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5 min
JUBILACIÓN DOLOROSA
Amor |
21.11.20
  • 5
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Sinopsis

Jubilarse sin saber que hacer después es como caer al vacío, como andar sin rumbo cierto. Dependerá de la capacidad de afrontamiento positiva o negativa del individuo, su adaptación o no a la nueva situación que está viviendo. La inadaptación a esta nueva etapa pueden generar en la persona trastornos físicos y/o psíquicos.

Rafael, cumplía 52 años de edad cuando decidió jubilarse de la institución donde laboró durante treinta años como dibujante de estructuras de ingeniería. Antes de su retiro, Rafa que así lo llamaban con cariño amigos y familiares, gozaba de un excelente estado de salud. Era un hombre alegre, activo y afectuoso con su mujer e hijos. En su matrimonio con Margarita tuvo tres hijos y vivían en una zona residencial de clase media en la capital de su país. La relación en su hogar era de amor, paz y armonía.

Margarita se desempeñaba como profesora en la dirección de educación de adultos. Allí se mantuvo activa durante unos cuantos años después de la jubilación de su marido. A raíz de aquel día cuando Rafa dejó de hacer todo para hacer nada, todo cambio en su vida y en su hogar.

Margarita, salía en la mañana a trabajar y regresaba a casa a las cuatro de la tarde, mientras tanto, Rafa como animal enjaulado caminaba incesantemente todos los espacios de su vivienda. Bajaba y subía a cada rato aquel ascensor del edificio donde vivía. Compraba todos los periódicos y pasaba horas trás horas leyendo y releyendo las noticias del día, hasta que el aburrimiento lo dormía. En esa rutina diaria fue haciendo y creciendo su mundo. Cuando su mujer salía a trabajar, él la miraba por la ventana y sentía una inmensa sensación de culpa e inutilidad, pero jamás hizo nada para remediarlo.

Rafael pasó su tiempo culpándose de lo que hizo y dejó de hacer, pero sin buscar una solución aquella situación. Poco a poco fue dependiendo más de su mujer y de sus hijos. Su inactividad fue creándole trastornos del humor, lo cual originaba conflicto con los hijos y con su mujer. Se convirtió en una persona irritable y poco tolerante. Todo le molestaba y ejercía un control obsesivo sobre los movimientos de sus hijos y de su conyuge. Esta alteración del humor fue creando una conflictividad familiar, a tal punto, que los hijos se vieron obligados abandonar el hogar e irse a otra ciudad.

A Margarita solo le quedó resignarse a soportar la tiranía de aquel que una vez fue su adoración. Cuando los hijos se fueron y el hogar quedó vacío, Rafa no tenía con quien pelear ni a quien controlar. La soledad del nido agravó su trastorno y los síntomas depresivos se hicieron más elocuentes: dolor en todo el cuerpo, decaimiento, perdida del interés por cualquier actividad, abandono personal y social.

Las visitas al médico eran muy frecuentes por diversas razones. Al principio era la tensión arterial, recibió tratamiento para la tensión. Luego, presentó dolor en los ojos, le indicaron tratamiento para los ojos. Posteriormente, presentó dolencias en la próstata, recibió medicación para la próstata. No contento con ello, el colon se le inflamaba frecuentemente, recibía tratamiento para el colon. Le dolían los huesos, los músculos y todo el cuerpo; no había sitio del cuerpo en el cual no manifestara una dolencia. Si veía una mancha en la piel, salía de prisa donde el médico. Si sentía mareos, inmediatamente corría a la clínica. Poco a poco Rafael fue llenándose de enfermedades. Desde las horas de la mañana hasta altas horas de la noche, vivía pendiente de su cuerpo y de cualquier síntoma que presentase. Su mujer había perdido la paciencia, ya no soportaba la queja constante de su marido, pero no podía ser indiferente aquella situación que estaba viviendo.

Margarita era la única que podía soportarlo, pero aquella carga emocional que llevaba sobre sus hombros fue debilitando sus fuerzas y empezó a enfermarse. Al principio presentó artritis con deformaciones de las manos que le impedían realizar los oficios en casa, Progresivamente, la artritis inflamó sus rodillas lo cual le impedía caminar y la obligó a retirarse del trabajo. Su retiro obligatorio no fue obstáculo que detuviera las quejas constantes de su marido. Al final, doña Margarita se agravó de su enfermedad y murió.

