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2 min
KÉSSTRÉSSS
Históricos |
02.06.09
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Sinopsis

Perdón por pasar poco por aquí últimamente, pero estoy como el personaje de este relato. No tengo tiempo "pa ná", pero no os he abandonado, jejejej.

KÉSSTRÉSSS



“Késstrésss” dijo pocas horas antes de morir.
Llevaba varios días aquejándose de un ritmo inaguantable. Él mismo había vaticinado su propia muerte. Su corazón no podía resistir tal ajetreo. Se había comprometido con un cargo que le quedaba grande y le estaba ahogando tanta responsabilidad, tantos frentes abiertos, tantos clientes a los que dar explicaciones, tantos trabajadores a los que apaciguar y al mismo tiempo presionar para que cumpliesen los objetivos que a él le marcaba la directiva, tanto estrés.
El último día no lloraba al salir de la oficina, hubiese sido patético dejarse ver con las lágrimas por fuera, de modo que se las bebió y esas gotas que se vertieron hacia adentro colmaron el vaso escarlata de su pecho. La sensación de agobio se hizo física. Un calor sofocante acompañó la presión de su pecho, como si la rueda caliente de un camión se hubiese posado sobre su esternón.
Sabía que estaba sufriendo un infarto. Su visión de futuro le había llevado a informarse previamente. Había leído en Internet lo suficiente como para saber diagnosticarlo y también sabía algunos trucos para incrementar sus posibilidades de supervivencia mientras llegaban los servicios de urgencias. Sacó fuerzas hasta del aire que le rodeaba para poder tomar el móvil de su bolsillo, marcó el 112, pero no llegó a oír la voz de la esperanza.
La muerte, absoluta e implacable, tenía demasiada prisa ese día, como si también viviese víctima de estrés.
El forense no mencionó nada similar al infarto en su informe. La palabra estrés no se pronunció durante la autopsia. La causa de la muerte fue indiscutible: “Aplastamiento por los escombros de su propia vivienda, derribada a causa del impacto de un camión fuera de pista”.
El conductor del camión tenía el tacógrafo trucado. Presumiblemente, se había saltado los tiempos de descanso preceptivos y, posiblemente, el sueño le venció. Pero en su autopsia tampoco apareció el estrés a que se veía sometido si quería conservar su puesto de conductor en aquella flota de camiones.

Manuel Trigo

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Comentarios
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  • La idea de un infarto provocado por un empacho de lágrimas que hace rebosar el corazón es muy hermosa...lástima que la realidad en forma de camión aplasta la metáfora con sus ruedas calientes. Bueno...al fin y al cabo el resultado es el mismo...:)
    Esta bien
    ay por dios, que mala suerte este pobre hombre, aunque, bueno, para el caso, es lo mismo un infarto o un camión, si ambos se llaman muerte. Buen relato, Manuel, besos
    muy buen relato, precisa historia que incluso estresa al lector jaja, aunque el mejor consejo para ti, amigo, es que te dejes más tiempo libre pero es cierto que en este mundo en el que vivimos es dificl sacar tiempo para el ocio
    Querido compi... una pregunta...¿éste es el sueño o mejor dicho, la pesadilla que te acompaña estos dias?... espero que la respuesta sea un SI rotundo... y que S.Cristobal te acompañe en esa cabina... ya era hora de que te viesemos por aquí de nuevo... un beso y espero que mil enhorabuenas... por si acaso te las adelanto por aquí.
    EL tío también era un poco penurias. ¡No me jodas!, no hay nada peor para la ansiedad que buscar en internet las mil y una formas en las que puedes morir, se empieza por los síntomas de un infarto (cosa que ya de por si es muy ejtrezante, porque la sugestión también esta ahí) y al cabo de unos días, se acaba creyendo tener el síndrome de muchaushen!. Aun así también era un poco gafe el hombre de dios, si "aplastamiento por los escombros de su propia vivienda" no es una metáfora de un cambio de vida por una casita en el campo... hay que tener mala suerte jajajaja. Aun así muy bien como siempre la historia. Un saludito.
  • Y ya que discutimos sobre adjetivos, ahí va un pecaminoso asíndeton de tres adjetivos juntos ;)

    Dedicado a los que se empeñan en seguir vivos. Por cierto, lo de mataros a todos queda para más adelante, que ahora se acercan las vacaiones. Después, aceptaré voluntarios que me ayuden a asesinar, que sois demasiada gente.

    ¡Que lo disfrutéis!

    NO DEJÉIS DE LEER EL PRÓXIMO. OS CONVIENE.

    A Lázaro, ese gran maestro de los finales frescos y sorprendentes que tanto se han de valorar un en un relato y que a todos se nos suele olvidar aplicar a los nuestros. ACLARO: Las admiraciones del título son porque no me deja poner un título de tan sólo 4 caracateres.

    Perdón por pasar poco por aquí últimamente, pero estoy como el personaje de este relato. No tengo tiempo "pa ná", pero no os he abandonado, jejejej.

    A mi héroe, el Dr. House, a quien me parezco increiblemente, excepto en sus virtudes.

    Hola de nuevo, tras una breve pausa. Ando excesivamente liado últimamente, que tengo varios frentes abiertos. Mi salud me exige que los cierre absolutamente todos, pero mi carácter me los impide. Ya no es día 23, ya pasa bastante de las 24h, pero acabo de llegar de esta magnífica oportunidad que me ha brindado la Librería Carmen y lo menos que podía hacer era publicar este humilde homenaje que les he dedicado. Un saludo y espero poder contar de nuevo con tiempo para volver a leeros y meterme con vosotros (por la cuenta que me tiene, jejeje).

    Algo que quiero compartir con vosotros.

    Esto no es un relato más. Es una confesión. Sólo os ruego un poco de comprensión, que por un instante hagáis el esfuerzo de poneros en mi lugar.

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Lectura y escritura. Ambas complementan en la vida irreal lo que no puedo vivir en la real, que intento exprimir a tope con toda actividad posible y deportes de riesgo. No soy maestro de nada, pero me enorgullezco de ser aprendiz de todo, como buen renacentista. Una pincelada de saber en cada ciencia permite hablar con infinidad de maestros.

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