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8 min
Juicio a una Bruja II (Final)
Suspense |
06.08.17
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Sinopsis

Es la historia adaptada a nuestro tiempo de una historia que me solía contar mi abuelo, de algo que sucedió hace muchos años en una aldea de la Galicia profunda... estoy investigando los hechos... las ruinas las he encontrado... la llaman " a igrexa dos condenados"... verdad o ficción... es posible que os pueda dar la localización del lugar... o no...

Transcurrida la hora, todo el mundo regreso a la iglesia parroquial...

-Proseguimos con el juicio. Toma la palabra el ministerio fiscal.

-Gracias señoría, llamo a declarar a Asunción Ríos. Asunción subió al atril y fijó su mirada sobre la acusada, mostrando una sonrisa desafiante.

-Asunción, ¿No es cierto? Que en una ocasión, me confesaste que acudiste a casa de Santa y que ésta insistió en echarte las cartas porque intuía que te pasaba algo malo.

-Si, señor cura.

-¿Y lo hizo?, te echó las cartas.

-Si me las echó.

-Otra prueba más de las malas artes de la acusada. No hay más preguntas señoría.

-Su testigo Juan.

-Gracias señoría. Asunción si no querías que Santa te echase las cartas, ¿Por qué no te fuiste de su casa?

-Porque tenía curiosidad…

-Ya… como dice el refrán… la curiosidad mató al gato… y que te dijo Santa una vez te echó las cartas.

-Es algo privado, que no viene al caso.

-Como que algo privado, eres una testigo y no puedes negarte a contestar.

Asunción miro hacía el alcalde con la cara desencajada, esperando que éste dijese algo en su favor.

-Asunción debe contestar a la pregunta del abogado defensor, no puede negarse.

-Quiere que le vuelva a hacer la pregunta. –Replicó el abogado defensor.

-No, en las cartas me salía que estaba embarazada. –Un rumor retumbó en toda la iglesia.

-Embarazada… ¿De quien?

-Del señor notario. –Un griterío perturbó el silencio sepulcral.

-Silencio en la sala, si no se callan los expulso a todos de la sala, ¡Silencio! –El silencio se hizo… mientras, todos los presentes miraban a la testigo con mirada inquisitoria.

-Bien, ¿y que mas le salía en las cartas?

-Que el padre no se iba a responsabilizar y que me iba a proponer que abortase.

-¿Qué le dijo Santa al respecto?

-Que no lo hiciese, que no matase a la criatura que llevaba en mi interior.

-¿Y que hiciste?

-Fui a la consulta del médico a que me hiciese las pruebas de embarazo.

-¿Y que dijeron las pruebas?

-Que estaba embarazada... -Las lagrimas inundaron los ojos de Asunción.

-¿Le dijiste al médico el nombre del padre?

-Si.

-¿Y que te dijo el médico?

-Que debía abortar. –De nuevo un gran griterío perturbó el silencio en la iglesia.

-¡Silencio! –Gritó el alcalde. Si no os calláis… os expulsó a todos, es la última vez que lo digo.

-¿De cuanto tiempo estabas embarazada?

-Por mis cálculos… de menos de cuatro semanas.

-¿Qué hiciste?

-¿Qué iba a hacer? Yo no quería… pero no tenía alternativa… si quería mantener mi trabajo… si no quería estar en boca de todos… ¿Qué podía hacer?

-Podías hacer lo que te dijo Santa…

-No, no podía… ella me dijo que saliese del pueblo, que encontraría trabajo en otro lugar, que encontraría a un hombre que se responsabilizaría de la criatura… pero no podía perder lo que tengo… él me engaño… me dijo que se desharía de su mujer… ¡esa gorda sucia y apestosa!… que ahora que era notario y tenía poder… que le sería muy fácil deshacerse de ella… me lo prometió…. –Gritos de puta, asesina, retumbaron en toda la iglesia.

-¡Orden en la sala! –El alcalde miró a uno de los guardias civiles que estaba a su lado, éste se acercó al atril, desenfundó su pistola y disparó al aire… -Se hizo el silencio…

-No hay más preguntas señor alcalde. –La testigo puede retirarse. –Comentó el alcalde.

-Llamo a declarar a María Ferreiro.

-Protesto señoría. –Dijo en tono enérgico el cura. –No creo que hagan falta más testimonios para ver las artimañas de está bruja, trata de confundirnos a todos los presentes con sus malas artes… ella y su abogado son adoradores de Satán…

-Cállese, que prosiga el juicio. –María Ferreiro se situó en el atril temblorosa…

-María, ¿puede contarnos? ¿Qué le sucedió a su hijo Manuel?

