cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

20 min
JODI AL PADRE Y ME FOLLE A LA HIJA
Drama |
24.01.14
  • 4
  • 0
  • 7675
Sinopsis

Los inversores de capital riesgo suelen exigir una parte sustancial del capital social a cambio de la financiación que aportan y procuran obtener una tasa de rendimiento muy alta.

No más que entrar en la habitación del hotel solté el maletín encima de la cama como el reo que se libra de sus pesadas cadenas, el peso del expediente del ERE era extremadamente pesado. Había sido agotador el trascurrir de la semana, las negociaciones con el comité de empresa fueron más intensas de lo que yo tenía previsto en mi plannning de actuación. Aquella gentuza me habían puesto aprueba mi capacidad de no negociar. El conjunto de técnicas para conseguir el máximo aprovechamiento de los medios legales de que disponía se convirtieron en insuficientes para doblegar la voluntad de los trabajadores.

No me sentaría a negociar con aquella “chusma” hasta que consiguiera que no tuvieran nada que llevarse al estomago, si los tengo muertos de hambre son más sociables. Es cuestión de tiempo que mantuvieran su huelga indefinida ¡El tiempo corre a mi favor!

Lo único que me tocaba por mover eran las amenazas de recurrir a  un concurso de acreedores para conseguir que algún miembro del comité de empresa pusieran precio a su lealtad para con la empresa ¡Todos tenemos un precio! Como siempre el precio de un obrero siempre es barato dentro del contexto del coste de las negociaciones ¡Es cuestión de números!

Oí un sonido hueco en la puerta de mi habitación, alguien estaba picando insistentemente en ella. Al abrir la puerta me encontré  con mis guardaespaldas, dos hombres que los conocía muy bien, ya llevaban a mi servicio cuatro años.

-¡Sin novedad Señor Augusto! Hemos hecho los controles habituales ¡Todo despejado! Si no manada nada nuevo pedimos permiso de fin de semana.

-Que tengan un buen fin de semana caballeros.

-El dispositivo de GPS lo tiene activado Señor. Hemos dado intrusiones a Base por si usted necesitara  de nuestros servicios donde pueden localizarnos.

Observe el reloj para cerciorarme que el dispositivo SOS estaba con el piloto iluminado sobre la pantalla. Aquellos hombres eran minuciosamente perfectos en su servicio de protección, habían demostrado en más de una ocasión su profesionalidad. Sabían convertirse en mi sombra sin yo apenas darme cuenta de su presencia, eso me daba una libertad de actuación que sabia valorar muy positivamente.

-Lo dicho caballeros ¡Que tengan un buen fin de semana! Nos vemos el domingo a la mañana  en el hall del hotel

-Hemos dispuesto un servicio de chofer con vehículo por si usted quisiera  tener movilidad durante estos días. Esta alertado y notificado en la recepción del hotel la identidad del chófer el Sr. Bautista Garcia. Si solicitara el  servicio la recepción del hotel será atendido por nuestro hombre el Sr. Bautista.

-No creo que lo tenga que necesitar. Les deseo un buen fin de semana.

Cerré la puerta de mi habitación, me senté en la cama para abrir el maletín. Estuve repasando los preacuerdos que había firmado con los sindicatos, todo estaba correcto y los tenia donde quería tenerlos. Pequeños flecos de poca importancia como podía ser el número de personas que causarían baja en la empresa, oscilaban entre ciento-cincuenta o doscientos,  cincuenta arriba o abajo “Peccata minuta”. Al fin y al cabo eran una pandilla de desagradecidos obreros que no sabían ni lo que pedían.

Repase los documentos y me dirigí al armario para acceder a la caja fuerte que contenía en su interior mi ordenador. Introduje la tarjeta en la ranura y marque la combinación en el teclado. Trascurrido unos segundos, oía el mecanismo de abertura de la puerta de la caja fuerte, extraje el ordenador personal y me dispuse a dar el informe a la central de VENTURE CAPITA de Chicago.

Terminado el informe espere la respuesta de la oficina de Chicago, habrían trascurrido más de dos horas desde que inicie el informe, concluido el informe  y habiendo recibido el OK de Chicago. Misión cumplida era la hora del descanso del guerrero, una ducha gratificante me estaba esperando en el cuarto de aseo.

Mi cuerpo ya estaba limpio y aseado, me tumbe en la cama, cerré los ojos para intentarme relajarme con una técnica de Prologo de Krishnamurti en Meditations que aprendí en Hong Kong cuando estuve destinado por la empresa. Al abrir los ojos la única idea que tenia era la de comer algo, me levante y me vestí para dirigirme al restaurante del hotel para cenar.