Después del entierro de Margarita, sus hijos decidieron recluir a su padre en un asilo para ancianos. Allí, a sus 71 años de edad, Rafa es un enfermo hipocondríaco recluido en un albergue para ancianos y olvidado por los hijos. En medio de aquella soledad, solo le quedó esperar su destino final, porque jamás reflexionó, que la jubilación es tiempo libre y el tiempo libre para los que no saben que hacer; es tiempo vacío, tiempo para enfermarse y esperar la muerte.

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  • Cuánta experiencia de vida. Ante el ritmo frenético laboral se anhela una jubilación y cuando llega se hecha en falta lo anterior. Siempre hay que cultivar aficiones para disfrutarlas con tiempo y sin las prisas del ayer. No sucumbir y adaptarse a las circunstancias. Un saludo Ramón.
    Ciertamente hay casos así. Hay personas que durante toda su vida se hanvolcado en el oficio habitual, pero han reparado muy poco o casi nada en su persona; en lo queles gusta o en lo que no. En estos casos lo mejor es mantenerse ocupado con alguna actitivad creaiva, y en un moderado deporte. Al fin y al cabo todo depende también de un fondo cultural.
    Saludos afectuosos Ramón.... Lamentablemente, Rafael no supo reinventarse en esa nueva etapa de su vida. Conozco personas, que en esa fase, se hacen creativos y buscan otra ocupación, pero más de "hobby" como de terapia ocupacional. No todos corremos con la misma suerte. A unos le sobran recursos anímicos y a otros no. Existen muchos Rafaeles y Margaritas al igual, la actuación de los hijos, que no la juzgo, pero no comparto.
  • La vida es lo único que te pertenece, lo demás son vínculos afectivos que llenan tus espacios vacíos.

    Andar, andar sin tener claro donde llegar o qué buscar es correr el riesgo de caminar sin rumbo cierto pero, ceder al corazón la dirección de tus pasos, quizás es terminar en un lugar muy distinto al que hubiésemos querido y a veces incluso, sin posibilidad de regreso.

    La vivencia de un acontecimiento vital estresante puede provocar alteraciones emocionales de tal magnitud, que dejen como secuelas trastornos psíquicos y orgánicos.

    El miedo a la soledad se convierte en tu peor enemigo, porque domina los pensamientos, agobia con sus mentiras y falsos presentimientos.

    No hay enfermedad, sino enfermo, porque cada quien sufre o padece la enfermedad en forma diferente, según sea la razón o actitud que asume ante la vida.

    Cuando el sentimiento duerme la enfermedad despierta.

    La muerte de un ser querido representa un acontecimiento vital estresante, la no adaptación al hecho repercute en forma negativa en la persona pudiendo ocasionar trastornos psíquicos u orgánicos.

    Cuando persigues objetivos en la vida y se presentan acontecimientos, que interfieren con tus propósitos puede originar cambios emocionales.

    Los acontecimientos vitales estresantes son sucesos relevantes en la vida de las personas que lo perciben como un hecho negativo o no deseable. La vivencia de un acontecimiento vital produce cambios a lo largo de la vida de los seres humanos. La inadaptación ante estos acontecimientos ocasiona cambios en la salud de las personas con aparición de enfermedades o empeoramiento de las ya existentes. Ningún ser humano está exento de vivir un acontecimiento vital estresante y de padecer las secuelas que este le genera.

    La ausencia de los hijos crea un vacío en el hogar, un tiempo difícil de ocupar. Un triste silencio baña el ambiente familiar. Cuando los hijos se van y el hogar queda vacío, una profunda herida se abre en el corazón de los padres.

Escribir, es dejar una huella de existencia en el tiempo, Es abrir una ventana al mundo para comunicar pensamientos y sentimientos. Cuando escribo soy yo, como un libro abierto, donde cada palabra escrita expresa mi manera personal de entender e interpretar la vida.

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