que tampoco implicaba nada bueno. Construyendo, al fin y al cabo, posibilidades que me favorecieran, haciendo una excepción otra vez. ¿Qué porción de futuro es lo que tú planeas y qué porción lo demás, lo azaroso? Joder, con lo claro que estaba. Esa noche querías sexo. Punto.

Y ya ves, el azar ha hecho que hayas sido una posiblidad perdida.

Joder,  en verdad yo también quería sólo tu sexo. Sólo eso.

Un beso.

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