Instintivamente observe la situación de las mesas al entrar en el restaurante, cuál de ellas era la más cercana a alguna puerta de acceso y que siempre mis espaldas estuvieran cubiertas por algún obstáculo para evitar agresiones por la espalda, estas medidas me fueron implantadas por mis guarda-espaldas. Detalles que siempre se cuidaban ellos pero dado que les había autorizado que estuvieran fiesta, seria yo el que tomaría las medidas de seguridad.

Se acerco el maître para recomendarme una mesa  muy próxima al piano.

-Le agradezco su ofrecimiento pero la mesa que deseo es la que esta arrimada cerca de la pared.

-Lo que el Señor desee.

No es de extrañar que el maître se quedara atónito por mi elección, estaba anunciado que durante la velada estaría al piano un famoso concertista de la orquesta sinfónica de la ciudad. La seguridad es lo primordial en mi trabajo para poder sobre vivir  en el mundo que me muevo. No sería la primera vez  que alguno de aquellos desgraciados que había dejado en la calle se quisiera tomar la justicia por su mano.

La cena fue mediocre, muy bien presentados pero lo que más resaltaba eran los nombres, siempre muy suculentos pero luego el resultado deja mucho de desear. El primero un Atascaburras un plato muy humilde elevado a la alta cocina, patatas cocidas con bacalao un plato típico de Albacete, de postres un Paparajote, postre típico Murciano, sin más connotaciones que su propio nombre.

Terminado de cenar me disponía ir a mi habitación que al pasar por delante de la barra del bar me apeteció tomar una copa en el bar. Me senté uno de aquellos taburetes a deleitarme con un gint tonic de Bulldog con su canela con un toque de regaliz, saboreando todos los matices que desprendía el gint tonic introduje la mano en el bolsillo de la americana. Mi mano tropezó con una tarjeta de visita, aquella tarjeta había pertenecido al director de la fábrica, en ella se describía la situación de la fábricas que teníamos en el extrarradio de la ciudad.

Me estaba terminado el excelente gint tonic cuando estuve repasando la tarjeta. Aquella tarjeta era de las pocas cosas que se había salvado de mi maravillosa actuación con el ERE. La tarjeta mantenía cierta dignidad la cual ya no tenía mucho sentido al no existir la factoría. De qué sirve una tarjeta de director de nada ¡Impecable en la ejecución! Como siempre mi trabajo es impecable.

Seguía pegada aquella tarjeta, pegada a mi mano ¡Pensar que nunca había estado en dicha factoría! Aquella tarjeta tenía el mismo apego a mis manos como los obreros tenían aquellas cuatro paredes y seis hierros. No lo entenderé nunca y no será por no tener una amplia experiencia  en cerrar empresas en el porqué aquellos desgraciados daban su vida por algo que al fin y al cabo no era de ellos.

Siempre es más de lo mismo, comités de empresa que terminan efectuando las mismas maniobras absurdas para tener que claudicar a mi voluntad. Empiezan con largas asambleas que no aportan otra cosa que confusión y desinformación, termina siempre como actuación estelar con el inicio de una huelga indefinida que lo único que les contrae es en ahogarse en su propia mierda, manifestaciones que solo las siguen sus familiares y algún medio de comunicación para colocarlo en sus secciones de economía.

Mi curiosidad se engrandecía según miraba la dichosa tarjeta ¡Y pensar que había obreros que llevaban más de veinte años trabajando en la misma factoría y efectuando el mismo trabajo! Tendrían que besar por donde yo camino, los libero de veinte años de monotonía, aburrimiento, fastidio, hastió y cansancio. Pobres desgraciados se pensaban que sin ellos la compañía no podría sobrevivir. Que tendrán aquellas naves  industriales para que actuaran de la forma que actuaban ¡Ni puta idea!

Sera fácil de averiguarlo, tengo al dirección de la fabrica  en la tarjeta solo tengo que pensar el cómo llegar. Me acorde que mis guarda espaldas  me dejaron un servicio a mi disposición de vehículo con conductor.

Me acerque al mostrador de recepción del hotel.

-Buenas noches ¿En qué le puedo atender? Caballero.

-Necesitaría tener el vehículo que tengo asignado para ahora mismo.

- Me permite su tarjeta de acceso ¡Por favor!

Extiendo mi tarjeta de acceso dándosela al recepcionista.

-La 666, Señor Augusto un momento por favor.

El empleado comprueba en el monitor del ordenador las referencias de mi tarjeta.

-Efectivamente tiene un vehículo a su disposición ¡Ya se lo solicito! No creo que tarde más de cinco minutos en tenerlo a su disposición.

