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5 min
KAFKANUECES
Varios |
24.10.19
  • 4
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Sinopsis

El presente relato, y los que seguirán hasta que se mencione otra cosa, está incluido en el volumen titulado "Mitómano y Otros Roedores" Un pequeño homenaje al maestro del humor absurdo.

 

 A Groucho Marx

In Memoriam

 

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                                                                                            110 New Órleans St.,

                                                                                       Alaska (Sajonia Oriental)

                                                                                                 30 de Marzo, 3016

 

 

      Insigne Prof. Sigmund Sigmund, etc.,

   C/o Soc. Industrial de Psicología Poética

         S/n W. 00st St., (u otra similar)

           Stripper and Vaudeville City,

                      Moscow, USA

 

     Mí muy estimado, no estimado, o casi:

 

     Constato recibo de su misiva del pasado año, misma para la que no pude concebir respuesta inmediata por encontrarme totalmente desocupado. Sus apreciaciones sobre los hábitos de apareamiento de poetas y poetisas (sin olvidar las variantes de cantidad y género ad infinitum) es de inigualable valor para el apéndice del estudio que realizo desde hace ya tres décadas, estudio éste que, es menester decirlo sin ambages ni sofismas apologéticos, tiene un rango de profundidad más cercano al Titanic que a Platón. Es admirable el atrevimiento con el que usted, en un destello de genialidad deslumbrante, hace extensivas sus conclusiones a otras tres categorías de artrópodos, tan disímiles entre sí como lo son de aquella que motiva sus perentorias sentencias, vulgo: payasos de circo, elefantes alcohólicos, y fumadores de opio (creo que sería justo incluir a Leonardo, Bonnie and Clyde, la cicuta de Sócrates, y uno que otro gato de nueve colas al más puro estilo del Divino Marqués)

 

     Aunque concuerdo en líneas generales con la extrema delicadeza de su análisis, persisto en indicarle que estos seres suelen tender a la extravagancia culinaria en sus prácticas sexuales, utilizando para ello diversos adictivos herbáceos o mecánicos. Es sabido que son partidarios del uso irrestricto de la crema chantilly y la mantequilla baja en grasa, lo que constituye en sí mismo un acto de vulgaridad enervante, sin que por ello pueda negarse que facilitan sumamente el acceso a recónditos escondrijos, bien sea por artificios naturales (carne) o sucedáneos de plástico, goma, frutales, etc., lo que de suyo invalida todo acercamiento intelectual con el que pudiera determinarse la naturaleza del acto como apertura protocolar o función de teatro en sí. En cuanto a los fumables, inyectables, u olibles, se decantan entre la realidad episódica improbable y la leyenda urbana más hilarante (“siete sin sacarlo y sin sacudirlo” es un buen ejemplo de la tendencia hiperbólica que suele caracterizar las afirmaciones callejeras del tipo vox populi o porno star)      

   

     Por otra parte, no es menos cierto que en alguna ocasión mi amante resultó ser su esposa, solitaria ninfa que prefirió mis versos a la rutina agobiante de su compañía y al infame oficio de lavar, almidonar, y planchar sus calzoncillos de lana moteada (me disculpo por no incluir éste párrafo en la presente carta, sino en la primera que le remití hace tres días, lo que probablemente habrá desorientado un poco su natural agudeza) De igual forma, y habiendo sometido a consideración su razonable solicitud de calzarse los guantes de box para romperme el culo a patadas (misma que acabo de leer en el anexo 1 de éste segundo folio que aún no concluyo) estimo apropiado dejarle un espacio a su Ego, que pudiera ubicarse entre el margen posterior izquierdo del sobre, bajando por la curvatura que dice aéreo, y el final propiamente dicho, en el que le sea posible escribir a usted, con los requisitos lingüísticos de su preferencia, bien sea en  letras de imprenta, filigranas, grafías, grafologías, geografías, u otras fías o logías más o menos afines, todo argumento que pudiera considerar favorable a su propuesta de entablar un torpe combate físico deleznable y trogloditeo.  

 

     Queda pendiente una cuestión de suma importancia para el tema que nos ocupa: mi aclaración del concepto básico de aplauso, meditada en el marco del budismo zen japonés y la tradición onomatopéyica occidental. Pero antes que nada: ¿si un hombre manco aplaude produce algún sonido?, y si no lo produce ¿podrá dejar de ser oído por él u otro en alguna parte? ¿será antes o después de cuál? ¿a eso de las seis de la tarde o cuándo juegue a los tres cerditos con dos amigas? o lo que vendría siendo el clímax de la dura cúspide himaláyica: ¿es indispensable para el aplauso tener manos que juntar, o bastará con imaginar el rito gestual de dicho acto? Arduas interrogantes, a las que he logrado dar respuesta empleando como única arma mi racionalidad de impecable factura, ergo: si o no (personalmente me inclino por tal vez si o tal vez no) Como le será obvio suponer, un ejercicio lógico de tal magnitud me asegura un lugar privilegiado en el Parnaso de la filosofía especulativa, a despecho de freudianos, marxistas, sexistas, u optometristas. Sin duda habrá notado usted, con que erudición silogística manejo los quince minutos diarios que dedico de lleno al pensamiento reflexivo y analgésico (en ocasiones abuso de las tautologías, aunque prefiero evitar la tauromaquia en su variante de dos premisas y un estoque)

 

      Sin otro particular que requiera de la ineficacia de su histérica simpleza, y con la esperanza de saber más de su mujer que de usted, le saluda, cordialmente,

 

                                                                                                            GROUCHO

 

 

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Un oldman alto, hosco, y feo; hastiado de cigarros, bares, y noches sin término (hembras que llegan y se van, botellas de Whisky, la vieja escuela, el último dinosaurio, y así de pendejadas una detrás de la otra) Me aburre el sexo sin caras ni compromisos (ya tuve suficiente de esas pajas modernistas) Hoy día no me gustan los bares: parecen agujeros para heridos de guerra. Me gustan las personas y los perros (“Esa misteriosa devoción de los perros”, decía Borges) Amo a mi hija y a mi nieta: mis únicas dos rosas, mis últimas palabras. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

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