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4 min
Juntas
Varios |
10.03.19
  • 4
  • 2
  • 345
Sinopsis

Virginia se miró la mano surcada de arrugas. Tenía una quemadura pequeña en un par de dedos. El agua del grifo salió ardiendo y no llevaba guantes ni nada que la protegiera. Sin darle demasiada importancia empezó a fregar, mientras una algarabía inmensa seguía sonando en la cocina. Los niños gritan jugando; las personas de mediana edad gritan discutiendo por los últimos acontecimientos políticos. A Virginia le va a estallar la cabeza mientras frota la grasa de la cazuela. Esas manos han trabajado toda su vida en la limpieza, estaban ásperas y duras. La pila de cacharros parecía interminable. Virginia continuó manos a la obra sin dar importancia a que las voces festivas habían derivado en hostiles por un tema político concreto. Virginia prefería quedarse allí un rato más fregando que escuchar a su hijo y uno de sus yernos discutiendo. Por lo que Virginia bajó el ritmo. Cuando estaba terminando, uno de sus nietos le llamó:

-Abuela, ¿vienes ya?

Cerró los párpados, cansada. Llevaba toda la vida trabajando en casa. Monotonía durante muchos años. Ella había sido una joven inquieta y con muchas ganas de vivir y de tener aventuras. Su sueño había sido ser escritora como alguna de sus grandes ídolas, pero sabía que era altamente improbable. Escribió varias novelas y cuentos, miles de hojas llenas de ingenio y deseos. Nunca trató de publicar nada pues le daba mucha vergüenza que le leyeran. Entonces conoció al que sería su marido. Alto, guapo y fuerte, era un humilde obrero del que ella se enamoró. Cuando ella contaba 25 primaveras se casaron en una boda de lo más tradicional. Él era un buen hombre pero eran los tiempos que eran. Decidieron que ella se quedara en casa cuidando a los niños y haciendo las cosas de casa. Era lo normal. Tuvieron dos hijos y dos hijas. Virginia trató de continuar con su labor literaria pero le fue imposible con todas las tareas que tenía para hacer. Guardó todas las hojas escritas en su antigua máquina de escribir en un baúl de la casa. Fueron pasando los años, las décadas y Virginia se amargaba más y más en la rutina y en lo anodina e intrascendente que era su vida. Sus hijos se hicieron mayores y se fueron de casa. Sus tareas diarias se redujeron al mínimo. Cuando le dieron nietos los tuvo que cuidar pero, más pronto que sus hijos, se hicieron mayores. Los días eran todos iguales, veía la televisión a todas horas.

Lentamente, Virginia fue a la sala. Todo el mundo había enmudecido y la miraban expectantes.

-¿Qué pasa?-preguntó.

-Tienes que abrir los regalos de cumpleaños.

Su marido había muerto hacía unos años. Apenas recibía visitas de su familia pero ese año se habían reunido por su cumpleaños. Eso sí, en su casa y haciendo ella todas las tareas, como siempre, pensaba agotada. Se sentó y le pusieron delante algo que tenía forma de libro debajo del papel de envolver.

-Un libro. Apenas puedo leer con la vista que tengo, hijos.

-No importa abuela-le respondió su nieto mayor-. Este libro lo conoces.

Virginia, intrigada, procedió a quitar el envoltorio infantil. Era un libro bastante fino. Se titulaba "Juntas". Al principio Virginia no entendía nada. Luego se dio cuenta del nombre de la autora.

-Pero si es...

-Encontramos tus obras en un baúl-le contó uno de sus hijos-. Sabemos que lo escribiste cuando eras joven y que lo dejaste todo por cuidarnos. Mandamos todas a una editorial y te han publicado éste.

Virginia observaba atónita el libro. Su sueño de juventud se había cumplido tras cincuenta años de olvido. Lo abrió y comenzó a leer. Poco a poco fue recordando cuando lo escribió, todos los sentimientos que le llevaron a hacerlo y se sintió como cuando tenía 20 años y era luchadora y reivindicativa antes de que la sociedad y época en la que tuvo la desgracia de nacer le arrebatara todo y le aplastara. Virginia cerró los ojos y respiró, igual de mayor por fuera pero con más fuerza por dentro que nunca.

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Estudiante de Periodismo. Intento de escritor. Intento de periodista.

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