Estando sentado en aquel cómodo sillón de recepción, entro un hombre que por su aspecto y su forma de dirigirse al mostrador de recepción, daba señales que tendría que ser el chofer que estaba esperando. Se acerco hasta donde yo estaba sentado y reclinando ligeramente la cabeza.

-¡Buenas noches! El Señor Augusto.

-¡Sí!

-Disculpe el tiempo de espera. Soy el conductor que estará a su disposición.

-Algo en esta ciudad funciona bien ¿Qué coche es el que lleva?

-El vehículo que tiene a su disposición  es un Mercedes Benz S65 AMG ¡Espero que sea de su agrado!

-¡Está bien! Quiero que me lleve a esta dirección.

El chófer se queda mirando la tarjeta del director de la fabrica.

-Disculpe pero no es una zona muy recomendable para visitar a estas horas de la noche. Es una zona que pertenece al extrarradio de la ciudad, donde hay locales de ambientes nada recomendables.

-Si no se explica mejor no logro entender que tiene que ver la factoría con lo que me está explicando.

-Disculpe mi torpeza: La factoría de la dirección es una fábrica metalúrgica, el posible problema  es que en ese mismo polígono industrial hay locales nocturnos donde la gente joven del barrio colindante acuden en esos locales donde hay delincuencia, drogas y botellón.

-¿Cuál es su nombre?

-Perdone que no me haya presentado mi nombre es Bautista.

-¡Bueno Bautista! La aventura es la aventura.

-Señor Augusto el ambiente más bien ¡Como diría! Es muy “Quillo “muy “Choni” ¡Usted me entiende!

-La verdad que no acabo de entender el término “Choni”. Pero me pica la curiosidad por descubrir ambientes diferentes a los que normalmente son habituales para mí.

-No tengo ningún inconveniente en llevarlo al polígono. Si no fuera de su agrado podremos cambiarlo por otro ambiente dentro de la ciudad cuando usted desee.

La noche se había cerrado  y la temperatura descendía según iban pasando los minutos. Bautista cogió dirección sur por la autovía, no habría trascurrido media hora que estábamos entrando en el barrio del extrarradio ¡Vaya barrio! Como habría gente que pudiera vivir en aquellas colmenas hechas edificios, bloques de hormigón construidos en los años cincuenta. Calles semi desiertas con un abandono urbanístico que rozaba más la pobreza que la desidia, con jardines que eran como pequeños desiertos entre mares de cemento.

Bautista detuvo el vehículo en uno de los escasos semáforos que nos encontramos en aquel barrio, al mirar por la ventanilla pude observar uno de tantos bares que habían en aquel trozo de calle. Me sorprendió el nombre ¿A quién se le ocurre poner por nombre a un bar? ¡EL LADO OSCURO! En su terraza por denominarlo de alguna manera  unos personajes dignos del STAR WARS.

-Bautista cuando se refería que el ambiente no era recomendable era por los individuos por ejemplo están en esa terraza del bar.

-Efectivamente Señor Augusto. Esos jóvenes son los que denominaba como “Canis” y “Chonis” unos “Quillos”. Son los hijos de los obreros que su mayoría habían trabajado en el polígono industrial al que nos dirigimos. Puede comprender que la mayoría de los padres están en el paro por la crisis y los hijos dejan los estudios y se dedican al trapicheo para no trabajar en lo poco que pudieran encontrar en el mundo laboral. Su oficio es el conocimiento y disfrute del alcohol, drogas y sexo.

El semáforo se puso en verde y continuamos nuestro itinerario, no tardaríamos mucho que ya estábamos delante de la puerta  de lo que había sido una fabrica productiva hasta que la dejaron en mis manos expertas.

Baje del coche y estuve mirando lo que en antaño tendría que ser la garita del portero, cristaleros rotos por el suelo de lo habrían sido las  ventanas, pintadas recordando el nombre de mi Santa Madre acompañadas de mi nombre. Siempre son las mismas proclamas de “estamos en lucha”, “resistiremos”,  “paga cabron” y como guinda del pastel un muñeco colgado del cuello en la parte más alta del edificio ¡Que poca imaginación! ¡Todos estos desgraciados actúan igual sean del sur o del norte!

Las instalaciones  ya eran un fantasma en silencio, lo único chillón eran lo que quedaba de las pintadas sobre las paredes, muerto sin vida estaba el difunto edificio de la metalúrgica. Lo único que rompía aquel silencio era unas naves continuas que habían una sala de discoteca.