-Que estaba muy enfermo.

-¿Y que hizo?

-Llevarlo al médico.

-Bien, puede relatarnos todo lo sucedido.

-Mi hijo Manuel, se puso muy enfermo de la noche a la mañana, lo lleve al médico y le hizo pruebas de todo tipo, análisis de sangre, electro cardiogramas, encefalogramas, no se… de todo… y el niño no mejoraba, se nos iba. –Las lagrimas caían a borbotones de los ojos de María.

-Bien, ¿Qué le dijo el médico?

-Que no sabía que pasaba… que todas las pruebas daban bien, que le resultaba muy extraño… que mi hijo estaba en manos de Dios… Al decirme esto fui a hablar con el cura, le pedí que intercediese por mi… que rezase por mi hijo…

-¿Que le dijo el cura?

-Que no podía rezar por él… que era el fruto del pecado… ¡Un hijo de soltera! ¡Me replicó!… una abominación de la naturaleza por tener síndrome de down, que era un castigo divino por mis pecados… ¡que era la voluntad de Dios! Que tenía suerte de que Dios lo acogiese en su seno…

-Ya. ¿Y que hizo usted?

-Se lo lleve a Santa, nada más entrar me dijo… que el niño tenía el aire de un difunto… que cuando estaba embarazada de él, fui al entierro del señor Manuel de Meiras y que se me pegó el aire…

-Ya. ¿Y que hizo Santa?

-Preparó un brebaje que le dio a beber al niño, le colocó un escapulario y nos lo llevamos a cruce de caminos que hay al salir del pueblo, lo colocó en el suelo en el centro del camino, le echó agua bendita por todo el cuerpo… le sacó la ropa y la quemamos en el monte… al poco rato el niño comenzó a toser… escupió una gran bola de pelos y unas plumas negras… las quemamos junto a la ropa… y el niño sonrió… Santa me dijo que me lo llevase a casa y que le diese un buen caldo, nada de leche un buen caldo…

-¿Y que tal esta el niño?

-Todo el mundo lo sabe… bien… está sentado allí al fondo en el regazo de mi hermana. –¡Pecadora!, ¡tu eres la socia de la puta de Satán! –Replicó el cura, con la mirada sanguinolenta.

-¡Ya está bien! Gritó el alcalde. –Juan hizo un gesto a María para que abandonase el atril, María asintió y se dirigió hacía la pila de agua bendita que estaba situada al lado de la puerta de entrada de la iglesia, sacó un saquito blanco de su bolsillo y depositó unas momeadas de plata dentro de la pila, se acercó al banco donde estaba sentada su hermana y su hijo, cogió una bolsa de plástico y sacó una caja de madera, la abrió. La caja contenía sal con una serie de hierbas… hizo una línea delante de la puerta con el contenido de la caja… dirigió la mirada hacía Juan, éste le hizo un gesto de aprobación con la cabeza y se colocó detrás del atril.

-Me dirijo a todos los presentes, la gran mayoría cómplices necesarios en está farsa de  juicio, ¡es la hora del juicio final! Los inocentes que se levanten y abandonen la iglesia. –El pánico se apoderó de la mayoría de los presentes, intentaban levantarse de los bancos pero eran incapaces, en sus caras un gesto de horror… de terror… comenzaron a gritar desesperadamente… Solo unos pocos salieron de la iglesia. Santa se levanto de su banco y murmuro unas palabras… se hizo el silencio… todos los presentes seguían gritando pero de sus gargantas no salía ni un sonido…

-Hipócritas, necios, mentirosos, ¡malas personas! ¡Vosotros sois los impíos! ¡almas corruptas! ¡ha llegado vuestra hora! Santa os ha ayudado a todos los presentes, habéis acudido a ella para que os ayudase con vuestros problemas, que os sanase a vuestros hijos, a vuestros animales… ¡Judas! Os vendéis por unas monedas a los caciques que ostentan el poder en éste lugar… el alcalde y recaudador, el médico, el veterinario, el boticario y a un clérigo corrupto con el alma más oscura que el azabache. Hoy se hará justicia. –Las paredes de la iglesia comenzaron a temblar, el suelo vibraba… mientras todos los presentes seguían intentado levantarse de los bancos… Santa y Juan abandonaron la iglesia cerrando las puertas. A los pocos segundos de que Juan y Santa salieran de la iglesia, se escucharon gritos desgarradores de terror. 

Mientras los dos… “la bruja y el abogado del diablo”… observaban atentamente como la iglesia se derrumbaba y las llamas la consumían…

 

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