Delante hay una gran explanada  donde acuden coches de lo más variopinto, con colores escandalosos con sonidos ensordecedores  que salían de aquellos endemoniados vehículos. Rodeando aquellas maquinas grupos de jóvenes con botellas en las manos y con brillo en sus ojos de lo que se habrían metido en aquellos cuerpos que por su aspecto oscilarían sus edades entre quince y veinte años. Por sus vestimentas eran fáciles distinguir que eran de la tribu urbana de los “Canis” y las “Chonis”.

Aquella jungla para mí era un autentico descubrimiento, nunca había observado una forma de vida como la que estaba viendo. Mi mundo era muy diferente, he tenido que tratar con gente de nivel mucho más bajo que el mío, pero siempre a nivel empresarial nunca a nivel personal. El solo hecho que aquellos jóvenes seguramente eran hijos y sobre todo hijas de los obreros que había expedientado con la ERE me hacía ver la trastienda de la vida de mis ex empleados.

-Bautista son la una de la madrugada he tomado la determinación  de que me quedare en esta sala de fiesta. Tengo una gran curiosidad por conocer como son los hijos de mis ex empleados.

-¡Señor Augusto no es un ambiente muy recomendable! Pero si esa es su decisión yo me quedare en el vehículo hasta que requiera de mi servicio.

Baje del vehículo y me dirigí a la puerta de la nave industrial convertida en sala nocturna. El portero  de la puerta se quedo parado al verme, apartando a los jóvenes a zarpazos para crear un pasillo por donde yo pasar al interior del local. A mis espaldas no hacían más que hacer comentarios: ¡Se cuela el “Pijo”! ¡Un “Pijo”! ¡No te jode el “Puto” “Pijo”!

Aquella multitud de jóvenes que jugaban a ser adultos me recordaban a los destartalados de sus progenitores, la diferencia sus vestimentas  que a mi entender eran lo más parecido a payasos de feria de tercera en un país del este europeo. Las mujeres eran niñatas que visten como rameras barrio bajeras ¡Esto es el país de Putilandia! Ante todo se hacen de notar, sobre todo ellas  con esos pantalones cortos “shorts” y esas camisetas con amplios escotes que muestran sus enormes pechos operados.

Había algo en aquella especie de mujeres que me estaba excitando, su vulgaridad me ponía como nunca antes había percibido. Realmente me encantaban aquellas mujeres, no sé si por su juventud, por su desparpajo o por ese aire a facilonas y a viciosas del sexo.

Ya dentro del local era el centro de atención, todos y sobre todas me hacían un marcaje de lo más cercano, estaba envuelto en una nube de “Chonis”. Me acerque  a la barra  del local, al apoyarme en la barra me vi rodeado de tres “Chonis”. Maquilladas como maniquís de un local de chinos, una morena con un pelo negro como el alquitrán la otra con un pelo negro azulón y la tercera un rubio oxigenado. Las tres con unas largas melenas que les llegaban hasta el mismísimo culo.

Una de ellas la morena no hacía otra cosa que dirigir su mirada a mis pantalones.

-¡Eh tío te invitas a algo!

Me la mire por el descaro que me pidió que la invitara, también me distraje mirando aquel abultado pecho que sobre salía de su escote de poligonera.

-Creo que se equivoca señorita pero no tengo intención de invitarla a nada.

-¡Vale tío! ¡Vale! Un “purreta “como tu seguro que tienes pasta hasta en los gayumbos ¡Mira tío! ¡Vale!

-Señorita siempre se pueden negociar las cosas ¿A cambio de qué?

-Yo sé lo que les va a los tíos como tú ¡Vale...!

No más terminar la frase  aquella imponente morena me metió mano en mi bragueta. Las demás amigas sonreían mientras la morena hacia resbalar la palma de su mano sobre el ya abultado paquete que marcaba mi miembro viril.  

-¡Joder con el “pijo”! ¡Qué cantidad de “pollon” que tienes!

Prefería estar callado y dejar que aquella mujercita ejercitara el trabajo manual sobre mi miembro. Las compañeras se fueron apartando hasta que nos dejaron a los dos a solos, no sin antes la morena les indicarles educadamente que se buscaran alguna actividad dentro del local.

-¡Joder! So guarras buscaros otros para que os follen. Que este es mío y me lo voy a comer yo solita ¡Vale!

Viendo como se estaba desarrollando la velada pensé que era el momento de invitarla  a beber algo dado que la joven estaba empeñada en llevarse un trozo de carne a la boca, lo mejor sería que lo acompañara con alguna bebida alcohólica.

-¿Desea tomar algo?

-¡Bueno! ¡Vale! Quiero un whyscola ¡Joder! Bien cargado ¡Vale!

-Camarero un whyscola ¡Por favor!

Empezó a dar gritos al camarero, por la forma  en que se le dirige se nota que era muy conocido por ella.

-¡Eh…! ¡Tú! John,  pero me lo pones del bueno ¡Vale! ¡No seas cabron! ¡Tío! Que paga el “macaco” ¡Vale! Pégale bien al JB ¡Que mi pototo quiere cosa fina! ¡Vale...!

Terminamos tirados en un sofá  asqueroso com un olor a orines que te inundaban  los sentidos a amoniaco. Ella inmune aquellos vapores, comenzó su laborioso trabajo, introduciendo en su boca mi pene y succionándolo con movimiento ascendentes y descendientes. El resto de clientela pasaba y traspasaba por delante nuestro sin dar ninguna señal de asombro, como si aquello fuera lo más normal del mundo. Estaba sobre excitado pero algo en mi subconsciente me alertaba que aquella situación la estaba controlando aquella pequeña viciosa y en mi no es habitual. Entre mamada y mamada logre averiguar su nombre, se llama Sheila.

-¿Sheila que te parece si dejas lo que estás haciendo?

-¡Joder  tío que no te gusta  cómo te la como! Que una no es garganta profunda ¡Vale!

-No quería que me mal interpretes, lo estás haciendo muy bien  ¡Pero…! No lo encuentro el lugar más apropiado, podríamos trasladarnos algún sitio más discreto y cómodo.

-¿Qué delicado me has salido? Si quieres que follemos, podemos ir a tu coche.

-No está mal pensado Sheila, yo buscaría un lugar más confortable ¡Por ejemplo! En el hotel que me hospedo.

Los ojos de Sheila se abrieron en toda su grandiosidad, le brillaban aquellos ojos marrones.

-¡Joder! Que pasada ¡Hecho Tío!

Mientras ajustaba la cremallera de mi bragueta ella recogió sus pertenecías que estaban esparcidas por el sofá, su chaqueta de imitación de piel de leopardo y su diminuto bolso rojo.

Busque el móvil en uno de los bolsillos de de americana y llame a Bautista.

-Dígame señor Augusto.

-Pase a recogerme a la puerta del establecimiento. Otra cosa llevaremos una invitada con nosotros.

La salida de Sheila fue lo más parecido al paseo por la alfombra roja de los premios de los Oscar, una salida exitosa. Se pavoneo con todas sus amigas, se le veía que era la reina del país de Putilandia. Bautista ya estaba esperando en la puerta de la sala de fiestas, la cara de Bautista reflejaba la extrañeza por la elección de la dama de compañía que llevaba cogida de mi brazo.

-Disculpe Señor Augusto, si quiere le puedo conseguir otra dama de compañía más acorde con usted.

Bautista me recomendó que conocía señoritas de compañía que podrían hacerme la noche muy placentera y asi evitar riesgos con aquella “choni” poligonera. Señoritas muy discretas y su mayoría con estudios superiores. Le ordene a Bautista que le abriera la puerta a mi invitada y que nos llevara al Hotel.

En el trascurso del viaje la Sheila estuvo callada. Cuando entramos en hotel la escandalosa joven se convirtió en mujer modosita que lo único que hacía era observar todo lo  que había a su alrededor, se dejaba llevar del brazo como una cordera. Prefería a la loba de la sala de fiesta.

Cuando las puertas del ascensor se cerraron resucito la Sheila que conocía.

-¡Joder tío! Que mal lo he pasado con la gente de la recepción. Que estirados “tío”. Menuda pandilla de carrozas ¡Vale! ¡Ni que fuera yo un vicho! ¡Vale…!

Tiro el bolso al suelo con su escandalosa chaqueta y empezó a desnudarse, aquel delgado cuerpo era muy menudo para el tamaño de sus pechos. Ronroneaba como gata en celo, la Sheila había conseguido que tuviera una excitación que nublaba mis pensamientos, empecé a desnudarme.

Mi ropa se mezclaba con la suya en el suelo de la habitación, terminábamos los dos en suelo desnudos u abrazándonos.  Yo goce con aquel cuerpo que se entrego a todas mis fantasías sexuales. Su apetito sexual es desmesurado, no tiene freno. No sé cuando termino aquella locura sobre la cama con las sabanas revueltas entre nuestros cuerpos.

Quedamos dormidos enzarzados en aquella noche de lujuria y placer. Al despertar al día siguiente contemplaba a Sheila era mi Pretty Woman y yo me sentía como Ricard Gere. Había jodido al padre y me había follado a la hija.   

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

No me conocen todos los que me tratan, ni me tratan todos los que no me conocen

Tienda

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta